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domingo, 23 de abril de 2017

Huelva acogerá el Congreso Internacional de Cambio Climático

La cita tendrá lugar del 10 al 12 de Mayo del 2017.

El cambio climático centrará un Congreso Internacional que se acogerá en Huelva del 10 al 12 de mayo. Alrededor de 60 ponentes nacionales e internacionales intervendrán en las 20 sesiones organizadas durante los tres días de duración.

La presentación del Congreso ha tenido lugar esta mañana en el Salón de Chimeneas de la Casa Colón, donde se ha mostrado que una de las claves de la cita será buscar verdaderas soluciones al cambio climático y no permanecer en su explicación, causas y consecuencias.

En el prólogo del acto participaron, el consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, José Fiscal; el alcalde de Huelva, Gabriel Cruz; y el presidente de la Diputación Provincial, Ignacio Caraballo; como representantes de las instituciones que organizan el Congreso Internacional.
Más información:
http://socc.es

sábado, 22 de abril de 2017

22 Abril: Día de la Tierra, más llamada de atención que celebración

El 22 de abril se celebra en todo el mundo el Día de la Tierra, una expresión tan sencilla como llena de contenido, ya que hace referencia al planeta que habitamos y lo que estamos haciendo con él para las futuras generaciones.

El origen de esta conmemoración se sitúa en 1970, año en el que se inició un movimiento medioambiental en Estados Unidos que sacó a la calle a 20 millones de personas para luchar por un entorno más saludable.

Tras esta manifestación se logró concienciar a los políticos sobre la importancia de la naturaleza y el cuidado del medio ambiente, y se creó la Agencia de Protección al Medio Ambiente de Estados Unidos. Esta asociación se encarga de las leyes para conseguir aire limpio, agua potable y conservar especies en peligro de extinción.


Hoy se homenajea el Día de la Tierra para que todos reflexionemos sobre su cuidado, invitándonos a preocuparnos más por la contaminación, los animales, las plantas y el medio ambiente.

Día de la Tierra: más llamada de atención que celebración. El blanqueo de corales en la Gran Barrera de Coral de Australia empeora

El planeta que habitamos tiene 4.543 millones de años de edad y continúa siendo el único objeto conocido en el universo capaz de albergar vida. También es el planeta más denso del Sistema Solar, pero en los últimos 35 años se ha perdido un tercio de la vida silvestre... y además de ser muchísimo es difícilmente recuperable.

Naciones Unidas decidió designar el 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra al reconocer que nuestro planeta y sus ecosistemas son el hogar de la humanidad y que si queremos conseguir un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras es necesario promover la armonía con la naturaleza.

En esta jornada es cuando de alguna manera todos los países, instituciones y ciudadanos tomamos conciencia de que tenemos que celebrar, pero sobre todo de que debemos cuidar el planeta.

Si nos preocupáramos más por compartir información medioambiental, nos solidarizáramos con el reciclaje de envases, nos comprometiéramos con el ahorro de agua, con la utilización de energías limpias o conociéramos la lista de los animales en peligro de extinción, sin duda contribuiríamos a mejorar lo que nos rodea y lo que dejaremos a las futuras generaciones.

Y para que no todo se quede en la teoría, ¿qué puedes hacer tú por la Tierra?

Aquí van unos sencillos consejos para cuidarla con poco esfuerzo y grandes resultados:

- Utilizar bombillas de bajo consumo.
- Apostar por las energías renovables.
- Aportar vida a la naturaleza plantando al menos un árbol.
- Reciclar y conocer qué es biodegradable y qué no.
- No utilizar bolsas de plástico, y si se tienen que usar, reciclarlas.
- Calcular la huella de Carbono. Con la ayuda de un calculador de carbono se puede conocer cuál es la contribución personal al calentamiento global y de este modo poner remedio y reducir la propia contaminación.

Pero quizá el consejo más simple es hacer que todos los días sean el Día de la Tierra, y nada mejor para conseguirlo que comprometernos a diario con nuestro planeta.

viernes, 31 de marzo de 2017

¿Qué países han ganado y perdido más árboles desde 1990?

Imaginar lugares verdes y exuberantes es pensar en islas tropicales perdidas en medio de la nada, calurosas selvas sudamericanas o extensas sabanas en el continente africano. Escenarios que, al menos de primeras, aparecen en nuestra imaginación como parajes rebosantes de vida vegetal (y animal). Pero, ¿qué países, al margen de sus condiciones naturales, han conseguido aumentar sus zonas verdes? ¿Y cuáles han perdido más hectáreas arboladas?

De acuerdo a los registros de la FAO, recogidos en la base de datos abierta del Banco Mundial, el mapa indica el porcentaje de ganancia o pérdida de área forestal de los países del mundo desde 1990. El organismo excluye de su definición los sistemas de producción agrícolas (como por ejemplo una plantación de fruta) y los árboles en parques y jardines urbanos.

