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sábado, 26 de septiembre de 2015

El cambio climático adelanta cada año más la primavera

La salida de las hojas de los árboles caducifolios se ha anticipado siete días desde 1980.

La desnudez de los árboles de hoja caduca es cada vez más breve. Un estudio de los bosques húmedos de Europa muestra que el cambio climático está adelantando la primavera un poco más cada año. En los últimos 30 años, la salida de las hojas se ha adelantado una media de 3,4 días por cada grado que ha subido la temperatura. Sin embargo, este adelantamiento se ha ralentizado en la última década y, por paradójico que parezca, el calentamiento global también parece tener la culpa.

En una de las estrategias más fascinantes de la flora, los árboles de las zonas de climas templados y húmedos, pierden sus hojas al llegar el otoño. La menor duración del día, con el descenso de radiación solar (fotoperiodo), el descenso de las temperaturas y, la ocasional congelación del suelo, hacen que mantener las hojas sea un desperdicio de energía. Las hayas, robles, tilos, castaños, fresnos... volverán a reverdecer con la primavera y sus días cada vez más largos y cálidos. Esta relación directa entre temperatura y brote de las hojas de las especies caducifolias ha llevado a muchos científicos a plantear que el calentamiento global está adelantando la primavera.

Para poner cifras a esos vaticinios, un grupo de investigadores de varios países, entre ellos España, han estudiado este fenómeno en los bosques continentales de Europa. Analizaron los datos de brotación de siete grandes especies arbóreas presentes en 1.245 localizaciones en una franja que va desde el Mar del Norte hasta el Adriático y desde Bélgica hasta Bosnia-Herzegovina.

Su análisis se ha apoyado en datos recogidos desde 1980 por el Proyecto Fenológico Paneuropeo, que registra los fenómenos biológicos periódicos relacionados con el tiempo (como el regresar de las golondrinas o la floración de almendros y cerezos). Comprobaron que todas las especies analizadas, y en todos los sitios con datos, llevan 30 años adelantando el brote de sus hojas.

Las hayas, robles o fresnos han adelantado la salida de las hojas 3,4 días por cada grado que ha aumentado la temperatura

"La salida de las hojas se ha adelantado seis o siete días desde 1980", dice el director de la Unidad de Ecología Global del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales, del CSIC, y coautor del estudio, Josep Peñuelas. El impacto de este fenómeno es enorme. Por un lado, el adelanto del brote hace que las hojas fijen más carbono, balanceando el exceso de emisiones. Pero, por el otro, "produce efectos en cadena en todos los ecosistemas que acaban influyendo en cómo funciona todo el planeta", añade Peñuelas.

Sin embargo, para el investigador catalán, la investigación, publicada en la revista Nature, descubre otro fenómeno aún más intrigante: el ritmo de adelanto de la brotación se está frenando aunque sin llegar a detenerse. Así, entre 1980 y 1994, la salida de las hojas se adelantó de media 4 días por cada grado extra de aumento de la temperatura. Pero, desde 1999, la ratio ha bajado hasta 2,3 días por grado, es decir, una reducción del 40%.

El frenazo no es igual en todas las especies. El castaño de Indias o castaño falso (Aesculus hippo), por ejemplo, ha suavizado su adelanto de la brotación hasta los dos días por grado. En el extremo opuesto, las hojas de la haya común (Fagus sylvatica) mantienen casi el mismo ritmo acelerado de brote. Así que las hojas salen cada vez antes pero, en los últimos tiempos, esas prisas se han suavizado.

Los investigadores estudiaron entonces el porqué de esta ralentización. Manejaron varias hipótesis, como una progresiva adaptación de los árboles caducifolios a la mayor variabilidad de las temperaturas primaverales o una especie de límite físico que tendrían las hojas a la hora de brotar relacionado con el fotoperiodo o cantidad de radiación solar. Es como si los árboles supieran que no pueden adentrarse demasiado en el invierno, no sea que una helada tardía acabe con sus primeros tallos verdes.

Es como si los árboles se estuvieran volviendo locos"
Josep Peñuelas, investigador del CSIC

"Hemos observado que las hojas de los árboles europeos no brotan tan pronto como se pensaba, porque necesitan acumular un cierto número de noches frías para despertar del estado de dormición invernal", comenta Peñuelas. El frío es la parte de la ecuación que faltaba para explicar la llegada anticipada de la primavera. Las especies de hoja caduca necesitan una buena dosis de frío antes de que llegue el calor y la cantidad extra de horas de sol que anuncia el fin del invierno.

Pero el cambio climático no solo está provocando más calor en verano, también está suavizando las temperaturas de otoño e invierno. Sin ir más lejos, la AEMET ya ha anunciado que la nueva estación que ahora empieza será particularmente suave y húmeda. Eso hará que los árboles tarden más en alcanzar el cupo de frío que necesitan, como si les costase más darse cuenta de que es el momento de sacar las hojas.

Para Peñuelas "es como si los árboles se estuvieran volviendo locos". Y con su locura, enloquecen al resto del ecosistema y todas las especies animales o vegetales que hacen su vida en función de cuando salen las hojas de los árboles.

También en España

Aunque el estudio se centra en los bosques de Europa central, sus conclusiones también pueden aplicarse a los árboles caducifolios de España.

El investigador del CSIC Josep Peñuelas recuerda que los datos existentes sobre los bosques del norte de la península viven el mismo doble proceso. Por un lado, la salida de sus hojas se ha venido anticipando desde las últimas décadas del siglo pasado. Por el otro, ese adelantamiento se ha visto ralentizado en lo que va de siglo XXI por la necesidad de un mínimo de frío acumulado antes de que salgan las hojas.

En todo caso, los investigadores creen necesario extender su estudio a otras zonas del planeta en la misma latitud, como los bosques caducifolios de Norteamérica y Asia. Solo así se podrían desentrañar los mecanismos por los que las hojas necesitan tanto del frío como del calor para salir cada primavera.
Más información:
http://www.nature.com

¿Cuál es el árbol más común en España?

