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domingo, 7 de julio de 2019

Recogidas más de 221.000 colillas en el paseo Marítim de la Barceloneta

Un grupo de voluntarios ambientales juntan todas las colillas en una enorme montaña con la que pretendieron visibilizar el problema de suciedad que suponen las colillas.

Más de 80 voluntarios convocados por el movimiento No Más Colillas en el Suelorecogieron ayer 221.900 colillas en una hora y media del paseo Marítim de la Barceloneta.

Los activistas juntaron todas las colillas recogidas en garrafas de plástico en una enorme montaña con la que pretendieron visibilizar el problema de suciedad y salud pública que suponen las colillas que abandonan los fumadores.

El movimiento No Más Colillas en el Suelo denuncia que las colillas son el principal residuo que los usuarios lanzan a la arena de la playa y aseguran que una sola colilla es capaz de contaminar diez litros de agua salada y hasta 50 litros de agua dulce. Los activistas exigen a las administraciones, entre otras medidas, que se prohíba fumar en las playas o como mínimo que se obligue a utilizar ceniceros portátiles a los fumadores.

El Ebro vierte 2.200 millones de microplásticos al año en el Mediterráneo

Un estudio concluye que estos desechos tienen mayoritariamente un origen textil

Una investigación del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB) ha analizado la concentración de microplásticos en el delta del Ebro, con el objetivo de cuantificarlo. Según el estudio, se calcula que el río Ebro vierte anualmente 2.200 millones de microplásticos al mar Mediterráneo.

Los microplásticos son partículas o filamentos de menos de 5 milímetros, y pueden ser los que se utilizan como materia prima para crear otros productos (conocidos como primarios) o los generados por la propia degradación de plásticos más grandes (secundarios). El 70% de los que se han encontrado correspondían a fibras sintéticas, fragmentos de plástico y films. Laura Simón, una de las autoras del estudio, explica que los que se han encontrado tienen mayoritariamente un origen textil.“Hay que seguir investigando para ver qué impacto tiene realmente nuestra ropa en el medio ambiente”, opina.


El artículo, publicado en la revista Science of the Total Environment ,describe que los ríos son una de las mayores entradas de plástico a los mares y océanos. Después, este tipo de contaminantes se acumula en las playas. La autora, que es investigadora del ICTA-UAB, asegura que no se ha analizado toda la columna de agua, sino únicamente las zonas más superficiales del río, las playas del norte del delta del Ebro y los sedimentos, por lo que la concentración de estos microplásticos podría ser mayor.

El río Ebro es el segundo más largo de la península ibérica. Sin embargo, los autores consideran que la abundancia de estos contaminantes podría ser superior en ríos próximos a zonas urbanas, que no tienen que ser especialmente largos ni caudalosos.

Simón pone en manifiesto que será necesario continuar investigando los posibles riesgos que puede tener para la salud humana la acumulación de este tipo de contaminantes en zonas de pesca y acuicultura: “La zona del delta del Ebro y los alrededores es importante para la pesca deportiva y las piscifactorías que hay, por lo que es fundamental cuantificar cuántos microplásticos hay en el medio ambiente y cómo pueden afectar al organismo”.

Recientemente, un estudio realizado por gastroenterólogos de la Universidad de Viena analizó las heces de un grupo de personas de nueve países distintos y descubrió que, de media, había 20 microplásticos por cada 10 gramos de materia fecal, procedentes de nueve tipos de plástico distintos. Se confirmaba así que los plásticos están llegando al instestino. Sin embargo, el impacto de este tipo de contaminantes en la salud de los humanos es una pregunta a la que la ciencia todavía debe responder.

Fuente y más información:

Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña de Gran Canaria son declarados patrimonio mundial por la UNESCO

La UNESCO reconoce el valor único de este lugar clave de la cultura aborigen canaria.

La cultura canaria y su legado aborigen han dado hoy un salto sustancial en su reconocimiento internacional. En una reunión en Azerbayán, Bakú, la UNESCO ha declarado patrimonio mundial al paisaje cultural del Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña de Gran Canaria, un conjunto arquitectónico y paisajístico situado en las cumbres de la isla, lugar fundamental para entender la cultura de los aborígenes canarios, un pueblo aislado durante quince siglos.