La deforestación sigue siendo la tendencia reinante. La superficie boscosa mundial ha mermado un 3% (unos 130 millones de hectáreas) en los últimos 25 años. Lo ha hecho, eso sí, a un ritmo mucho menor: la tasa neta de pérdida de árboles ha pasado de siete millones de hectáreas anuales a tres millones en ese periodo, según el informe Estado de los bosques del mundo de la FAO.

El poder adquisitivo de las naciones, según los datos, guarda una relación cercana con la conservación de los bosques. Los países más desarrollados sumaron más de tres millones de superficie boscosa nueva entre 2000 y 2010; los menos, por el contrario, perdieron más de dos millones.

España ha ganado un 33% de área forestal desde 1990, pasando de 13,8 millones de hectáreas a 18,4 millones. Cubierto de árboles en un 37%, el país ocupa el tercer lugar continental en crecimiento tras Irlanda (62%) y excepciones como Islandia, que ha doblado su superficie verde pero tan solo representa el 0,5% del territorio, fenómeno que se replica en otros países como Baréin (172%). El aumento nacional bebe principalmente de las repoblaciones, el éxodo de las tierras rurales y la expansión natural de la vegetación montañosa.

En términos absolutos, Finlandia, con un 83% de bosques, la mayoría sostenibles, es el primer país europeo en las clasificación de los más verdes del mundo, copada islas pequeñas tropicales de Sudamérica y el Caribe, algunas naciones africanas y países del sudeste asiático y el Pacífico Sur.

Sin bosque alguno se cuentan cinco países: San Marino, Catar, Groenlandia, Omán y Nauru. Excluyéndolos, estos son los diez menos verdes:
País
Área forestal (%)
Islas Feroe
0,1
Egipto
0,1
Libia
0,1
Mauritania
0,2
Yibuti
0,2
Kuwait
0,4
Arabia Saudí
0,5
Islandia
0,5
Baréin
0,8
FUENTE: Banco Mundial.

Las regiones tropicales son las que se han visto afectadas con mayor dureza. En ellas se pierden alrededor de siete millones de hectáreas cada año. La necesidad de espacio para tierras agrícolas sitúa a países africanos como Togo (-73%), Nigeria (-70%) y Uganda (-56%) entre los más devastados, además de naciones como Honduras (-44%), Nicaragua (-31%) o El Salvador (-30%). En Brasil, donde se pierden unos 2,5 millones de hectáreas anuales, la superficie total ha descendido un 10%. Por opuesto destaca Uruguay, país donde se ha ganado un 131% de masa forestal y donde un 80% tiene certificación de sostenibilidad.

Otras causas, como la agricultura comercial masiva, son responsables del 40% de la deforestación mundial, una cifra que alcanza el 70% en América Latina. La urbanización, la minería y la construcción de infraestructuras se reparten otro 30%.

sábado, 11 de febrero de 2017

España completa la declaración de reservas fluviales para su protección

El Gobierno ha declarado hoy 53 nuevas reservas fluviales, que suman casi 1.000 kilómetros de longitud, para preservar los tramos de ríos que tienen una escasa o nula intervención humana y que se encuentran en muy buen estado ecológico.

Las aprobadas se suman a las 82 ya declaradas en 2015, por lo que el número de Reservas Naturales Fluviales de España suman ya 135 y una longitud total de 2.684 kilómetros.

La decisión ha sido aprobada en la reunión del Consejo de Ministros y afecta a seis demarcaciones hidrográficas que competencia del Estado (las del Duero, Tajo, Ebro, Guadiana, Segura y Cantábrico Oriental).

135 reservas fluviales; 2.684 kilómetros
Los planes hidrológicos de cuenca, que ya están aprobados, incluyen los listados de los espacios que merecen ser declarados reserva natural fluvial, un total de 135, y tras el acuerdo del Consejo de Ministros de hoy están ya todos declarados.

El listado en los que se definen estos espacios ha sido sometido a amplios procesos de consulta pública, en los que las Comunidades Autónomas han tenido un papel esencial, y ha obtenido el informe favorable del Consejo Nacional del Agua, con 81 votos a favor y solo 1 voto en contra, según los datos facilitados hoy por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente.

Las reservas aprobadas hoy se localizan en el Cantábrico Oriental (una reserva con 3,98 kilómetros); el Duero (20 reservas que suman 441 kilómetros); el Ebro (12 reservas con 184 kilómetros); el Guadiana (3 reservas con 57 kilómetros), el Segura (1 reserva con 9 kilómetros); y el Tajo (16 reservas que suman 232 kilómetros).
Más información:

lunes, 30 de enero de 2017

Adiós a los grandes mamíferos del planeta

La pérdida de hábitats y el cambio climático desencadenan la sexta extinción que nos dejará sin tigres o jirafas.

Uno de los relatos más importantes de la ficción contemporánea se titula 'El gran silencio', está protagonizado (y contado) por un loro y apenas supera las cuatro páginas. Su autor es Ted Chiang, un informático estadounidense que, con un puñado de reveladoras narraciones, entre ellas la que inspiró el filme La llegada, ha sido capaz de tocar nuestras fibras más sensibles. El pájaro-narrador vive junto al telescopio de Arecibo, en la selva de Puerto Rico, dedicado a tratar de captar un sonido inteligente proveniente del espacio exterior, escrutando lo que se denomina "el silencio del universo". Sin embargo, el loro se pregunta por qué los humanos nunca han tratado de hablar con los seres de otras especies con los que comparten el planeta: "Hace cientos de años, mi especie era tan abundante que nuestras voces resonaban por todas partes. Hoy casi hemos desaparecido. Dentro de poco, la selva estará tan silenciosa como el resto del universo". La desaparición de la fauna ha sido una pesadilla recurrente de la ficción —el título del libro de Philip K. Dick en el que se basa Blade Runner es ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? porque describe un mundo de megaciudades en el que no existen los animales—, pero ahora mismo es un proceso que ya está en marcha. Es lo que se llama la sexta extinción.

"Es el acontecimiento más importante de nuestro tiempo. La situación es muy seria. De hecho, no podría ser más seria", explica Elizabeth Kolbert, una periodista estadounidense que ganó el Premio Pulitzer el año pasado por su libro titulado precisamente así, La sexta extinción (Crítica), que el presidente Barack Obama ha recomendado en numerosas ocasiones. "Es importante darnos cuenta de que algunos ecosistemas, como los arrecifes de coral, están entrando en colapso en estos mismos momentos", agrega esta periodista de la revista The New Yorker. Y National Geographic, en un reciente artículo, planteó el asunto de forma todavía más dramática: "¿Sobrevivirán los humanos a la sexta extinción?".

En los 4.000 millones de años que han pasado desde que estalló la vida en la tierra se han producido cinco episodios de extinción masiva de especies. El más famoso de todos ellos ocurrió hace 66 millones de años, en el Cretácico, cuando el impacto de un meteorito provocó la aniquilación de los dinosaurios y del 80% de las especies terrestres. Sin embargo, esta sexta extinción tiene una diferencia fundamental con las demás: nosotros somos los responsables. Desde el año 1500 se han extinguido 322 especies, pero en la actualidad el proceso está en plena aceleración. Anthony Barnosky, paleobiólogo de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) y experto en el funcionamiento de ecosistemas, resume así la situación: "Si no tomamos medidas ante la crisis actual, los nietos de nuestros hijos vivirán en un mundo en el que tres cuartas partes de las especies que existen en la actualidad habrán desaparecido para siempre". En los océanos, prosigue Barnosky, muchos de los animales de los que nos alimentamos, como el atún, se habrán ido también.

La causa no es solo el cambio climático, sino un conjunto de factores que tienen un punto en común: la acción de la humanidad

Un planeta en el que no existan en libertad los leones, los tigres, los rinocerontes, las jirafas o los elefantes, animales con los que la humanidad lleva soñando por lo menos desde que los pintó en las paredes de la cueva de Chauvet hace 33.000 años, es una posibilidad cada vez más real y cercana. Esa es también la conclusión de un equipo internacional de científicos, que publicó en octubre el informe 'Saving the World's Megafauna' (salvando a la megafauna del mundo) en la revista Bioscience de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

Este trabajo concluía: "La mayoría de la megafauna de mamíferos se enfrenta a dramáticas contracciones de su ámbito geográfico y declives poblacionales considerables. Efectivamente, el 59% de los carnívoros más grandes y el 60% de los herbívoros de mayor talla están amenazados de extinción. Esta situación es particu­larmente crítica en el África subsahariana y el sureste de Asia, lugares que albergan la mayor diversidad de megafauna existente. El grupo de especies en riesgo de extinción incluye algunos de los animales más emblemáticos del mundo, como los gorilas, rinocerontes y los grandes felinos. Irónicamente, dichas especies van desvaneciéndose justo cuando la pone en evidencia, cada vez más, el papel tan esencial que desempeñan en los ecosistemas".

Desde hace unos años se multiplican las investigaciones científicas de todo tipo de centros de estudios y universidades que trazan un panorama cada vez más inquietante. Por citar solo las más recientes, el pasado octubre el Foro Mundial para la Naturaleza (WWF, en sus siglas en inglés) publicó la última edición de su Living Planet Index, un informe bianual que mide 14.152 poblaciones de 3.706 especies, y concluía que entre 1970 y 2012 el mundo había experimentado un declive en un 58% de estos animales. Si la situación no mejoraba, WWF indicaba que en 2020 habrían desaparecido dos tercios de los animales salvajes con respecto a 1970 (un declive del 67%).

Sólo a principios de diciembre fueron publicados dos datos que muestran hasta qué punto la sexta extinción es un fenómeno global: la Lista Roja de especies amenazadas, que publica la Unión para la Conservación de la Naturaleza, el índice más utilizado y citado para medir los animales que se encuentran en peligro, indicó que más de la mitad de las rayas, tiburones y quimeriformes (un orden de peces cartilaginosos) del Mediterráneo —73 especies en total— se encuentran en riesgo de extinción.

La misma institución publicó el 8 de diciembre otro informe en el que señalaba que uno de los animales más icónicos y reconocibles, la jirafa, el mamífero más alto del mundo, está sufriendo "un devastador declive en sus poblaciones, debido a la pérdida de hábitats, las guerras civiles y la caza ilegal". Su población global ha descendido en un 40% en 30 años. En total, esta Lista Roja incluye 85.604 especies, de las que 24.307 están amenazadas de extinción.

Parafraseando al gran Ennio Flaiano, podríamos decir que en este caso la situación es grave y además muy seria. Los caminos que toma la naturaleza cuando desaparecen especies son impredecibles, porque estas dependen unas de las otras y, si una parte del sistema falla, es difícil saber cómo se reequilibrará.

La mayoría de los científicos que estudian la sexta extinción llegan a la misma conclusión: se trata de un proceso en marcha, pero puede ser reversible. "No es demasiado tarde", asegura Jonathan L. Payne, profesor asociado de la Universidad de Stanford (EE UU) y uno de los autores de otro informe, publicado en septiembre por la revista Science, que anunciaba una extinción "sin precedentes" de los grandes animales marinos. "El porcentaje de especies que ya se han extinguido es todavía muy inferior al porcentaje que desapareció en episodios anteriores".

El biólogo José Vicente López-Bao, investigador de la Universidad de Oviedo que participó en el informe Saving the World's Megafauna, señala por su parte: "Las sociedades modernas deben demandar un mayor compromiso político en materia de conservación, lo que incluye respetar las decisiones adoptadas en los tratados y convenciones internacionales, coordinar esfuerzos y un mayor apoyo financiero a la conservación de la biodiversidad. De lo contrario, muchas poblaciones y especies corren el riesgo de no llegar al próximo siglo".

Elizabeth Kolbert agrega: "Es obviamente demasiado tarde para muchas criaturas que ya se han extinguido o que se han visto reducidas a unos pocos individuos. Pero no lo es para millones de especies". Preguntada sobre la influencia en este proceso de las posibles políticas del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump —que ha nombrado como jefe de la Agencia de Medioambiente a un negacionista del cambio climático, Scott Pruitt—, esta periodista responde: "Me temo que puede empeorar las cosas".

TODAVÍA HAY TIEMPO
¿Qué es la sexta extinción?
A lo largo de la historia del planeta se han producido cinco extinciones masivas de los animales (la de los dinosaurios es la más conocida). Muchos científicos creen que ahora mismo estamos viviendo la sexta extinción. La causa es la acción humana sobre su entorno.

Grandes mamíferos
Animales como los tigres, los leones o los rinocerontes pueden ser los primeros en desaparecer en libertad. Seguirán existiendo en los zoos, pero las cifras indican que su extinción en la naturaleza es una posibilidad real.

La jirafa
El último animal en sumarsa a a la lista de especies en peligro es la jirafa, cuya población ha descendido un 40% en 30%.

Todavía hay tiempo
Los científicos coinciden en que no es demasiado tarde, el proceso en marcha es todavía reversible.

La sexta extinción no es sólo producto del cambio climático —salvo en el caso de animales como los osos polares, que, al disminuir la capa de hielo, pierden la capacidad de cazar—, sino de un conjunto de factores que tienen un punto en común: la humanidad. La deforestación, la pérdida de hábitats, el avance de las tierras dedicadas al cultivo y la ganadería, la caza furtiva, el comercio ilegal de especies (el tráfico de marfil puede borrar a los elefantes de la tierra, y una moda culinaria, acabar con el pangolín, un armadillo asiático) o la sobreexplotación (es el caso de numerosas especies marinas).

Jonathan L. Payne explica: "Los cambios actuales en el clima (un calentamiento global acelerado) y en los océanos (acidificación y declive del oxígeno) ocurrieron durante extinciones masivas anteriores. Sin embargo, nuestros análisis sugieren que los cambios biológicos que estamos experimentando, particularmente la extinción selectiva de especies de todo tipo, son diferentes de cualquier proceso anterior".

La humanidad lleva muchos siglos moldeando la tierra: basta con visitar las Médulas, en León, un paisaje que forjaron los romanos con sus explotaciones mineras, o imaginar la cantidad de desperdicios que producía Roma en su máximo esplendor, una ciudad en la que vivían un millón de habitantes en el siglo I, para darnos cuenta de nuestra capacidad para alterar el medio ambiente. Y los cambios empezaron seguramente mucho antes: un estudio publicado en noviembre por los profesores Jed Kaplan, de la Universidad de Lausana, y Jan Kolen, de la Universidad de Leiden, concluía que hace unos 20.000 años, en plena Edad de Hielo, los cazadores recolectores quemaron grandes extensiones de bosques y, por tanto, transformaron radicalmente su entorno. Sin embargo, nada es comparable al proceso en el que estamos sumergidos en la actualidad, pese a que algunos científicos mantengan que no es la primera extinción masiva causada por la humanidad.

El Homo sapiens apareció hace unos 200.000 años en África y su expansión coincide con diferentes extinciones, sobre todo de la llamada megafauna prehistórica, desde los tigres dientes de sable hasta los mamuts. Cada vez más científicos consideran que nuestros antepasados fueron los responsables directos de la desaparición de estas especies (y de los otros representantes del género homo, como los neardentales). El debate está abierto porque también se produjeron enormes cambios climáticos, pero muchas evidencias apuntan a la acción humana.

Jean-Jacques Hublin, investigador del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, argumentaba en una conferencia reciente que mientras en África estos animales se esfumaron muy pronto, en Europa este fenómeno no ocurrió hasta la expansión de los Homo sapiens. En otras palabras: primero los matamos en África y luego en Europa. La llegada de nuestra especie a Australia hace unos 50.000 años es un gran misterio porque tuvimos que viajar por mar durante un periodo en el que no sabíamos navegar (o por lo menos no hay restos arqueológicos que lo demuestren). Como explica Elizabeth Kolbert en su libro, 10.000 años después de este acontecimiento, la megafauna australiana se había esfumado. "La llegada del hombre parece la única explicación", escribe.

Es el hecho más importante de nuestro tiempo. La situación es muy seria”, explica Elizabeth Kolbert, autora de ‘La sexta extinción’

Sin embargo, aquella desaparición afectó sólo a un tipo de animales. Lo que está ocurriendo en la actualidad incluye a numerosas especies de todos los tamaños. Muchos científicos creen que hemos entrado en una nueva era geológica, el Antropoceno, que comenzó en torno a 1950 —fue una de las conclusiones de un reciente congreso celebrado en septiembre en Sudáfrica—. Su principal característica frente a la era anterior, el Holoceno, son los efectos de la humanidad sobre el medioambiente. "El Antropoceno es el momento en el que los humanos hemos cambiado el ciclo vital del planeta", señaló el científico español Alejandro Cearreta.

Para el profesor Mark Williams, experto en paleobiología de la Universidad de Leicester y uno de los principales estudiosos del Antropoceno, "el impacto de los seres humanos en la biosfera es dramático y no se trata solo de la sexta extinción". Williams mantiene que cuatro datos aportan las claves para entender la radicalidad de estos cambios: el descomunal consumo de plantas y animales por parte de los humanos (el 97% de los mamíferos terrestres son humanos y los animales que comen y sólo el 3% son criaturas salvajes); el movimiento de plantas y animales por todo el mundo, fuera de sus hábitats naturales; los cambios drásticos en nuestros paisajes (que afectan en torno al 75% de la superficie terrestre no cubierta por hielo), y la interacción entre la biosfera y la tecnología. La sexta extinción es uno de los muchos signos de esta profunda transformación que conduce al planeta, y a todos los que vivimos en él, hacia un destino incierto.

Las extinciones son un signo de movimientos mucho más profundos, indicios de grandes alteraciones. El primer animal que los humanos tuvieron conciencia de haber exterminado fue el dodo, un pájaro no volador de las islas Mauricio que fue cazado (por diversión sobre todo) hasta su aniquilación durante el siglo XVII. Por vez primera nos dimos cuenta de que, después de matar al último dodo, ya no había más. Pero este pájaro mítico —que Lewis Carroll representó en Alicia en el País de las Maravillas— no sólo simboliza las especies en vías de extinción, sino que fue uno de los primeros signos de lo que iba a ocurrir en el resto del planeta con la expansión colonial de los europeos. El final del dodo fue el principio de una transformación mucho más radical. Lo mismo, a una escala mucho más grande, puede decirse de la sexta extinción. De nosotros depende todavía que no sea el preámbulo del gran silencio que anticipa el loro del relato de Ted Chiang.

Un microbio de Huelva para convertir en energía residuos de maíz de Colorado

Una levadura capaz de transformar los residuos de cultivos como los tomates o el maíz en aceites permite convertir desechos en productos con valor económico.

La capacidad humana para transformar el mundo ha tenido resultados fascinantes, pero también se ha convertido en un problema con la generación de todo tipo de residuos. En los ecosistemas naturales, con seres menos ambiciosos y con menos inventiva que las personas, parece que todos los componentes encajan en un conjunto y entre todos aprovechan los ciclos de los materiales. Lo que para unos son residuos, para otros son valiosos recursos. Con esa referencia, los biotecnólogos trabajan para acercar a los humanos a ese ejemplo de economía circular.

Un ejemplo es el trabajo de la compañía Neol Bio, con sede en Granada (España). Conscientes de las grandes cantidades de residuos que produce la actividad agrícola, en forma de paja o de frutas y hortalizas no aptas para el mercado, se lanzaron a la búsqueda de microorganismos capaces de transformar esos desechos en algo con valor. José Luis Adrio, director científico de la empresa, cuenta que el microbio elegido fue una levadura que encontraron en Riotinto (Huelva). “Es un organismo que, igual que hacemos los humanos, cuando se alimenta, acumula el material de reserva en forma de grasas”, apunta. El 60% del peso de las células de esta levadura pueden ser aceites, algo muy interesante desde el punto de vista de la industria que los puede convertir en todo tipo de productos, desde lubricantes hasta cosméticos.

El motivo para buscar el organismo en Riotinto se debe a que hay un precursor común para la síntesis de aceites y carotenos, unos antioxidantes naturales. ”Pensamos que si íbamos a un sitio con condiciones de oxidación altas como Riotinto, era probable que pudiésemos aislar organismos que produjesen carotenos y que también fuesen capaces de acumular lípidos”, explica Adrio.

Solo en Almería la agricultura produce dos millones de toneladas de residuos vegetales que se pueden reutilizar con métodos biotecnológicos


La levadura es capaz de aprovechar los azúcares que se encuentran en la paja del trigo o el centeno o en hortalizas como los pepinos o los tomates que tienen algún defecto y no se pueden vender. Según estimaciones que ofrece la propia compañía, el valor de los componentes básicos de los residuos de invernadero de Almería está en torno a los 30 millones de euros anuales. Es lo que se podría obtener de aprovechar los dos millones de toneladas de residuos vegetales que genera la agricultura en esa provincia.

Una vez seleccionado el microbio adecuado para este sistema de reciclaje, los científicos de Neol lo modificaron mediante la clonación de un gen para hacer que pudiese producir alcoholes grasos por fermentación. Estos compuestos químicos son más interesantes desde el punto de vista industrial. Una muestra de las posibilidades de esa levadura es la utilización de los alcohóles grasos que genera como aditivos para plásticos con los que obtener biopoliésteres. Con ellos, se elaborarían mallas para envasar los productos hortofrutícolas, un ejemplo de economía circular.

Tras la publicación del estudio en el que explicaban las posibilidades de su levadura, en Neol recibieron la llamada del Laboratorio Nacional de Energías Renovables (NREL) del Departamento de Energía de los Estados Unidos (DOE) en Golden, Colorado. Su interés se debía a la gran cantidad de hojas y tallos de la planta de maíz que quedan como restos inutilizables de este tipo de cultivos.

Hay otras empresas que trabajan en este ámbito, así que Neol están centrando en optimizar el rendimiento y la productividad de la levadura, mejorando las cepas y las condiciones de cultivo. Dadas las grandes cantidades y el bajo precio que se necesitaría para utilizarlo como combustible, la posibilidad de utilizar este proceso para producir combustibles parece lejana. De momento, el escalado industrial podría llegar para productos que se pueden vender más caros y no requieren cantidades tan importantes como biolubricantes o incluso algunos productos con aplicación farmacéutica.

sábado, 17 de diciembre de 2016

La jirafa entra en la lista de especies amenazadas

La población mundial de jirafas cayó alrededor de un 40 % en los últimos 30 años, según alerta la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

La población mundial de jirafas cayó alrededor de un 40 % en los últimos 30 años y ha sido catalogada como especie "vulnerable" en la última Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, en inglés), divulgada ayer en el balneario mexicano de Cancún. "La población mundial de jirafas se ha desplomado hasta un 40 % en los últimos 30 años, y la especie ha sido catalogada como 'vulnerable' en la Lista Roja de la IUCN", según el informe presentado en el marco de la Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidad Biológica (COP13).

La jirafa ha vivido una "disminución dramática" del número de ejemplares, al pasar de unos 151.702-163.452 individuos en 1985 a 97.562 en 2015, advierte la organización en este estudio, la tercera versión en lo que va de año. El animal vive en el África meridional y oriental, con subpoblaciones aisladas más pequeñas en África occidental y central. Entre las causas de esta reducción en los ejemplares, la IUCN identifica el aumento de la población humana en sus hábitats, la caza ilegal, la expansión de la agricultura y la minería y el aumento del conflicto humano-vida silvestre.

"Las jirafas se ven comúnmente en safaris, en los medios y en zoológicos. Por ello, la gente no es consciente de que estos animales majestuosos están experimentando una extinción silenciosa"

"De las nueve subespecies de jirafa, tres tienen poblaciones en aumento, mientras que cinco tienen poblaciones decrecientes y una es estable", agregó el escrito. Julian Fennessy, copresidente de la Comisión Especial para la Supervivencia (SSC, por su sigla en inglés) de las jirafas del IUCN, recordó que muchos de estos animales se ven "comúnmente en safaris, en los medios y en zoológicos". Por ello, la gente, "incluyendo conservacionistas, no es consciente de que estos animales majestuosos están experimentando una extinción silenciosa".

La nueva Lista Roja, creada en 1948 y que cuenta con 1.300 organizaciones y alrededor de 16.000 expertos, incluye 85.604 especies evaluadas, de las cuales 24.307 especies están amenazadas, lo que representaría cerca del 28 %. Un total de 860 especies están ya extintas, 5.210 están en peligro crítico, 7.781 en peligro, 11.316 en situación vulnerable y 5.498 al borde de la amenaza, detalló.

El informe también destaca los peligros que afrontan las aves en el mundo. "Se han evaluado más de 700 especies de aves recién reconocidas en la última actualización de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la IUCN, y el 11 % de ellas están amenazadas de extinción", advierte el escrito. Trece de las especies de aves recién reconocidas entran en la Lista Roja de la IUCN como extintas. "La agricultura no sostenible, la tala de árboles, las especies invasoras y otras amenazas, como el comercio ilegal, todavía están llevando a muchas especies a la extinción", señala el informe.

Algunas de las aves más populares del mundo pueden desaparecer pronto en la naturaleza si no se toman las medidas apropiadas. Son especies icónicas, como el loro gris africano (Psittacus erithacus), una mascota preciada por la capacidad de imitar el habla humana y que en algunas zonas del continente africano ha perdido el 99 % de sus individuos.

El 11% de las 700 especies de aves están en peligro de extinción

Positivamente, algunas aves "raras y vulnerables", especialmente las que viven en islas aisladas, han aumentado en número gracias a la conservación. Es el caso del bullfinch de las Azores (Pyrrhula murina) o la chorlita de Santa Helena (Charadrius sanctaehelenae).

El informe añadió 233 parientes silvestres de plantas cultivadas como la cebada, la avena y el girasol, que han perdido hábitat por la expansión agrícola. Estas son una fuente de material genético para las "nuevas especies de cultivos", lo que permite aumentar la resistencia a las enfermedades y la sequía, la fertilidad, el valor nutricional y otros rasgos deseables, señala. En esta línea, cuatro especies de mango han sido catalogadas como en peligro de extinción.

domingo, 11 de diciembre de 2016

11 de diciembre: Día Internacional de las Montañas

La ONU centra la celebración de este año en dar a conocer y resaltar la importancia de las culturas y las tradiciones que albergan las montañas.

Cada 11 de diciembre, desde el año 2003, se celebra el Día Internacional de las Montañas, una efemeride con la cual la Organización de Naciones Unidas (ONU) busca “crear conciencia de la importancia que tienen las montañas para la vida, señalar las oportunidades y las limitaciones que afronta el desarrollo de las zonas montañosas, y de crear alianzas que produzcan un cambio positivo en las montañas y las tierras altas del mundo".

Este año la ONU centra la celebración en dar a conocer y resaltar la importancia de las culturas y las tradiciones que albergan las montañas.

En su página web destaca que las montañas "son lugares de culto religioso, peregrinaciones y rituales. Los conceptos de tradición, cultura y espiritualidad están intrínsecamente vinculados con los medios de vida de las gentes de las montañas. Sus estilos de vida tradicionales determinan sus formas de subsistencia".

EL DATO: Las montañas cubren entorno a un 22 por ciento de la superficie terrestre y desempeñan un papel fundamental en impulsar el crecimiento económico sostenible del planeta.

El organismo también resalta que estos monumentos naturales no solo proporcionan sustento y bienestar a los 915 millones de personas que habitan las regiones montañosas (aproximadamente el 13 por ciento de la población mundial), sino que también benefician a los miles de millones que viven en las llanuras.

"En las montañas también nacen fuentes de agua y ríos, y han sido veneradas desde siempre por las deidades que residen en sus alturas. En los tiempos de sequía, el pueblo Kikuyu dirigía su mirada al Monte Kenya y pedía lluvias al dios Ngai. En los Andes, los incas construyeron sus templos en las cumbres más altas, a más de 6000 metros sobre el nivel del mar", indica la ONU.

martes, 29 de noviembre de 2016

El Mar Menor es un “desierto de fango”

Un estudio concluye que se ha perdido el 85% de las praderas marinas en dos años.

El 85% de las praderas marinas que había en 2014 en el Mar Menor ya no existen. En su lugar, no hay nada. “Ahora es un desierto de fango”, cuenta Juan Manuel Ruiz, investigador principal de un equipo del Instituto Español de Oceanografía (IEO), que junto con la ONG ANSE lleva estudiando la vegetación marina de la laguna desde 2013. Un año después, en 2014, el equipo realizó un mapa detallado de las praderas y mediante una serie de inmersiones y mediciones, los investigadores encontraron 13.780 hectáreas de vegetación. Aquello significaba que las praderas estaban resistiendo el impacto de las actividades humanas. Sin embargo, ante el cambio que se produjo en las aguas del Mar Menor en 2015, el equipo ha vuelto a sumergirse para comprobar cómo la mayor parte de la vegetación marina ha desaparecido.

El equipo de Ruiz se dedica a estudiar la ecología de las praderas vegetales marinas en general y en 2013, debido a la falta de información fiable y el valor ecológico de la vegetación del Mar Menor, los investigadores se plantearon estudiar de forma científica y detallada estas praderas para estudiarlas de forma científica. Para ello, el IEO presentó un plan conjunto con ANSE ante la Fundación Biodiversidad, dependiente del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Y así los investigadores demostraron la existencia de grandes extensiones de praderas marinas con una amplia gama de especies vegetales entre las que destacaba una en particular, la Cymodea Nodosa. Alrededor del 60% de la vegetación pertenecía a esta especie de planta marina. Estos resultados contradecían algunos estudios previos que decían que esa especie estaba desapareciendo del Mar Menor.

En 2015, sin embargo, las aguas del Mar Menor se empezaron a transformar y se pusieron verdes. Ruiz explica que eso se debe a lo que los científicos llaman el proceso de eutrofización. “Ocurre cuando hay una excesiva carga de nutrientes, como nitratos o sulfatos, y los organismos no los pueden procesar. Entonces aparecen algas y fitoplancton que son las responsables de que se enturbie el agua”, explica el experto. La turbidez del agua impide que la luz del sol llegue a las praderas y que la vegetación no pueda realizar la fotosíntesis.

Con la nueva situación el equipo se planteó comprobar si la calidad del agua estaba afectando a las praderas marinas. “Era necesario hacerlo antes de acometer la segunda parte de nuestro proyecto que consistía en cruzar y analizar los datos recogidos en 2014”, explica Ruiz. Entre septiembre y octubre de este año, los investigadores han realizado nuevas inmersiones y mediciones y ha sido entonces cuando se han encontrado el desastre.

El hecho de haber perdido el 85% de la vegetación marina puede tener múltiples consecuencias. “Lo primero es que la propia vegetación actuaba como un filtro de la materia orgánica, que es precisamente la que ha causado esta situación”, explica Ruiz. Ahora, al no haber vegetación, se mantendrá la turbidez porque no hay organismos que la procesen, según señala Ruiz. “Y ahí tenemos un problema. Porque hasta que no se consuma toda la carga orgánica que hay en los sedimentos, no podremos recuperar la calidad de las aguas y revertir la calidad del agua es ahora lo más urgente”, cuenta Ruiz, que incide en que hasta que no se recuperen los niveles de calidad del agua, no se podrá hacer nada más. “No se puede replantar porque no hay luz. Y cualquier cosa que se plante, volverá a morir”, explica el experto. Y luego están las consecuencias que tiene la propia pérdida de un hábitat en el Mar Menor para la cadena trófica. “Pero eso lo desconocemos”, admite Ruiz.

El proceso de eutrofización ocurre cuando hay una excesiva carga de nutrientes, como nitratos o sulfatos, y los organismos no los pueden procesar

El investigador reconoce que desde que comenzó el problema del agua en el Mar Menor, los expertos han estado trabajando para identificar las causas que han llevado a esta situación. “Se han puesto algunas medidas en marcha, pero hay que ir más allá y actuar en todos los niveles”, señala Ruiz. Otro problema al que se enfrentan es que se trata de una situación nueva y desconocida. “No tenemos información sobre qué podemos hacer y tenemos que ir a buscarla fuera, a otras partes del mundo que han pasado por situaciones similares”, explica. En algunos de esos lugares, la situación se ha revertido en unos meses. “Pero aquí ya llevamos un año”, lamenta.

Según Ruiz, no se puede saber el tiempo que se tardará en recuperar los niveles del escenario inicial. “Lo único que podemos hacer es trabajar, pero sí tenemos claro que el cambio no será inmediato”, concluye Ruiz, que a pesar de todo, asegura confiar en que la situación se pueda revertir.
Fuente y más información:
http://www.asociacionanse.org
Mapa del antes y el después de la distribución de las praderas marinas del Mar Menor.IEO / ANSE

Seminario: Operaciones y Seguridad en Incendios de Interfaz Urbano-Forestal

4º Workshop WUIWATCH sobre Operaciones y Seguridad en Incendios de Interfaz Urbano-Forestal.
IVASPE-Cheste (Valencia), 12 y 13 de diciembre 2016.

Durante la 3º semana de Diciembre tendrá lugar este seminario con el fin de crear un punto de encuentro para la discusión sobre lecciones aprendidas, problemas, retos y soluciones en la defensa de zonas de IUF amenazados por incendios. Tendremos la ocasión de aprender y compartir experiencias en los incendios más significativos ocurridos este mismo 2016.

La entrada libre hasta completar aforo (plazas limitadas a 140 personas, siendo necesario registrarse.

El día 12 tendrán lugar sesiones técnicas y una mesa redonda concluirá la jornada. Para el día 13 haremos una excursión a los incendios más relevantes de 2016 en Valencia y Alicante.
Os dejo el link con más información sobre las jornadas.