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jueves, 9 de julio de 2015

El MAGRAMA ofrece este verano 25 paseos guiados por 10 rutas para descubrir la Sierra de Guadarrama

El paisaje, la naturaleza, la historia y la cultura popular son los hilos conductores de estas rutas gratuitas, organizadas por el CENEAM y dirigidas a todos los públicos.

Todos los paseos se desarrollan en un entorno privilegiado, por la vertiente norte del Parque Nacional Sierra de Guadarrama y por su Zona Periférica de Especial Protección.

El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, a través del Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM) ofrece este verano un nuevo programa de paseos guiados por la Sierra de Guadarrama. La oferta se compone de 25 paseos, con un total de 10 rutas diferentes, que se realizarán a lo largo de los meses de julio y agosto.

El paisaje, la naturaleza, la historia y la cultura popular son los hilos conductores de estas rutas gratuitas y dirigidas a todos los públicos, organizadas por el CENEAM.

Todos los paseos se desarrollan en un entorno privilegiado por la vertiente norte del Parque Nacional Sierra de Guadarrama y por su Zona Periférica de Especial Protección.

Los recorridos tienen una duración media de 4 horas y unas distancias que oscilan entre 1,5 y 8 km, siendo la mayoría de aproximadamente 5 km. Estas actividades no tiene un carácter deportivo sino didáctico, y su objetivo primordial es trasmitir a los participantes la importancia de los valores naturales y culturales de este espacio y la necesidad de su conservación.

Con objeto de garantizar la calidad de la comunicación entre el guía y los participantes, así como para minimizar los posibles impactos sobre el entorno, los grupos estarán compuestos por un máximo de 15 personas.

DIEZ RUTAS POR LA SIERRA
El paseo que abrirá el programa, el jueves 9 de julio, será “El puente del Anzolero”, un recorrido por las orillas del río Eresma en el que se podrán observar puentes, presas, acequias y un tramo del camino histórico conocido como las Pesquerías Reales, que mandó construir Carlos III para practicar la pesca. Se repetirá el 28 de agosto.

El viernes 10 de julio tendrá lugar el paseo “Peña Citores”, en el que se interpretarán los restos de construcciones de la Guerra Civil que se conservan en las cumbres de la zona de Dos Hermanas – Peña Citores. Con este recorrido se intenta mostrar la gran incidencia que tuvo este acontecimiento en el paisaje de la Sierra, un enclave que ha tenido gran valor estratégico a lo largo de la historia. El lunes 3 de agosto habrá una nueva salida.

El programa proseguirá el lunes 13 de julio con “Huellas y señales”, que servirá para aprender a interpretar las huellas, rastros, marcas y otras señales, y conocer detalles de la vida y costumbres de las especies que habitan en un determinado lugar. Se repetirá el 27 de julio y 21 de agosto.

La ruta “El cerro del Puerco” conducirá hasta una pequeña colina, así llamada, adosada a la pradera de Navalhorno, que resulta una magnífica atalaya sobre el valle de Valsaín. En el paseo se podrá contemplar el paisaje del valle y un conjunto de construcciones defensivas de la Guerra Civil. Se realizará el viernes 7 de agosto

Los Siete Picos”propone un recorrido por una de las montañas más emblemáticas de la Sierra de Guadarrama, por su singular belleza paisajística, su interés geológico y su historia. Fechas de realización:viernes 3 de julio y miércoles 12 de agosto.

El viernes 17 y miércoles 29 de julio y el miércoles 19 de agosto se ofrecerá “El Esquileo de Santillana”, paseo por el entorno de la Cañada Real Soriana Occidental, conocida como Cañada de la Vera de la Sierra, y las ruinas del Esquileo de Santillana, donde se respira historia y cultura tradicional.

Otra de las propuestas es “De bolo a bolo”. Se trata de un recorrido paisajístico cuyos hitos simbólicos son los bolos graníticos que abundan por las laderas de Valsaín y la vegetación que acompaña a los emblemáticos pinos de este valle. Tendrá lugar el miércoles 15 de julio, viernes 14 y miércoles 26 de agosto.

Pimpollos, pinos y pinazos”lleva a través del monte de Valsaín, dónde el visitante podrá ver el equilibrio entre las actividades humanas y la conservación del bosque. Durante el paseo se realizarán prácticas sencillas para conocer la altura, el diámetro y el perímetro de los árboles. Tendrá lugar el martes 14 y viernes 31 de julio, y el lunes 10 y 31 de agosto.

Asimismo, el programa incluye “Paisajes de Guerra”, un itinerario que muestra cómo fueron las construcciones de la Guerra Civil Española en la Sierra de Guadarrama y en los Montes de Valsaín. Podrá disfrutarse el jueves 23 de julio y el lunes 17 de agosto.

La última de las propuestas es “Un paseo por el bosque”, en el que podremos observar diversos aspectos naturales y algunos aprovechamientos tradicionales del Monte de Valsaín.

Se hará especial hincapié en el mundo de los insectos y su importancia para el equilibrio del ecosistema. La actividad se complementará con la visita a la exposición temporal “Abejas y apicultura” y una charla a cargo de los responsables de la Fundación Amigos de las Abejas, durante la cual los participantes podrán observar una colmena viva protegida por cristales. Se celebrará los días 7 de julio y 6 y 24 de agosto.

RECOMENDACIONES
Dada la altitud de la zona, aunque sea verano, es conveniente equiparse con calzado de campo, ropa adecuada, gorra, además de traer agua y alimentos. No se permite la presencia de animales de compañía.