Un paisaje cultural, para la UNESCO, es una obra conjunta entre la naturaleza y el ser humano. La naturaleza creó este impresionante espacio de 18.000 hectáreas en la caldera volcánica de Tejeda que Miguel de Unamuno describió como “tempestad petrificada” y donde sobresalen inmensos roques como el Nublo y Bentayga, espacio ceremonial al aire libre de la cultura aborigen. Y los bereberes llegaron en torno al siglo I de esta era a la isla, desde el norte de África, probablemente desterrados, según algunos historiadores. Con el tiempo formaron en esta zona poblados trogloditas en cuevas naturales y otras artificiales que se construyeron horadando la toba volcánica; en un lugar ideal para la observación del cielo, fundamental en la cosmogonía aborigen.

En esa zona se encuentran retazos muy claros de una cultura sometida, diezmada y obligada a mezclarse después de la conquista castellana de las islas, a partir del siglo XV. Hay inscripciones en líbico-bereber o grabados rupestres, y restos de las actividades de subsistencia que realizaban los aborígenes, como alpendres para meter a las cabras, lugares para almacenar el grano o bancales de tierra para cultivar en altura.
Como espacio destacado del paisaje cultural está el complejo sagrado de Risco Caído, en el municipio de Artenara, descubierto en el año 1996 por el arqueólogo Julio Cuenca. En una de sus cuevas hay un impresionante almogarén, lugar para la práctica de rituales religiosos. A pesar de no tener instrumentos de metal, los aborígenes canarios construyeron este espacio interior con base circular y una cúpula de cinco metros de altura. Tiene una entrada de luz que probablemente sirviera como marcador astronómico para determinar las épocas del año y organizar las cosechas. En sus paredes, iluminadas a veces por la luz de fuera, hay varias inscripciones con triángulos invertidos de forma púbica que simbolizan la fertilidad.

 “Para construir este templo, hicieron falta especialistas, gente con conocimientos de geometría, arquitectura o materiales”, afirma José de León, doctor en Historia e inspector de Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria. De León destaca “el conocimiento simbólico y abstracto” y la sofisticación técnica de un pueblo que se hizo en el aislamiento. “La arqueología está abriendo nuevos horizontes sobre lo que era esta cultura”, explica. “La idea que teníamos estaba muy condicionada por los cronistas de la época, muy importantes, pero mediatizados por una observación coetánea de los aborígenes en una etapa terminal”. Para De León, este reconocimiento “es poner a la cultura aborigen canaria al nivel de otras culturas aborígenes insulares, como las de Hawaï o la Isla de Pascua”.

Hispanizadas las islas, la lejanía de esta zona respecto a los nuevos asentamientos urbanos permitió que muchos de estos elementos culturales permanecieran vivos, como el hábitat en las cuevas o el pastoreo en trashumancia, dependiendo del lugar donde brota la hierba. O la cerámica de barro hecha a mano. O el conocimiento sobre el territorio y las plantas de la zona. “Esta cultura aborigen potente y excepcional permanece en buena medida hasta la actualidad”, afirma De León.

Para el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, el reconocimiento de la UNESCO “refuerza un sentimiento de orgullo y pertenencia a un legado, pero nos responsabiliza a seguir investigando y protegiéndolo”. Para Morales, este tipo de enclaves impulsan también nuevas actividades económicas en las zonas rurales de Gran Canaria, con un turismo alternativo al tradicional y masivo, de sol y playa. “Aunque tiene que ser controlado y de calidad. Uno de los compromisos de este reconocimiento es conservar el patrimonio”.

Roque Bentayga

miércoles, 7 de marzo de 2018

Descubiertas 15 nuevas especies de invertebrados en la Sierra de Guadarrama

Los colémbolos son pequeños invertebrados que podrían utilizarse como indicadores del cambio de temperaturas.