En España hay unos 7.000 millones de árboles, y la encina es la especie más predominante. Huesca es la provincia con más árboles en su territorio, seguida muy de cerca por Lleida.

A principios de septiembre, la revista Nature publicó una investigación -que partía de un estudio previo realizado por investigadores de la Universidad de Yale- que demostraba que en el planeta Tierra hay unos 3 billones de árboles. Esta cifra es hasta 7,5 veces superior a los datos que se conocían hasta ahora, que cifraba en torno a los 400.000 millones el número de árboles en todo el mundo según un censo calculado en 2008.

Sin embargo, los investigadores no consideran buenas noticias las conclusiones que arroja este estudio, ya que también se ha constatado que la presencia de árboles en en la Tierra ha disminuido un 46% a causa de la acción del ser humano, responsable del cada vez más acelerado proceso de deforestación. No en vano, cada ser humano destruye dos árboles al año.

El estudio de 'Nature' ha sido elaborado a partir de los datos de diferentes inventarios repartidos por todos los biomas del planeta. En el caso de España, el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF-UAB) ha sido el encargado de analizar los inventarios españoles recopilados en el Tercer ciclo del Inventario Forestal Nacional (IFN3).

Según estos datos, en España hay unos 7.000 millones de árboles. Las comunidades de Castilla y León y Catalunya son las que más especies arbóreas conservan, mientras que Huesca es la provincia con más árboles en su territorio, seguida muy de cerca por Lleida. En valores relativos, La Rioja, con 694 árboles por hectárea, es la comunidad autónoma con mayor densidad de árboles, seguida de Cantabria, con 653, y Catalunya, con 637.

La encina es la especie que predomina en todo el territorio español con un 19,12% de los árboles totales, seguida del pino albar (11,09%) y el pino carrasco (9,87%):

domingo, 20 de septiembre de 2015

Los diez ecosistemas más amenazados del mundo

La UICN avanza en la definición de la lista de ecosistema en peligro.
Entre ellos están el Mar de Aral, fondos con algas en Alaska, arrecifes de coral del Caribe, humedales de Australia, turberas de Alemania…

Es raro el verano que no acaba con una noticia que refleje la dura convivencia entre el desarrollo y la conservación de la naturaleza en uno de los destinos turísticos por antonomasia: el Caribe. Por un lado, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente de México dictaminó la suspensión total de un nuevo desarrollo turístico en Cancún, centro neurálgico de las visitas al Caribe, y por otro Nicaragua incluía entre sus cinco ecosistemas en mayor riesgo de desaparición los bosques de bambú del litoral de este mar del Atlántico Norte. Precisamente los arrecifes de coral del Caribe figuran entre los diez ecosistemas en mayor riesgo de extinción del planeta.

A la espera de desarrollar adecudamente y definir los criterios concretos y precisos que servirán para elaborar la lista roja de los ecosistemas mundiales en peligro, varios organismos y científicos, incluido el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, estudiaron veinte de los considerados más valiosos y amenazados. Hace dos años se publicó en la revista PLoS ONE una primera lista que sirve de patrón para que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) elabore una similar a la que actualmente existe para especies de animales y plantas. En este caso la categoría de extinto se define como “colapsado”, es decir, un ecosistema de gran valía que tiene imposible volver a su estado original.

A la primera lista con la que trabaja la UICN habría que añadir los 19 ecosistemas presentes entre los 48 lugares declarados Patrimonio Mundial por la Unesco que considera en peligro. Algunos coinciden con la primera, como los arrecifes de coral del Caribe (Belice) y los bosques de galería de la cuenca del río Senegal (Parque Nacional Niokolo-Koba). El Parque Nacional de los Everglades (Estados Unidos), junto a los bosques tropicales, sobre todo los de la cuenca del Congo en la República Democrática del Congo, además de los de Honduras (Río Plátano), Indonesia (Sumatra) y Madagascar (Atsinanana), aparecen también en la lista roja de la Unesco.

A continuación se detalla la lista con los diez ecosistemas más amenazados según los primeros estudios realizados para la UICN, que son aquellos considerados en colapso (Mar de Aral) y en peligro crítico de extinción (los nueve restantes). La explicación a la aparición de cuatro lugares de Australia reside en que todos se concentran en el área de mayor desarrollo urbano, industrial y agrícola de la isla, la costa sureste, con una población que sobrepasa los trece millones de habitantes.

1. Mar de Aral
Uzbekistán-Kazajistán
El Mar de Aral ha pasado de ser el cuarto lago más grande del mundo a no aparecer entre los veinte primeros. Solo resiste un 10% de una superficie que superó los 67.000 km2, tanto como Aragón, Navarra y el País Vasco juntas. Aunque ahora se invierten esfuerzos para recuperarlo desde su parte más septentrional, los expertos consideran que ha entrado en colapso porque ha perdido su biodiversidad original, incluidas 28 especies de peces endémicos. Además, el legado de pesticidas, desertización y salinidad que dejaron los cultivos de algodón y cereales que se regaban con sus aguas mantiene un efecto letal sobre la naturaleza y la población.

2. Bosques de acacias en la cuenca del Río Senegal
Senegal, Malí y Mauritania
Causas similares a las que provocaron la desecación del Mar de Aral se ciernen sobre las escasas feraces llanuras de inundación que resisten en la cuenca del río Senegal, y muy especialmente sobre los bosques de acacias (Acacia nilotica) que crecen en ellas. Presas, agricultura intensiva y sobrepastoreo están acabando con cientos de años de convivencia pacífica entre la biodiversidad y las comunidades indígenas. Estas habían aprendido a compasar los aprovechamientos agrícolas y ganaderos con los períodos anuales de inundación y sequía. Ahora, hasta las aves granívoras que colaboraban en este equilibrio desaparecen y la ruptura del mismo provoca el desplazamiento forzado de miles de indígenas y problemas de salud.