Para participar en la actividad de paseos guiados es aconsejable reservar plaza con antelación. También se puede acudir al punto de salida antes de la hora de inicio fijada en el calendario, aunque no se tenga reserva. En este caso se podrá participar siempre que existan plazas libres. El orden de llegada será el único criterio válido para cubrir estas plazas.

Las reservas se pueden realizar: Llamando al 921473880, en horario de 9:00 a 14:00 (de lunes a viernes). Mandando un correo electrónico a paseos.ceneam@oapn.es (El CENEAM confirmará la recepción del correo y la disponibilidad de plazas).
Fuente y más información:

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Prepirineo Central Catalán: la transición perfecta del paisaje

Desde cultivos extensivos de cereal o pastizales, pasando por bosques típicos mediterráneos (pinares o robledales), hasta prados puramente alpinos: el Prepirineo Central Catalán supone la transición perfecta del paisaje.

Más de 57.000 hectáreas de esos ecosistemas tan diferentes integran el espacio “Prepirineo Central Catalán”, un lugar incluido en la Red Natura 2000 y catalogado como Lugar de Interés Comunitario (LIC) y como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Ecosistemas que se extienden a lo largo de tres provincias catalanas (Lérida, Barcelona y Gerona) y que se elevan desde los 700 metros de altitud hasta casi 2.700, una cota que en nada envidia a su “hermano mayor” (los Pirineos).

Valles y cumbres asimétricos
El Prepirineo Central Catalán presenta relieves muy abruptos entre los que destaca el modelado “kárstico” producido por la erosión del agua, pero las diferentes sierras que integran este espacio y sus valles se caracterizan además por la asimetría de su relieve y sobre todo por las altitudes que alcanzan algunas cumbres.

Además de los robledales, de los pinares o de la vegetación típicamente alpina, en el prepirineo catalán se localizan algunas especies vegetales endémicas o “muy raras” en el resto de Cataluña, como la orquídea conocida como “zapatito de dama” o el “perejil de rebeco” una extraña planta que crece por encima de los 1.900 metros de altitud.

El espacio reúne características zoológicas muy singulares, ya que conviven especies típicamente mediterráneas con otras propias de cotas más altas, y precisamente una de las peculiaridades del lugar es que es el límite del área de distribución de algunas de las especies más emblemáticas de la península Ibérica, como el rebeco, el urogallo o el águila real.

Especies alpinas junto a otras típicamente ibéricas
Así, además de por la evolución del paisaje, este espacio de la Red Natura 2000 destaca por ser un área de confluencia de especies alpinas y de otras típicamente mediterráneas.
Porque en el prepirineo central de Cataluña conviven tritones o topillos propios de altitudes muy elevadas con abejeros, milanos, alimoches, buitres, búhos y águilas.

El espacio está considerado como un lugar de gran interés debido a esa variedad de ecosistemas y de especies y como una pieza “clave” e incluso “única” para que la región alpina española esté suficientemente representada en la Red Natura.

La economía de la zona se sustenta sobre las actividades forestales y ganaderas, la piscicultura, la agricultura y la minería, pero además destacan los usos turísticos y deportivos y de hecho dentro de este espacio están incluidas instalaciones de esquí alpino.

viernes, 4 de octubre de 2013

10+1 bosques españoles para perderse este otoño

Un bosque de hayas en la provincia de Vizcaya.

Se acaba el verano, pero no llores: las lágrimas no te dejarán ver los colores del bosque (y se te correrá el rímel). Ahora llega la época de descubrir nuevas sensaciones, nuevos olores y colores a lo largo y ancho de nuestra geografía. Aquí os dejo 11 rincones en los que perderse en las próximas semanas. Se que hay muchos más en el tintero... pero os doy via libre para que me los enseñeis a mi :D.


Al norte de Cuenca, en las lindes con Guadalajara, el paisaje se pliega formando un corto y estrecho desfiladero de paredes calcáreas que rezuman humedad. Es la hoz que el río Guadiela traza al poco de nacer, entre Beteta (la antigua Vetera romana) y Cañizares, una de las más profundas y frondosas de la Alta Sierra. Un sendero botánico permite recorrerla entre el puente de las Tablas, que cruza el Guadiela a la altura de Beteta, y la fuente de los Tilos, cerca de Puente de Vadillos, un paseo de tres kilómetros boscosos, en la umbrosa compañía de sauces, pinos, avellanos, acebos, tejos, sabinas, tilos y álamos temblones. La ruta finaliza cerca de Puente de Vadillos y su vieja fábrica de carburo de silicio. Donde se juntan los ríos Cuervo y Guadiela, un camino de cuatro kilómetros, entre robles y pinares, conduce parelelo hasta la presa del embalse de Chincha, puerta de entrada de la hoz de Tragavivos.


Al suroeste de la provincia de Albacete, entre las entrañas de la sierra de Alcaraz, brota del interior de una cueva a más de 30 metros de altura una de las mayores surgencias cársticas de España, convertida en el nacedero del río Mundo. Un hito del otoño manchego, al igual que la Torca de los Melojos, un bosque relíctico (superviviente de otras épocas) de roble melojo, o el valle del Tus, en las Sierras de Alcaraz y Segura (Albacete).