Un equipo de científicos ha descubierto más de 75.000 colémbolos de 59 especies distintas en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama (entre Madrid y Segovia). De ellas, 15 son nuevas para la ciencia, ya que no habían sido descritas en ningún otro lugar del planeta. Los colémbolos son pequeños invertebrados que poseen ciclos reproductivos muy cortos — de cerca de 10 días — y respiran a través de la piel. Por este último motivo, son muy sensibles a cualquier cambio en el medio que les rodea y, según los expertos, podrían utilizarse como un bioindicador de la situación ambiental en entornos como los parques naturales.

 “A través de su estudio podemos saber cómo afectan las alteraciones provocadas por el cambio climático, el aumento de las temperaturas o la reducción de las precipitaciones”, subraya Enrique Baquero, zoólogo de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra y director del Máster en Biodiversidad, Paisajes y Gestión Sostenible del centro académico. Estos animales, que surgieron hace 400 millones de años, son los antecesores de los insectos, son hexápodos y miden menos de cinco milímetros. Baquero los compara con un termómetro y apunta a que, por ejemplo, una subida de uno o dos grados de temperatura podría cambiar la cantidad de organismos en el ecosistema.

Para realizar esta investigación, cuyos datos sobre colémbolos se han publicado en la revista científica PLOS ONE, se instalaron 33 estaciones de muestreo subterráneo a un metro de profundidad. El objetivo era recoger en ellas a los invertebrados que habitan en los huecos que quedan entre las rocas. Entre 2015 y 2017 se recolectaron 157.000 ejemplares, de los cuales el 48% eran colémbolos y el resto pertenecían a otros grupos de artrópodos, como arácnidos, miriápodos, crustáceos e insectos como moscas, escarabajos, hormigas o grillos. Además del descubrimiento de los colémbolos se han encontrado nuevas especies de arañas, se ha investigado sobre las fases larvarias de los coleópteros y se han estudiado varios ácaros. “Hemos visto que hay varias especies que viven en la superficie y se consideran raras pero son muy abundantes en el subsuelo”, declara Vicente M. Ortuño, coordinador del equipo de investigación y profesor titular de la Universidad de Alcalá.

Los expertos señalan que todas estas especies están adaptadas a vivir en ese biotopo concreto. “Lo que para nosotros son pequeños huecos entre las piedras, para estos animales son como cuevas”, señala Baquero. Estas zonas, formadas a partir de depósitos coluviales, son húmedas, con poca luz, pequeñas variaciones de temperatura y una gran cantidad de nutrientes. A diferencia de otros ecosistemas que han sido estudiados en profundidad, los autores del estudio señalan que este biotopo es relativamente nuevo para la ciencia. La primera vez que se estudió fue en los años 80 en otros enclaves montañosos de Europa.

Los colémbolos, sin embargo, no solo habitan en estos ecosistemas. Están por todas partes. Por ejemplo, en la nieve de la Antártida o en un hayedo, donde puede llegar a haber hasta 50.000 por metro cuadrado. Baquero subraya que estos animales no se ven pero son muy importantes, por ejemplo, para la cadena alimenticia. “Desde que las hojas caen al suelo hasta que un buitre se come a una cabra montesa hay muchos escalones. Si quitas uno, la parte de arriba se ve afectada”, afirma. Los científicos de esta investigación, que cuenta con el respaldo del Organismo Autónomo Parques Nacionales, pertenecen a las universidades de Alcalá, Navarra, Almería, Granada y Valencia. Ahora, según apuntan, sería necesario realizar este estudio en el resto de parques nacionales de España. “Es importante conocer la biodiversidad para luego gestionar”, concluye Baquero.
Más información:

domingo, 4 de marzo de 2018

Los bastoncillos para los oídos tardan tres siglos en desaparecer de la Tierra

La localidad madrileña de Alpedrete lanza una campaña para alertar de los objetos cotidianos que son perjudiciales para el medio ambiente.

Pequeño, suave y, a primera vista, inofensivo. Los bastoncillos para los oídos son uno de los objetos cotidianos más habituales en la mayoría de las casas. Su vida útil: unos 10 minutos. El tiempo que tardan en degradarse cuando se tiran a la basura: 300 años. La localidad madrileña de Alpedrete —14.400 habitantes— ha puesto en marcha una campaña de información sobre este tipo de utensilios perecederos y perjudiciales para el medioambiente. Para ilustrar la campaña, el Ayuntamiento ha elegido la fotografía de Justin Hofman que el pasado año dio la vuelta al mundo y acabó siendo finalista del Wildlife Photographer of the Year: un caballito de mar con la cola enroscada en un bastoncillo para los oídos.