3. Turberas elevadas de Renania
Alemania
Depresiones, zonas encharcadas y montículos se reparten entre estos humedales repletos de biodiversidad, que presentan una acumulación de biomasa muerta que abomba el terreno. Esta acumulación alberga una gran reserva de carbono, por lo que su paulatina destrucción libera grandes cantidades de gases de efecto invernadero, responsables del cambio climático. Aparte de las llamadas de atención de los científicos que han colaborado en esta incipiente lista de ecosistemas en peligro, la Comisión Europea, como parte de su labor de conservación dentro de la Red Natura 2000, ha advertido del riesgo de desaparición que corren en concreto las turberas de Hunsrück y Eifel, donde varias especies de fauna y flora asociadas se han convertido en raras.

4. Matorrales de 'fynbos' de El Cabo
Sudáfrica
Hasta 8.500 especies de plantas vasculares (en todas las islas británicas hay 1.400), el 70% endémicas, encierran estos matorrales de fynbos, nombre de origen holandés que define a las “plantas de hojas finas”. Por su variedad y colorido está catalogado como uno de los vergeles botánicos de África, con semejanzas con nuestro monte mediterráneo. La expansión urbanística, los incendios forestales y la agricultura amenazan a estos matorrales por una doble vía: por la destrucción directa del hábitat y por la invasión de especies exóticas, tanto vegetales como animales. En otra lista, la de las Ecorregiones del WWF, también está considerado como uno de los ecosistemas en mayor riesgo de desaparición.

5. Lagunas Coorong y estuario del río Murray
Australia
Con idéntico grado de amenaza al de la UICN (en peligro crítico) cataloga el WWF dentro de su listado de Ecorregiones a este extenso (140 kilómetros lineales) y complejo (lagunas, lagos, estuario, bosques de ribera…) humedal situado al sureste de Australia. La declaración de una parte como parque nacional y su reconocimiento como humedal de importancia internacional (Convenio Ramsar) le ha salvado de desaparecer por completo, ya que solo se mantiene intacto, pero de manera fragmentada, el 10% de la superficie original. Numerosas entidades conservacionistas siguen lanzando la voz de alarma ante uno de los impactos más notorios: el drenaje del humedal en dirección a tierras agrícolas.

6. Manantiales kársticos del sur
Australia
Piccaninnie Ponds Karst Wetlands, también situado en la costa meridional australiana, es igualmente un humedal de importancia internacional incluido en el Convenio Ramsar. Sin embargo, las 862 hectáreas protegidas y representativas de los sistemas kársticos, con manantiales ascendentes y otras formaciones rocosas y de turba originadas por las aguas subterráneas, se antojan claramente insuficientes para la comunidad científica. Para demostrar el efecto devastador que ocasiona la pérdida de esa capa freática y la continuidad de su afloramiento la UICN expone el caso del género de cangrejos de agua dulce Euastacus: de las cincuenta especies que sobreviven en estos ecosistemas, 17 están en peligro crítico de extinción y otros 17 en peligro.

7. Pantanos costeros de la cuenca de Sídney
Australia
Urbanización, minería del carbón, fracking, incendios, efectos del cambio climático, carreteras, excesiva regulación hídrica, invasión de especies exóticas… La propia Oficina de Medio Ambiente y Patrimonio del estado de Nueva Gales del Sur, donde se encuentra enclavada la biorregión de la cuenca de Sidney, reconoce las amenazas que acogotan a uno de los ecosistemas más singulares de esta isla. La misma entidad recuerda que en los últimos 200 años se ha perdido o degradado el 60% del rosario de humedales costeros que salpicaba y embellecía estas tierras. Aunque se traducen como pantanos, se trata de llanuras costeras de inundación sobre fondos de arenisca que sobresalen principalmente en la meseta de Hawkesbury.

8- Humedales de la cuenca Murray-Darling
Australia
Los ríos Murray y Darling (afluente del primero) forman una gigantesca cuenca hidrográfica (dos veces España) trascendental para el suministro hídrico de la zona más poblada de Australia (Adelaida, Melbourne y Sidney) y para el mantenimiento de una de las mayores cotas de biodiversidad asociadas a una gran variedad de pantanos, bosques y lagos. El problema es que el conflicto entre las necesidades humanas (incluye una extensa área agrícola) y ambientales afecta a ambas, ya que la excesiva regulación y explotación hídrica ha llevado a la eliminación de la vegetación natural y la sequía temporal de tramos del Murray (se estima que está al 18% de su capacidad), lo que aumenta el grado de salinidad, que interfiere en el abastecimiento humano.

9- Bosques de laminariales de Alaska
Estados Unidos
Observar una tupida formación de algas gigantes (laminariales) que pueden superar los 50 metros es lo más parecido a adentrarse en un bosque submarino. Las aguas costeras de Alaska cuentan con muy buenas representaciones de este ecosistema, que se encuentra entre los más productivos del planeta por su capacidad de acogida para numerosas especies (incluidos peces de explotación comercial), absorción de dióxido de carbono y freno de fuertes oleajes. Sin embargo, la sobrepesca, fenómenos meteorológicos como El Niño y la contaminación (vertido del Exxon Valdez de 1989) destruyen la cadena trófica (afecta sobre todo a las nutrias de mar) y dejan vía libre para que los erizos de mar devoren y deforesten los bosques de algas.