En el corazón del Goierri, la sierra de Aralar, un macizo cárstico que se reparten Guipúzcoa Navarra,  dibuja un paisaje de cuento, con enclaves singulares como el hayedo de Akaitz, el lapiaz de Pardarri, el valle de Arritzaga o el circo glacial de Pardelutz, que invitan a recorrerlos a pie. Más de cien dólmenes, túmulos y menhires se reparten por estos valles, y en las majadas de las laderas del monte Txindoki los pastores mantienen sus  ovejas latxas, de las que se extrae la leche para el queso de Idiazábal. Varias rutas señalizadas permiten descubrir este legado prehistórico. Los aficionados al senderismo disponen de la Vía Verde del Plazaola, una ruta de siete kilómetros que recorre el antiguo trazado del ferrocarril desde Lekunberri, en el centro del valle de Larraun, entre Pamplona y San Sebastián, desde donde se puede hacer una excursión hasta el santuario de San Miguel de Aralar.


Entre Las Hurdes y el valle del Jerte, al norte de la provincia de Cáceres, se abre un pasillo verde de reminiscencias norteñas: el valle del río Ambroz. La orientación meridional de estos montes propicia un clima suave que, unido a la abundancia de lluvias, los ha cubierto de tupidos bosques de castaños y robles, más propios de climas atlánticos.


Los robledales palentinos de Fuentes Carrionas alfombran las faldas meridionales de la cordillera cántabra en la comarca de La Pernía. Castaños, hayas y acebos acompañan al roble albar y al melojo en estos parajes montañosos, uno de los últimos refugios del oso pardo en Europa. Uno de estos árboles destaca por su longevidad: el llamado roblón de Estalaya o el Abuelo, de casi 10 metros de perímetro y una edad que supera los 1.000 años.


Casas de pizarra,  molinos de agua, prados y robledos adornan Horcajuelo de la Sierra, uno de los pueblos mejor conservados de la Sierra Norte, a 90 kilómetros de Madrid por la por la carretera de Burgos (A-1) y desviándose en el kilómetro 85.   Por la misma carretera, un  kilómetro al sur del pueblo de Somosierra, en el cerro de la Cebollera Nueva, se accede a la dehesa de Somosierra (la Dehesa Bonita), un precioso bosque de abedules,  robles albares, mostajos, acebos y avellanos.


Un bosque con  hayas que superan los 30 metros de altura, alguno de más de 200 años,  en la comarca barcelonesa de Osona. No es tan conocida ni está tan concurrida como la Fageda d'en Jordà, en la Garrotxa (Girona), otro must del otoño en Cataluña.



Como en el laberinto sin paredes de Borges, la llanura segoviana esconde lugares secretos por los que el viajero suele pasar de largo. A 24 kilómetros de Segovia, siguiendo la autovía de Valladolid y después la CL-603 en dirección a Cantalejo y las hoces del Duratón, se llega al pueblo de Peñarrubias de Pirón, de donde parte una senda señalizada que se adentra, emboscada entre chopos y fresnos, en los cañones de los ríos Pirón y Viejo. En estos parajes inició sus fechorías Fernando Delgado Sanz (1846-1914), último bandolero de la sierra de Guadarrama.


Los valles occidentales del Alto Aragón (Hecho, Ansó, Aragüés del Puerto, Borau y Aísa), en la comarca de La Jacetania (Huesca),  esconden algunos de los mayores bosques del Pirineo, que se pueden disfrutar en  parajes como  la foz de la Boca del Infierno o  la Selva de Oza,  donde existe más de un centenar de círculos megalíticos.


Y por último, aunque no el menos importante (de hecho, es el number one de los bosques españoles): Irati, una de las principales masas forestales europeas, de abetos y hayas, a una hora de Pamplona. 


La reserva asturiana de Muniellos atesora un bosque único de roble albar poblado por osos pardos, lobos, urogallos, rebecos y trasgos.

En esta entrada también faltan Redes (Asturias)Saja-Besaya (Cantabria)Tejera Negra (Guadalajara),  la sierra de Cameros (La Rioja)y muchos otros bosques andaluces, riojanos, catalanes, gallegos... Algunos los encontraréis en este otro post:  

Los mejores sitios para ver (y oír) caer las hojas 


REPORTAJE RECOGIDO EN EL BLOG DE VIAJES DE "EL PAÍS"

martes, 10 de septiembre de 2013

REPORTAJE: Circo de Gredos: entre cabras, sapitos y batolitos

A mediados de septiembre, el sol aún calienta las cumbres de la enorme mole de granito que conforma el Circo de Gredos, pero abajo, junto a la Laguna Grande, a la sombra de los picos y con la humedad del agua, la temperatura es menos veraniega o más otoñal, como se prefiera, y la mirada del montañero se dirige ya al “Perro que fuma”, el indicador por excelencia de los temidos episodios de tormenta que impiden o dificultan la soñada ascensión al Almanzor.

Porque si las nubes se cuelan desde detrás de ese peculiar pico para entrar veloces por su lateral, significa que el perro -hay que tener imaginación para visualizar al can- está “fumando”; su hocico deja de verse a causa de nubes compactas que en pocos minutos ensombrecen el circo. Aún así, muchos deciden arriesgar y encarar el todopoderoso Almanzor, siempre hay tiempo de volverse atrás. Porque si al llegar a la Hoya Antón la meteorología no es del todo adversa, ya sólo quedará hora y media para hacer cumbre. Y si la cosa se pone seria, optar por un descenso tampoco es una rendición. Este singular espacio incluido en la Red Natura 2000 se llena a mediados de septiembre de pequeñísimos ejemplares del sapito Bufo bufo, arriesgados trotamundos que en ocasiones acaban su corta vida bajo las pisadas en el concurrido camino desde la “plataforma” hasta la Laguna. Es este un camino concurrido, sí, no sólo de montañeros, excursionistas o andarines; ejemplares de cabra montés se cruzan con unos y otros con determinante atrevimiento.