Diez minutos en tus manos y 300 años en la Tierra, es el eslogan elegido. El Ayuntamiento señala que, además del problema ambiental que ocasionan los bastoncillos tras acabar en los ríos y en el mar, el uso de estos hisopos "pueden suponer un problema para la salud". Muchos otorrinolaringólogos afirman que pueden producir daños en los tímpanos. Francia ha iniciado medidas para prohibir su venta a partir de 2020.

Cada mes, Alpedrete sensibilizará a la población con un objeto cotidiano desechable, no biodegradable y dañino para el medio ambiente. El mes pasado fueron las bolsas de plástico, que tardan de media unos 400 años en desaparecer de la tierra.

La Comisión de Cambio climático del Congreso de los Diputados aprobó en 2016 una proposición no de Ley para instar al Gobierno que prohíba el uso, comercialización, importación y exportación de bolsas de plástico de un solo uso. El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente anunció que a partir de este 2018 —fecha por confirmar— será obligatorio que las tiendas cobren a sus clientes las bolsas y a partir de 2020 se prohibirá su distribución total.

El 96% de la basura presente en aguas del Mediterráneo procede de elementos plásticos, un 72% en playas españolas, según un informe de Greenpeace publicado el verano pasado. En España, se recicla el 30% de los plásticos, material presente en gran parte de todos los objetos que se comercializan mundialmente.

domingo, 28 de mayo de 2017

Hacen falta medidas radicales para evitar la sexta gran extinción en la Tierra

Las especies se están extinguiendo con mucha más rapidez que antes, alertan los expertos.

En la Tierra hay vida desde hace unos 3.700 millones de años. En este tiempo, conocemos cinco extinciones masivas, episodios dramáticos en los que muchas, o la mayoría, de las formas de vida desaparecieron en un parpadeo geológico. El más reciente de ellos fue la calamidad mundial que se llevó a los dinosaurios y multitud de otras especies, hace unos 66 millones de años.

Cada vez más científicos afirman que nuestro planeta podría experimentar pronto la sexta extinción masiva, esta vez provocada por el impacto cada vez mayor causado por la humanidad. Otros, como el economista danés Bjørn Lomborg, tachan esas opiniones de mal informadas y alarmistas.

Hacen falta medidas radicales para evitar la sexta gran extinción en la Tierra Científicos lanzan una búsqueda global por 25 especies ‘perdidas’

Hacen falta medidas radicales para evitar la sexta gran extinción en la Tierra Los humanos van camino de extinguir a todos los demás primates

Nosotros sostenemos enfáticamente que el jurado ya ha deliberado y el debate ha terminado: la sexta extinción terrestre ya está aquí.

El colapso de la biodiversidad
Las extinciones masivas suponen una catastrófica pérdida de biodiversidad, pero lo que muchos no aprecian es qué significa eso de biodiversidad. Una forma abreviada de hablar de la biodiversidad es simplemente contar especies. Por ejemplo, si una especie se extingue sin ser sustituida por otra, estamos perdiendo biodiversidad.

Pero la biodiversidad no es solo cuestión de especies. Dentro de cada especie hay por lo general cantidades considerables de variación genética, demográfica, conductual y geográfica. Buena parte de esta variación supone adaptaciones a las condiciones medioambientales locales, para aumentar la aptitud biológica de un organismo concreto y de su población.

Y hay también una enorme cantidad de biodiversidad que supone interacciones entre las diferentes especies y su entorno físico. Muchas plantas dependen de animales para la polinización y para la dispersión de las semillas. Las especies que compiten se adaptan unas a otras, al igual que los depredadores y sus presas. Los patógenos y sus huéspedes también interactúan y evolucionan juntos, a veces con notable velocidad, mientras que nuestro sistema digestivo interno alberga billones de microbios útiles, inocuos o perjudiciales.

En consecuencia, los ecosistemas son una mezcolanza de especies diferentes que están continuamente compitiendo, combatiendo, cooperando, ocultándose, engañándose, timándose, robándose y consumiéndose unas a otras en una pasmosa variedad de formas.

