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domingo, 16 de febrero de 2014

Los salmones se guían en su migración por el campo magnético de la Tierra

Un equipo de expertos presentó el año pasado evidencia de una correlación entre los patrones de migración de los salmones del océano y elcampo magnético de la Tierra, lo que sugiere que puede ayudar a explicar cómo los peces pueden navegar a través de miles de kilómetros de agua para encontrar su río de origen.

Esta semana, científicos de la Universidaddel Estado de Oregón (OSU, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, han confirmado la conexión entre el salmón y el campo magnético después de una serie de experimentos en el criadero del Centro de Investigación de Oregón en la cuenca del río Alsea.

Los investigadores, que publicarán sus resultados este mes en la revista 'Current Biology', expusieron cientos de salmones jóvenes chinook o reales a diferentes campos magnéticos que existen en los extremos latitudinales de su área de distribución oceánica. Los peces respondieron a estos "desplazamientos magnéticos simulados" nadando en la dirección que le llevaría hacia el centro de sus zonas de alimentación marina, como se vio en el estudio, financiado por 'Oregon Sea Grant' y el Departamento de Pesca y Vida Silvestre de Oregon.

"Lo que es particularmente interesante de estos experimentos es que el pez que hemos probado nunca había salido de la sala de incubación y, por lo tanto, sabemos que sus respuestas no fueron aprendidas o basadas en la experiencia, sino que fueron heredadas", resalta Nathan Putman, investigador postdoctoral en la Universidad del Estado de Oregon y autor principal del trabajo. "Estos peces están programados para saber qué hacer antes de llegar al mar", agrega.

Para probar la hipótesis, los científicos construyeron una gran plataforma con cables de cobre que recorrían horizontalmente y verticalmente todo el perímetro. Enviando corriente eléctrica a través de los cables, los científicos podrían crear un campo magnético y controlar el ángulo de la intensidad y la inclinación del campo. Entonces, pusieron salmónes jóvenes de dos pulgadas (unos cinco centímetros), llamados "parr" en cubos de cinco galones (casi 19 litros) y, tras un periodo de aclimatación, les vigilaron y fotografiaron la dirección en la que nadaban.

Los peces expuestos a una característica del campo magnético de los límites septentrionales de la cordillera oceánica del salmón chinook fueron más propensos a nadar en dirección sur, mientras que los peces que estaban en un campo lejano del sur tendían a nadar hacia el norte. En esencia, los salmones poseen un "sentido de mapa" para determinar dónde se encuentran y su manera de nadar en base a los campos magnéticos con los que se encuentran.

"La evidencia es irrefutable --afirma el coautor David Noakes, de OSU, científico senior en el Centro de Investigación del Criadero de Oregon y ganador en 2012 del Premio a la Excelencia de la Sociedad Americana de Pescadores--. Suelo decir a la gente: los peces pueden detectar y responder al campo magnético de la Tierra. No puede haber ninguna duda sobre eso".

No todos de los más de mil peces nadaron en la misma dirección, según Putman. Pero había una clara preferencia de los peces por nadar en la dirección contraria a la del campo magnético que era "erróneo" para ellos. Los peces que se mantuvieron en el campo magnético del lugar de la prueba, cerca de Alsea, Oregón, se orientaban al azar, lo que indica que la orientación de los peces sometidos a desplazamientos magnéticos sólo podía ser atribuible a cambios en el campo magnético.

"Lo que es realmente sorprende es que estos peces sólo fueron expuestos al campo magnético que creamos durante unos ocho minutos -señala Putman--. Y el campo no era todavía lo suficientemente fuerte como para desviar la aguja de una brújula".

Putman cree que el salmón debe ser particularmente sensible porque el campo magnético de la Tierra es relativamente débil, por lo que los autores del trabajo creen que es posible que no se necesite mucho para interferir en su capacidad de navegación. Muchas estructuras contienen cables eléctricos o de refuerzo de hierro que podrían afectar a la orientación de los peces de forma temprana en su ciclo de vida, dicen los investigadores.