Es esta, mediados de septiembre, una época muy movida para este animal a cualquier hora del día y eso que aún no ha comenzado el periodo de celo. Resulta difícil creer que alguna vez estuviera al borde de la extinción.

Y qué decir de la bella salamandra, otro endemismo de este circo glaciar, que elige precisamente días lluviosos y húmedos para lucir su vistoso amarillo sobre negro. 
Temida por su aspecto venenoso, aunque no pasa de la mera toxicidad,   a mediados de septiembre aún no ha comenzado su letargo y, pese a que acostumbra a moverse entre la hojarasca, gusta también del pedregaloso acceso a las cumbres.

Pero el Circo de Gredos encierra también otras joyas, botánicas y geológicas. Espesos piornales, enebros rastreros y manzanillas nos acercan a las zonas de cumbre, donde las rocas, rotas y desgastadas, nos permiten visualizar otro tesoro, los batolitos, conjuntos de rocas de diferente morfología y composición y, por tanto, de color, compactadas en una sola.

 Elola, el descanso del montañero
Otra figura emerge en medio del Circo de Gredos, para el placer y disfrute del montañero en su versión menos natural y más humana: el refugio Elola, situado a 1.950 metros de altitud y capacidad para 65 personas.

Desayuno, comida, cena y colchón máxima comodidad. Cervezas bien frías y caldos calientes, infusiones y ambiente montañero. En sus paredes cuelga su historia y en su libro de firmas el valioso testimonio de quien decidió un día pasar por allí y quedarse, aunque fuera sólo para cargar las pilas.
Contacto con el Refugio de Elola:

martes, 14 de mayo de 2013

XV Día Nacional de las Vías Verdes (España)

En estos días se cumplen 15 años desde el inicio de las actividades reivindicativas, que desde la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, se llevan a cabo para preservar y dar a conocer estas importantes vias que hoy en día sirven como motor socio-económico y de interpretación del patrimonio natural de los entornos por los que discurren, y que ya han quedado abandonadas y en desuso.

Las actividades comenzaron el pasado fin de semana de Mayo y se prolongarán hasta Junio en determinadas provincias.

Para ver las actividades que se harán, puedes acceder a este enlace. (actividades para todos los públicos):
http://www.viasverdes.com/ViasVerdes/Eventos/Actividades/XV%20D%EDa%20Nacional%20de%20las%20V%EDas%20Verdes

martes, 29 de enero de 2013

Un viaje por el Himalaya


Cinco propuestas, con mayor o menos esfuerzo, para contemplar en Nepal la cima del Everest y el macizo de los Annapurnas, entre otras grandes montañas


Hace ya 60 años que Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay alcanzaron por primera vez en la historia la cima del Everest. Desde entonces, el ascenso a las cumbres del Himalaya es uno de los reclamos para viajar a Nepal. Los que no sean grandes alpinistas no tienen por qué sufrir: hay otras muchas formas de contemplar y disfrutar del techo del mundo. Por todo Nepal hay vistas panorámicas excepcionales de los Himalayas y las cinco que hemos seleccionado son, sin duda, algunas de las más espectaculares, especialmente al amanecer.

El gran espectáculo del Himalaya: Daman

El pueblo de Damán sería uno más de Nepal si no fuera porque puede presumir de tener, probablemente, las vistas más espectaculares de todo el Himalaya: una impresionante panorámica que abarca 300 kilómetros de cordillera, desde los Annapurnas hasta el Everest. Daman está a sólo 222 metros sobre el nivel del mar pero allí están, casi al alcance de la mano, cumbres de más de 8.000 metros; resulta realmente inolvidable mirar hacia el norte, el oeste o el este y contemplar el techo del mundo en toda su grandeza. En el Daman Mountain Resort hay una torre mirador que regala una completa panorámica: desde el Dhaulagiri hasta el Everest.
Además de extasiarnos con la contemplación de las montañas, en Daman resulta recomendable dar un paseo por el Jardín Botánico de Montaña, que ocupa más de 78 hectáreas de bosques. Los mejores meses para la visita son febrero y marzo, cuando florecen los rododendros, la flor nacional de Nepal. Otra opción es recorrer el camino hasta el diminuto templo Shree Rikheshwar Mahadev Mandir, consagrado a Siva. Se llega por un sendero que parte hacia el oeste desde el sur del pueblo, y de camino se puede hacer una parada en un precioso gompa (monasterio) situado en un claro.