Todo esto es, por lo tanto, la biodiversidad, desde los genes hasta los ecosistemas, pasando por todo lo demás.

El moderno espasmo de la extinción
Da igual cómo la midamos. La extinción masiva ya ha llegado. Un estudio efectuado en 2015 en el que uno de nosotros (Ehrlich) participaba como coautor empleó cálculos moderados para calcular la tasa natural o de fondo de extinción de especies en diversos grupos vertebrados. El estudio comparó a continuación estas tasas de fondo con el ritmo de pérdida de especies desde comienzos del siglo XX.

Incluso suponiendo tasas de fondo conservadoramente elevadas, las especies se están extinguiendo con mucha más rapidez que antes. Desde 1900, los reptiles desaparecen 24 veces más rápido, las aves, 34 veces, los mamíferos y los peces, unas 55 veces más rápido, y los anfibios, unas 100 veces más rápido que en el pasado.
Si agrupamos todos los grupos de vertebrados, la tasa media de pérdida de especies es 53 veces más alta que la tasa de fondo.

Filtros de extinción
Para empeorar las cosas, estas extinciones modernas no tienen en cuenta las múltiples pérdidas de especies causadas por los humanos antes de 1900. Se ha calculado, por ejemplo, que los polinesios eliminaron alrededor de 1.800 especies de aves endémicas de las diferentes islas del Pacífico que fueron colonizando a lo largo de los últimos dos milenios.

Y mucho antes, los primeros cazadores recolectores efectuaron extinciones relámpago de especies —en especial megafauna como mastodontes, moas, aves elefante y perezosos de tierra gigantes— en su migración de África a otros continentes.

En Australia, por ejemplo, la llegada de los humanos hace al menos 50.000 años fue seguida al poco tiempo por la desaparición de enormes lagartos y pitones, canguros depredadores, el “león” marsupial y el Diprotodon, un marsupial del tamaño de un hipopótamo, entre otros.

Es posible que los cambios en el clima hayan contribuido, pero los humanos, con su caza y sus incendios han sido casi con seguridad la sentencia de muerte para muchas de estas especies.

Como resultado de estas extinciones anteriores a 1900, la mayoría de los ecosistemas de todo el mundo atravesaron un filtro de extinción: las especies más vulnerables desaparecieron, dejando atrás otras relativamente más resistentes o menos visibles.

Y lo que estamos viendo ahora es la pérdida de estos supervivientes. La suma de todas las especies llevadas a la extinción por los humanos desde la prehistoria hasta hoy sería mucho mayor de lo que muchos creen.

La desaparición de poblaciones
La sexta gran extinción se manifiesta también de otros modos, en especial en la aniquilación generalizada de millones (miles de millones quizá) de poblaciones de animales y vegetales. Al igual que las especies pueden extinguirse, también lo hacen poblaciones concretas, reduciendo la diversidad genética y las perspectivas de supervivencia a largo plazo de la especie.

Por ejemplo, el rinoceronte bicorne asiático se extendía en otro tiempo por el sureste de Asia e Indochina. Hoy solo sobrevive en diminutas bolsas separadas que comprenden quizá el 3% de su ámbito geográfico original.

Tres cuartas partes de los carnívoros más grandes del mundo, incluidos los grandes felinos, los osos, las nutrias y los lobos, están disminuyendo en número. La mitad de estas especies ha perdido al menos el 50% de su anterior hábitat.

De modo similar, excepto en determinadas zonas salvajes, las poblaciones de grandes árboles longevos están disminuyendo drásticamente.

El Informe Planeta Vivo 2016 de WWF resume las tendencias a largo plazo de más de 14.000 poblaciones de más de 3.700 especies de vertebrados. Su conclusión: solo en las cuatro últimas décadas, el tamaño de las poblaciones observadas de mamíferos, aves, peces, anfibios y reptiles ha disminuido una media del 58% en todo el mundo.

Y a medida que la población de muchas especies cae en picado, sus cruciales funciones ecológicas disminuyen con ella, creando posibles reacciones en cadena capaces de alterar ecosistemas completos.