"Los peces son criados en viveros donde hay influencias eléctricas y magnéticas --recuera Noakes-- y algunos se encontrarán con campos eléctricos al pasar por las represas de energía. Cuando llegan al océano, pueden nadar entre las estructuras o cables que pueden interferir en la navegación. ¿Tienen un impacto? Todavía no sabemos".

Putman apunta que perturbaciones naturales pueden incluir trozos de hierro en la corteza de la Tierra, la cual ha estado ocupando el salmón durante miles de años. "El salmón joven se enfrenta a su mayor tasa de mortalidad durante el primer periodo en el que entra en el océano --subraya Putman-- porque tiene que adaptarse a un entorno de agua salada, encontrar comida, evitar la depredación y comenzar su viaje . Cualquier cosa que le haga navegar con menos eficiencia es una preocupación porque si toma el camino equivocado y termina en una zona árida del océano, morirá de hambre".

Sin embargo, es probable que el campo magnético de la Tierra no sea la única herramienta que usa el salmón para navegar, según este experto. "Los salmones, probablemente, tienen toda una serie de ayudas para navegar que les posibilitan llegar a donde deben ir, quizás incluyendo la orientación al sol, el sentido del olfato y otros", concluye Putman.

sábado, 8 de febrero de 2014

Una duna desenfrenada

Una montaña de arena engulle la carretera de acceso a un poblado gaditano
Los militares alteraron el sistema en 1940 para prevenir un desembarco desde Gibraltar

José Zendrera sube a la duna de Valdevaqueros, mira al horizonte y apunta con el dedo. “Aquello es Gibraltar, ahí está Tarifa y eso el puerto de Tánger-Med. Tánger está ahí pero hoy no se ve”. Muchos días desde aquí se pueden distinguir las luces que van encendiendo en la otra orilla del Estrecho.

Zendrera, forro polar, botas de montaña y pelo cubierto con un pañuelo, es un geólogo barcelonés de 61 años que llegó a este rincón de la Península en 1987 a vender las tablas de surf que fabricaba. Se instaló en Paloma Baja, un poblado minúsculo, y ha visto cómo año a año crecía la duna. Cuando llegó era una barra de unos 35 metros de alto a unos metros del mar. Hoy es un enorme frente de arena de 700 metros de largo y 300 de ancho que con frecuencia cubre la única carretera que lleva al pueblo.

El pasado martes se podía transitar con coche, pero en un tramo de 600 metros el asfalto estaba cubierto con arena y había hasta 10 metros de duna al lado. Las señales de tráfico y los pinos asomaban medio engullidos por la arena. El poste telefónico apenas sobresalía y en noviembre pasado Zendrera se quedó sin teléfono. Cuando sopla Levante, la duna tapa la carretera y las máquinas de la Junta de Andalucía tienen que trabajar a destajo para dar salida al pueblo.

¿Qué ha pasado? ¿Hasta dónde puede llegar la duna? Para dar respuesta a estas preguntas la Junta andaluza encargó en diciembre de 2012 un estudio al Grupo de Dinámica de Flujos Ambientales de la Universidad de Granada, que dirige el catedrático Miguel Ángel Losada. Este explica en su despacho ante planos y fotos históricas de la duna que la evolución es “una metáfora de la insignificancia del hombre cuando se empeña en influir sobre la naturaleza”.

Un informe pedido por la Junta advierte de que no hay solución simple. Parar la duna requiere una gran inversión

Porque para entenderlo hay que remontarse a 1939 y seguir una historia de militares y burócratas. Al terminar la Guerra Civil ocurre lo que Ángel Sáez, director del Centro de Estudios Campogibraltareños, califica como “una metedura de pata antológica del servicio de información militar de Franco”. Detecta movimientos de barcos británicos y franceses en Gibraltar e interpreta que una invasión está al caer. El 10 de mayo, el Cuartel General del Ejército del Sur avisa a Madrid de que “todo viene a confirmar la opinión predominante de la posibilidad de un desembarco en las costas al Oeste de Tarifa en caso de conflicto”.