Nagarkot, ochomiles desde la cama

La prueba de que las grandes cumbres se pueden disfrutar sin grandes esfuerzos, la tenemos en Nagarkot. Está en los alrededores de Katmandú, a unos 32 kilómetros de la capital nepalesa, en un extremo del valle, y desde allí se disfrutan las mejores vistas de montaña, visibles desde la cama de muchos de sus hoteles. Este lugar es también una buena excursión desde la capital por el valle de Katmandú que, más allá de Bhaktapur, comienza a elevarse y a dejar entrever los muros del Himalaya, no visibles desde la parte inferior del valle. Técnicamente, la mayoría de los pueblos siguientes están fuera del valle, en las carreteras a Langtan o en la frontera tibetana, pero es fácil visitarlos en una excursión de un día (o haciendo noche) desde Katmandú.
Realmente, el único interés de Nagarkot son las vistas, pero ¡qué vistas! Desde cualquier lugar despejado de la cresta se puede contemplar un panorama que abarca desde Dhaulagiri, al oeste, hasta el monte Everest (poco más que un lejano punto en el horizonte) y el Kanchenjunga al este, además del Ganesh Himal (7406 m), el Langtang Lirung (7246 m), el Shisha Pangma (8012 m), el Dorje Lakpa (6975 m) y el Gauri Shankar (7146 m).
El lugar más popular es la torre mirador, sobre una cresta de 2164 m, con unas sensacionales vistas de 360 grados al amanecer. Está a una hora a pie al sur del pueblo (4 kilómetros), pero también hay un autobús que parte al amanecer de Nagarkot Guide (250 NPR). Otro buen punto de observación es el templo de Mahakali, en una pequeña colina cerca de la zona de hoteles.
Nagarkot está repleto de alojamientos que se amontonan en una cresta que da a una de las vistas más amplias del Himalaya. Por ejemplo, el Hotel Green Valley (loveghishing_e55@yahoo.com), con una ubicación impresionante que proporciona fantásticas vistas del Himalaya (incluso desde la cama).
Templo de Nyatapola, en Bhaktapur, pueblo del valle de Katmandú, en Nepal.


Pokhara, mirador a los Annapurnas

Pokhara está a unos 400 metros de altitud por debajo de Kathmandú y tiene como telón de fondo el imponente macizo del Annapurna. Entre sus cumbres cercanas destaca la del monte Machhapuchhare (Cola de Pescado, en nepalí) cuyo perfil triangular se alza sobre la ciudad. Es la única montaña virgen de Nepal, al estar prohibida la escalada en ella.
De oeste a este, se alinean el Hiunchuli (6441 m), el Annapurna I (8091 m) el Machhapuchhare (6997 m), el Annapurna III (7555 m), el Annapurna IV (7525 m) y el Annapurna II (7937 m). Aunque el paisaje es espectacular, hay que tener en cuenta que en la temporada de los monzones, los mantos de nubes pueden tapar las montañas por completo y durante días.
El Phewa Tal es el punto de referencia de los viajeros en Pokhara y el segundo mayor lago de todo Nepal. En contraste con la gran actividad turística de Lakeside, la escarpada orilla suroeste está poblada por densos bosques, como el Rani Ban (bosque de la Reina), que dan a las aguas un profundo tono verde esmeralda. Los días tranquilos se reflejan perfectamente en su superficie, como si fuera un espejo, los picos del macizo de los Annapurnas. Mucha gente pasea a pie o en bici por la orilla o hace la caminata hasta la colina donde se eleva la pagoda de la Paz Mundial, que ofrece unas impresionantes vistas del lago con las montañas como telón de fondo.
Vistas al atardecer desde una colina cercana a Pokhara, en Nepal. 

Volar sobre el techo del mundo

Desde Katmandú, muchos visitantes no renuncian a acercarse lo más posible al Everest y a otras grandes cumbres. Una forma de hacerlo (y cada vez más popular) son los vuelos panorámicos por el Himalaya, que permiten ver muy de cerca las grandes cumbres de la espina dorsal del Himalaya. Todas las líneas aéreas locales importantes ofrecen estos vuelos de una hora de duración (por unos 170 dólares), en aviones de entre 6 y 30 plazas en las que todos los pasajeros tienen asiento de ventanilla. La calidad de las vistas depende del tiempo. Si el vuelo se cancela por causas meteorológicas, las aerolíneas devuelven el importe íntegro o reservan una plaza en el siguiente.
La cima del Everest vista desde la ventanilla de un avión.  

El Everest desde el campo base

Probablemente, todos los que van a Nepal quieren ver la montaña más alta del mundo, y si es de cerca, mejor que mejor. Por eso, la excursión que lleva al campo base del Everest es una de las rutas más solicitadas, pero merece la pena, aunque solo sea para decir que hemos estado allí. El trekking parte desde la aldea de Lukla, a la que se regresa de 14 a 20 días después, tras contemplar (si el tiempo lo permite) la montaña más alta del planeta: la mejor época para ello es de octubre a diciembre, después de la temporada monzónica. Se trata de un recorrido concurrido y popular con paisajes espectaculares de alta montaña, permite acercarse a la cultura sherpa, cuenta con refugios excelentes en el camino y regala estampas impresionantes, como la cara suroeste del monte Ama Dablam, de 6.856 metros de altura.
La caminata nos lleva por pueblos y gompas (monasterios) preciosos, y el amable pueblo sherpa de la región de Solu Khumbu hace que caminar por la zona sea una experiencia maravillosa. Casi toda la travesía transcurre por el Parque Nacional de Sagarmatha (nombre en nepalés del Everest), declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Aquí viven ciervos almizcleros, pandas rojos, leopardos de las nieves, tares del Himalaya, osos tibetanos y varias especies de faisanes.
Un grupo de senderistas contempla, de izquierda a derecha, las cimas del Changtse (7.543 m), Everest (8.848 m) y Nuptse (7.861 m) desde el pico Kala Patthar (5.545 m), en la región del Khumbu (Nepal).