En consecuencia, las especies en peligro de desaparición pueden dejar de desempeñar su función ecológica mucho antes de extinguirse de hecho.



Pagar la deuda de la extinción
Todo lo que sabemos sobre biología de la conservación nos dice que las especies cuya población está en caída libre son cada vez más vulnerables a la extinción.

Las extinciones rara vez se producen de manera instantánea, sino que la conspiración de los números en declive, la fragmentación de la población, la endogamia y la variación genética reducida puede conducir a un vórtice de extinción funesto. En este sentido, nuestro planeta está ahora acumulando una gran deuda de extinción que finalmente habrá que pagar.

Y no hablamos solo de perder hermosos animales; la civilización humana depende de la biodiversidad para su existencia misma. Las plantas, los animales y los microorganismos con los que compartimos la Tierra nos aportan servicios de ecosistema vitales, como regular el clima, proporcionar agua limpia, limitar las inundaciones, gestionar ciclos de nutrientes esenciales para la agricultura y la silvicultura, controlar las plagas perjudiciales para los cultivos y portadoras de enfermedades, y proporcionar belleza y beneficios espirituales y de recreo.

¿Nos aproximamos a la destrucción final? Ni mucho menos. Lo que estamos diciendo, sin embargo, es que la vida en la Tierra es en última instancia un juego en el que no hay ganadores ni perdedores. Los humanos no podemos seguir aumentando de número, consumir cada vez más tierra, agua y recursos naturales, y esperar que todo vaya bien.

Limitar el perjudicial cambio climático se ha convertido en un eslogan para luchar contra esos males. Pero las soluciones a la actual crisis de extinción deben ir mucho más allá.

Debemos también ralentizar urgentemente el crecimiento de la población humana, reducir el consumo y la caza excesivos, conservar lo que queda de las zonas vírgenes, ampliar y proteger mejor nuestras reservas naturales, invertir en la conservación de especies en grave peligro de extinción, y votar a líderes que conviertan estas cuestiones en una prioridad.

Sin medidas decisivas, es probable que cortemos ramas vitales del árbol de la vida que podría costar millones de años recuperar.

Bill Laurance es catedrático de investigación distinguido y laureado en la Universidad James Cook de Australia.

Paul Ehrlich es presidente del Centro de Biología de la Conservación y titular de la Cátedra Bing de Estudios sobre Poblaciones en la Universidad de Stanford.

Cláusula de divulgación:

Bill Laurance recibe financiación del Consejo Australiano de Investigación y otras organizaciones científicas y filantrópicas. Es director del Centro JCU de Ciencias del Medioambiente Tropical y de la Sostenibilidad, y fundador y director de ALERT, siglas en inglés de Alianza de Importantes Investigadores y Pensadores sobre Medio Ambiente.

Paul Ehrlich no trabaja, ni asesora, posee acciones o recibe financiación de ninguna empresa u organización que pudiera beneficiase de este artículo, y no ha revelado ninguna afiliación pertinente, aparte del cargo académico arriba declarado.

domingo, 23 de abril de 2017

Huelva acogerá el Congreso Internacional de Cambio Climático

La cita tendrá lugar del 10 al 12 de Mayo del 2017.

El cambio climático centrará un Congreso Internacional que se acogerá en Huelva del 10 al 12 de mayo. Alrededor de 60 ponentes nacionales e internacionales intervendrán en las 20 sesiones organizadas durante los tres días de duración.

La presentación del Congreso ha tenido lugar esta mañana en el Salón de Chimeneas de la Casa Colón, donde se ha mostrado que una de las claves de la cita será buscar verdaderas soluciones al cambio climático y no permanecer en su explicación, causas y consecuencias.

En el prólogo del acto participaron, el consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, José Fiscal; el alcalde de Huelva, Gabriel Cruz; y el presidente de la Diputación Provincial, Ignacio Caraballo; como representantes de las instituciones que organizan el Congreso Internacional.
Más información:
http://socc.es

sábado, 22 de abril de 2017

22 Abril: Día de la Tierra, más llamada de atención que celebración

El 22 de abril se celebra en todo el mundo el Día de la Tierra, una expresión tan sencilla como llena de contenido, ya que hace referencia al planeta que habitamos y lo que estamos haciendo con él para las futuras generaciones.

