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domingo, 28 de mayo de 2017

Hacen falta medidas radicales para evitar la sexta gran extinción en la Tierra

Las especies se están extinguiendo con mucha más rapidez que antes, alertan los expertos.

En la Tierra hay vida desde hace unos 3.700 millones de años. En este tiempo, conocemos cinco extinciones masivas, episodios dramáticos en los que muchas, o la mayoría, de las formas de vida desaparecieron en un parpadeo geológico. El más reciente de ellos fue la calamidad mundial que se llevó a los dinosaurios y multitud de otras especies, hace unos 66 millones de años.

Cada vez más científicos afirman que nuestro planeta podría experimentar pronto la sexta extinción masiva, esta vez provocada por el impacto cada vez mayor causado por la humanidad. Otros, como el economista danés Bjørn Lomborg, tachan esas opiniones de mal informadas y alarmistas.

Hacen falta medidas radicales para evitar la sexta gran extinción en la Tierra Científicos lanzan una búsqueda global por 25 especies ‘perdidas’

Hacen falta medidas radicales para evitar la sexta gran extinción en la Tierra Los humanos van camino de extinguir a todos los demás primates

Nosotros sostenemos enfáticamente que el jurado ya ha deliberado y el debate ha terminado: la sexta extinción terrestre ya está aquí.

El colapso de la biodiversidad
Las extinciones masivas suponen una catastrófica pérdida de biodiversidad, pero lo que muchos no aprecian es qué significa eso de biodiversidad. Una forma abreviada de hablar de la biodiversidad es simplemente contar especies. Por ejemplo, si una especie se extingue sin ser sustituida por otra, estamos perdiendo biodiversidad.

Pero la biodiversidad no es solo cuestión de especies. Dentro de cada especie hay por lo general cantidades considerables de variación genética, demográfica, conductual y geográfica. Buena parte de esta variación supone adaptaciones a las condiciones medioambientales locales, para aumentar la aptitud biológica de un organismo concreto y de su población.

Y hay también una enorme cantidad de biodiversidad que supone interacciones entre las diferentes especies y su entorno físico. Muchas plantas dependen de animales para la polinización y para la dispersión de las semillas. Las especies que compiten se adaptan unas a otras, al igual que los depredadores y sus presas. Los patógenos y sus huéspedes también interactúan y evolucionan juntos, a veces con notable velocidad, mientras que nuestro sistema digestivo interno alberga billones de microbios útiles, inocuos o perjudiciales.

En consecuencia, los ecosistemas son una mezcolanza de especies diferentes que están continuamente compitiendo, combatiendo, cooperando, ocultándose, engañándose, timándose, robándose y consumiéndose unas a otras en una pasmosa variedad de formas.

Todo esto es, por lo tanto, la biodiversidad, desde los genes hasta los ecosistemas, pasando por todo lo demás.

El moderno espasmo de la extinción
Da igual cómo la midamos. La extinción masiva ya ha llegado. Un estudio efectuado en 2015 en el que uno de nosotros (Ehrlich) participaba como coautor empleó cálculos moderados para calcular la tasa natural o de fondo de extinción de especies en diversos grupos vertebrados. El estudio comparó a continuación estas tasas de fondo con el ritmo de pérdida de especies desde comienzos del siglo XX.

Incluso suponiendo tasas de fondo conservadoramente elevadas, las especies se están extinguiendo con mucha más rapidez que antes. Desde 1900, los reptiles desaparecen 24 veces más rápido, las aves, 34 veces, los mamíferos y los peces, unas 55 veces más rápido, y los anfibios, unas 100 veces más rápido que en el pasado.
Si agrupamos todos los grupos de vertebrados, la tasa media de pérdida de especies es 53 veces más alta que la tasa de fondo.

Filtros de extinción
Para empeorar las cosas, estas extinciones modernas no tienen en cuenta las múltiples pérdidas de especies causadas por los humanos antes de 1900. Se ha calculado, por ejemplo, que los polinesios eliminaron alrededor de 1.800 especies de aves endémicas de las diferentes islas del Pacífico que fueron colonizando a lo largo de los últimos dos milenios.

Y mucho antes, los primeros cazadores recolectores efectuaron extinciones relámpago de especies —en especial megafauna como mastodontes, moas, aves elefante y perezosos de tierra gigantes— en su migración de África a otros continentes.

En Australia, por ejemplo, la llegada de los humanos hace al menos 50.000 años fue seguida al poco tiempo por la desaparición de enormes lagartos y pitones, canguros depredadores, el “león” marsupial y el Diprotodon, un marsupial del tamaño de un hipopótamo, entre otros.

Es posible que los cambios en el clima hayan contribuido, pero los humanos, con su caza y sus incendios han sido casi con seguridad la sentencia de muerte para muchas de estas especies.

Como resultado de estas extinciones anteriores a 1900, la mayoría de los ecosistemas de todo el mundo atravesaron un filtro de extinción: las especies más vulnerables desaparecieron, dejando atrás otras relativamente más resistentes o menos visibles.

Y lo que estamos viendo ahora es la pérdida de estos supervivientes. La suma de todas las especies llevadas a la extinción por los humanos desde la prehistoria hasta hoy sería mucho mayor de lo que muchos creen.

La desaparición de poblaciones
La sexta gran extinción se manifiesta también de otros modos, en especial en la aniquilación generalizada de millones (miles de millones quizá) de poblaciones de animales y vegetales. Al igual que las especies pueden extinguirse, también lo hacen poblaciones concretas, reduciendo la diversidad genética y las perspectivas de supervivencia a largo plazo de la especie.

Por ejemplo, el rinoceronte bicorne asiático se extendía en otro tiempo por el sureste de Asia e Indochina. Hoy solo sobrevive en diminutas bolsas separadas que comprenden quizá el 3% de su ámbito geográfico original.

Tres cuartas partes de los carnívoros más grandes del mundo, incluidos los grandes felinos, los osos, las nutrias y los lobos, están disminuyendo en número. La mitad de estas especies ha perdido al menos el 50% de su anterior hábitat.

De modo similar, excepto en determinadas zonas salvajes, las poblaciones de grandes árboles longevos están disminuyendo drásticamente.

El Informe Planeta Vivo 2016 de WWF resume las tendencias a largo plazo de más de 14.000 poblaciones de más de 3.700 especies de vertebrados. Su conclusión: solo en las cuatro últimas décadas, el tamaño de las poblaciones observadas de mamíferos, aves, peces, anfibios y reptiles ha disminuido una media del 58% en todo el mundo.

Y a medida que la población de muchas especies cae en picado, sus cruciales funciones ecológicas disminuyen con ella, creando posibles reacciones en cadena capaces de alterar ecosistemas completos.

En consecuencia, las especies en peligro de desaparición pueden dejar de desempeñar su función ecológica mucho antes de extinguirse de hecho.



Pagar la deuda de la extinción
Todo lo que sabemos sobre biología de la conservación nos dice que las especies cuya población está en caída libre son cada vez más vulnerables a la extinción.

Las extinciones rara vez se producen de manera instantánea, sino que la conspiración de los números en declive, la fragmentación de la población, la endogamia y la variación genética reducida puede conducir a un vórtice de extinción funesto. En este sentido, nuestro planeta está ahora acumulando una gran deuda de extinción que finalmente habrá que pagar.

Y no hablamos solo de perder hermosos animales; la civilización humana depende de la biodiversidad para su existencia misma. Las plantas, los animales y los microorganismos con los que compartimos la Tierra nos aportan servicios de ecosistema vitales, como regular el clima, proporcionar agua limpia, limitar las inundaciones, gestionar ciclos de nutrientes esenciales para la agricultura y la silvicultura, controlar las plagas perjudiciales para los cultivos y portadoras de enfermedades, y proporcionar belleza y beneficios espirituales y de recreo.

¿Nos aproximamos a la destrucción final? Ni mucho menos. Lo que estamos diciendo, sin embargo, es que la vida en la Tierra es en última instancia un juego en el que no hay ganadores ni perdedores. Los humanos no podemos seguir aumentando de número, consumir cada vez más tierra, agua y recursos naturales, y esperar que todo vaya bien.

Limitar el perjudicial cambio climático se ha convertido en un eslogan para luchar contra esos males. Pero las soluciones a la actual crisis de extinción deben ir mucho más allá.

Debemos también ralentizar urgentemente el crecimiento de la población humana, reducir el consumo y la caza excesivos, conservar lo que queda de las zonas vírgenes, ampliar y proteger mejor nuestras reservas naturales, invertir en la conservación de especies en grave peligro de extinción, y votar a líderes que conviertan estas cuestiones en una prioridad.

Sin medidas decisivas, es probable que cortemos ramas vitales del árbol de la vida que podría costar millones de años recuperar.

Bill Laurance es catedrático de investigación distinguido y laureado en la Universidad James Cook de Australia.

Paul Ehrlich es presidente del Centro de Biología de la Conservación y titular de la Cátedra Bing de Estudios sobre Poblaciones en la Universidad de Stanford.

Cláusula de divulgación:

Bill Laurance recibe financiación del Consejo Australiano de Investigación y otras organizaciones científicas y filantrópicas. Es director del Centro JCU de Ciencias del Medioambiente Tropical y de la Sostenibilidad, y fundador y director de ALERT, siglas en inglés de Alianza de Importantes Investigadores y Pensadores sobre Medio Ambiente.