La ruta de ida y vuelta, desde la inquietante pista de aterrizaje del aeródromo de Lukla, requiere al menos 14 días, aunque se recomienda contar con una semana más para incluir en el itinerario alguno de los increíbles valles aledaños, menos visitados. Si se dispone de tiempo, una forma de esquivar las masas es caminar desde Shivalaya o Jiri y volar desde Lukla. Si se vuela directo hasta Lukla, hay que programar unos días de aclimatación en Namche y Pheriche para evitar el mal de altura. Una caminata más corta, de una semana, desde Lukla, podría ser un circuito por Namche Bazaar, Thame, Khumjung y el monasterio de Tengboche.
La ruta alcanza su punto más alto en Kala Pattar (5545 metros), un pequeño pico que ofrece vistas de la oscura cara suroeste del Everest, los vecinos Changtse, Lhotse y Nuptse, así como la cascada de hielo del Khumbu, justo por encima del campamento base. El mejor paisaje de la ruta se halla seguramente en el vecino valle de Goyko, fuera de la senda principal.
VIstas de los montes Kala Pattar, Thamserku y Tawoche, en la región de Solu Khumbu, en Nepal

lunes, 21 de enero de 2013

Ruta de los Aduaneros. Un viaje por la Bretaña francesa


2000 kilómetros a pie por el sendero de los Aduaneros
Bretaña es el Finisterrae de Francia. Una especia de Galicia en versión Astérix y Obélix. Aquí también hay una costa de la Muerte, raíces celtas, una profunda herencia católica, cruceiros de granito que señalizan caminos, ermitas e iglesias; y el sonido de la gaita y de las gaviotas que inunda playas y acantilados para poner banda sonora a un territorio lleno de leyendas, de brumas, de cielos grises, de vientos húmedos que llegan del Atlántico.

Bretaña es también el mar. Un mar bravío, oscuro en invierno, verde turquesa transparente en verano, lleno de acantilados, de villas pesqueras, de ciudades medievales amuralladas, de criaderos de ostras, de enormes playazos tan solitarios en la bajamar que parecen desiertos de quita y pon.

No hay mejor forma de disfrutar de ese mar y de esa Bretaña de fachada marinera que por el sendero de los Aduaneros, una de las mejores infraestructuras senderistas de toda Europa. Nada menos que 2.000 kilómetros de caminos señalizados y en paralelo al mar que recorren todo el litoral de la península bretona. Pero tranquilos, no es necesario hacerlos todos.

Un sendero con historia
El sendero tiene su historia. En el siglo XVII, Jean-Baptiste Colbert, ministro de Luis XIV , decidió implantar un sistema de tasas aduaneras para gravar los productos de exportación. Y para que nadie colara de contrabando mercancías estableció un servicio de vigilancia aduanera a lo largo de toda la costa norte. Estos aduaneros tenían una caseta donde resguardarse y un tramo de costa asignado para vigilar las velas contrabandistas. Esos caminos usados por los agentes de aduana, reparados, unidos y señalizados, son los que ahora se han convertido en el sendero de los Aduaneros, o GR 34. Lo mejor es plantearse hacerlo por tramos, incluso con un coche de apoyo que nos permita desplazarnos cada día a una zona elegida, aunque no sean consecutivas.

La Pointe de Chateau
Uno de los tramos más recomendables son los 20 kilómetros que discurren por la Pointe de Chateau, una península entre la isla de Brehat y la localidad de Perros-Guirec, en la costa norte bretona. El envoltorio se antoja espectacular: cresterías y roquedos puntiagudos emergen con la bajamar, islotes desperdigados entre el oleaje, gaviotas, una placentera sensación de lejanía, la grandiosidad de los espacios abiertos... Un paisaje treméndamente celta que recuerda mundos paralelos: Escocia, Irlanda, Galicia. Y desperdigadas por los prados, siempre mirando al mar, aparecen casitas típicas bretonas de ensueño.

Los mejores acantilados
Otra zona muy espectacular es la que bordea el litoral del Cap de la Chevre, cerca de Crozon, en el departamento de Finisterre. Es uno de los tramos más vistosos del sendero de los Aduaneros: grandes acantilados y la soledad más absoluta. Solo algunas antiguas aldeas de pescadores cuyas humildes casas de mampostería de granito son ahora segundas residencias de urbanitas franceses y alemanes. Aquí se palpa la acción del viento, el elemento que mejor define la costa bretona. El que condiciona la vida de sus habitantes y modela el paisaje. Un viento que generalmente sopla del oeste, del océano. Y llega cargado de humedades. Por eso en la costa oeste de la península del Cap de la Chevre no crece más que un ralo matorral achaparrado. Ni un árbol, nada que sobresalga más allá de un palmo sobre el nivel del suelo: el viento se encarga de hacerlo morir. Sin embargo en la otra ladera de la península, por la costa este, el senderista cree haber llegado a una cala mallorquina: elegantes y altos pinares enmarcan calas rocosas de aguas transparentes, una postal casi mediterránea.

Pueblos pintorescos
Sea cual sea el tramo elegido, el paseo atravesará innumerables pueblecitos costeros, a cual más pintoresco y encantador. Pueblos como Loguivy, una pequeña rada de pescadores donde los botes duermen la siesta sobre un lecho de limo verdoso en espera de que el mar vuelva de sus correrías diarias. Como Paimpol, donde los barcos traen aún al atardecer sus panzas llenas de langosta, coquillas y cangrejos. Como Concarneau, una ciudad amurallada y rodeada de agua por los cuatro costados que vive del turismo.

Costa de Granito Rosa
Y por supuesto no podemos olvidarnos del costa de Granito Rosa, una región en la costa norte, entre las localidades de Ploumanac’h, Tregastel y el ya mencionado Perros-Guirec, donde los caprichos de la geología pintaron los redondeados domos de granito de una tonalidad más propia del armario de Hannah Montana que de una auténtica roca ígnea plutónica.

Las mareas de Saint-Malo
Un lugar perfecto para acabar este periplo senderista por Bretaña sería Saint-Malo, uno de sus puertos históricos desde donde los pescadores bretones zarpaban hacia Terranova o a Islandia en busca del bacalao. Lo narra muy bien Pierre Lotti en su “Pescadores de Islandia”. En Saint-Maló, el mejor conservado de todos los cascos urbanos amurallados de Bretaña, las mareas son gigantescas: el nivel del agua puede oscilar hasta 13 metros entre la pleamar y la bajamar, dejando al descubierto enormes playazos tan solitarios que parecen desiertos de quita y pon.
Más información de la ruta:
http://www.randobreizh.com/SentiersGR34SentierDesDouaniers.php

viernes, 18 de enero de 2013

El corazón verde del Mato Grosso (Brasil)


Cinco rutas por el parque nacional de la Chapada dos Guimarães, en el interior de Brasil


Tiene cascadas, pero no es Foz de Iguazú. Tiene una amplia vegetación y sitios paleontológicos, pero no es la Amazonia. El parque nacional de la Chapada dos Guimarães, en el estado de Mato Grosso, uno de los espacios naturales protegidos más grandes de Brasil, es un destino ecoturístico concurrido en verano. En sus 330 kilómetros cuadrados de extensión se esconden 400 cascadas, que invitan a ser descubiertas por turistas dispuestos a patear para buscarlas. Las infraestructuras son mejorables, pero la aventura está asegurada.

Las placas tectónicas que sostienen la Chapada dos Guimarães —a una altura de 811 metros— se encuentran entre las más antiguas del planeta. Los paredones anaranjados cubiertos de verde son su tarjeta postal y ejemplares de la “vegetación del cerrado”, como se denomina la sabana brasileña. Las rutas turísticas duran entre cuatro y seis horas y representan la única forma de conocer el interior del parque. Solo está permitido entrar con un guía autorizado. Son pocos los puntos de interés que se pueden ver sin necesidad de apuntarse a un recorrido oficial, como por ejemplo el Véu de Noiva (el velo de novia), una caída de 86 metros que se aprecia desde un mirador a unos diez minutos de caminata desde la entrada del parque.

Lechuza de los arenales.

El circuito de las cascadas

El camino hacia las cascadas (ocho kilómetros, cuatro horas de duración y nivel de dificultad medio) se hace sobre caminos de tierra roja, entre árboles retorcidos y el barullo de pájaros y monos. Entre subidas y descensos (hay que ir con cuidado y con zapatos adecuados), se escucha el ruido del agua. El trayecto prevé la parada en cinco cascadas: Andorinhas, Pulo, Prainha, Degrau y Sete de Setembro, todas aptas para un baño. La vuelta se hace menos dura porque uno se detiene en la gruta Casa de Pedra, una formación que se asemeja a una casa de rocas, con techo, puerta de entrada y salón principal.

La ruta de las cuevas

La gran cueva de Aroe Jari —morada de almas en la lengua indígena bororo— y su bella laguna Azul son el destino de otra ruta guiada (10 kilómetros de caminatas, nivel de dificultad bajo y unas cinco horas de duración). Aunque actualmente en esta amplia cavidad —una especie de sala de un kilómetro y medio de extensión y 10 metros de altura— solo se ven mariposas de mil colores, el lugar guarda señales de que un día fue habitado. Las pinturas primitivas aún decoran las piedras de la entrada. En días de mucha claridad, el techo se vuelve dorado y el azul del agua gana distintos tonos. No está permitido el baño, pero en época de sequía se puede caminar casi por toda la cueva. Es importante usar zapatos cerrados y altos, ya que entre las hojas del suelo pueden aparecer pequeñas culebras.

Monte São Jerônimo

La ruta senderista clásica (15 kilómetros, nivel de dificultad alto y seis horas de duración) comienza con una larga caminata por una gran planicie casi sin sombra. Después de unas dos horas llega el momento de escalar el monte para llegar al punto más alto de la Chapada. El esfuerzo se ve compensado por una impresionante vista y un horizonte sobrevolado por aves como el juruva, del tamaño de un papagayo, con el pecho naranja, tonos de azul y verde en las plumas y un antifaz negro.


El valle del río Claro

Otra excursión (de unas cuatro horas de duración) recorre 37 kilómetros parque adentro; aunque solo 3,5 de ellos se superan a pie, el resto se hace en vehículo. Hace falta un coche con tracción 4u4, ya que durante el trayecto se cruza el río en varios puntos. Las paredes verticales típicas de la Chapada se vuelven enormes al caminar por su base. El recorrido en coche alcanza la formación rocosa Cresta de Gallo, donde se puede tener una vista de las zonas bajas del parque. El río Claro, como el nombre deja adivinar, es un naciente transparente en el que no hace falta gafas de buceo para apreciar los peces. Para no contaminar las aguas, está prohibido usar repelente o protector solar a la hora de bañarse.

Diversión en Nobres

Si la estancia en la zona de Chapada dos Guimarães supera los cuatro días, es interesante acercarse en un par de horas de viaje en coche al pueblo de Nobres, un paraíso de aguas transparentes, descensos en flotadores por los ríos y deportes de naturaleza.

Guía

Cómo llegar

» El aeropuerto más cercano es el de la capital del Estado de Mato Grosso, Cuiabá, una ciudad con más de medio millón de habitantes a 65 kilómetros del parque nacional de Chapada dos Guimarães. La mejor opción es alquilar un coche, pero si el presupuesto no lo permite hay que tomar un taxi hasta la terminal de autobuses. De ahí, subirse a un autobús de línea de la empresa Expresso Rubi (00 55 65 33 01 12 80), que salen cada hora entre 5.30 y 19.30.

Información

Teléfono: 00 55 65 84 25 89 71 Correo electrónico: centraldeguias@yahoo.com.br.
Web: www.chapadadosguimaraes.com

La cascada Véu de Noiva (velo de novia) de 86 metros de caída, en el parque nacional Chapada dos Guimarães, en Brasil

domingo, 2 de diciembre de 2012

"Camí" Natural de la Muga, un paseo del Pirineo a la Costa Brava


Desde septiembre de 2012 los paseantes y cicloturistas pueden disfrutar de la totalidad del Camí Natural de la Muga, un recorrido de unos 40 kilómetros, los que separan Sant Llorenç de la Muga de Castelló d'Empuries, en el Alt Empordà, donde desemboca este río.

Se trata de un "paseo" que permitirá al observador, y su inseparable cámara, recorrer en compañía de la aguas del Muga, espacios naturales como el de l'Alta Garrotxa, les Salines, Penya-segats de la Muga y el Parque Natural dels Aiguamolls de l'Empordà, una marisma con gran variedad de aves.

El Muga, o la Muga, que también se puede decir así, nace en el Montnegre a casi 1.200 metros de altura, en los límites del Vallespir y el Alt Empordà y durante los cinco primeros kilómetros de su vida, que se extiende a lo largo de 52 kilómetros, sirve de frontera entre la Galia y la Hispania.

Quien se anime a efectuar este recorrido, si arranca en Sant Llorenç de la Muga, en el sentido descendente del río, empezará cerca de los barrancos de los Pirineos para llegar a la Costa Brava y disfrutará de los distintos hábitats de los bosques de la ribera hasta las llanuras aluviales de esa parte del mediterráneo, tras hacer un alto en el pantano de Boadella.

Pero no solo la naturaleza será el objetivo del ojo fotográfico; el románico, el gótico. viejos puentes y castillos también podrán servir para enriquecer conocimientos y colecciones de fotos.

Los bosque son del tipo ribereño, que como su nombre indica, son los que surgen en las orillas de los ríos, generalmente muy frondosos gracias la humedad del suelo.

El paso del Muga por Sant Lorenç es un ejemplo típico de esta variedad forestal. Frondosidad absoluta, predominio del verde, humedad y abundancia de agua, algo que se percibe prácticamente en cada rincón de esa localidad, donde el Pont de Sant Antoni (s. XV) y su iglesia románica son buen preludio de lo que espera al viajero.

El Muga, abastece al pantano de Boadella, cuya presa fue construida en 1969, y que sirve para el regadío y también para la navegación deportiva con el permiso correspondiente y si hay nivel suficiente.

Tras el reposo obligado en Boadella, el Muga, se acerca a Pont de Molins, donde nada menos que dos castillos y un puente del siglo XVIII son testigos de su paso, lo mismo que los viejos molinos de agua que, evidentemente, apadrinan a esta población de la que ya existen datos en el siglo X.

Allí, es estas llanuras, se le unen las aguas del Llobregat del Empordà, uno de los afluentes más destacados del Muga y juntos se dirigen a Perelada, donde aún se conserva la casa natal del cronista catalán Ramón Muntaner.

Perelada es muy conocida porque cada verano se celebra allí un festival de música que lleva el nombre de la villa. Se celebra en el castillo que fue residencia de los vizcondes de Rocaberti.

El viajero deberá detenerse en la contemplación del claustro de Sant Domènech del siglo XI y el convento del Carmen, que es también el Museo del castillo. Entre tanto, el Muga se dirige a su fin en el pequeño delta que le despide en Empuriabrava.

La desembocadura del Muga en Castelló d'Empuries, es el final, o el principio del Camí Natural pero la oportunidad para el observador no desaparecen porque las posibilidades son aún grandes: en lo días claros se puede ver L'Escala y parte de la bahía de Rosas. Azul sobre azul, blanco sobre blanco, sosiego y, a veces, Tramuntana.

Castelló, fue durante años apital de esta comarca tiene el honor de encerrar entre sus calles y plazas la Basílica de Santa María, edificio gótico considerado la catedral del Empordà y las privilegiadas marismas dels Aiguamolls, donde viven gran variedad de aves.

Muere aquí el Muga nacido poco antes en el Pirineo pero, sus aguas, dan la vida al Mediterráneo extendido de Algeciras a Estambul. 

sábado, 1 de diciembre de 2012

Una pradera de flores de hielo (Canadá)


Un campo de flores de hielo cubren un arroyo helado en Graveyard Flats, en las Montañas Rocosas canadienses.

En ocasiones los desiertos florecen. También los gélidos desiertos de la Antártida o el Ártico, solo que allí las flores son blancas y de hielo, un fenómeno natural habitual en los mares polares (la sal marina actúa como un catalizador facilitando su formación), aunque también se da en otras latitudes. Se produce cuando el agua que hay bajo una capa superficial de hielo se evapora y escapa por las fisuras de este; si la temperatura exterior es suficientemente baja, el vapor de agua se sublima (pasa directamente del estado gaseoso a sólido) cristalizando en forma de delicadas plumas o flores blancas.

Las de la foto cubren un arroyo helado en Graveyard Flats, un valle de las Montañas Rocosas en el Estado de Alberta, al oeste de Canadá. Se accede desde la localidad de Calgary (a unos 80 km de las Montañas Rocosas).