El origen de esta conmemoración se sitúa en 1970, año en el que se inició un movimiento medioambiental en Estados Unidos que sacó a la calle a 20 millones de personas para luchar por un entorno más saludable.

Tras esta manifestación se logró concienciar a los políticos sobre la importancia de la naturaleza y el cuidado del medio ambiente, y se creó la Agencia de Protección al Medio Ambiente de Estados Unidos. Esta asociación se encarga de las leyes para conseguir aire limpio, agua potable y conservar especies en peligro de extinción.


Hoy se homenajea el Día de la Tierra para que todos reflexionemos sobre su cuidado, invitándonos a preocuparnos más por la contaminación, los animales, las plantas y el medio ambiente.

Día de la Tierra: más llamada de atención que celebración. El blanqueo de corales en la Gran Barrera de Coral de Australia empeora

El planeta que habitamos tiene 4.543 millones de años de edad y continúa siendo el único objeto conocido en el universo capaz de albergar vida. También es el planeta más denso del Sistema Solar, pero en los últimos 35 años se ha perdido un tercio de la vida silvestre... y además de ser muchísimo es difícilmente recuperable.

Naciones Unidas decidió designar el 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra al reconocer que nuestro planeta y sus ecosistemas son el hogar de la humanidad y que si queremos conseguir un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras es necesario promover la armonía con la naturaleza.

En esta jornada es cuando de alguna manera todos los países, instituciones y ciudadanos tomamos conciencia de que tenemos que celebrar, pero sobre todo de que debemos cuidar el planeta.

Si nos preocupáramos más por compartir información medioambiental, nos solidarizáramos con el reciclaje de envases, nos comprometiéramos con el ahorro de agua, con la utilización de energías limpias o conociéramos la lista de los animales en peligro de extinción, sin duda contribuiríamos a mejorar lo que nos rodea y lo que dejaremos a las futuras generaciones.

Y para que no todo se quede en la teoría, ¿qué puedes hacer tú por la Tierra?

Aquí van unos sencillos consejos para cuidarla con poco esfuerzo y grandes resultados:

- Utilizar bombillas de bajo consumo.
- Apostar por las energías renovables.
- Aportar vida a la naturaleza plantando al menos un árbol.
- Reciclar y conocer qué es biodegradable y qué no.
- No utilizar bolsas de plástico, y si se tienen que usar, reciclarlas.
- Calcular la huella de Carbono. Con la ayuda de un calculador de carbono se puede conocer cuál es la contribución personal al calentamiento global y de este modo poner remedio y reducir la propia contaminación.

Pero quizá el consejo más simple es hacer que todos los días sean el Día de la Tierra, y nada mejor para conseguirlo que comprometernos a diario con nuestro planeta.

viernes, 31 de marzo de 2017

¿Qué países han ganado y perdido más árboles desde 1990?

Imaginar lugares verdes y exuberantes es pensar en islas tropicales perdidas en medio de la nada, calurosas selvas sudamericanas o extensas sabanas en el continente africano. Escenarios que, al menos de primeras, aparecen en nuestra imaginación como parajes rebosantes de vida vegetal (y animal). Pero, ¿qué países, al margen de sus condiciones naturales, han conseguido aumentar sus zonas verdes? ¿Y cuáles han perdido más hectáreas arboladas?

De acuerdo a los registros de la FAO, recogidos en la base de datos abierta del Banco Mundial, el mapa indica el porcentaje de ganancia o pérdida de área forestal de los países del mundo desde 1990. El organismo excluye de su definición los sistemas de producción agrícolas (como por ejemplo una plantación de fruta) y los árboles en parques y jardines urbanos.

La deforestación sigue siendo la tendencia reinante. La superficie boscosa mundial ha mermado un 3% (unos 130 millones de hectáreas) en los últimos 25 años. Lo ha hecho, eso sí, a un ritmo mucho menor: la tasa neta de pérdida de árboles ha pasado de siete millones de hectáreas anuales a tres millones en ese periodo, según el informe Estado de los bosques del mundo de la FAO.