Paul Ehrlich no trabaja, ni asesora, posee acciones o recibe financiación de ninguna empresa u organización que pudiera beneficiase de este artículo, y no ha revelado ninguna afiliación pertinente, aparte del cargo académico arriba declarado.

lunes, 30 de enero de 2017

Adiós a los grandes mamíferos del planeta

La pérdida de hábitats y el cambio climático desencadenan la sexta extinción que nos dejará sin tigres o jirafas.

Uno de los relatos más importantes de la ficción contemporánea se titula 'El gran silencio', está protagonizado (y contado) por un loro y apenas supera las cuatro páginas. Su autor es Ted Chiang, un informático estadounidense que, con un puñado de reveladoras narraciones, entre ellas la que inspiró el filme La llegada, ha sido capaz de tocar nuestras fibras más sensibles. El pájaro-narrador vive junto al telescopio de Arecibo, en la selva de Puerto Rico, dedicado a tratar de captar un sonido inteligente proveniente del espacio exterior, escrutando lo que se denomina "el silencio del universo". Sin embargo, el loro se pregunta por qué los humanos nunca han tratado de hablar con los seres de otras especies con los que comparten el planeta: "Hace cientos de años, mi especie era tan abundante que nuestras voces resonaban por todas partes. Hoy casi hemos desaparecido. Dentro de poco, la selva estará tan silenciosa como el resto del universo". La desaparición de la fauna ha sido una pesadilla recurrente de la ficción —el título del libro de Philip K. Dick en el que se basa Blade Runner es ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? porque describe un mundo de megaciudades en el que no existen los animales—, pero ahora mismo es un proceso que ya está en marcha. Es lo que se llama la sexta extinción.

"Es el acontecimiento más importante de nuestro tiempo. La situación es muy seria. De hecho, no podría ser más seria", explica Elizabeth Kolbert, una periodista estadounidense que ganó el Premio Pulitzer el año pasado por su libro titulado precisamente así, La sexta extinción (Crítica), que el presidente Barack Obama ha recomendado en numerosas ocasiones. "Es importante darnos cuenta de que algunos ecosistemas, como los arrecifes de coral, están entrando en colapso en estos mismos momentos", agrega esta periodista de la revista The New Yorker. Y National Geographic, en un reciente artículo, planteó el asunto de forma todavía más dramática: "¿Sobrevivirán los humanos a la sexta extinción?".

En los 4.000 millones de años que han pasado desde que estalló la vida en la tierra se han producido cinco episodios de extinción masiva de especies. El más famoso de todos ellos ocurrió hace 66 millones de años, en el Cretácico, cuando el impacto de un meteorito provocó la aniquilación de los dinosaurios y del 80% de las especies terrestres. Sin embargo, esta sexta extinción tiene una diferencia fundamental con las demás: nosotros somos los responsables. Desde el año 1500 se han extinguido 322 especies, pero en la actualidad el proceso está en plena aceleración. Anthony Barnosky, paleobiólogo de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) y experto en el funcionamiento de ecosistemas, resume así la situación: "Si no tomamos medidas ante la crisis actual, los nietos de nuestros hijos vivirán en un mundo en el que tres cuartas partes de las especies que existen en la actualidad habrán desaparecido para siempre". En los océanos, prosigue Barnosky, muchos de los animales de los que nos alimentamos, como el atún, se habrán ido también.

La causa no es solo el cambio climático, sino un conjunto de factores que tienen un punto en común: la acción de la humanidad

Un planeta en el que no existan en libertad los leones, los tigres, los rinocerontes, las jirafas o los elefantes, animales con los que la humanidad lleva soñando por lo menos desde que los pintó en las paredes de la cueva de Chauvet hace 33.000 años, es una posibilidad cada vez más real y cercana. Esa es también la conclusión de un equipo internacional de científicos, que publicó en octubre el informe 'Saving the World's Megafauna' (salvando a la megafauna del mundo) en la revista Bioscience de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

Este trabajo concluía: "La mayoría de la megafauna de mamíferos se enfrenta a dramáticas contracciones de su ámbito geográfico y declives poblacionales considerables. Efectivamente, el 59% de los carnívoros más grandes y el 60% de los herbívoros de mayor talla están amenazados de extinción. Esta situación es particu­larmente crítica en el África subsahariana y el sureste de Asia, lugares que albergan la mayor diversidad de megafauna existente. El grupo de especies en riesgo de extinción incluye algunos de los animales más emblemáticos del mundo, como los gorilas, rinocerontes y los grandes felinos. Irónicamente, dichas especies van desvaneciéndose justo cuando la pone en evidencia, cada vez más, el papel tan esencial que desempeñan en los ecosistemas".

Desde hace unos años se multiplican las investigaciones científicas de todo tipo de centros de estudios y universidades que trazan un panorama cada vez más inquietante. Por citar solo las más recientes, el pasado octubre el Foro Mundial para la Naturaleza (WWF, en sus siglas en inglés) publicó la última edición de su Living Planet Index, un informe bianual que mide 14.152 poblaciones de 3.706 especies, y concluía que entre 1970 y 2012 el mundo había experimentado un declive en un 58% de estos animales. Si la situación no mejoraba, WWF indicaba que en 2020 habrían desaparecido dos tercios de los animales salvajes con respecto a 1970 (un declive del 67%).

Sólo a principios de diciembre fueron publicados dos datos que muestran hasta qué punto la sexta extinción es un fenómeno global: la Lista Roja de especies amenazadas, que publica la Unión para la Conservación de la Naturaleza, el índice más utilizado y citado para medir los animales que se encuentran en peligro, indicó que más de la mitad de las rayas, tiburones y quimeriformes (un orden de peces cartilaginosos) del Mediterráneo —73 especies en total— se encuentran en riesgo de extinción.

La misma institución publicó el 8 de diciembre otro informe en el que señalaba que uno de los animales más icónicos y reconocibles, la jirafa, el mamífero más alto del mundo, está sufriendo "un devastador declive en sus poblaciones, debido a la pérdida de hábitats, las guerras civiles y la caza ilegal". Su población global ha descendido en un 40% en 30 años. En total, esta Lista Roja incluye 85.604 especies, de las que 24.307 están amenazadas de extinción.

Parafraseando al gran Ennio Flaiano, podríamos decir que en este caso la situación es grave y además muy seria. Los caminos que toma la naturaleza cuando desaparecen especies son impredecibles, porque estas dependen unas de las otras y, si una parte del sistema falla, es difícil saber cómo se reequilibrará.

La mayoría de los científicos que estudian la sexta extinción llegan a la misma conclusión: se trata de un proceso en marcha, pero puede ser reversible. "No es demasiado tarde", asegura Jonathan L. Payne, profesor asociado de la Universidad de Stanford (EE UU) y uno de los autores de otro informe, publicado en septiembre por la revista Science, que anunciaba una extinción "sin precedentes" de los grandes animales marinos. "El porcentaje de especies que ya se han extinguido es todavía muy inferior al porcentaje que desapareció en episodios anteriores".

El biólogo José Vicente López-Bao, investigador de la Universidad de Oviedo que participó en el informe Saving the World's Megafauna, señala por su parte: "Las sociedades modernas deben demandar un mayor compromiso político en materia de conservación, lo que incluye respetar las decisiones adoptadas en los tratados y convenciones internacionales, coordinar esfuerzos y un mayor apoyo financiero a la conservación de la biodiversidad. De lo contrario, muchas poblaciones y especies corren el riesgo de no llegar al próximo siglo".

Elizabeth Kolbert agrega: "Es obviamente demasiado tarde para muchas criaturas que ya se han extinguido o que se han visto reducidas a unos pocos individuos. Pero no lo es para millones de especies". Preguntada sobre la influencia en este proceso de las posibles políticas del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump —que ha nombrado como jefe de la Agencia de Medioambiente a un negacionista del cambio climático, Scott Pruitt—, esta periodista responde: "Me temo que puede empeorar las cosas".

TODAVÍA HAY TIEMPO
¿Qué es la sexta extinción?
A lo largo de la historia del planeta se han producido cinco extinciones masivas de los animales (la de los dinosaurios es la más conocida). Muchos científicos creen que ahora mismo estamos viviendo la sexta extinción. La causa es la acción humana sobre su entorno.

Grandes mamíferos
Animales como los tigres, los leones o los rinocerontes pueden ser los primeros en desaparecer en libertad. Seguirán existiendo en los zoos, pero las cifras indican que su extinción en la naturaleza es una posibilidad real.

La jirafa
El último animal en sumarsa a a la lista de especies en peligro es la jirafa, cuya población ha descendido un 40% en 30%.

Todavía hay tiempo
Los científicos coinciden en que no es demasiado tarde, el proceso en marcha es todavía reversible.

La sexta extinción no es sólo producto del cambio climático —salvo en el caso de animales como los osos polares, que, al disminuir la capa de hielo, pierden la capacidad de cazar—, sino de un conjunto de factores que tienen un punto en común: la humanidad. La deforestación, la pérdida de hábitats, el avance de las tierras dedicadas al cultivo y la ganadería, la caza furtiva, el comercio ilegal de especies (el tráfico de marfil puede borrar a los elefantes de la tierra, y una moda culinaria, acabar con el pangolín, un armadillo asiático) o la sobreexplotación (es el caso de numerosas especies marinas).

Jonathan L. Payne explica: "Los cambios actuales en el clima (un calentamiento global acelerado) y en los océanos (acidificación y declive del oxígeno) ocurrieron durante extinciones masivas anteriores. Sin embargo, nuestros análisis sugieren que los cambios biológicos que estamos experimentando, particularmente la extinción selectiva de especies de todo tipo, son diferentes de cualquier proceso anterior".

La humanidad lleva muchos siglos moldeando la tierra: basta con visitar las Médulas, en León, un paisaje que forjaron los romanos con sus explotaciones mineras, o imaginar la cantidad de desperdicios que producía Roma en su máximo esplendor, una ciudad en la que vivían un millón de habitantes en el siglo I, para darnos cuenta de nuestra capacidad para alterar el medio ambiente. Y los cambios empezaron seguramente mucho antes: un estudio publicado en noviembre por los profesores Jed Kaplan, de la Universidad de Lausana, y Jan Kolen, de la Universidad de Leiden, concluía que hace unos 20.000 años, en plena Edad de Hielo, los cazadores recolectores quemaron grandes extensiones de bosques y, por tanto, transformaron radicalmente su entorno. Sin embargo, nada es comparable al proceso en el que estamos sumergidos en la actualidad, pese a que algunos científicos mantengan que no es la primera extinción masiva causada por la humanidad.

El Homo sapiens apareció hace unos 200.000 años en África y su expansión coincide con diferentes extinciones, sobre todo de la llamada megafauna prehistórica, desde los tigres dientes de sable hasta los mamuts. Cada vez más científicos consideran que nuestros antepasados fueron los responsables directos de la desaparición de estas especies (y de los otros representantes del género homo, como los neardentales). El debate está abierto porque también se produjeron enormes cambios climáticos, pero muchas evidencias apuntan a la acción humana.

Jean-Jacques Hublin, investigador del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, argumentaba en una conferencia reciente que mientras en África estos animales se esfumaron muy pronto, en Europa este fenómeno no ocurrió hasta la expansión de los Homo sapiens. En otras palabras: primero los matamos en África y luego en Europa. La llegada de nuestra especie a Australia hace unos 50.000 años es un gran misterio porque tuvimos que viajar por mar durante un periodo en el que no sabíamos navegar (o por lo menos no hay restos arqueológicos que lo demuestren). Como explica Elizabeth Kolbert en su libro, 10.000 años después de este acontecimiento, la megafauna australiana se había esfumado. "La llegada del hombre parece la única explicación", escribe.

Es el hecho más importante de nuestro tiempo. La situación es muy seria”, explica Elizabeth Kolbert, autora de ‘La sexta extinción’

Sin embargo, aquella desaparición afectó sólo a un tipo de animales. Lo que está ocurriendo en la actualidad incluye a numerosas especies de todos los tamaños. Muchos científicos creen que hemos entrado en una nueva era geológica, el Antropoceno, que comenzó en torno a 1950 —fue una de las conclusiones de un reciente congreso celebrado en septiembre en Sudáfrica—. Su principal característica frente a la era anterior, el Holoceno, son los efectos de la humanidad sobre el medioambiente. "El Antropoceno es el momento en el que los humanos hemos cambiado el ciclo vital del planeta", señaló el científico español Alejandro Cearreta.

Para el profesor Mark Williams, experto en paleobiología de la Universidad de Leicester y uno de los principales estudiosos del Antropoceno, "el impacto de los seres humanos en la biosfera es dramático y no se trata solo de la sexta extinción". Williams mantiene que cuatro datos aportan las claves para entender la radicalidad de estos cambios: el descomunal consumo de plantas y animales por parte de los humanos (el 97% de los mamíferos terrestres son humanos y los animales que comen y sólo el 3% son criaturas salvajes); el movimiento de plantas y animales por todo el mundo, fuera de sus hábitats naturales; los cambios drásticos en nuestros paisajes (que afectan en torno al 75% de la superficie terrestre no cubierta por hielo), y la interacción entre la biosfera y la tecnología. La sexta extinción es uno de los muchos signos de esta profunda transformación que conduce al planeta, y a todos los que vivimos en él, hacia un destino incierto.

Las extinciones son un signo de movimientos mucho más profundos, indicios de grandes alteraciones. El primer animal que los humanos tuvieron conciencia de haber exterminado fue el dodo, un pájaro no volador de las islas Mauricio que fue cazado (por diversión sobre todo) hasta su aniquilación durante el siglo XVII. Por vez primera nos dimos cuenta de que, después de matar al último dodo, ya no había más. Pero este pájaro mítico —que Lewis Carroll representó en Alicia en el País de las Maravillas— no sólo simboliza las especies en vías de extinción, sino que fue uno de los primeros signos de lo que iba a ocurrir en el resto del planeta con la expansión colonial de los europeos. El final del dodo fue el principio de una transformación mucho más radical. Lo mismo, a una escala mucho más grande, puede decirse de la sexta extinción. De nosotros depende todavía que no sea el preámbulo del gran silencio que anticipa el loro del relato de Ted Chiang.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Los pulmones de la Tierra

Entre 1990 y 2015, el mundo perdió 129 millones de hectáreas de bosque destruidas por la furia de las motosierras, el fuego y el cemento. Aunque la deforestación ha avanzado a un ritmo asombroso: (alrededor de 10 hectáreas de bosque –el equivalente a 14 campos de fútbol– desaparecen cada minuto, a lo largo del último cuarto de siglo ha disminuido su velocidad. Entre 2010 y 2015 el mundo registró una pérdida neta de 3,3 millones de hectáreas al año, una merma debida principalmente a actividades humanas como la agricultura, la extracción de materias primas y la urbanización.
Fuente: Global Forest Resources Assessment (Fao, 2015)

En determinadas regiones, como China o Europa, los bosques están en expansión, sobre todo gracias a los programas de reforestación y a un incremento de los cultivos arbóreos. En otras zonas del mundo, especialmente en los trópicos, las selvas se encuentran constantemente amenazadas por el ser humano. Las principales cuencas de pluvisilva de la Amazonia, Congo y el sudeste de Asia pierden millones de hectáreas cada año. En Indonesia, por ejemplo, han desaparecido unos 2,6 millones de hectáreas de bosque tropical solo en 2015 a causa de uno de los incendios más trágicos de los últimos tiempos.

Los bosques, junto con los océanos, absorben enormes cantidades del dióxido de carbono que circula en la atmósfera. Proteger los pulmones de la Tierra es fundamental para preservar la biodiversidad del planeta y combatir el calentamiento global.


Sé que el fuego volverá el año que viene. Sé que no tenemos el equipo que necesitamos y que tendremos que luchar contra él solo con nuestras manos. Pero no importa, lucharemos. Nuestro espíritu es el espíritu de la selva”. Cuando habla de los bosques en los que nació y creció, los ojos de Basuki Budi Santoso se llenan de lágrimas.

Sirviéndose de los escasos medios a su disposición, Basuki y su pequeño equipo de la fundación Amigos del Parque Nacional trabajan para defender la reserva de Tanjung Puting de las llamas que la afectan periódicamente. El parque, situado en Kalimantán Central, en la parte meridional de la isla de Borneo, ha estado en el epicentro de los grandes incendios que han golpeado Indonesia a lo largo de 2015. El fuego, que ardió sin interrupción durante semanas, redujo a cenizas unos dos millones de hectáreas de bosque.

Se puede llegar al campamento base de Basuki navegando por el río Kumai. Un pequeño muelle conduce a un sendero que atraviesa la selva, donde los rayos de sol que penetran a través de la humedad y el agua de los arroyos adquieren el color del té. Después de unas cuantas horas caminando se llega al área de reforestación de Beguruh. Aquí es donde Basuki y sus hombres trabajan para contribuir a que la selva vuelva a la vida.

Los hombres de Basuki se están tomando un breve descanso a la sombra de un cobertizo de madera. Hay varias hamacas, un hornillo de gas para hacer café y una ducha al aire libre. Unos metros más allá, protegidos del sol, se alinean los botes que contienen las plántulas de los árboles. “Este es nuestro invernadero. Aquí es donde cuidamos los árboles que repoblarán la selva que se ha quemado”, explica Basuki.

Los incendios vuelven cada año, sobre todo a partir de septiembre, en la estación seca. Y el fuego sigue ardiendo incluso cuando parece que se ha apagado, porque arde bajo la superficie, en la turba”, continúa. “Cuando vuelven los incendios, trabajamos sin descanso para apagarlos. Por la noche hacemos turnos durmiendo a pocos metros de las llamas; a veces alguien llega a perder la vida sofocado por el humo. En cambio, en las épocas en que tenemos un respiro, volvemos a plantar los árboles en las zonas quemadas y nos preparamos para la próxima batalla”.

Basuki pasa la mayor parte del año en la selva de Kalimantán Central, coordinando las intervenciones contra los incendios y los diversos proyectos de reforestación. Su sueldo le permite volar dos veces al año a ver a su mujer y a sus dos hijos, que viven en Yakarta.

Indonesia en llamas

Fuente: Global Fire Data

Entre septiembre y octubre de 2015, Indonesia fue escenario de uno de los incendios más catastróficos de los últimos años. Las llamas, que ardieron sin interrupción durante semanas, afectaron a más de 2,6 millones de hectáreas de selva, principalmente en las islas de Sumatra y Borneo. Las enormes nubes de humo alcanzaron las zonas limítrofes y penetraron en Malasia, Singapur y Tailandia. Al menos 43 millones de personas inhalaron los gases tóxicos. La Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica indonesia calificó el incendio de “crimen contra la humanidad de extraordinarias proporciones”.

Las teorías más acreditadas culpan de los incendios a sujetos interesados en la adquisición de nuevas tierras –como determinadas empresas que producen aceite de palma– y a los agricultores que utilizan el fuego para preparar las tierras para el cultivo. La estación seca y la combustión prolongada en el interior de la extensa capa de turba complica aún más las labores de extinción.

Casi todos los incendios detectados en Indonesia son provocados por el ser humano para preparar las tierras para el cultivo.

Casi todos los incendios detectados en Indonesia han sido provocados por el hombre por causas relacionadas con la agricultura. El fuego es el medio más sencillo para despejar el suelo para el cultivo. Los incendios los pueden desencadenar personas que controlan grandes plantaciones o pequeños agricultores que trabajan sus propias parcelas de tierra con métodos tradicionales”, explica Peter Holmgren, director del Centro de Investigación Forestal Internacional (CIFOR, por sus siglas en inglés), un instituto dedicado al estudio de los bosques tropicales con sede en Bogor, cerca de Yakarta.

Según cálculos de la Base de Datos sobre Emisiones Mundiales por Incendios, solo en 2015 se detectaron más de 130.000 incendios que generaron casi 2.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, más de lo que Alemania o Japón producen en un año.

Los incendios forestales son un problema mundial. “Según la NASA y la Base de Datos sobre Emisiones Mundiales por Incendios, cada año arden una media de 4,5 millones de hectáreas de selva”, informa Guido van der Werf, investigador especialista en ciencias de la tierra y de la vida de la Universidad Libre de Ámsterdam. “Casi todos los incendios en las regiones tropicales se deben a causas antrópicas. En las regiones templadas se detectan incendios naturales e incendios provocados por el ser humano, mientras que en el cinturón boreal la causa principal son los rayos”.

Drones que protegen la selva
El equipo del dron se puede adquirir por unos 2.000 dólares, mientras que el programa para hacerlo volar es gratis y de libre acceso”, señala Keeyen Pang, director de operaciones en Asia de Conservation Drones, mientras su hijo monta un pequeño dispositivo y le inserta su misión de vuelo. “No hay más que instalar una microcámara en la aeronave para obtener una cartografía de la selva en alta definición”

Nuestros drones son un instrumento barato y eficaz contra la deforestación y contribuyen a la conservación de la naturaleza”, afirma Lian Pin Koh, catedrático de Ecología Aplicada de la Universidad de Adelaida. Es el fundador, junto con el biólogo suizo Serge Wich, de Conservation drones, una organización sin ánimo de lucro formada por un grupo internacional de especialistas en ecología y entusiastas de las aeronaves teledirigidas.

Una zona del Parque Nacional Gunung Leuser, en Indonesia, ha sido arrasada de forma ilegal según detectó el equipo de Conservation Drones. Las cortezas de árboles y plantas han sido tiradas al río en un intento de esconder la zona deforestada.

Fuente: Conservation Drones

Desde 2012 ayudamos a que los drones de la organización de vuelen para defender el medio ambiente. Es importante proporcionar tecnología a bajo coste, sobre todo a los países en desarrollo, para volar sobre zonas de difícil acceso y controlar su estado de conservación”, nos explican los co-fundadores de la iniciativa.

Conservation Drones suele recibir propuestas de colaboración de organizaciones de todo el mundo. Con el tiempo, nuestra red de expertos en drones para la conservación se ha expandido”, cuenta Keeyen Pang mientras comprueba las configuraciones finales y se prepara para la prueba de lanzamiento.

En el sudeste de Asia, los drones permiten cartografiar las plantaciones de palma de aceite, una de causas más importantes de la deforestación de la zona.

Los drones de Lian Pin Koh y Serge Wich vuelan sobre Tanzania, donde se emplean para controlar la conservación de los chimpancés. También vuelan en Surinam, que está llevando a cabo un proyecto de seguimiento de la selva virgen. Y en Indonesia, donde se emplean para observar la población de orangutanes en peligro de extinción. También en el resto del sudeste de Asia. Allí los drones son útiles para cartografiar las plantaciones de palma aceitera, uno de causas principales de la deforestación de la zona.

Las misiones de vuelo de Conservation Drones ya están dando resultados tangibles. “En 2014, por ejemplo, las imágenes tomadas desde nuestras aeronaves permitieron detectar una zona deforestada ilegalmente en una reserva natural de Sumatra”, declara un orgulloso Lian Pin Koh. “Las autoridades indonesias han utilizado nuestras imágenes como prueba, y quienes cometieron el delito han sido llevados a juicio”.

Los osos olvidados
En un rincón remoto de la selva de Sabah, en el extremo noreste de la isla de Borneo, un pequeño equipo de zoólogos trabaja para conservar una especie poco conocida: el oso malayo. El Centro de Borneo para la Conservación del Oso Malayo, fundado en 2008 por el zoólogo malayo Wong Siew Te, es la única reserva del mundo dedicada a proteger activamente a esta especie en peligro de extinción.

Poca gente se imagina que también hay osos que viven en la selva tropical, hasta el punto de que los hemos apodado los osos olvidados”, explica Tee Thye Lim, que tiene a su cargo a del centro a los que se ha liberado de su cautiverio. “Por desgracia, aunque no son conocidos en el mundo, o quizá por eso, están en peligro de extinción. En los últimos 30 años hemos perdido más o menos un 30% de ejemplares”.

En algunas regiones del sudeste de Asia se captura a los cachorros de los osos malayos para tenerlos como mascotas y acabar abandonándolos cuando crecen. Los osos también son víctimas del comercio ilegal, ya que, según la medicina china, su vesícula biliar y sus garras tienen propiedades curativas. A esto hay que añadir la deforestación, causada principalmente por el cultivo de palma aceitera, que ha mermado considerablemente su hábitat natural.

Los expertos del centro explican que la extinción de los osos malayos provocaría una reacción en cadena en el ecosistema del bosque. “Las plantas y los animales viven en armonía, y la desaparición de una sola especie puede alterar el equilibro de la selva. Los osos malayos, por ejemplo, son auténticos ingenieros forestales”, prosigue Tee Thye Lim. “Cuando buscan la miel de la que se alimentan, abren cavidades en los árboles en las que encontrarán cobijo otros animales, como el cálao bicorne”.
Fuente: The IUCN Red List of threatened species (2016)

El oso malayo es uno más de los numerosos animales y plantas actualmente en peligro de extinción. Según la lista roja elaborada por la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), en estos momentos al menos 20.000 especies vegetales y animales corren el riesgo de desaparecer en todo el mundo.

La destrucción de los hábitats naturales, la explotación comercial de la tierra, la contaminación y el cambio climático son algunas de las causas principales de la pérdida de biodiversidad a escala mundial.


La destrucción de los hábitats naturales, la explotación comercial de la tierra, la contaminación y el cambio climático son algunas de las causas principales de la pérdida de diversidad a escala mundial. “Estamos en plena crisis de la biodiversidad. Perdemos alrededor de 1.000 especies de plantas y animales al año”, afirma el catedrático Henrique Pereira, jefe de investigación del Centro Alemán para la Investigación Integradora de la Biodiversidad de la Universidad de Leipzig. “La biodiversidad es fundamental para el equilibrio del planeta, pero también para la salud de la humanidad. Muchas medicinas proceden de compuestos extraídos de animales o de plantas. Cada vez que se extingue uno de ellos, perdemos la oportunidad de descubrir compuestos que se puedan utilizar para crear un nuevo medicamento”.

Los guardianes de la selva
Un teléfono inteligente sujeto al tronco de un árbol en la selva, alimentado por paneles solares y con un micrófono activo conectado constantemente a Internet: esta es la idea que hay detrás de Rainforest Connection, el dispositivo creado por Topher White, un joven físico e ingeniero de San Francisco consagrado a proteger los bosques del planeta.

El aparato creado por Topher permite escuchar a distancia los sonidos de la selva utilizando un simple teléfono inteligente”, resume James Reed mientras, pertrechado con su equipo, manipula una curiosa caja de plástico con una antena. “Estoy aquí, en los bosques de Borneo, para ayudar a Topher a montar los aparatos. Y, mientras tanto, enseño a las comunidades locales a trepar sin peligro, de manera que en el futuro puedan instalar y ocuparse de los dispositivos ellas mismas”.

Los aparatos de Rainforest Connection transmiten la señal sonora entrante a la nube, desde la cual un programa informático puede examinar los sonidos registrados. Cuando el programa detecta un sonido inusual, como el rugido de una motosierra o el disparo de un rifle, manda un mensaje de alarma a las autoridades locales o a las asociaciones que tienen la capacidad de actuar para detener las actividades de deforestación ilegal o la caza furtiva.
Cómo funciona Rainforest Connection
Fuente: Rainforest Connection

Estamos probando Rainforest Connection en todos los bosques tropicales del mundo. Nuestro objetivo es conseguir proteger entre 20 y 30 hectáreas en los próximos dos años utilizando esta tecnología”, cuenta Topher, que pasa la mitad de su tiempo en su laboratorio de San Francisco y la otra mitad en selvas de todo el mundo.

Pensamos que es básico establecer relaciones de colaboración con las comunidades locales y las organizaciones que trabajan para defender los bosques”, explica White. “Iniciativas como Tree Monkey , de James Reed, son fundamentales para nosotros. James y su equipo nos ayudan a instalar físicamente los aparatos y organizan sesiones de entrenamiento para escalar con el fin de enseñar a las comunidades de la zona a trepar sin peligro a los árboles más altos de la selva”.

Según los cálculos de Topher, un solo aparato puede detectar el sonido de una motosierra en un área de unos tres kilómetros cuadrados. Esto significa que, utilizando unos pocos dispositivos situados en lugares estratégicos (por ejemplo, los puntos de acceso al bosque), se pueden proteger superficies forestales muy extensas”.

Un simple teléfono móvil conectado a Internet puede convertirse en guardián de la selva.

A Topher White se le ocurrió la idea de su aparato en una selva. “En 2011 estaba en Kalimantán, en Indonesia. Iba andando por la selva con mi guía local cuando nos topamos con una zona talada ilegalmente. El guía montó en cólera y me contó lo difícil que era acabar con esas actividades a pesar de la presencia de los guardas forestales. Me di cuenta de que un simple teléfono conectado a Internet se podría convertir en un guardián, y en los últimos años me he dedicado a desarrollar la tecnología del aparato”.

Los dispositivos de Rainforest Connection se podrían aplicar también a otros fines. Los investigadores pueden utilizar el sonido transmitido por la nube para estudiar los bosques; por ejemplo, para analizar las migraciones animales o hacer un seguimiento de los ritmos de los ecosistemas. O algo más sencillo: se podría transformar en una radio para escuchar la orquesta forestal desde el sillón de casa. “Hace poco hemos puesto en marcha una radio digital que permite que cualquiera, en cualquier lugar del mundo, escuche en directo los sonidos de la selva. Por ahora solo tienen acceso a ella las personas que deciden hacer un donativo a nuestro proyecto y ayudarnos a convertir aún más teléfonos inteligentes en guardianes de la jungla”.

La evolución de los bosques desde 1990 hasta 2015
Fuente: Global Forest Resources Assessment (Fao, 2015)


Los bosques están desapareciendo en el mundo a un ritmo objeto de debate científico. Los datos proporcionados por Naciones Unidas revelan que la deforestación se ha reducido en las últimas décadas”, informa Peter Holmgren, director del Centro de Investigación Forestal Internacional. “Es una buena noticia, pero en determinadas zonas del mundo, como Indonesia, Brasil y África central, seguimos perdiéndolos a un ritmo preocupante”. 

lunes, 31 de octubre de 2016

Por qué las praderas importan y los céspedes no


Las praderas – esos complejos ecosistemas gravemente amenazados, comprendidos por pocos pero incomprendidos y destruidos por millones de personas.

Los céspedes – esas miopes y obsesivas monstruosas monoculturas urbanas, sub-urbanas, y (cada vez más) rurales, que sustituyen a ecosistemas autóctonos a un ritmo de entre 5,000 y 385,000 hectáreas por día*, en favor de entornos artificiales, estériles y repletos de químicos, cargados de una gran influencia europea que no proporciona ningún beneficio a largo plazo; ni alimento, ni agua limpia, ni hábitat para la fauna salvaje y ningún fundamento para la preservación de nuestra otrora rica herencia natural. Ahí tenemos la insoportable ubicuidad de la podadora asociada a una practica cultural tan inútil, que además crea una vergonzosa cantidad de contaminación del aire, auditiva y acuífera, y una desbordante actividad que destruye muchas mañanas apacibles. El césped americano es el arquetipo de la insostenibilidad.

[ * La discrepancia se debe a los gastos. Sería extremadamente caro para los contribuyentes e instituciones el obtener la imaginaría satelital necesaria para desempeñar un análisis detallado, respecto a cuanto césped existe en realidad. Teniendo en cuenta igualmente, que muchos céspedes se “esconden” bajo las cubiertas de los arboles y bosques urbanos, por ello, las cifras que he citado son bastante conservadoras, en el mejor de los casos. Haz click aquí para una explicación más profunda. También asumo que tales cifras fueron tomadas de las tasas de expansión urbana, que varía cada año, década tras década etc.]

Tal y como señala elocuentemente un comentarista en internet llamado Carrie, “como nación, tenemos demasiado césped haciendo demasiado poco por nosotros”.

¿Cuánto césped es demasiado césped? 41 millones de hectáreas. Esa cifra hace del césped la planta bajo irrigación más propagada en los contiguos estados de Estado Unidos. Se irriga 3 veces más superficie cubierta de césped que lo que se irrigan los campos de maíz, y esto es una estimación conservadora. Toda esa agua otrora preciosa, gastada en esas 41 millones de hectáreas de ridículo y no-autóctono pasto, para conservarlo inaturalmente verde – ¿cómo puede ser tan ciega la gente?

Los céspedes, las granjas de cultivos en hileras, el “mejoramiento” de pastizales y la urbanización, son algunas de las mayores conversiones negativas de tierras de paisajes autóctonos, y contribuyen directamente a la destrucción de la vida salvaje y los hábitats de plantas autóctonas al rededor del mundo. Mientras que los paisajes desaparecen, la vida salvaje desaparece, y de esta forma desaparecen a su vez los importantes procesos ecológicos que aseguran la producción de elementos vitales, como el agua potable, los “parachoques” contra el calentamiento global, y los controladores de inundaciones. El futuro de la especie humana depende fuertemente de la salud de los paisajes nativos.

Las praderas importan por sus inmensos sistemas radiculares; que son sistemas biológicos complejos, densos y extensos que almacenan un tercio del carbono (CO2) mundial, y consecuentemente depuran el agua que consumimos y que proviene de las nubes cargadas de humedad, precipitada sobre las diversas comunidades de plantas que la filtran a través de una masa de residuos, raíces, organismos del suelo y sus diversas capas. La calidad del agua siempre corresponde a los niveles de carbono en el suelo y las praderas son las mejores acumuladoras de carbono del mundo. Los céspedes no se comparan con las praderas y nunca lo harán.
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Foto: En el extremo izquierdo, en 1er lugar se representa el césped común de Kentucky (Poa pratensis), nativo de Europa. El resto de las plantas son especies nativas/autóctonas de las praderas, reconstituyentes del suelo.

Otras especies comunes de pastos para césped son los pastos : Bermuda (Cynodon dactylon), Zoysia(Zoysia spp.) y Bahia (Paspalum notatum), por citar sólo algunos. Ninguno de estos son tampoco autóctonos, provienen de África, Japón y Brasil respectivamente.

El pasto azul de Kentucky (“Bluegrass”) no es originario de Norte-América (un puñado de fuentes dicen lo contrario), entonces ¿porqué lo sembramos y seguimos sembrando otros herbajos no-nativos? ¿Es por temor a la naturaleza? ¿Es por desconocimiento de la verdadera belleza de los ecosistemas naturales salvajes? (Las asociaciones de propietarios y las leyes de zonificación territorial de vecindarios urbanos, son famosos por ello). ¿Qué es lo que está tremendamente mal con las plantas nativas, que introducimos otras especies no-nativas de otros continentes? ¿Será porque la mayor parte de la gente está impaciente con respecto a las plantas, y quieren algo que crezca rápido, que sea verde, se mantenga verde y tan plano como una mesa? – algo con que la Compañía Scotts ha exitosamente lavado el cerebro de millones de personas, haciéndoles creer que pueden adquirirlos, mediante ruidosos trabajos semanales, aunque no sin tomar un pedazo de sus sueldos y haciéndoles hacer un montón de trabajo sin nada que mostrar finalmente. Que vano, inútil y suicida.

Pasto Bermuda (Cynodon dactylon). No todo lo que es verde es ecológico.

La negligencia de la población estadounidense y su obsesiva compulsión por los céspedes y sus absurdos y modestos fines, se extiende mucho mas allá del fracaso para lo que están hechos, es esa búsqueda de la gente de un insustentable e inalcanzable “césped perfecto”. Como se ha señalado anteriormente, los céspedes son una iniciativa/idea suicida – nos auto-envenenamos, envenenamos a nuestros hijos y al agua que bebemos, por algo que es totalmente obtuso e innecesario. ¿Porqué no hacer crecer un jardín? Un jardín, una pradera, una arboleda, un bosque o un xeriscape, que son infinitamente mejores que los difundidos céspedes estilo europeo, caros y difíciles de mantener.

Para resumir la miopía de los amantes del césped, hay una frase atribuida a Mark Twain que dice :

No puedes depender de tus ojos cuando tu imaginación está fuera de foco”

Por último, citemos algunos hechos sobre la nocividad del césped artificial:
  • Cada día mas de 5.000 hectáreas de tierras son cubiertas de césped en los Estados Unidos. Según algunas estimaciones, esta cifra supera las 385.000 hectáreas.
  • Los céspedes cubren actualmente más de 41 millones de hectáreas, la planta graminoide mas irrigada en los Estados Unidos.
  • Los estadounidenses rocían al rededor de 30.000 toneladas de pesticidas a sus patios, cada año.
  • 17 de los 30 pesticidas más sistemáticamente utilizados, han sido detectados en las aguas subterráneas.
  • El “National Cancer Institute” (“Instituto Nacional del Cáncer”) ha encontrado que los niños que viven en hogares cuyos pastos han sido tratados con pesticidas, tienen 6.5 veces más riesgo de desarrollar leucemia.
  • El césped estadounidense requiere de 200 galones de agua fresca por persona y por día, para ser mantenido y conservado verde. Las personas de algunos países en desarrollo matarían por tal cantidad de liquido vital, y aquí lo utilizamos negligentemente para absurdos céspedes.
  • 19 de los 30 pesticidas más comúnmente utilizados, están relacionados con el cáncer o la carcinogenicidad : 13 están relacionados con malformaciones y deficiencias al nacimiento, 21 con efectos negativos sobre la reproducción, 26 con daños renales y del hígado, 15 con neurotoxicidad, y 11 con la perturbación del sistema endocrino/hormonal.
  • De esos mismos pesticidas :17 se detectan en las aguas subterráneas, 23 tienen la capacidad de filtrarse en fuentes de agua potable, 24 son tóxicos para los peces y otros organismos acuáticos vitales a sus ecosistemas, 11 son tóxicos para las abejas y 16 son tóxicos para las aves.
  • Si los patrones actuales de consumo persisten, 2 de cada 3 personas en la Tierra vivirán en condiciones de escasez de agua para el 2025.

lunes, 3 de octubre de 2016

Matemáticas en la gestión de incendios

La ayuda de los números es fundamental para predecir el comportamiento del fuego.

Como hemos podido constatar en estos últimos meses en nuestro país, en la época estival aumenta dramáticamente el número de incendios forestales. Esta situación se repite en todo el mundo: las actuales condiciones meteorológicas, cambio climático incluido, incrementan la probabilidad de que un pequeño fuego se convierta en un incendio devastador, con consecuencias catastróficas. Frente a este peligro son muchos los sectores que pueden y deben intervenir. Las matemáticas, con su capacidad para representar y modelizar cualquier fenómeno físico, prestan su ayuda, apoyadas en los avances tecnológicos. Traducen la realidad a modelos matemáticos, que se analizan y resuelven con la ayuda de las computadoras, para así comprender los problemas que se estudian y predecir su comportamiento.

Los avances tecnológicos permiten abordar la resolución de las ecuaciones que se obtienen a partir de la leyes físicas fundamentales

Los modelos pioneros de propagación de incendios se desarrollaron durante los años 70, y se basaban en fórmulas empíricas que predicen la velocidad de avance del frente de fuego, siendo mucho más manejables que los obtenidos a partir de las leyes físicas fundamentales que intervienen en un incendio forestal (de masa, energía, momento cinético, etc.). Aun se siguen utilizando, pues son relativamente sencillos y permiten la obtención de resultados en un tiempo muy inferior al del desarrollo del incendio. Sin embargo, los avances tecnológicos en computación y el desarrollo de los métodos numéricos permiten ahora abordar con éxito la resolución de las ecuaciones que se obtienen a partir de la leyes físicas fundamentales, pese a que consideradas en toda su extensión resultan todavía de una complejidad formidable.

El problema se trata a través de un sistema de ecuaciones diferenciales en derivadas parciales de reacción-difusión-convección. Se asume que la vegetación es un medio continuo, y el frente de fuego viene definido como el conjunto de puntos en los que la temperatura es la de combustión de la vegetación. Esto proporciona no sólo la posición del frente , sino también el valor de variables físicas tales como la temperatura de la vegetación y del combustible gaseoso, que pueden ser contrastados con los datos experimentales. Cuando es necesario obtener la simulación con tiempos de cálculo notablemente inferiores al tiempo real, las ecuaciones se simplifican, teniendo en cuenta los mecanismos más importantes de propagación del fuego tales como, la radiación, la humedad y el viento.

Con la asimilación de datos se integran los datos experimentales de la evolución del fuego para corregir las predicciones

El tiempo es un factor clave para estudiar estos fenómenos tan complejos, ya que la eficiencia de las predicciones disminuye con el transcurrido desde el momento inicial. Para mejorar la fiabilidad de la simulación se emplea una técnica llamada de asimilación de datos, que consiste en integrar los datos experimentales de la evolución del fuego para corregir las predicciones. Esto requiere hacer un seguimiento in situ del incendio, mediante un mapa de sensores debidamente diseminados en el terreno, que detecte la situación del incendio, o bien a partir de fotos aéreas u obtenidas desde satélite. Las matemáticas permiten integrar los datos experimentales con los datos proporcionados por el cálculo para obtener una configuración más probable de la situación real y predecir con más precisión el comportamiento del incendio en las horas siguientes.

Estos modelos de simulación de incendios se emplean tanto en las labores de prevención como de extinción: creación de mapas de riesgo, diseño a priori de cortafuegos, diseño de políticas de repoblación forestal y apoyo táctico a los equipos de extinción en la toma de decisiones de actuación. En su aplicación colaboran investigadores de distintas áreas de conocimiento (matemáticos, informáticos, ingenieros forestales,…), la administración pública a través de los servicios territoriales de protección ambiental y sus equipos con experiencia directa en la lucha contra incendios, y la empresa privada, con su capacidad de emprendimiento.

El problema se resuelve con un sistema de ecuaciones diferenciales en derivadas parciales de reacción-difusión-convección

Juntos nos enfrentamos a este riesgo de gran importancia para la conservación de los bosques, y que amenaza las vidas humanas y recursos naturales de diversas formas: cambios en los patrones de la actividad humana, condiciones climáticas, incursión de población en zonas forestales, falta de medios materiales, reducción de presupuesto para la lucha contra incendios, etc. Los bosques, pastos y cultivos son denominados “sumideros” en jerga climática. Sin embargo, cuando un bosque arde, en lugar de absorber, devuelve CO2 a la atmósfera.

Autores del estudio:
- Luis Ferragut es Catedrático de Matemática Aplicada en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Salamanca.

- Café y Teoremas es una sección dedicada a las matemáticas y al entorno en el que se crean, coordinado por el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), en la que los investigadores y miembros del centro describen los últimos avances de esta disciplina, comparten puntos de encuentro entre las matemáticas y otras expresiones sociales y culturales, y recuerdan a quienes marcaron su desarrollo y supieron transformar café en teoremas. El nombre evoca la definición del matemático húngaro Alfred Rényi: “Un matemático es una máquina que transforma café en teoremas”.

sábado, 17 de septiembre de 2016

7 magníficos al borde de la extinción

Además del oso pardo y el lince, otras especies de mamíferos están en peligro de desaparecer en España.

¿Qué es un desmán? ¿Y un murciélago patudo? El lince ibérico y el oso pardo (como el muerto a tiros el pasado domingo) acaparan el protagonismo de los titulares y del dinero en proyectos para preservarlos, pero en España hay otras cinco especies de mamíferos que están en peligro de extinción. En algún caso, como el de la ballena vasca, se duda incluso que quede algún ejemplar vivo cerca de las costas. En otro, el del único murciélago pescador de la península ibérica, el escaso número de individuos parece abocarlo a la desaparición. No hay una única causa que haya empujado al desastre a este G7 involuntario, pero sí una común en todos: la presencia del ser humano.

Como contrapartida, también hay mano (y mente) humana en los esfuerzos por recuperar. Eso sí, es muy desigual de especie a especie. "Para los animales en peligro emblemáticos, como el oso o el lince, sí hay destinados recursos", asegura Mario Sáenz de Buruaga, vicepresidente de la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM). El problema es mayor para los vertebrados que él llama "más anónimos" y que pasan desapercibidos por su tamaño (el desmán o el visón) o su poca visibilidad (los murciélagos y las especies marinas). En esas especies, cree el experto, la situación dista mucho de ser halagüeña, tanto en conciencia social como en las medidas para luchar contra la situación comprometida que atraviesan, pero da una pista sobre un principio general: hay que cuidar las necesidades básicas de las siete especies, la casa y el alimento.

Oso pardo: vulnerable pero flexible
El oso pardo no está en peligro de extinción en todo el mundo, pero sí en España. En su momento anduvo por doquier en Eurasia, pero conforme la población humana aumentó, se redujeron sus hábitats. Su presencia en Europa ha quedado limitada a reductos, normalmente montañosos y en pendientes elevadas. Su principal amenaza es otro mamífero: el homo sapiens sapiens, que ha ido acabando con los robledales y los hayedos que le proporcionan los frutos secos y le mantienen en buen estado fisiológico.

Eloy Revilla, investigador de la Estación Biológica de Doñana (EBD, CSIC) embarcado en proyectos de investigación sobre esta especie, describe al oso pardo como "un animal generalista, aunque sobre todo vegetariano". Come desde hierba y otras plantas con alguna capacidad nutritiva, frutos secos (bellotas, castañas...) y ocasionalmente come carroña, incluso insectos. Señala otra característica que define a este úrsido: el espacio, el mucho espacio que necesitan para desarrollarse. "Por lo demás, es una especie especie muy flexible en requerimientos ambientales, siempre y cuando tenga comida y refugio".

El lugar ideal para un oso pardo es un bosque inaccesible, de alta montaña. Son las que encuentra en la zona cantábrica, donde el oso se instaló en zonas muy productivas, en pequeñas manchas de bosque con mucha pendiente. Sin embargo, ahora se están orientando a bosques mediterráneos, menos ricos en alimento, pero que en determinadas condiciones ofrecen un hábitat suficiente.

Además del daño a sus hábitats, la mortalidad no natural, la persecución directa por la caza, minó la especie. "Por suerte, desde los años 70 y 80, la percepción de la especie es positiva. Antes se veía una especie cinegética de caza mayor y que se cazara a un animal de larga vida como esta suponía perder posibilidades de reproducción, porque son muy pocos los individuos". Ese cambio de concepto social y también la legal de hace unos años ayudó, por ejemplo, a que se prohibieran los lazos para cazar jabalíes, que también dañaban a los osos.

En España en la cordillera cantábrica rondan los 230, y son menos en los Pirineos. La ciencia, fascinada por la capacidad de adaptación del animal, compara entre sí las poblaciones que quedan en España, los Cárpatos, Polonia y Escandinavia.

Ballena vasca: el cetáceo que hizo las Américas
"Para saber cómo era la ballena vasca, ya solo contamos con sus huesos, y eso cuando los encontremos". Es un lamento, pero también una certeza, del biólogo José Martínez Cedeira (presidente de CEMMA, organización que asesora a la Xunta de Galicia en varamientos de animales marinos). Para referirse a la ballena vasca solo emplea tiempos verbales pasados. Hace muchos años que no se ve a la especie en las costas españolas. Frente a Fisterra se avistó una en 1978, otra en el golfo de Vizcaya en 1980 y la última frente a la Estaca de Bares (A Coruña) en 1993.

Pero que aquellas ballenas fueran vascas es otra historia. No se ha podido precisar si los ejemplares avistados eran restos de la antigua población europea o ejemplares errantes de la población americana de la misma especie que vivía entre Terranova y Florida.

La historia de la ballena vasca es, por desgracia, la historia de su caza masiva durante los siglos XII a XVIII. La última en España, no obstante, se cazó muchos años más tarde. El 14 de mayo de 1901, cinco traineras de Orio (Guipúzcoa) acabaron con la última en una 'hazaña' que inspiró al cantautor Benito Lertxundi, y todavía hoy aviva una celebración quinquenal en la localidad guipuzcoana. Pero para principios del siglo XX, la ballena era más un recuerdo. Las artes de caza se habían quedado muy atrás. "A la ballena de Orio la mataron tirándole cartuchos de dinamita", asegura el profesor de la Universidad de Oviedo Carlos Nores.

Era un animal lento y, para su desgracia, nada asustadizo y tan tranquilo, que incluso cuando se le arponeaba respondía con cierta docilidad. El gran volumen de aceite en su cuerpo, considerado un oro líquido durante muchos siglos y sobre todo en la Edad Media, hacía que una vez muerta la ballena flotase sobre el agua y eso facilitaba remolcarla.

La ballenación, la caza tradicional, desapareció probablemente por haberse agotado la población que invernaba por en las costas, asegura Carlos Nores. Los científicos creen que la población de este lado del Atlántico se extinguió. La americana, en cambio, quedó muy reducida pero no llegó a desaparecer del todo y algunos ejemplares se animaron a cruzar el charco.

¿Cuándo se dará por perdida para siempre? La pregunta no tiene respuesta clara. Es una decisión técnica pero también política, que en parte depende de saber si los animales avistados eran genuinamente europeos o unos parientes americanos en busca de sus raíces. "Si tuviésemos material de entonces conservado tal vez se podría intentar comprobar si hay diferencias genéticas entre las poblaciones americanas y las europeas y esos marcadores genéticos nos permitirían diferenciar el origen de estos ejemplares, pero ni se ha hecho el estudio ni se dispone del material para comprobarlo, hoy por hoy", cree Nores.

Lince ibérico: heredero de los felinos que huyeron del frío
Lo que hace único al lince ibérico sobre otras especies similares es su especialización en conejos. En su única zona en la que está presente, la península Ibérica, desempeña una función ecológica muy especial en relación con otros pequeños predadores. "Su presencia influye en la presencia de otras especies con las que compite, como los meloncillos [una especie de mangosta]", ilustra Eloy Revilla, investigación de la Estación Biológica de Doñana (EBD, CSIC). "El tamaño es muy importante, al ser más grande que otros predadores hace que pueda excluir a todos los demás. Y, al excluirlos, también varía la densidad de las especies de las que se alimentan y sus hábitats se extienden".

La población del lince ha ido aumentando desde principios de este siglo (había menos de 100 y ahora superan los 300), según cita el proyecto Iberlince, pero a base de mucho esfuerzo de conservación y de concienciación social. "En los 90 mucha gente no sabía qué era un lince ibérico, ahora lo conoce todo el mundo. Que la sociedad esté interesada en la conservación de la especie es fundamental y lo más difícil de conseguir".

Pero esa mejoría no debería ser sinónimo de bajar la guardia. Cuando son pocos los individuos, cualquier pequeña cosa que les ocurra supone un problema grave. Acusan una mortalidad elevada en determinados lugares, a cuentas de los atropellos. También les acucia la endogamias (se reproducen entre sí y suelen aparecer problemas de debilidad genética). Con todo, el problema principal es la falta de hábitat adecuado, que para ellos es uno con el suficiente número de conejos para que se alimenten bien.

Para protegerlos, la clave es el cuidado de los hábitats. Hay que mejorarlos, cree Revilla, acordando con los propietarios de los terrenos medidas para que aumente la población de conejos. Desde el punto de vista científico, en la EBD se trabaja sobre todo en la genética, y en la endogamia y en la historia evolutiva de la especie en el pasado- Interesa saber cómo se pudo producir una especie así en España. "El lince ibérico es el resultado de una evolución. Los linces se refugiaron en el sur de Europa escapando de la glaciación y cuando el hielo se retiró, se adaptaron al nuevo clima y el hábitat: redujeron su tamaño y se especializaron en su presa". Doñana y Sierra Morena albergan las mayore poblaciones, aunque se han reintroducido en Extremadura, los Montes de Toledo o Portugal.

Foca monje del Meditérráneo: la expulsada de las cuevas
Los últimos avistamientos de focas monje en costas españolas se produjeron en las islas Chafarinas, cerca de Melilla, hace ya varios años. Su presencia, sin embargo, fue común en Baleares y Canarias. Se denota en los nombres que en ellas perviven, como el islote de Lobos en Fuerteventura o la cueva del Llop Marí en Tarragona, por conocerse a estos animales como lobos marinos.

No en vano, las cuevas son esenciales para la pervivencia de estos animales, que junto a la foca monje de Hawái es la única especie de fócido de clima subtropical y tropical. Se reúnen en las más recónditas para descansar y reproducirse. Lo explica Pablo Fernández de Larriboa, director dentro de la Fundación CBD-Habitat del Programa de Conservación de la Foca Monje en Cabo Blanco (Mauritania). Larriboa achaca su declive a los enredos accidentales en las redes de pesca y a la destrucción de las cuevas, hasta dejarlas en los cerca de 600 ejemplares que sobreviven en la actualidad. Cabo Blanco, en Mauritania, es el hogar de casi la mitad de ellos; la otra población que queda en el Atlántico, con menos de cinco decenas de ejemplares, está en Madeira, Portugal. Eso ha reducido la categoría de especie críticamente amenazada a amenazada a secas en el mundo.

No es suficiente. "Una enfermedad o una marea negra puede darle el toque final a toda una población", prosigue Fernánde de Larriboa. Pero también un peligro más sutil y continuado, como la degradación de las cuevas costeras donde viven, alejadas de las miradas de los científicos. La dificultad de llegar a ellas y conocer sus condiciones de vida centran los esfuerzos de quienes se afanan en protegerlas, ayudados por videovigilancia. Solo conociendo cuándo y cuántos nacimientos ocurren al año, cuántas hembras reproductoras conforman las poblaciones, o en qué lugares se cruzan con los pescadores se puede proteger a esta especie.

Como en las poblaciones atlánticas mencionadas, donde el Ministerio de Medio Ambiente lidera una coalición internacional para aplicar un Plan de Conservación junto a Portugal, Marruecos y Mauritania. Sextuplicar la población desde los 100 ejemplares contabilizados en 1998 significa solo una leve recuperación, no suficiente aún como para que la foca monje vuelva a verse descansando en las cuevas de la que fue expulsada.

Murciélago patudo: un pescador que quiere tranquilidad
El murciélago patudo es un animal muy exigente (y así le va). Necesita vivir cerca de cauces de agua limpia y que fluya despacio, es decir, en pantanos y tramos medios y bajos de los ríos. Sus exigencias no son por gusto: es la única especie de quiróptero en España que caza sus presas en el agua. Sus patas están concebidas para agarrar desde larvas de insectos a zapateros, incluso alevines y gambusias, una especie invasora. Gracias a su sorprendente radar, es capaz de detectarlos mientras están sumergidas, aunque tienen que nadar próximas a la superficie. Para que su instrumental (radar y patas) funcione bien, el agua tiene que estar casi quieta y libre de porquería. Un hábitat que escasea cada vez más en España por la contaminación que acumulan los ríos conforme se acercan al final de su curso.
No acaban ahí sus requisitos vitales. El patudo (también llamado murciélago ratonero patudo) es un cavernícola estricto: no busca refugio en construcciones, solo en cuevas (rara vez, en minas abandonadas), que tampoco son incontables en las partes bajas de los ríos. Esas zonas, además, están más habitadas por los seres humanos. "Ese es uno de los problemas más importantes para su conservación", apunta Xavier Puig, biólogo y secretario de la Asociación Española para la Conservación y el Estudio de los Murciélagos. En España hay 33 especies diferentes de quirópteros, 13 de ellas amenazadas, pero el patudo es la única en peligro de extinción.

Su estado de conservación es "pésimo". En España, se ha detectado un declive de entre el 30% y el 50% de la especie en la primera década del siglo. En 2012 la población superaba por poco los 7.000 ejemplares. "Pueden parecer muchos en comparación con otras especies amenazadas. La gente puede decir: ¡Pero si osos quedan mucho menos! Lo que pasa es que su situación es muy distinta. Los murciélagos necesitan vivir en colonias de decenas o cientos. Los miles que había en España ven cómo se reducen sus colonias actuales (extinciones locales) y los lugares que podrían colonizar", ilustra el experto. Los animales se concentran sobre todo en la región valenciana (5.000 ejemplares), pero también hay colonias en Girona, Baleares, Almería y Ceuta. En total, hay unas treinta localidades donde se sabe que se reproducen. Y lo hacen poco: cada hembra solo pare una cría al año.

La ciencia quiere saber cómo funciona su peculiar radar y sus patas. Investigadores de la Universidad del País Vasco han demostrado que utiliza una técnica de arrastre con las patas y el uropatagio, la membrana que une sus extremidades inferiores. Pero queda mucho por saber. Para mejorar su conservación, hay que localizar dónde se ubican. "Se les colocan pequeñas mochilas para saber adónde se mueven y comprender qué tipos de hábitats utilizan para cazar, qué actividad tienen durante la noche, cómo y cuánto se desplazan... todo orientado a obtener datos prácticos que ayuden a diseñar medidas de protección". Aquí van varias ideas. Una, conservar sus refugios, para lo que es necesario la colaboración de espeleólogos y agentes turísticos para que sus visitas sigan un calendario razonable y prohibir la entrada a colonias muy sensibles. Desde la Universidad de Alcalá de Henares, Susana Martínez Alós insta a proteger legalmente todos sus refugios de cría. "Hay que colocar vallados periféricos que permitan el vuelo de los animales para entrar y salir del refugio pero que impidan la entrada de visitantes". Un último objetivo, ya recogido en un proyecto en el que Xavier Puig trabaja: aumentar el número de láminas de agua tranquilas en los cauces bajos de los ríos, que además estén disponibles durante el verano. Esa es la época (una exigencia más) en la que el murciélago patudo se reproduce.

El desmán: indicador de aguas puras
¿Es una rata? Parece un topo, con esos ojos pequeños... ¿o quizás es una musaraña? Pero ese hocico con forma de trompeta...

El hocico es precisamente el rasgo más característico para distinguir al desmán ibérico, una trompa móvil recubierta de pelillos tan sensibles que detectan el mínimo cambio de presión en el agua. En caso de duda, compruebe que sus patas son palmeadas, las traseras mucho más grandes que las delanteras, y que su cola es bastante larga en proporción a su tamaño. Dicho esto, será muy difícil que se lo cruce; no solo por sus hábitos nocturnos si no porque quedan muy, muy pocos.

"El desmán es un bioindicador de aguas puras, ya que la base de su dieta son invertebrados acuáticos que necesitan aguas limpias y oxigenadas para su desarrollo", explica Julio Gisbert, director técnico de Galemia (Investigación y Conservación de Vertebrados Olvidados). Este hábito alimenticio se ha convertido en su peor enemigo: lo convierte en un animal extremadamente vulnerable a la contaminación acuática. Pero no solo a lo que no se ve. La construcción de embalses y presas hidroeléctricas también dificultan enormemente su desarrollo. El impacto antropogénico es la amenaza primordial, continúa Gisbert, y enumera los peligros que acechan a semejante criatura. Las construcciones acaban con la conectividad de las poblaciones, la contaminación las separa; los incendios y reforestaciones alteran el curso de los cauces, fulminando a los invertebrados de los que se alimenta. Por no hablar de la repoblación de la trucha extranjera, que compite con él por alimento, o la nutria y el visón americano, clásicos depredadores del desmán.

Especie endémica de la Península Ibérica, también se le conoce como desmán ibérico, y su nombre científico, Galemys Pyrenaicus, da una pista sobre los reductos montañosos donde se les puede encontrar. De hecho existían cuatro especies del género Galemys, de las que sólo la mencionada se mantiene en la actualidad. En los últimos 25 años este pequeño insectívoro ha perdido más del 68% de su área de distribución original: la mitad norte de Portugal, Galicia, León, Sistema Central y Cordillera Cantábrica. El Ministerio de Medio Ambiente creó en 2013 una Estrategia de Conservación del Desmán Ibérico en España con la que se pretende conservar la especie. Actualmente existen tres proyectos LIFE para protegerlos, en Galicia, Castilla y León y Extremadura y los Pirineos franceses.

Con su trompa aplastada y desnuda, resulta inexplicable que en el pasado se le haya confundido con otros roedores y se le haya perseguido en consecuencia, al creer que dañaba la pesca o los cultivos. Lo cierto es que el propio desconocimiento que existe sobre él supone la mayor amenaza para su conservación. No en vano, el término "desmán" significa "acción injusta o abusiva que se comete contra una persona, causándole un grave daño o perjuicio". Si este topo de agua se extingue se perderá no sólo un endemismo, sino también un género único en el mundo.

El visón europeo: el mustélido asediado del Ebro
En el caso de que paseando a la vereda de un río español se encuentre un visón convendría que supiese lo importantes que son sus labios. Sobre todo las manchas blancas que les salen en ellos: si tanto en el superior como en el inferior presenta un color blancuzco como si fuese una perilla completa, se trata del europeo. Ejemplares asediados, en situación crítica, dignos de protección. Si no tiene o solo se ve en el labio inferior, es un ejemplar de visón americano, el asediante, objeto de erradicación en la península ibérica.

Este último puede vivir en cuerpos de agua más grandes y no solo en ríos pequeños y medianos. Además, es más corpulento que el primero, se reproduce más rápido y tiene camadas mayores (de cuatro a ocho ejemplares, por entre tres y cuatro del europeo). Todas estas características han permitido al visón americano escapado de las granjas de cría asilvestrarse y expandirse, colonizar espacios y desplazar a los ejemplares europeos. Es la principal amenaza de esta especie, según explica por correo electrónico Laura Capdevila, coordinadora del Grupo Especialista en Invasiones Biológicas.

No la única, además. A esta especie de mustélido las amenazas le cercan por todos los frentes. Por fuera, la destrucción de sus hábitats al canalizar sus ríos o las batidas de limpieza de las riberas. Por dentro, es difícil combatir la escasa variabilidad genética de los supervivientes. Encima, la enfermedad aleutiana del visón, infecciosa, acaba con las defensas inmunitarias de aquellos ejemplares que portan un determinado gen, causándoles incluso la muerte, afirma el Ministerio de Medio Ambiente.

Parece difícil dejar de limpiar los ríos o introducir nuevas variaciones genéticas. Los últimos datos publicados por la Junta de Castilla y León los cifran en unos 500 ejemplares repartidos principalmente por la cuenca del Ebro de Burgos a Navarra, aunque no es fácil precisar el número exacto, pero sí su situación crítica. Capdevila se pregunta si, aun con todos los esfuerzos, será suficiente para reforzar la población española del visón europeo, que también se encuentra en zonas repartidas entre Rusia y Francia, en situaciones más o menos amenazadas.

La cría en cautividad que se lleva a cabo es esencial para aumentar el número de ejemplares de esta especie. Capdevila aboga por aumentar los esfuerzos en expulsar a los ejemplares americanos de toda la península ibérica. De los lugares donde hay poblaciones, como por ejemplo en León, acaban llegando a colonizar los territorios de los europeos, y vuelta a empezar.

Del visón europeo no existen registros históricos, recogiéndose los primeros avistamientos en el País Vasco hace no más de 50 años, según la Junta de Castilla y León. Se cree que al cruce de los Pirineos por ejemplares franceses se debe su presencia en España.