10- Arrecifes de coral del Caribe
Costa Pacífica
Más de 116 millones de personas viven dentro de las costas que dan al mar Caribe, a los que se añaden 20 millones de turistas anuales. Un estudio del World Resources Institute junto a veinte organismos que trabajan en la región sentenció en 2005 que dos tercios de los arrecifes están directamente amenazados por actividades humanas, y estiman pérdidas económicas de 350 a 870 millones de dólares anuales por la disminución de la pesca de arrecife, el turismo de buceo y los servicios de protección de la costa, al actuar como barrera ante los efectos de temporales marinos. La presión turística, la agricultura intensiva, la sobrepesca y el cambio climático (blanqueamiento del coral) se alían para poner en peligro a este punto caliente de la biodiversidad terrestre.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Voluntariado Ambiental en Cuenca con FIRE (España)

La Fundación Internacional para la Restauración de Ecosistemas prepara para el próximo fin de semana unas actuaciones de carácter Ambiental. Los técnicos de la FIRE en Las Chorreras del río Cabriel (Enguídanos, Cuenca) están preparando las jornadas de voluntariado que se celebrarán los días 26 y 27 de Septiembre en este hermoso paraje, dentro del "Programa Playas, Ríos, Voluntariado y Custodia del Territorio" que promueve la FUNDACION BIODIVERSIDAD. ¡Apúntate, hay plazas limitadas!

domingo, 23 de agosto de 2015

La primera flor que coloreó el planeta floreció en lo que hoy es España

La 'Montsechia vidalii' es la angiosperma más antigua del registro fósil, con 130 millones de años.

Hace 130 millones de años, la Sierra del Montsec, en Lleida, y la Serranía de Cuenca eran tierras bajas con abundantes lagos de agua dulce. En ellos se desarrollaron las que, según un nuevo estudio, serían las primeras plantas florales o angiospermas. No tenían las flores más vistosas ni el aroma más embriagador, pero con ellas el planeta empezó a llenarse de colores. ¿Su nombre? Montsechia vidalii.

Los primeros ejemplares fosilizados de la Montsechia fueron encontrados hace más de 200 años en el Montsec, de ahí su nombre. Pero, en todo este tiempo, la ciencia la ha ninguneado. Que si no era una planta, que si era una especie de liquen, que si un musgo o una pariente lejana de los pinos. Sin embargo, tras un trabajo muy laborioso y usando la última tecnología en microscopios, un grupo de investigadores estadounidenses, franceses y españoles ha determinado que la Montsechia es la primera angiosperma o plantas con flores del registro fósil.

"La Montsechia es la angiosperma más antigua encontrada en el registro fósil que conocemos por sus partes vegetativa (tallos y hojas) y reproductora (frutos y semillas)", dice el paleobotánico de la Universidad de Lyon (Francia) y coautor del estudio, Bernard Gomez. Usando unos 1.000 fósiles tanto del Montsec como del yacimiento de Las Hoyas (Cuenca), los investigadores han datado los ejemplares situándolos en el Barremiense, edad del periodo Cretácico, hace entre 130 y 125 millones de años. Gomez aclara que se ha encontrado polen de angiosperma anterior, pero podría proceder de una protoangiosperma o ser una muestra contaminada, ya que no han encontrado nada más que polen.

Hace 130 millones de años, la 'Montsechia' crecía en lagos de lo que hoy son las sierras de Cuenca y Lleida.

Millón de años abajo o arriba, la edad de la Montsechia ya había sido establecida. Pero no estaba tan claro su carácter de angiosperma. Hoy, este tipo de plantas son las que dominan el manto vegetal terrestre, tanto que Charles Darwin definió su explosiva propagación como un "misterio abominable". Para ser una angiosperma, una planta tiene que estar organizada en tallos y hojas y ser vascular (tiene células vegetales). Además, debe producir semilla (espermatofita). Pero lo que las termina de definir es el imbricado sistema de reproducción que es la flor, formado por sépalos, pétalos, estambre o carpelos.

"La gente piensa en las flores como cosas de gran tamaño y variados colores de pétalos, estambres y carpelos", comenta Gomez. Pero, para un botánico, "la flor es un órgano reproductor al menos con un carpelo o con un estambre. En este sentido, Montsechia cumple el requisito de tener carpelo", añade. Y esta hoja femenina cerrada sobre sí misma es la que esconde el óvulo. "Se ha descrito que la evolución de la flor pasó por una etapa sin sépalos, sin pétalos y sin nectarios. Ese es el estado que observamos en Montsechia. Así que sí, Montsechia es la planta con flores más antigua conocida hasta ahora", afirma el paleobotánico galo.

Para descubrir las semillas de esta planta, los investigadores tuvieron que separar los fosilizados tallos y hojas de la piedra usando minúsculas gotas de ácido clorhídrico. La cutícula, o piel vegetal, se obtuvo aplicando una mezcla de ácido nítrico y clorato potásico. Tal y como explican en la revista PNAS, las muestras fueron, al final, pasadas por el microscopio electrónico.

Además de su datación en el Barremiense, lo que hace a esta planta coetánea de dinosaurios como el iguanodon, los investigadores pudieron confirmar el carácter subacuático de la Montsechia. También han comprobado que no tenía raíces, aunque pasara su vida pegada al fondo del lago. Tampoco encontraron polen, pero la Montsechia bien podría recurrir a la hidrofilia, usando el agua como medio polinizador, como otras flores usan el aire o insectos. Todo esto la relaciona con las ceratofiláceas, unas angiospermas primitivas de las que aún quedan algunas especies en el planeta, como el milhojas de agua o cola de zorro, muy usadas en los acuarios caseros.
Esta recreación muestra los tallos de la 'Montsechia', a la derecha y un detalle de sus hojas y semillas, a la izquierda. 

Para el paleobotánico de la Universidad de Barcelona y coautor del estudio, Carles Martín-Closas, si su hipótesis que vincula a la Montsechia con el milhojas de agua es cierta, "debían de tener unas flores muy pequeñas". Y añade: "no serían vistosas, tenían órganos sexuales pero sin el atractivo de las flores actuales". La obra de la selección natural se encargaría en el futuro de multiplicar los colores, las formas y los aromas, para promover la polinización que antes facilitaba el agua.

A ojos de un profano las flores de la Montsechia podrían ser hasta vulgares. Pero esas flores vulgares encontradas en la serranía conquense y los montes ilerdenses podrían obligar a reescribir la historia de las plantas en este planeta. Aunque no hay registros fósiles de sus ancestros, la reciente secuenciación del genoma de la Amborella trichopoda, un arbusto terrestre endémico de Nueva Caledonia, la colocaba como la sucesora de la angiosperma más primitiva, algo así como la madre de todas las flores. En paralelo, las Nymphaeales (nenúfares) más antiguas datan de hace 115 millones de años. Y la Montsechia es acuática y muy anterior a los nenúfares.

Como dice Gomez, esto implica "o un desarrollo/adaptación más temprano de las angiospermas al ambiente acuático o una filogenia diferente de las angiospermas, donde la rama Ceratophyllum, incluyendo Montsechia, tendría un papel más primigenio".
Más información sobre esta especie botánica:

El primer semestre de 2015 ha sido el más caluroso de la historia

El pasado mes de julio también fue el más cálido desde que hay registros
2014 ha sido el año más caluroso desde que empezaron los registros en 1880

El primer semestre del año ha sido el más caluroso desde que hay registros globales del clima (1880), según ha informado en una nota la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE UU (NOAA, por sus siglas en inglés). La temperatura global en este periodo, combinando la de la tierra con la de los océanos, ha sido 0,85ºC superior a la media del siglo XX. Es el dato más alto para el periodo enero-julio entre 1880 y 2015, sobrepasando el récord anterior, marcado por el año 2010 (0,09ºC).

La temperatura global de la tierra en este periodo fue 1,34ºC superior a la media del siglo pasado, y 0,67ºC en el caso de los océanos. La autoridad estadounidense destaca que todos los océanos del planeta observaron un aumento de sus temperaturas.

El mes de julio de 2015, en concreto, sobrepasa en 0,81ºC la media de temperaturas del siglo pasado. Normalmente, julio es el mes más cálido del año; la temperatura media de este fue de 16,61ºC, sobrepasando en 0,08ºC el récord anterior, que marcó 2014.

La nota resalta que este es el sexto julio más cálido de la historia en temperaturas terrestres, pero, en el caso de los océanos, ha sido el mes más cálido nunca registrado. Los dos océanos que más han sufrido el calentamiento son el Pacífico y el Índico.

Además, la NOAA explica que la capa de hielo en el Ártico está un 9,5% más baja respecto a la media del periodo 1981-2010, y la del Antártico, un 3,8%.
Mapa de las temperaturas del mes de julio. Los colores de la izquierda marcan un récord de frío, el blanco es la media y, a la derecha, el calor superior a la media

domingo, 9 de agosto de 2015

Campos de Voluntariado Ambiental 2015 - 2016 (España)

Ya teneis en la web del Ministerio de Medio Ambiente (MAGRAMA) las diferentes actividades de educación y voluntariado ambiental para los diferentes Parques Nacionales de España.

En él encontrareis una gran multitud de actividades que se prolongarán desde este verano y hasta el año 2016.

lunes, 13 de julio de 2015

Una mosca de 105 millones de años habla del origen de las flores

Encuentran un insecto atrapado en ámbar con polen de plantas adherido a su cuerpo.

Hace unos 105 millones de años, en lo que ahora es Cantabria, una mosca de la especie Buccinatormyia magnifica, ya extinta, se acercó en vuelo batido a una planta, permaneció detenida en el aire delante de ella como un colibrí y le introdujo su larga trompa para libar el néctar que se le ofrecía. A cambio del regalo, la planta dejó su polen adherido a la mosca que partió llevándoselo con ella en busca de otras plantas a las que fecundar y en las que alimentarse. En algún momento de su trasiego por los bosques de coníferas, como pinos o abetos, que cubrían el planeta en aquel tiempo, la mosca quedó atrapada en resina con todo su cargamento. La resina se fosilizó convirtiéndose en ámbar y como una máquina del tiempo transportó hasta el presente al desdichado insecto. Aquí, en el yacimiento cántabro de El Soplao, entre muchos trozos de ámbar, lo encontró hace dos años y medio un grupo de investigadores. Hoy, en la revista Current Biology, cuentan su historia.


La historia de la mosca es, además de la suya propia, la de los bosques en que vivía. “Ahora, las plantas que dominan son las angiospermas, plantas con flores, como las que podemos encontrar en los trópicos”, explica Enrique Peñalver, investigador del Instituto Geológico Minero de España (IGME) y autor principal del estudio. “El momento en que vivió esta mosca dominaban plantas gimnospermas, como las que podemos encontrar en los bosques del norte de Siberia, pero aquel fue un periodo de inflexión”, continúa. El cambio aún tardaría millones de años en completarse, pero la revolución que cambió los ecosistemas del planeta ya se había iniciado en aquel periodo.



La mosca de nuestro relato fue, probablemente, una víctima de aquella revolución. En su labor de polinización hacía un gran equipo con las bennettitales, un tipo de plantas ya extinto. “El cambio que se produjo en aquella época debió tener efectos profundos en la dinámica de los bosques y posiblemente en la de la fauna”, apunta Peñalver. “Si esas moscas estaban muy especializadas en el néctar de este tipo de gimnospermas, que desaparecieron al final del Mesozoico, es posible que desapareciesen con ellas”, concluye.

Al enigma de la aparición de las plantas con flores, Charles Darwin, el padre de la teoría de la evolución, se refería como el “misterio abominable”. Su resolución puede encontrarse en objetos casi tan misteriosos, como las trampas de ámbar de El Soplao.

El secreto de la cola del caballito de mar

Un estudio revela las aplicaciones en ingeniería de la estructura cuadrada de la cola de los hipocampos.

Vista de cerca, la cola del caballito de mar se sale de la norma. Es distinta de la mayoría de los peces, reptiles o mamíferos. En vez de ser blanda y cilíndrica, es cuadrada y está dividida en segmentos en forma de prisma rodeados de placas óseas. Este viernes, la revista Science le dedica un artículo a la cola cuadrada del caballito de mar. Resulta que la estructura del apéndice de estos animales tiene posibles aplicaciones en robótica e ingeniería, debido a que su forma única le confiere más resistencia a la presión y el daño.

Los científicos generaron un modelo digital de la cola cuadrada del caballito y otro de una cilíndrica. La intención del equipo, liderado por Michael M. Porter, profesor adjunto en la universidad de Clemson (Carolina del Sur, EE UU), era la de someter dichos modelos a distintas pruebas de resistencia y movilidad para entender el porqué de la disposición de este órgano y las características mecánicas derivadas de ella. El equipo dedujo de estos dos modelos que la estructura cuadrangular no solo ofrece más resistencia a estas fuerzas, según parece como mecanismo de protección de frágil columna de estos peces, sino que además ofrece una mayor superficie de contacto y, por tanto, resulta ser más útil como extremidad. Además, tal y como se muestra en la animación que acompaña a esta noticia, descubrieron que la mayor resistencia a la torsión y a la deformación se debe a pequeñas estructuras, como juntas de desplazamiento, que a modo de raíles conducen las fuerzas a las que se somete la cola.

Foto generado por ordenador de los dos modelos para la cola del caballito de mar, uno que imita la estructura natural (cuadrangular) y otro que recrea la estructura hipotética (cilíndrica). / MICHAEL M. PORTER, CLEMSON UNIVERSITY (SCIENCE)

El estudio hace hincapié en las posibles aplicaciones de esta estructura en bioingeniería, entendida como la rama de la ingeniería que se ocupa de la aplicación tecnológica de los sistemas biológicos y organismos vivos, para la creación o modificación de productos o procesos para un uso específico. Tal y como nos resume Ramón Ceres Ruiz, profesor de investigación en el Instituto Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y quien forma parte del grupo de este organismo dedicado a la bioingeniería, “la robótica trata fundamentalmente de realizar operaciones esencialmente mecánicas inspirándose en modelos humanos o animales”. En esta materia, se podría aplicar al desarrollo de extremidades y, en general, de estructuras más ligeras y a la vez más resistentes, concretamente podría suponer una excelente aportación a la hora de desarrollar robots basados en silicona.

Este joven y apasionante campo permite que los expertos en ciencias naturales aporten ideas al desarrollo de nuevas tecnologías, así como que se expliquen enigmas naturales mediante métodos y modelos hasta ahora propios de los ingenieros. En este sentido, Ceres recuerda otros avances tecnológicos importantes basados en animales como “el sonar basado en la orientación y la navegación del murciélago o los exoesqueletos que nos recuerdan funcionalmente a las estructuras externas de algunos animales como los crustáceos”.

domingo, 12 de julio de 2015

REPORTAJE: El rey de los pájaros

Josep del Hoyo lleva 37 años de su vida dedicados a la observación de aves. Ha recorrido 111 países persiguiendo el rastro de los más extraños ejemplares

Referencia mundial en la materia, ha recibido este año el premio SGE de investigación de la Sociedad Geográfica Española. Nos fuimos con él a ver… pájaros.

Josep del Hoyo es un hombre con pájaros en la cabeza. Pájaros, pájaros, pájaros, miles de pájaros. Se lo dijeron públicamente el pasado mes de febrero, cuando le entregaron el premio de investigación de la Sociedad Geográfica Española, en Madrid, y no hay más que darse un paseo con él por la ciudad, o por el campo, para comprobarlo. Se diría que tiene desarrollada una suerte de antena virtual que le hace conectar automáticamente con las aves en cuanto alguna sobrevuela su testa.

¡Cuidado! –exclama.

El mundo, de pronto, se detiene para Del Hoyo. Por un instante se podría pensar que nos acechara algún peligro por estos caminos que recorremos en esta nublada mañana del mes de abril, en pleno delta del Llobregat, a las afueras de Barcelona, muy cerca del aeropuerto del Prat. Pero no, no hay peligro. Simplemente, ha cantado un pájaro raro de ver y poco importa lo demás, el mundo se para.

Del Hoyo se curva ligeramente. Aguza el oído.
Es una tarabilla.

Silencioso y atento, el ornitólogo y editor se desplaza lentamente, sigilosamente, midiendo sus pasos. Lleva una mochila de camuflaje a la espalda; el pesado trípode de su cámara de vídeo, apoyado en sus hombros; un par de prismáticos cuelgan de su cuello. Su mirada busca entre los juncos a ver si aparece por algún lado ese pequeño pájaro de pecho anaranjado y vuelo veloz que hace chac-chac, su característico sonido. Ni rastro de la tarabilla.

Escuchar a las aves es fácil; verlas, no tanto.

Y eso que estamos con un hombre que, a sus 60 años, ha visto 7.910 especies distintas de aves (de las más de 10.000 que existen). Un estudioso que, en buena lógica, tendría que haber nacido en Reino Unido, meca de los birdwatchers, de los observadores de aves, lugar del mundo donde el ornitólogo es más que reverenciado. Pero Del Hoyo nació en Barcelona y se crio en el barrio del Guinardó, cerca del hospital de San Pablo, en el seno de una familia de clase media. Su temeraria e iluminada apuesta editorial, el Handbook of the Birds of the World (HBW), primer manual que ilustra todas las especies del mundo, le ha convertido en una autoridad a escala internacional.

Cualquier ornitólogo serio del mundo le conoce y le respeta”, afirma sin dudarlo, en conversación telefónica desde Londres, Robert Prys-Jones, responsable de las colecciones de aves del Museo de Historia Natural (NHM) de Tring (a 48 kilómetros de Londres), una de las dos catedrales de la ornitología –junto al American Museum of Natural History de Nueva York–; un espacio al que Del Hoyo ha acudido más de quince de veces para llevar a cabo su titánico trabajo de investigación, el que le ha convertido en referencia mundial, la mayor enciclopedia de aves que existe en el mundo, empresa que acometió en el año 1989, esa por la que le miraron como si fuera un lunático, su gran hazaña, su gran legado.

Cualquier ornitólogo del mundo le conoce y le respeta”, dice Robert Prys-Jones, del Museo de Historia Natural de Tring, ‘catedral’ de las aves

Viendo los 17 volúmenes que conforman el HBW alineados sobre la librería de su despacho, uno toma conciencia de la magnitud del trabajo. Más de 1.000 fotógrafos, 300 autores y 40 artistas han contribuido a construir esta magna obra de la que él ha sido el impulsor. Del Hoyo, de hecho, enfatiza el carácter colectivo del proyecto.

Dotado de magníficas ilustraciones que representan a las aves y de mapas, el Handbook recoge las distintas nomenclaturas de las aves, descripción de familia, estado de conservación, bibliografía científica asociada… “Nació de su obsesión de coleccionista”, relata Jordi Sargatal, ornitólogo, compañero de largos viajes y uno de los dos socios (el tercero es Ramón Mascort) que Del Hoyo tiene en la editorial Lynx, el brazo ejecutor de su gran sueño.

Los británicos reaccionaron con escepticismo cuando, recién arrancados los años noventa, oyeron que había un español bastante desconocido que se aprestaba a presentar un proyecto que parecía, sencillamente, imposible: un tratado que recogiera de forma rigurosa todas las especies de aves que hay en el mundo. Del primer volumen, publicado en 1992 y dedicado a especies bien conocidas como patos y cigüeñas, se vendieron 3.000 copias.

Nadie se había atrevido a embarcarse por aquel entonces en una obra de tamaña ambición. Existía el Birds of the Western Palearctic, que recogía a las aves del norte de África y Europa, sí, pero nada como lo que pretendía Del Hoyo. Las reseñas hicieron que el segundo volumen, dedicado, entre otras, a las aves de presa, triplicara las ventas hasta los 9.000 ejemplares. Veinticinco años más tarde, el HBW ha facturado más de 240.000 volúmenes.

Lynx Edicions, ubicada en Bellaterra (Cerdanyola del Vallès), está enclavada en medio de un frondoso jardín. Hay 13 higueras, dos cerezos, un albaricoque y un kaki para atraer pájaros. Las vistas del despacho de Del Hoyo no pueden ser más verdes. El ornitólogo catalán se sienta frente a su ordenador. Busca en su propia página web un vídeo; el de una de las más de 5.000 especies que ha filmado a lo largo de todos estos años, algo insólito –“que se sepa, nadie ha hecho algo así”, dice, modesto–; una fiebre que empezó en 1998 y se desató a partir de 2002. Hasta entonces hacía fotos.

En pantalla, sobre la copa de un árbol, un pájaro de pico curvado y patas naranjas sobre una rama. Este es tan solo uno de los 26.974 clips que ha subido a su web. “Es una grabación super emotiva”, avisa.

Está amaneciendo en la selva. Es el llamado dawn chorus, el coro del amanecer, el momento en que los pájaros despiertan y empiezan a cantar. Sobre una rama, majestuoso, un ibis gigante (Pseudibis gigantea), ave de casi un metro de altura, especie que ocupa el número uno en la lista de las 100 aves más singulares y amenazadas del planeta según la Sociedad Zoológica de Londres.

En el delta del Llobregat, los cantos de los pájaros se mezclan con el ruido de los aviones que aterrizan en el aeropuerto del Prat.

Del Hoyo recuerda perfectamente el momento en que captó esta imagen histórica. Fue el 7 de marzo de 2011. Ya en los noventa, el ibis gigante estaba considerado como una especie probablemente extinguida. Y allí estaba, en aquella mañana brumosa al norte de Camboya, un majestuoso ibis gigante posando para él.

Viajó al país asiático acompañado de su amigo y socio Sargatal. Recuerda que ese día se levantaron a las tres de la madrugada para llegar a la selva antes del amanecer. A las cuatro estaban frente a un árbol, apostados, atentos.

Estuvieron dos horas quietos. Esperando el momento. Con las primeras luces, Josep del Hoyo comenzó a grabar. Y ahí estaba el ibis. El ave emitió su característico canto, que, más que canto, parece un rugido. “Cuando tomé esta imagen, mi corazón estaba taquicárdico”.

Del Hoyo ha recorrido medio mundo buscando pájaros. Un gigantesco mapamundi perforado con chinchetas, ubicado en la segunda planta del sello editorial, da fe de ello. Las chinchetas de color azul son las de los viajes de los años setenta-ochenta; las de color rojo, de los noventa; amarillo para los 2000; naranja para la presente década. En total ha visitado 111 países.

Emplea unos tres meses al año, de media, a viajar; incluido el de vacaciones, que siempre dedica a ir a ver pájaros –durante años, acompañado de su mujer y sus dos hijas –. “Ya que vivo de los pájaros, tendré que ver dónde viven ellos”, bromea. “Los pájaros son el escaparate de la naturaleza”.

Su periplo vital-profesional está plagado de aventuras y momentos emocionantes. El viaje de agosto de 2004 a la selva en Perú, cuando fueron a observar la tangara golinaranja, y su expedición se vio rodeada por 15 guerreros en la reserva indígena de los indios araguaya; o el que hicieron a México a principios de los noventa, para ver a la coqueta de Guerrero, y 20 tipos subidos a una tanqueta, como en las películas de Pancho Villa, les obligaron a bajarse del coche a la salida de una curva. Situaciones ambas que fueron superadas dialogando y siguiendo consejos de las poblaciones locales.

En algunos casos, los viajes dejaron cicatrices. Una de ellas corona el dedo meñique de su mano derecha. Corresponde a aquel periplo por la Papúa Occidental que realizó en 2008, también junto a su socio Sargatal. “Uno de los más duros que hemos hecho”, recuerda su amigo. Estuvieron allá 30 días, subiendo y bajando valles. Tan solo durmieron en una cama tres o cuatro noches.

Un día, perdidos en el corazón de Nueva Guinea, cuando acababan de hacerse una foto con unos nativos ataviados con camisetas del Real Madrid, bajaban por una cuesta empinada, por una ladera, en una zona de rocas verticales, cuando, de pronto, Del Hoyo estuvo a punto de caer por un barranco. Su amigo Jordi, de manera instintiva, le agarró por los dedos.

¡Me has roto los dedos! –exclamó Del Hoyo.
¡Sí, pero te he salvado la vida! –respondió Sargatal.

No se atrevió a ponerse en las manos de un chamán –“me hubiera estirado los dedos a lo bestia”, estima Del Hoyo– y transcurrieron cuatro días hasta que lo atendieron. Ruptura con luxación completa.

Habían acudido a Papúa Occidental para observar a los pájaros más bellos del planeta: las aves del paraíso; familia cuyo proceso evolutivo en un ambiente con alimento ilimitado y sin enemigos ha conducido a cotas impensables de belleza.

Los machos aves del paraíso se dedican a desplegar sus bellas alas y otras plumas ornamentales en el cortejo; se cuelgan de las ramas boca abajo y abren su plumaje espectacular. “La vida de los machos está centrada en exhibirse”, explica. Existen 45 especies en el planeta. Dos en Molucas del Norte, dos en Australia y el resto en Nueva Guinea. En el siglo XVII predominaba la creencia de que estos animales vivían en el cielo y, cuando morían, caían sobre la tierra directamente desde el paraíso.

Josep es el ornitólogo con más conocimientos del mundo”, se aventura a decir su socio, Sargatal, “es una guía ambulante, se acuerda de todos los nombres, de las especies. Es muy obsesivo, sobre todo filmando. Ya puede llover, nevar, que ahí está él, todo el rato, con su cámara, dispuesto a filmar lo que pille”.

Josep del Hoyo planta su cámara de vídeo, una Panasonic GH4, en medio del observatorio ubicado en la maresma Remolar Filipines. Hoy toca día de observación y estamos en pleno delta del Llobregat. Ataviado con su forro polar gris, su pantalón de aventura marrón y sus náuticos, también marrones, lleva el kit de observación completo: los prismáticos, la guía de campo, la libreta para apuntar y la cámara de vídeo. En medio del humedal, tarros blancos, ánsares comunes, flamencos y ánades azulones comen y duermen ajenos a la presencia de siete aficionados a la fotografía apostados en esta cabaña de madera. Todos ellos, hombres de más de 50 y 60 años, cámara al cuello. “También existen bastantes subespecies de observadores: fotógrafos y pajareros”, dice con media sonrisa Del Hoyo.

Pelea, pelea”, avisa uno de ellos. Los siete se movilizan, empuñan la cámara, enfocan. Pero la trifulca es poca trifulca, todo vuelve a su curso. Tranquilidad, paz, ligera bruma, cielo nublado. Los cantos de las aves se funden con el lejano rugido de los aviones que aterrizan en El Prat.

De pronto aparece en la charca un pájaro de pico largo, tonos pardos y plumas verdes. “¡Morito, morito!”, exclama Del Hoyo, y señala a lo lejos, a la derecha. Su cara se ilumina, amplia sonrisa. El morito común era muy raro de ver cuando él era joven, su aparición sigue siendo un acontecimiento, conserva su pasión intacta.

Ha filmado a más de 5.000 especies con su cámara de vídeo. Emplea tres meses al año a viajar; incluido el de vacaciones, que siempre dedica a ver pájaros

Hace 20 años éramos capaces de tirarnos de un coche en marcha si veíamos a un morito”, explica Jordi Sargatal. “Nos queda el gen de tirarnos del coche en marcha, mantenemos el instinto”.

Ese instinto, esa pasión de la que habla su socio, es la que llevó a Del Hoyo a abordar un proyecto tan ambicioso como el Handbook a la vuelta de un viaje a África: al regresar a España, año 1981, buscó un catálogo de aves. Para su sorpresa, nadie lo había hecho. “Lo hago yo”, se dijo.

Su obra ha cobrado en estos últimos años una nueva dimensión al trasladarse al mundo digital: 3.494 personas están registradas en HBW Alive y suben, desinteresadamente, vídeos a la plataforma. En Lynx, donde trabajan 20 personas, se supervisa el material.

Además, en estos días están embarcados en la edición del segundo tomo del Illustrated Checklist of the Birds of the World (Lista ilustrada de las aves del mundo), obra en la que actualiza el Handbook con los avances taxonómicos que se han producido en los últimos 15 años: hay 462 subespecies de la obra madre que ya son consideradas especies.

Pero yo no he descrito ni una sola especie”, se apresura a aclarar Del Hoyo. Es decir, él es un observador, un clasificador de la información, un ornitólogo, una referencia mundial. Pero no es un científico. Eso sí, ha ayudado a poner nombre en español a cerca de 10.000 especies, como miembro de un comité creado en 1991 junto a la Sociedad Española de Ornitología. Muchas de sus propuestas de nombre –más de un 80% tal vez, señala– salieron adelante.

Viaje a viaje, avistamiento a avistamiento, el tiempo ha ido transcurriendo y el conocimiento enciclopédico de Del Hoyo no ha hecho otra cosa que crecer. En paralelo, ha ido aumentando el reconocimiento a la labor de este loco entusiasta de las aves, melómano y gran aficionado a la poesía. Existe incluso una subespecie de busardo blanco bautizada con su apellido por el taxónomo alemán Norbert Bähr: el Buteo albicollis delhoyoi.
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