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viernes, 30 de septiembre de 2016

La población de elefantes africanos se desploma

Namibia y Zimbabwe quieren que se les permita vender las reservas de marfil acumuladas.

La población de elefantes africanos se ha reducido en torno a 111.000 ejemplares en la última década, como resultado de la caza furtiva, según un informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). El informe se ha presentado en 17ª reunión de la conferencia de las partes de la Convención Internacional sobre Comercio de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Convención Cites) que se celebra en Johannesburgo.

Las pérdidas de elefantes han sido atribuidas a la caza furtiva, pero los países africanos están en desacuerdo sobre cuál es la mejor manera de proteger a los animales. Las noticias de la peor caída del número de elefantes en 25 años se producen pues en medio de los desacuerdos mostrados en el segundo día de la reunión mundial de Cites.

El recuento total del continente actual se ha cifrado en unos 415.000 elefantes, aunque puede haber entre 117.000 y 135.000 animales más en áreas que no han sido objeto de seguimientos sistemáticos. Se estima que esta cifra (los 415.000) supone una reducción de elefantes de 93.000 ejemplares respecto a los calculados para el año 2006, para lo cual se tuvieron en cuenta las estimaciones poblacionales procedentes de una amplia variedad de fuentes, que incluyen seguimientos aéreos y recuentos de excrementos de elefantes. Sin embargo, este número incluye 18.000 ejemplares de poblaciones que no fueron previamente contadas, por lo que se estima que el declive real se acerca a 111.000.

El aumento de la caza furtiva por el marfil, que se inició hace aproximadamente una década –y que ha sido el peor que África ha experimentado desde los años 1970 y 1980- ha sido el principal impulsor de esta caída”, señala la UICN. El hallazgo se produce en medio de discusiones entre los países africanos sobre la mejor manera de proteger a los elefantes. Namibia y Zimbabwe quieren que se les permita vender las reservas de marfil acumuladas procedentes de muertes naturales, con el fin de poder financiar las iniciativas de conservación de los elefantes de la comunidades. Ahora, el comercio de marfil está prohibido.

Actitud “imperialista”
El ministro de Medio Ambiente de Zimbabwe, Oppah Muchinguri, rechazó las “políticas imperialistas” de los países que se oponen a este plan, que calificó de “infracción clara sobre los derechos soberanos de las naciones”. Namibia y Zimbabwe cuentan con poblaciones de elefantes sanos y su deseo de vender las existencias con el apoyo de Sudáfrica. El comercio ilegal de marfil ha puesto sobre las cuerdas el tratado existente, firmado por más de 180 países: la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies en peligro de extinción (Cites).

La convenció Cites debería facilitar el éxito en nuestros programas de conservación en lugar de aplicar estas políticas imperialistas”, dijo Muchinguri, quien afirma estar hablando en nombre de la región de África meridional que alberga a tres cuartas partes de la población de elefantes.

La otra opinión
Sue Lieberman, vicepresidente de la Wildlife Conservation Society, declaró que el informe de la UICN indica “claramente que los gobiernos deben tomar todas las medidas necesarias para hacer frente a la crisis, incluyendo el cierre de sus mercados nacionales de marfil de elefante”. “Ahora corresponde a la Convención Cites llevar ese impulso hacia adelante y apoyar la mayoría que pide la mayoría de países en donde se distribuye el elefante africano, y que están pidiendo el cierre de los mercados internos,” dijo. “El cierre de los mercados nacionales permitirá cerrar las oportunidades para el lavado de marfil ilegal”, insistió.

En 1989, la Convención Cites prohibido el comercio internacional de marfil colocando todas las poblaciones de elefantes africanos en su apéndice 1 (que indica la prohibición de su comercio internacional). En 1997 y 2000, sin embargo, las poblaciones de elefantes en Botswana, Namibia, Sudáfrica y Zimbabwe fueron rebajadas en el escalafón al estimarse que no corrían tanto peligro, lo cual dio pie a que se permitieran dos ventas excepcionales de las existencias de marfil a Japón y China en 1999 y 2008.
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