El poder adquisitivo de las naciones, según los datos, guarda una relación cercana con la conservación de los bosques. Los países más desarrollados sumaron más de tres millones de superficie boscosa nueva entre 2000 y 2010; los menos, por el contrario, perdieron más de dos millones.

España ha ganado un 33% de área forestal desde 1990, pasando de 13,8 millones de hectáreas a 18,4 millones. Cubierto de árboles en un 37%, el país ocupa el tercer lugar continental en crecimiento tras Irlanda (62%) y excepciones como Islandia, que ha doblado su superficie verde pero tan solo representa el 0,5% del territorio, fenómeno que se replica en otros países como Baréin (172%). El aumento nacional bebe principalmente de las repoblaciones, el éxodo de las tierras rurales y la expansión natural de la vegetación montañosa.

En términos absolutos, Finlandia, con un 83% de bosques, la mayoría sostenibles, es el primer país europeo en las clasificación de los más verdes del mundo, copada islas pequeñas tropicales de Sudamérica y el Caribe, algunas naciones africanas y países del sudeste asiático y el Pacífico Sur.

Sin bosque alguno se cuentan cinco países: San Marino, Catar, Groenlandia, Omán y Nauru. Excluyéndolos, estos son los diez menos verdes:
País
Área forestal (%)
Islas Feroe
0,1
Egipto
0,1
Libia
0,1
Mauritania
0,2
Yibuti
0,2
Kuwait
0,4
Arabia Saudí
0,5
Islandia
0,5
Baréin
0,8
FUENTE: Banco Mundial.

Las regiones tropicales son las que se han visto afectadas con mayor dureza. En ellas se pierden alrededor de siete millones de hectáreas cada año. La necesidad de espacio para tierras agrícolas sitúa a países africanos como Togo (-73%), Nigeria (-70%) y Uganda (-56%) entre los más devastados, además de naciones como Honduras (-44%), Nicaragua (-31%) o El Salvador (-30%). En Brasil, donde se pierden unos 2,5 millones de hectáreas anuales, la superficie total ha descendido un 10%. Por opuesto destaca Uruguay, país donde se ha ganado un 131% de masa forestal y donde un 80% tiene certificación de sostenibilidad.

Otras causas, como la agricultura comercial masiva, son responsables del 40% de la deforestación mundial, una cifra que alcanza el 70% en América Latina. La urbanización, la minería y la construcción de infraestructuras se reparten otro 30%.

sábado, 11 de febrero de 2017

España completa la declaración de reservas fluviales para su protección

El Gobierno ha declarado hoy 53 nuevas reservas fluviales, que suman casi 1.000 kilómetros de longitud, para preservar los tramos de ríos que tienen una escasa o nula intervención humana y que se encuentran en muy buen estado ecológico.

Las aprobadas se suman a las 82 ya declaradas en 2015, por lo que el número de Reservas Naturales Fluviales de España suman ya 135 y una longitud total de 2.684 kilómetros.

La decisión ha sido aprobada en la reunión del Consejo de Ministros y afecta a seis demarcaciones hidrográficas que competencia del Estado (las del Duero, Tajo, Ebro, Guadiana, Segura y Cantábrico Oriental).

135 reservas fluviales; 2.684 kilómetros
Los planes hidrológicos de cuenca, que ya están aprobados, incluyen los listados de los espacios que merecen ser declarados reserva natural fluvial, un total de 135, y tras el acuerdo del Consejo de Ministros de hoy están ya todos declarados.

El listado en los que se definen estos espacios ha sido sometido a amplios procesos de consulta pública, en los que las Comunidades Autónomas han tenido un papel esencial, y ha obtenido el informe favorable del Consejo Nacional del Agua, con 81 votos a favor y solo 1 voto en contra, según los datos facilitados hoy por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente.

Las reservas aprobadas hoy se localizan en el Cantábrico Oriental (una reserva con 3,98 kilómetros); el Duero (20 reservas que suman 441 kilómetros); el Ebro (12 reservas con 184 kilómetros); el Guadiana (3 reservas con 57 kilómetros), el Segura (1 reserva con 9 kilómetros); y el Tajo (16 reservas que suman 232 kilómetros).
Más información: