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sábado, 11 de febrero de 2017

España completa la declaración de reservas fluviales para su protección

El Gobierno ha declarado hoy 53 nuevas reservas fluviales, que suman casi 1.000 kilómetros de longitud, para preservar los tramos de ríos que tienen una escasa o nula intervención humana y que se encuentran en muy buen estado ecológico.

Las aprobadas se suman a las 82 ya declaradas en 2015, por lo que el número de Reservas Naturales Fluviales de España suman ya 135 y una longitud total de 2.684 kilómetros.

La decisión ha sido aprobada en la reunión del Consejo de Ministros y afecta a seis demarcaciones hidrográficas que competencia del Estado (las del Duero, Tajo, Ebro, Guadiana, Segura y Cantábrico Oriental).

135 reservas fluviales; 2.684 kilómetros
Los planes hidrológicos de cuenca, que ya están aprobados, incluyen los listados de los espacios que merecen ser declarados reserva natural fluvial, un total de 135, y tras el acuerdo del Consejo de Ministros de hoy están ya todos declarados.

El listado en los que se definen estos espacios ha sido sometido a amplios procesos de consulta pública, en los que las Comunidades Autónomas han tenido un papel esencial, y ha obtenido el informe favorable del Consejo Nacional del Agua, con 81 votos a favor y solo 1 voto en contra, según los datos facilitados hoy por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente.

Las reservas aprobadas hoy se localizan en el Cantábrico Oriental (una reserva con 3,98 kilómetros); el Duero (20 reservas que suman 441 kilómetros); el Ebro (12 reservas con 184 kilómetros); el Guadiana (3 reservas con 57 kilómetros), el Segura (1 reserva con 9 kilómetros); y el Tajo (16 reservas que suman 232 kilómetros).
Más información:

lunes, 30 de enero de 2017

Adiós a los grandes mamíferos del planeta

La pérdida de hábitats y el cambio climático desencadenan la sexta extinción que nos dejará sin tigres o jirafas.

Uno de los relatos más importantes de la ficción contemporánea se titula 'El gran silencio', está protagonizado (y contado) por un loro y apenas supera las cuatro páginas. Su autor es Ted Chiang, un informático estadounidense que, con un puñado de reveladoras narraciones, entre ellas la que inspiró el filme La llegada, ha sido capaz de tocar nuestras fibras más sensibles. El pájaro-narrador vive junto al telescopio de Arecibo, en la selva de Puerto Rico, dedicado a tratar de captar un sonido inteligente proveniente del espacio exterior, escrutando lo que se denomina "el silencio del universo". Sin embargo, el loro se pregunta por qué los humanos nunca han tratado de hablar con los seres de otras especies con los que comparten el planeta: "Hace cientos de años, mi especie era tan abundante que nuestras voces resonaban por todas partes. Hoy casi hemos desaparecido. Dentro de poco, la selva estará tan silenciosa como el resto del universo". La desaparición de la fauna ha sido una pesadilla recurrente de la ficción —el título del libro de Philip K. Dick en el que se basa Blade Runner es ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? porque describe un mundo de megaciudades en el que no existen los animales—, pero ahora mismo es un proceso que ya está en marcha. Es lo que se llama la sexta extinción.

"Es el acontecimiento más importante de nuestro tiempo. La situación es muy seria. De hecho, no podría ser más seria", explica Elizabeth Kolbert, una periodista estadounidense que ganó el Premio Pulitzer el año pasado por su libro titulado precisamente así, La sexta extinción (Crítica), que el presidente Barack Obama ha recomendado en numerosas ocasiones. "Es importante darnos cuenta de que algunos ecosistemas, como los arrecifes de coral, están entrando en colapso en estos mismos momentos", agrega esta periodista de la revista The New Yorker. Y National Geographic, en un reciente artículo, planteó el asunto de forma todavía más dramática: "¿Sobrevivirán los humanos a la sexta extinción?".

En los 4.000 millones de años que han pasado desde que estalló la vida en la tierra se han producido cinco episodios de extinción masiva de especies. El más famoso de todos ellos ocurrió hace 66 millones de años, en el Cretácico, cuando el impacto de un meteorito provocó la aniquilación de los dinosaurios y del 80% de las especies terrestres. Sin embargo, esta sexta extinción tiene una diferencia fundamental con las demás: nosotros somos los responsables. Desde el año 1500 se han extinguido 322 especies, pero en la actualidad el proceso está en plena aceleración. Anthony Barnosky, paleobiólogo de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) y experto en el funcionamiento de ecosistemas, resume así la situación: "Si no tomamos medidas ante la crisis actual, los nietos de nuestros hijos vivirán en un mundo en el que tres cuartas partes de las especies que existen en la actualidad habrán desaparecido para siempre". En los océanos, prosigue Barnosky, muchos de los animales de los que nos alimentamos, como el atún, se habrán ido también.

La causa no es solo el cambio climático, sino un conjunto de factores que tienen un punto en común: la acción de la humanidad

Un planeta en el que no existan en libertad los leones, los tigres, los rinocerontes, las jirafas o los elefantes, animales con los que la humanidad lleva soñando por lo menos desde que los pintó en las paredes de la cueva de Chauvet hace 33.000 años, es una posibilidad cada vez más real y cercana. Esa es también la conclusión de un equipo internacional de científicos, que publicó en octubre el informe 'Saving the World's Megafauna' (salvando a la megafauna del mundo) en la revista Bioscience de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

Este trabajo concluía: "La mayoría de la megafauna de mamíferos se enfrenta a dramáticas contracciones de su ámbito geográfico y declives poblacionales considerables. Efectivamente, el 59% de los carnívoros más grandes y el 60% de los herbívoros de mayor talla están amenazados de extinción. Esta situación es particu­larmente crítica en el África subsahariana y el sureste de Asia, lugares que albergan la mayor diversidad de megafauna existente. El grupo de especies en riesgo de extinción incluye algunos de los animales más emblemáticos del mundo, como los gorilas, rinocerontes y los grandes felinos. Irónicamente, dichas especies van desvaneciéndose justo cuando la pone en evidencia, cada vez más, el papel tan esencial que desempeñan en los ecosistemas".

Desde hace unos años se multiplican las investigaciones científicas de todo tipo de centros de estudios y universidades que trazan un panorama cada vez más inquietante. Por citar solo las más recientes, el pasado octubre el Foro Mundial para la Naturaleza (WWF, en sus siglas en inglés) publicó la última edición de su Living Planet Index, un informe bianual que mide 14.152 poblaciones de 3.706 especies, y concluía que entre 1970 y 2012 el mundo había experimentado un declive en un 58% de estos animales. Si la situación no mejoraba, WWF indicaba que en 2020 habrían desaparecido dos tercios de los animales salvajes con respecto a 1970 (un declive del 67%).

Sólo a principios de diciembre fueron publicados dos datos que muestran hasta qué punto la sexta extinción es un fenómeno global: la Lista Roja de especies amenazadas, que publica la Unión para la Conservación de la Naturaleza, el índice más utilizado y citado para medir los animales que se encuentran en peligro, indicó que más de la mitad de las rayas, tiburones y quimeriformes (un orden de peces cartilaginosos) del Mediterráneo —73 especies en total— se encuentran en riesgo de extinción.

La misma institución publicó el 8 de diciembre otro informe en el que señalaba que uno de los animales más icónicos y reconocibles, la jirafa, el mamífero más alto del mundo, está sufriendo "un devastador declive en sus poblaciones, debido a la pérdida de hábitats, las guerras civiles y la caza ilegal". Su población global ha descendido en un 40% en 30 años. En total, esta Lista Roja incluye 85.604 especies, de las que 24.307 están amenazadas de extinción.

Parafraseando al gran Ennio Flaiano, podríamos decir que en este caso la situación es grave y además muy seria. Los caminos que toma la naturaleza cuando desaparecen especies son impredecibles, porque estas dependen unas de las otras y, si una parte del sistema falla, es difícil saber cómo se reequilibrará.

La mayoría de los científicos que estudian la sexta extinción llegan a la misma conclusión: se trata de un proceso en marcha, pero puede ser reversible. "No es demasiado tarde", asegura Jonathan L. Payne, profesor asociado de la Universidad de Stanford (EE UU) y uno de los autores de otro informe, publicado en septiembre por la revista Science, que anunciaba una extinción "sin precedentes" de los grandes animales marinos. "El porcentaje de especies que ya se han extinguido es todavía muy inferior al porcentaje que desapareció en episodios anteriores".

El biólogo José Vicente López-Bao, investigador de la Universidad de Oviedo que participó en el informe Saving the World's Megafauna, señala por su parte: "Las sociedades modernas deben demandar un mayor compromiso político en materia de conservación, lo que incluye respetar las decisiones adoptadas en los tratados y convenciones internacionales, coordinar esfuerzos y un mayor apoyo financiero a la conservación de la biodiversidad. De lo contrario, muchas poblaciones y especies corren el riesgo de no llegar al próximo siglo".

Elizabeth Kolbert agrega: "Es obviamente demasiado tarde para muchas criaturas que ya se han extinguido o que se han visto reducidas a unos pocos individuos. Pero no lo es para millones de especies". Preguntada sobre la influencia en este proceso de las posibles políticas del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump —que ha nombrado como jefe de la Agencia de Medioambiente a un negacionista del cambio climático, Scott Pruitt—, esta periodista responde: "Me temo que puede empeorar las cosas".

TODAVÍA HAY TIEMPO
¿Qué es la sexta extinción?
A lo largo de la historia del planeta se han producido cinco extinciones masivas de los animales (la de los dinosaurios es la más conocida). Muchos científicos creen que ahora mismo estamos viviendo la sexta extinción. La causa es la acción humana sobre su entorno.

Grandes mamíferos
Animales como los tigres, los leones o los rinocerontes pueden ser los primeros en desaparecer en libertad. Seguirán existiendo en los zoos, pero las cifras indican que su extinción en la naturaleza es una posibilidad real.

La jirafa
El último animal en sumarsa a a la lista de especies en peligro es la jirafa, cuya población ha descendido un 40% en 30%.

Todavía hay tiempo
Los científicos coinciden en que no es demasiado tarde, el proceso en marcha es todavía reversible.

La sexta extinción no es sólo producto del cambio climático —salvo en el caso de animales como los osos polares, que, al disminuir la capa de hielo, pierden la capacidad de cazar—, sino de un conjunto de factores que tienen un punto en común: la humanidad. La deforestación, la pérdida de hábitats, el avance de las tierras dedicadas al cultivo y la ganadería, la caza furtiva, el comercio ilegal de especies (el tráfico de marfil puede borrar a los elefantes de la tierra, y una moda culinaria, acabar con el pangolín, un armadillo asiático) o la sobreexplotación (es el caso de numerosas especies marinas).

Jonathan L. Payne explica: "Los cambios actuales en el clima (un calentamiento global acelerado) y en los océanos (acidificación y declive del oxígeno) ocurrieron durante extinciones masivas anteriores. Sin embargo, nuestros análisis sugieren que los cambios biológicos que estamos experimentando, particularmente la extinción selectiva de especies de todo tipo, son diferentes de cualquier proceso anterior".

La humanidad lleva muchos siglos moldeando la tierra: basta con visitar las Médulas, en León, un paisaje que forjaron los romanos con sus explotaciones mineras, o imaginar la cantidad de desperdicios que producía Roma en su máximo esplendor, una ciudad en la que vivían un millón de habitantes en el siglo I, para darnos cuenta de nuestra capacidad para alterar el medio ambiente. Y los cambios empezaron seguramente mucho antes: un estudio publicado en noviembre por los profesores Jed Kaplan, de la Universidad de Lausana, y Jan Kolen, de la Universidad de Leiden, concluía que hace unos 20.000 años, en plena Edad de Hielo, los cazadores recolectores quemaron grandes extensiones de bosques y, por tanto, transformaron radicalmente su entorno. Sin embargo, nada es comparable al proceso en el que estamos sumergidos en la actualidad, pese a que algunos científicos mantengan que no es la primera extinción masiva causada por la humanidad.

El Homo sapiens apareció hace unos 200.000 años en África y su expansión coincide con diferentes extinciones, sobre todo de la llamada megafauna prehistórica, desde los tigres dientes de sable hasta los mamuts. Cada vez más científicos consideran que nuestros antepasados fueron los responsables directos de la desaparición de estas especies (y de los otros representantes del género homo, como los neardentales). El debate está abierto porque también se produjeron enormes cambios climáticos, pero muchas evidencias apuntan a la acción humana.

Jean-Jacques Hublin, investigador del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, argumentaba en una conferencia reciente que mientras en África estos animales se esfumaron muy pronto, en Europa este fenómeno no ocurrió hasta la expansión de los Homo sapiens. En otras palabras: primero los matamos en África y luego en Europa. La llegada de nuestra especie a Australia hace unos 50.000 años es un gran misterio porque tuvimos que viajar por mar durante un periodo en el que no sabíamos navegar (o por lo menos no hay restos arqueológicos que lo demuestren). Como explica Elizabeth Kolbert en su libro, 10.000 años después de este acontecimiento, la megafauna australiana se había esfumado. "La llegada del hombre parece la única explicación", escribe.

Es el hecho más importante de nuestro tiempo. La situación es muy seria”, explica Elizabeth Kolbert, autora de ‘La sexta extinción’

Sin embargo, aquella desaparición afectó sólo a un tipo de animales. Lo que está ocurriendo en la actualidad incluye a numerosas especies de todos los tamaños. Muchos científicos creen que hemos entrado en una nueva era geológica, el Antropoceno, que comenzó en torno a 1950 —fue una de las conclusiones de un reciente congreso celebrado en septiembre en Sudáfrica—. Su principal característica frente a la era anterior, el Holoceno, son los efectos de la humanidad sobre el medioambiente. "El Antropoceno es el momento en el que los humanos hemos cambiado el ciclo vital del planeta", señaló el científico español Alejandro Cearreta.

Para el profesor Mark Williams, experto en paleobiología de la Universidad de Leicester y uno de los principales estudiosos del Antropoceno, "el impacto de los seres humanos en la biosfera es dramático y no se trata solo de la sexta extinción". Williams mantiene que cuatro datos aportan las claves para entender la radicalidad de estos cambios: el descomunal consumo de plantas y animales por parte de los humanos (el 97% de los mamíferos terrestres son humanos y los animales que comen y sólo el 3% son criaturas salvajes); el movimiento de plantas y animales por todo el mundo, fuera de sus hábitats naturales; los cambios drásticos en nuestros paisajes (que afectan en torno al 75% de la superficie terrestre no cubierta por hielo), y la interacción entre la biosfera y la tecnología. La sexta extinción es uno de los muchos signos de esta profunda transformación que conduce al planeta, y a todos los que vivimos en él, hacia un destino incierto.

Las extinciones son un signo de movimientos mucho más profundos, indicios de grandes alteraciones. El primer animal que los humanos tuvieron conciencia de haber exterminado fue el dodo, un pájaro no volador de las islas Mauricio que fue cazado (por diversión sobre todo) hasta su aniquilación durante el siglo XVII. Por vez primera nos dimos cuenta de que, después de matar al último dodo, ya no había más. Pero este pájaro mítico —que Lewis Carroll representó en Alicia en el País de las Maravillas— no sólo simboliza las especies en vías de extinción, sino que fue uno de los primeros signos de lo que iba a ocurrir en el resto del planeta con la expansión colonial de los europeos. El final del dodo fue el principio de una transformación mucho más radical. Lo mismo, a una escala mucho más grande, puede decirse de la sexta extinción. De nosotros depende todavía que no sea el preámbulo del gran silencio que anticipa el loro del relato de Ted Chiang.

Un microbio de Huelva para convertir en energía residuos de maíz de Colorado

Una levadura capaz de transformar los residuos de cultivos como los tomates o el maíz en aceites permite convertir desechos en productos con valor económico.

La capacidad humana para transformar el mundo ha tenido resultados fascinantes, pero también se ha convertido en un problema con la generación de todo tipo de residuos. En los ecosistemas naturales, con seres menos ambiciosos y con menos inventiva que las personas, parece que todos los componentes encajan en un conjunto y entre todos aprovechan los ciclos de los materiales. Lo que para unos son residuos, para otros son valiosos recursos. Con esa referencia, los biotecnólogos trabajan para acercar a los humanos a ese ejemplo de economía circular.

Un ejemplo es el trabajo de la compañía Neol Bio, con sede en Granada (España). Conscientes de las grandes cantidades de residuos que produce la actividad agrícola, en forma de paja o de frutas y hortalizas no aptas para el mercado, se lanzaron a la búsqueda de microorganismos capaces de transformar esos desechos en algo con valor. José Luis Adrio, director científico de la empresa, cuenta que el microbio elegido fue una levadura que encontraron en Riotinto (Huelva). “Es un organismo que, igual que hacemos los humanos, cuando se alimenta, acumula el material de reserva en forma de grasas”, apunta. El 60% del peso de las células de esta levadura pueden ser aceites, algo muy interesante desde el punto de vista de la industria que los puede convertir en todo tipo de productos, desde lubricantes hasta cosméticos.

El motivo para buscar el organismo en Riotinto se debe a que hay un precursor común para la síntesis de aceites y carotenos, unos antioxidantes naturales. ”Pensamos que si íbamos a un sitio con condiciones de oxidación altas como Riotinto, era probable que pudiésemos aislar organismos que produjesen carotenos y que también fuesen capaces de acumular lípidos”, explica Adrio.

Solo en Almería la agricultura produce dos millones de toneladas de residuos vegetales que se pueden reutilizar con métodos biotecnológicos


La levadura es capaz de aprovechar los azúcares que se encuentran en la paja del trigo o el centeno o en hortalizas como los pepinos o los tomates que tienen algún defecto y no se pueden vender. Según estimaciones que ofrece la propia compañía, el valor de los componentes básicos de los residuos de invernadero de Almería está en torno a los 30 millones de euros anuales. Es lo que se podría obtener de aprovechar los dos millones de toneladas de residuos vegetales que genera la agricultura en esa provincia.

Una vez seleccionado el microbio adecuado para este sistema de reciclaje, los científicos de Neol lo modificaron mediante la clonación de un gen para hacer que pudiese producir alcoholes grasos por fermentación. Estos compuestos químicos son más interesantes desde el punto de vista industrial. Una muestra de las posibilidades de esa levadura es la utilización de los alcohóles grasos que genera como aditivos para plásticos con los que obtener biopoliésteres. Con ellos, se elaborarían mallas para envasar los productos hortofrutícolas, un ejemplo de economía circular.

Tras la publicación del estudio en el que explicaban las posibilidades de su levadura, en Neol recibieron la llamada del Laboratorio Nacional de Energías Renovables (NREL) del Departamento de Energía de los Estados Unidos (DOE) en Golden, Colorado. Su interés se debía a la gran cantidad de hojas y tallos de la planta de maíz que quedan como restos inutilizables de este tipo de cultivos.

Hay otras empresas que trabajan en este ámbito, así que Neol están centrando en optimizar el rendimiento y la productividad de la levadura, mejorando las cepas y las condiciones de cultivo. Dadas las grandes cantidades y el bajo precio que se necesitaría para utilizarlo como combustible, la posibilidad de utilizar este proceso para producir combustibles parece lejana. De momento, el escalado industrial podría llegar para productos que se pueden vender más caros y no requieren cantidades tan importantes como biolubricantes o incluso algunos productos con aplicación farmacéutica.

sábado, 17 de diciembre de 2016

La jirafa entra en la lista de especies amenazadas

La población mundial de jirafas cayó alrededor de un 40 % en los últimos 30 años, según alerta la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

La población mundial de jirafas cayó alrededor de un 40 % en los últimos 30 años y ha sido catalogada como especie "vulnerable" en la última Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, en inglés), divulgada ayer en el balneario mexicano de Cancún. "La población mundial de jirafas se ha desplomado hasta un 40 % en los últimos 30 años, y la especie ha sido catalogada como 'vulnerable' en la Lista Roja de la IUCN", según el informe presentado en el marco de la Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidad Biológica (COP13).

La jirafa ha vivido una "disminución dramática" del número de ejemplares, al pasar de unos 151.702-163.452 individuos en 1985 a 97.562 en 2015, advierte la organización en este estudio, la tercera versión en lo que va de año. El animal vive en el África meridional y oriental, con subpoblaciones aisladas más pequeñas en África occidental y central. Entre las causas de esta reducción en los ejemplares, la IUCN identifica el aumento de la población humana en sus hábitats, la caza ilegal, la expansión de la agricultura y la minería y el aumento del conflicto humano-vida silvestre.

"Las jirafas se ven comúnmente en safaris, en los medios y en zoológicos. Por ello, la gente no es consciente de que estos animales majestuosos están experimentando una extinción silenciosa"

"De las nueve subespecies de jirafa, tres tienen poblaciones en aumento, mientras que cinco tienen poblaciones decrecientes y una es estable", agregó el escrito. Julian Fennessy, copresidente de la Comisión Especial para la Supervivencia (SSC, por su sigla en inglés) de las jirafas del IUCN, recordó que muchos de estos animales se ven "comúnmente en safaris, en los medios y en zoológicos". Por ello, la gente, "incluyendo conservacionistas, no es consciente de que estos animales majestuosos están experimentando una extinción silenciosa".

La nueva Lista Roja, creada en 1948 y que cuenta con 1.300 organizaciones y alrededor de 16.000 expertos, incluye 85.604 especies evaluadas, de las cuales 24.307 especies están amenazadas, lo que representaría cerca del 28 %. Un total de 860 especies están ya extintas, 5.210 están en peligro crítico, 7.781 en peligro, 11.316 en situación vulnerable y 5.498 al borde de la amenaza, detalló.

El informe también destaca los peligros que afrontan las aves en el mundo. "Se han evaluado más de 700 especies de aves recién reconocidas en la última actualización de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la IUCN, y el 11 % de ellas están amenazadas de extinción", advierte el escrito. Trece de las especies de aves recién reconocidas entran en la Lista Roja de la IUCN como extintas. "La agricultura no sostenible, la tala de árboles, las especies invasoras y otras amenazas, como el comercio ilegal, todavía están llevando a muchas especies a la extinción", señala el informe.

Algunas de las aves más populares del mundo pueden desaparecer pronto en la naturaleza si no se toman las medidas apropiadas. Son especies icónicas, como el loro gris africano (Psittacus erithacus), una mascota preciada por la capacidad de imitar el habla humana y que en algunas zonas del continente africano ha perdido el 99 % de sus individuos.

El 11% de las 700 especies de aves están en peligro de extinción

Positivamente, algunas aves "raras y vulnerables", especialmente las que viven en islas aisladas, han aumentado en número gracias a la conservación. Es el caso del bullfinch de las Azores (Pyrrhula murina) o la chorlita de Santa Helena (Charadrius sanctaehelenae).

El informe añadió 233 parientes silvestres de plantas cultivadas como la cebada, la avena y el girasol, que han perdido hábitat por la expansión agrícola. Estas son una fuente de material genético para las "nuevas especies de cultivos", lo que permite aumentar la resistencia a las enfermedades y la sequía, la fertilidad, el valor nutricional y otros rasgos deseables, señala. En esta línea, cuatro especies de mango han sido catalogadas como en peligro de extinción.

domingo, 11 de diciembre de 2016

11 de diciembre: Día Internacional de las Montañas

La ONU centra la celebración de este año en dar a conocer y resaltar la importancia de las culturas y las tradiciones que albergan las montañas.

Cada 11 de diciembre, desde el año 2003, se celebra el Día Internacional de las Montañas, una efemeride con la cual la Organización de Naciones Unidas (ONU) busca “crear conciencia de la importancia que tienen las montañas para la vida, señalar las oportunidades y las limitaciones que afronta el desarrollo de las zonas montañosas, y de crear alianzas que produzcan un cambio positivo en las montañas y las tierras altas del mundo".

Este año la ONU centra la celebración en dar a conocer y resaltar la importancia de las culturas y las tradiciones que albergan las montañas.

En su página web destaca que las montañas "son lugares de culto religioso, peregrinaciones y rituales. Los conceptos de tradición, cultura y espiritualidad están intrínsecamente vinculados con los medios de vida de las gentes de las montañas. Sus estilos de vida tradicionales determinan sus formas de subsistencia".

EL DATO: Las montañas cubren entorno a un 22 por ciento de la superficie terrestre y desempeñan un papel fundamental en impulsar el crecimiento económico sostenible del planeta.

El organismo también resalta que estos monumentos naturales no solo proporcionan sustento y bienestar a los 915 millones de personas que habitan las regiones montañosas (aproximadamente el 13 por ciento de la población mundial), sino que también benefician a los miles de millones que viven en las llanuras.

"En las montañas también nacen fuentes de agua y ríos, y han sido veneradas desde siempre por las deidades que residen en sus alturas. En los tiempos de sequía, el pueblo Kikuyu dirigía su mirada al Monte Kenya y pedía lluvias al dios Ngai. En los Andes, los incas construyeron sus templos en las cumbres más altas, a más de 6000 metros sobre el nivel del mar", indica la ONU.

martes, 29 de noviembre de 2016

El Mar Menor es un “desierto de fango”

Un estudio concluye que se ha perdido el 85% de las praderas marinas en dos años.

El 85% de las praderas marinas que había en 2014 en el Mar Menor ya no existen. En su lugar, no hay nada. “Ahora es un desierto de fango”, cuenta Juan Manuel Ruiz, investigador principal de un equipo del Instituto Español de Oceanografía (IEO), que junto con la ONG ANSE lleva estudiando la vegetación marina de la laguna desde 2013. Un año después, en 2014, el equipo realizó un mapa detallado de las praderas y mediante una serie de inmersiones y mediciones, los investigadores encontraron 13.780 hectáreas de vegetación. Aquello significaba que las praderas estaban resistiendo el impacto de las actividades humanas. Sin embargo, ante el cambio que se produjo en las aguas del Mar Menor en 2015, el equipo ha vuelto a sumergirse para comprobar cómo la mayor parte de la vegetación marina ha desaparecido.

El equipo de Ruiz se dedica a estudiar la ecología de las praderas vegetales marinas en general y en 2013, debido a la falta de información fiable y el valor ecológico de la vegetación del Mar Menor, los investigadores se plantearon estudiar de forma científica y detallada estas praderas para estudiarlas de forma científica. Para ello, el IEO presentó un plan conjunto con ANSE ante la Fundación Biodiversidad, dependiente del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Y así los investigadores demostraron la existencia de grandes extensiones de praderas marinas con una amplia gama de especies vegetales entre las que destacaba una en particular, la Cymodea Nodosa. Alrededor del 60% de la vegetación pertenecía a esta especie de planta marina. Estos resultados contradecían algunos estudios previos que decían que esa especie estaba desapareciendo del Mar Menor.

En 2015, sin embargo, las aguas del Mar Menor se empezaron a transformar y se pusieron verdes. Ruiz explica que eso se debe a lo que los científicos llaman el proceso de eutrofización. “Ocurre cuando hay una excesiva carga de nutrientes, como nitratos o sulfatos, y los organismos no los pueden procesar. Entonces aparecen algas y fitoplancton que son las responsables de que se enturbie el agua”, explica el experto. La turbidez del agua impide que la luz del sol llegue a las praderas y que la vegetación no pueda realizar la fotosíntesis.

Con la nueva situación el equipo se planteó comprobar si la calidad del agua estaba afectando a las praderas marinas. “Era necesario hacerlo antes de acometer la segunda parte de nuestro proyecto que consistía en cruzar y analizar los datos recogidos en 2014”, explica Ruiz. Entre septiembre y octubre de este año, los investigadores han realizado nuevas inmersiones y mediciones y ha sido entonces cuando se han encontrado el desastre.

El hecho de haber perdido el 85% de la vegetación marina puede tener múltiples consecuencias. “Lo primero es que la propia vegetación actuaba como un filtro de la materia orgánica, que es precisamente la que ha causado esta situación”, explica Ruiz. Ahora, al no haber vegetación, se mantendrá la turbidez porque no hay organismos que la procesen, según señala Ruiz. “Y ahí tenemos un problema. Porque hasta que no se consuma toda la carga orgánica que hay en los sedimentos, no podremos recuperar la calidad de las aguas y revertir la calidad del agua es ahora lo más urgente”, cuenta Ruiz, que incide en que hasta que no se recuperen los niveles de calidad del agua, no se podrá hacer nada más. “No se puede replantar porque no hay luz. Y cualquier cosa que se plante, volverá a morir”, explica el experto. Y luego están las consecuencias que tiene la propia pérdida de un hábitat en el Mar Menor para la cadena trófica. “Pero eso lo desconocemos”, admite Ruiz.

El proceso de eutrofización ocurre cuando hay una excesiva carga de nutrientes, como nitratos o sulfatos, y los organismos no los pueden procesar

El investigador reconoce que desde que comenzó el problema del agua en el Mar Menor, los expertos han estado trabajando para identificar las causas que han llevado a esta situación. “Se han puesto algunas medidas en marcha, pero hay que ir más allá y actuar en todos los niveles”, señala Ruiz. Otro problema al que se enfrentan es que se trata de una situación nueva y desconocida. “No tenemos información sobre qué podemos hacer y tenemos que ir a buscarla fuera, a otras partes del mundo que han pasado por situaciones similares”, explica. En algunos de esos lugares, la situación se ha revertido en unos meses. “Pero aquí ya llevamos un año”, lamenta.

Según Ruiz, no se puede saber el tiempo que se tardará en recuperar los niveles del escenario inicial. “Lo único que podemos hacer es trabajar, pero sí tenemos claro que el cambio no será inmediato”, concluye Ruiz, que a pesar de todo, asegura confiar en que la situación se pueda revertir.
Fuente y más información:
http://www.asociacionanse.org
Mapa del antes y el después de la distribución de las praderas marinas del Mar Menor.IEO / ANSE

Seminario: Operaciones y Seguridad en Incendios de Interfaz Urbano-Forestal

4º Workshop WUIWATCH sobre Operaciones y Seguridad en Incendios de Interfaz Urbano-Forestal.
IVASPE-Cheste (Valencia), 12 y 13 de diciembre 2016.

Durante la 3º semana de Diciembre tendrá lugar este seminario con el fin de crear un punto de encuentro para la discusión sobre lecciones aprendidas, problemas, retos y soluciones en la defensa de zonas de IUF amenazados por incendios. Tendremos la ocasión de aprender y compartir experiencias en los incendios más significativos ocurridos este mismo 2016.

La entrada libre hasta completar aforo (plazas limitadas a 140 personas, siendo necesario registrarse.

El día 12 tendrán lugar sesiones técnicas y una mesa redonda concluirá la jornada. Para el día 13 haremos una excursión a los incendios más relevantes de 2016 en Valencia y Alicante.
Os dejo el link con más información sobre las jornadas.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Holanda apuesta por el plástico reciclado para construir carreteras sostenibles

Holanda prevé empezar a construir en 2017 carreteras con plástico reciclado. Una alternativa ecológica y sostenible que reduciría hast el 85% de emisiones en su construcción.

Como alternativa a los sistemas de carreteras tradicionales, un acuerdo entre dos empresas holandesas permitirá construir carreteras de plástico reciclado. Este tipo de infraestructuras fue presentado en 2015 y ofrecería varias ventajas frente a los modelos convencionales

Su construcción es más rápida y sencilla que la de las carreteras actuales. En su construcción se evitaría hasta un 85% de emisiones de Co2. Además serán más duraderas y sostenibles y el material, hueco, facilitará la instalación de sistemas de drenaje

Rotterdam podría ser una de las primeras ciudades en el mundo en instalar este tipo de infraestructuras, cuya primera aplicación práctica será un carril bici de unos cien metros de largo. Este material podría utilizarse también para los suelos de las casas o para festivales, aseguran las empresas promotoras.

Una novedosa propuesta de carreteras sostenibles que, si se comprueba que cumple con todos los requisitos del asfalto tradicional, podría ayudar a resolver muchos problemas de contaminación y a desarrollar ciudades más responsables con el medio ambiente.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Los datos que indican que el cambio climático ya está alterando la vida del planeta

Una revisión de estudios demuestra que animales y plantas desarrollan mutaciones genéticas, cambios en la forma o patrones de conducta.

La pulga de agua depende de la temperatura como pocos animales. Este pequeño crustáceo no se reproduce mediante la unión del óvulo y el gameto masculino. Las células sexuales femeninas se desarrollan sin ser fecundadas. Este mecanismo de reproducción asexual llamado partenogénesis se inicia por una señal ambiental o química. En el caso de las pulgas de agua es el calor ambiental. Durante los meses cálidos, se reproduce más y las crías son hembras. En invierno, nacen menos y son machos. Por eso los científicos que estudian el cambio climático la están usando como los mineros usaban a los canarios en las minas.

"Combinando numerosas técnicas de investigación, tanto de campo como en el laboratorio, ya tenemos una visión completa de la amplitud de impactos que está teniendo el cambio climático sobre estos animales", dice en un correo el biólogo de la Universidad de Florida, Brett Scheffers. "Ahora sabemos que el cambio climático está afectando su genética, su fisiología, su distribución y las comunidades de las que forma parte. Este ejemplo ofrece la prueba más completa de cómo el cambio climático puede alterar todos los procesos que rigen la vida del planeta", añade.

El 80% de los procesos ecológicos ya se han visto afectados por el calentamiento global

Junto a una veintena de científicos de otras tantas universidades, Scheffers ha revisado toda la literatura científica sobre el impacto del cambio climático en animales y plantas publicada en los últimos años. Buscaron estudios en todos los niveles, desde mutaciones en los genes de una especie, hasta el estrés en todo un ecosistema, pasando por cambios en el tamaño y la forma o la distribución geográfica de las especies. Identificaron así casi un centenar de procesos ecológicos. Según publican en Science, desde lo micro a lo macro, el 80% de esos procesos ya se están viendo alterados por el calentamiento global.

"Los genes están cambiando, la tolerancia a las altas temperaturas está cambiando y rasgos físicos como el tamaño corporal o el color están cambiando", comenta Scheffers. En el caso de la pulga de agua, las de latitudes más frías han desarrollado una mayor tolerancia térmica en apenas unas decenas de años. A mayor escala, "las especies están cambiando su rango geográfico y estamos viendo claros signos de que ecosistemas enteros están sufriendo estrés", añade este biólogo especializado en cambio climático.

Entre los cambios más evidentes están los cambios en los procesos ecológicos relacionados con la estacionalidad. Así, que la primavera se esté adelantando puede provocar un desajuste en las relaciones entre especies, polinización, por ejemplo. Las temperaturas más cálidas están alterando la conducta y distribución de muchas aves. En altas latitudes, mientras los bosques boreales de Canadá cada vez avanzan más al norte, en el Ártico, una de las zonas más vulnerables al calentamiento, casi todas las especies están perdiendo efectivos.

Los investigadores no entran a valorar la bondad o maldad de los cambios. Para algunas especies, como los corales, el cambio climático está siendo letal. Para otras, como el pingüino adelaida, la retirada de los glaciares antárticos está haciendo que sus poblaciones aumenten. En términos globales, la cubierta vegetal del planeta parece haber aumentado, aunque algunos de los árboles más grandes estén desapareciendo. En el mar, el resultado neto puede parecer neutro: mientras el 52% de las especies adaptadas a aguas cálidas han prosperado, el mismo porcentaje de especies de aguas frías han menguado. En tierra, la mitad de las poblaciones de vertebrados han desaparecido en 40 años.

"Algunos no esperaban este grado de cambios hasta dentro de unas décadas", dice el profesor de la Universidad de Queensland y coautor del estudio, James Watson. Y añade: "Los efectos del cambio climático se están sintiendo en todas partes, sin que se libre ningún ecosistema de la Tierra. No es sensato pensar que el cambio climático solo es un problema de cara al futuro".
Más información:
La pulga de agua ha evolucionado para tolerar aguas cada vez más cálidas

sábado, 12 de noviembre de 2016

Los pulmones de la Tierra

Entre 1990 y 2015, el mundo perdió 129 millones de hectáreas de bosque destruidas por la furia de las motosierras, el fuego y el cemento. Aunque la deforestación ha avanzado a un ritmo asombroso: (alrededor de 10 hectáreas de bosque –el equivalente a 14 campos de fútbol– desaparecen cada minuto, a lo largo del último cuarto de siglo ha disminuido su velocidad. Entre 2010 y 2015 el mundo registró una pérdida neta de 3,3 millones de hectáreas al año, una merma debida principalmente a actividades humanas como la agricultura, la extracción de materias primas y la urbanización.
Fuente: Global Forest Resources Assessment (Fao, 2015)

En determinadas regiones, como China o Europa, los bosques están en expansión, sobre todo gracias a los programas de reforestación y a un incremento de los cultivos arbóreos. En otras zonas del mundo, especialmente en los trópicos, las selvas se encuentran constantemente amenazadas por el ser humano. Las principales cuencas de pluvisilva de la Amazonia, Congo y el sudeste de Asia pierden millones de hectáreas cada año. En Indonesia, por ejemplo, han desaparecido unos 2,6 millones de hectáreas de bosque tropical solo en 2015 a causa de uno de los incendios más trágicos de los últimos tiempos.

Los bosques, junto con los océanos, absorben enormes cantidades del dióxido de carbono que circula en la atmósfera. Proteger los pulmones de la Tierra es fundamental para preservar la biodiversidad del planeta y combatir el calentamiento global.


Sé que el fuego volverá el año que viene. Sé que no tenemos el equipo que necesitamos y que tendremos que luchar contra él solo con nuestras manos. Pero no importa, lucharemos. Nuestro espíritu es el espíritu de la selva”. Cuando habla de los bosques en los que nació y creció, los ojos de Basuki Budi Santoso se llenan de lágrimas.

Sirviéndose de los escasos medios a su disposición, Basuki y su pequeño equipo de la fundación Amigos del Parque Nacional trabajan para defender la reserva de Tanjung Puting de las llamas que la afectan periódicamente. El parque, situado en Kalimantán Central, en la parte meridional de la isla de Borneo, ha estado en el epicentro de los grandes incendios que han golpeado Indonesia a lo largo de 2015. El fuego, que ardió sin interrupción durante semanas, redujo a cenizas unos dos millones de hectáreas de bosque.

Se puede llegar al campamento base de Basuki navegando por el río Kumai. Un pequeño muelle conduce a un sendero que atraviesa la selva, donde los rayos de sol que penetran a través de la humedad y el agua de los arroyos adquieren el color del té. Después de unas cuantas horas caminando se llega al área de reforestación de Beguruh. Aquí es donde Basuki y sus hombres trabajan para contribuir a que la selva vuelva a la vida.

Los hombres de Basuki se están tomando un breve descanso a la sombra de un cobertizo de madera. Hay varias hamacas, un hornillo de gas para hacer café y una ducha al aire libre. Unos metros más allá, protegidos del sol, se alinean los botes que contienen las plántulas de los árboles. “Este es nuestro invernadero. Aquí es donde cuidamos los árboles que repoblarán la selva que se ha quemado”, explica Basuki.

Los incendios vuelven cada año, sobre todo a partir de septiembre, en la estación seca. Y el fuego sigue ardiendo incluso cuando parece que se ha apagado, porque arde bajo la superficie, en la turba”, continúa. “Cuando vuelven los incendios, trabajamos sin descanso para apagarlos. Por la noche hacemos turnos durmiendo a pocos metros de las llamas; a veces alguien llega a perder la vida sofocado por el humo. En cambio, en las épocas en que tenemos un respiro, volvemos a plantar los árboles en las zonas quemadas y nos preparamos para la próxima batalla”.

Basuki pasa la mayor parte del año en la selva de Kalimantán Central, coordinando las intervenciones contra los incendios y los diversos proyectos de reforestación. Su sueldo le permite volar dos veces al año a ver a su mujer y a sus dos hijos, que viven en Yakarta.

Indonesia en llamas

Fuente: Global Fire Data

Entre septiembre y octubre de 2015, Indonesia fue escenario de uno de los incendios más catastróficos de los últimos años. Las llamas, que ardieron sin interrupción durante semanas, afectaron a más de 2,6 millones de hectáreas de selva, principalmente en las islas de Sumatra y Borneo. Las enormes nubes de humo alcanzaron las zonas limítrofes y penetraron en Malasia, Singapur y Tailandia. Al menos 43 millones de personas inhalaron los gases tóxicos. La Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica indonesia calificó el incendio de “crimen contra la humanidad de extraordinarias proporciones”.

Las teorías más acreditadas culpan de los incendios a sujetos interesados en la adquisición de nuevas tierras –como determinadas empresas que producen aceite de palma– y a los agricultores que utilizan el fuego para preparar las tierras para el cultivo. La estación seca y la combustión prolongada en el interior de la extensa capa de turba complica aún más las labores de extinción.

Casi todos los incendios detectados en Indonesia son provocados por el ser humano para preparar las tierras para el cultivo.

Casi todos los incendios detectados en Indonesia han sido provocados por el hombre por causas relacionadas con la agricultura. El fuego es el medio más sencillo para despejar el suelo para el cultivo. Los incendios los pueden desencadenar personas que controlan grandes plantaciones o pequeños agricultores que trabajan sus propias parcelas de tierra con métodos tradicionales”, explica Peter Holmgren, director del Centro de Investigación Forestal Internacional (CIFOR, por sus siglas en inglés), un instituto dedicado al estudio de los bosques tropicales con sede en Bogor, cerca de Yakarta.

Según cálculos de la Base de Datos sobre Emisiones Mundiales por Incendios, solo en 2015 se detectaron más de 130.000 incendios que generaron casi 2.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, más de lo que Alemania o Japón producen en un año.

Los incendios forestales son un problema mundial. “Según la NASA y la Base de Datos sobre Emisiones Mundiales por Incendios, cada año arden una media de 4,5 millones de hectáreas de selva”, informa Guido van der Werf, investigador especialista en ciencias de la tierra y de la vida de la Universidad Libre de Ámsterdam. “Casi todos los incendios en las regiones tropicales se deben a causas antrópicas. En las regiones templadas se detectan incendios naturales e incendios provocados por el ser humano, mientras que en el cinturón boreal la causa principal son los rayos”.

Drones que protegen la selva
El equipo del dron se puede adquirir por unos 2.000 dólares, mientras que el programa para hacerlo volar es gratis y de libre acceso”, señala Keeyen Pang, director de operaciones en Asia de Conservation Drones, mientras su hijo monta un pequeño dispositivo y le inserta su misión de vuelo. “No hay más que instalar una microcámara en la aeronave para obtener una cartografía de la selva en alta definición”

Nuestros drones son un instrumento barato y eficaz contra la deforestación y contribuyen a la conservación de la naturaleza”, afirma Lian Pin Koh, catedrático de Ecología Aplicada de la Universidad de Adelaida. Es el fundador, junto con el biólogo suizo Serge Wich, de Conservation drones, una organización sin ánimo de lucro formada por un grupo internacional de especialistas en ecología y entusiastas de las aeronaves teledirigidas.

Una zona del Parque Nacional Gunung Leuser, en Indonesia, ha sido arrasada de forma ilegal según detectó el equipo de Conservation Drones. Las cortezas de árboles y plantas han sido tiradas al río en un intento de esconder la zona deforestada.

Fuente: Conservation Drones

Desde 2012 ayudamos a que los drones de la organización de vuelen para defender el medio ambiente. Es importante proporcionar tecnología a bajo coste, sobre todo a los países en desarrollo, para volar sobre zonas de difícil acceso y controlar su estado de conservación”, nos explican los co-fundadores de la iniciativa.

Conservation Drones suele recibir propuestas de colaboración de organizaciones de todo el mundo. Con el tiempo, nuestra red de expertos en drones para la conservación se ha expandido”, cuenta Keeyen Pang mientras comprueba las configuraciones finales y se prepara para la prueba de lanzamiento.

En el sudeste de Asia, los drones permiten cartografiar las plantaciones de palma de aceite, una de causas más importantes de la deforestación de la zona.

Los drones de Lian Pin Koh y Serge Wich vuelan sobre Tanzania, donde se emplean para controlar la conservación de los chimpancés. También vuelan en Surinam, que está llevando a cabo un proyecto de seguimiento de la selva virgen. Y en Indonesia, donde se emplean para observar la población de orangutanes en peligro de extinción. También en el resto del sudeste de Asia. Allí los drones son útiles para cartografiar las plantaciones de palma aceitera, uno de causas principales de la deforestación de la zona.

Las misiones de vuelo de Conservation Drones ya están dando resultados tangibles. “En 2014, por ejemplo, las imágenes tomadas desde nuestras aeronaves permitieron detectar una zona deforestada ilegalmente en una reserva natural de Sumatra”, declara un orgulloso Lian Pin Koh. “Las autoridades indonesias han utilizado nuestras imágenes como prueba, y quienes cometieron el delito han sido llevados a juicio”.

Los osos olvidados
En un rincón remoto de la selva de Sabah, en el extremo noreste de la isla de Borneo, un pequeño equipo de zoólogos trabaja para conservar una especie poco conocida: el oso malayo. El Centro de Borneo para la Conservación del Oso Malayo, fundado en 2008 por el zoólogo malayo Wong Siew Te, es la única reserva del mundo dedicada a proteger activamente a esta especie en peligro de extinción.

Poca gente se imagina que también hay osos que viven en la selva tropical, hasta el punto de que los hemos apodado los osos olvidados”, explica Tee Thye Lim, que tiene a su cargo a del centro a los que se ha liberado de su cautiverio. “Por desgracia, aunque no son conocidos en el mundo, o quizá por eso, están en peligro de extinción. En los últimos 30 años hemos perdido más o menos un 30% de ejemplares”.

En algunas regiones del sudeste de Asia se captura a los cachorros de los osos malayos para tenerlos como mascotas y acabar abandonándolos cuando crecen. Los osos también son víctimas del comercio ilegal, ya que, según la medicina china, su vesícula biliar y sus garras tienen propiedades curativas. A esto hay que añadir la deforestación, causada principalmente por el cultivo de palma aceitera, que ha mermado considerablemente su hábitat natural.

Los expertos del centro explican que la extinción de los osos malayos provocaría una reacción en cadena en el ecosistema del bosque. “Las plantas y los animales viven en armonía, y la desaparición de una sola especie puede alterar el equilibro de la selva. Los osos malayos, por ejemplo, son auténticos ingenieros forestales”, prosigue Tee Thye Lim. “Cuando buscan la miel de la que se alimentan, abren cavidades en los árboles en las que encontrarán cobijo otros animales, como el cálao bicorne”.
Fuente: The IUCN Red List of threatened species (2016)

El oso malayo es uno más de los numerosos animales y plantas actualmente en peligro de extinción. Según la lista roja elaborada por la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), en estos momentos al menos 20.000 especies vegetales y animales corren el riesgo de desaparecer en todo el mundo.

La destrucción de los hábitats naturales, la explotación comercial de la tierra, la contaminación y el cambio climático son algunas de las causas principales de la pérdida de biodiversidad a escala mundial.


La destrucción de los hábitats naturales, la explotación comercial de la tierra, la contaminación y el cambio climático son algunas de las causas principales de la pérdida de diversidad a escala mundial. “Estamos en plena crisis de la biodiversidad. Perdemos alrededor de 1.000 especies de plantas y animales al año”, afirma el catedrático Henrique Pereira, jefe de investigación del Centro Alemán para la Investigación Integradora de la Biodiversidad de la Universidad de Leipzig. “La biodiversidad es fundamental para el equilibrio del planeta, pero también para la salud de la humanidad. Muchas medicinas proceden de compuestos extraídos de animales o de plantas. Cada vez que se extingue uno de ellos, perdemos la oportunidad de descubrir compuestos que se puedan utilizar para crear un nuevo medicamento”.

Los guardianes de la selva
Un teléfono inteligente sujeto al tronco de un árbol en la selva, alimentado por paneles solares y con un micrófono activo conectado constantemente a Internet: esta es la idea que hay detrás de Rainforest Connection, el dispositivo creado por Topher White, un joven físico e ingeniero de San Francisco consagrado a proteger los bosques del planeta.

El aparato creado por Topher permite escuchar a distancia los sonidos de la selva utilizando un simple teléfono inteligente”, resume James Reed mientras, pertrechado con su equipo, manipula una curiosa caja de plástico con una antena. “Estoy aquí, en los bosques de Borneo, para ayudar a Topher a montar los aparatos. Y, mientras tanto, enseño a las comunidades locales a trepar sin peligro, de manera que en el futuro puedan instalar y ocuparse de los dispositivos ellas mismas”.

Los aparatos de Rainforest Connection transmiten la señal sonora entrante a la nube, desde la cual un programa informático puede examinar los sonidos registrados. Cuando el programa detecta un sonido inusual, como el rugido de una motosierra o el disparo de un rifle, manda un mensaje de alarma a las autoridades locales o a las asociaciones que tienen la capacidad de actuar para detener las actividades de deforestación ilegal o la caza furtiva.
Cómo funciona Rainforest Connection
Fuente: Rainforest Connection

Estamos probando Rainforest Connection en todos los bosques tropicales del mundo. Nuestro objetivo es conseguir proteger entre 20 y 30 hectáreas en los próximos dos años utilizando esta tecnología”, cuenta Topher, que pasa la mitad de su tiempo en su laboratorio de San Francisco y la otra mitad en selvas de todo el mundo.

Pensamos que es básico establecer relaciones de colaboración con las comunidades locales y las organizaciones que trabajan para defender los bosques”, explica White. “Iniciativas como Tree Monkey , de James Reed, son fundamentales para nosotros. James y su equipo nos ayudan a instalar físicamente los aparatos y organizan sesiones de entrenamiento para escalar con el fin de enseñar a las comunidades de la zona a trepar sin peligro a los árboles más altos de la selva”.

Según los cálculos de Topher, un solo aparato puede detectar el sonido de una motosierra en un área de unos tres kilómetros cuadrados. Esto significa que, utilizando unos pocos dispositivos situados en lugares estratégicos (por ejemplo, los puntos de acceso al bosque), se pueden proteger superficies forestales muy extensas”.

Un simple teléfono móvil conectado a Internet puede convertirse en guardián de la selva.

A Topher White se le ocurrió la idea de su aparato en una selva. “En 2011 estaba en Kalimantán, en Indonesia. Iba andando por la selva con mi guía local cuando nos topamos con una zona talada ilegalmente. El guía montó en cólera y me contó lo difícil que era acabar con esas actividades a pesar de la presencia de los guardas forestales. Me di cuenta de que un simple teléfono conectado a Internet se podría convertir en un guardián, y en los últimos años me he dedicado a desarrollar la tecnología del aparato”.

Los dispositivos de Rainforest Connection se podrían aplicar también a otros fines. Los investigadores pueden utilizar el sonido transmitido por la nube para estudiar los bosques; por ejemplo, para analizar las migraciones animales o hacer un seguimiento de los ritmos de los ecosistemas. O algo más sencillo: se podría transformar en una radio para escuchar la orquesta forestal desde el sillón de casa. “Hace poco hemos puesto en marcha una radio digital que permite que cualquiera, en cualquier lugar del mundo, escuche en directo los sonidos de la selva. Por ahora solo tienen acceso a ella las personas que deciden hacer un donativo a nuestro proyecto y ayudarnos a convertir aún más teléfonos inteligentes en guardianes de la jungla”.

La evolución de los bosques desde 1990 hasta 2015
Fuente: Global Forest Resources Assessment (Fao, 2015)


Los bosques están desapareciendo en el mundo a un ritmo objeto de debate científico. Los datos proporcionados por Naciones Unidas revelan que la deforestación se ha reducido en las últimas décadas”, informa Peter Holmgren, director del Centro de Investigación Forestal Internacional. “Es una buena noticia, pero en determinadas zonas del mundo, como Indonesia, Brasil y África central, seguimos perdiéndolos a un ritmo preocupante”.