Al oeste de Tarifa están las enormes playas de arena de Los Lances y Valdevaqueros. Pese a la penosa situación del país, y usando prisioneros republicanos como mano de obra —de los llamados batallones disciplinarios de soldados trabajadores— erigen unos 500 búnkeres a lo largo de 50 kilómetros en el Estrecho y baterías en altura.

Proteger Valdevaqueros, donde iban tres cañones de 381/45 milímetros Vickers-Armstrong, no fue sencillo. El sistema era un enorme cordón dunar que llegaba hasta la playa de Bolonia. Eran dunas bajas de entre dos y cuatro metros, pero la arena dificultaba el movimiento de maquinaria pesada.

“El sistema debía llevar estable unos 6.000 años, desde la última glaciación. El oleaje de Poniente saca la arena a la playa de Valdevaqueros, y el viento de Levante lo transporta paralelo a la costa. Ahí se topa con la ladera sobre Valdevaqueros y crea las dunas”, explica el catedrático Losada.

Zendrera ha escuchado contar la historia de lo que ocurrió entonces. “Los ingenieros militares lo hicieron realmente bien. Movieron la arena a la playa, donde crearon una duna en altura artificial. Esa frenaba el transporte con el viento de Levante. En el monte plantaron un enorme pinar. Siguieron lo que habían hecho en el cabo de Roses para quitar la duna”. La batería de Paloma Baja fue artillada en el último trimestre de 1941. Ya había una pista asfaltada. El gran cordón dunar de baja altura se convirtió en un pinar con una barrera de arena al borde del mar. No solo frenaba el transporte de arena por el viento sino que podía servir como trinchera ante un eventual desembarco enemigo.

La nueva duna-barrera ante la playa fue mantenida artificialmente durante décadas bajo la dirección de ingenieros de montes. “Gente del pueblo cogía cañas y tablas y las colocaba en la cima para retener la arena que llevaba el viento. Cuando crecía, las volvían a colocar”, explica Zendrera. Si un temporal de Levante hacía que la duna rebosara, un camión recogía la arena y la vendía.

Aun así, la duna comenzó a avanzar hacia el pinar. Un mapa topográfico de 1917 muestra un gran corredor dunar hacía el interior con entre seis y diez millones de metros cúbicos de arena, según el cálculo del estudio de Losada. En 1956, la arena está a 225 metros de la carretera y en 1974 a 170 metros. La orientación de la playa vira ligeramente y se crea una dársena en el río del Valle, ya que la acumulación de arena impide que descargue directamente al mar.

En 1988, un giro legal da otra vuelca de tuerca. Se promulga la Ley de Costas y la duna pasa a ser competencia de la demarcación de Costas, del ahora Ministerio de Medio Ambiente. La norma prohíbe la venta de arena y a partir de ahí, según los vecinos, cambia la gestión. Costas da un enfoque más natural, con pequeñas intervenciones para contener el avance, pero la duna crece y crece. En 1991, Costas comienza a retirar arena de la duna, en operaciones que se suceden cada vez con más frecuencia. Aun así, la duna está cada vez más cerca de la carretera. Una década más tarde, en 1999, se sitúa 100 metros del asfalto, en 2001 a 70, y en 2004 la alcanza por primera vez. Zendrera cuenta que los vecinos sabían que acabaría por ocurrir. “Avanzaba algunos años hasta 20 metros. En 2005, la arena pisó por primera vez el cable telefónico”.

Zendrera está molesto porque asegura que la recuperación de la duna no ha sido algo deliberado, sino ineptitud. “Si hubieran dicho que querían recuperar el cordón dunar anterior, que ocupaba 400 hectáreas, lo habría entendido. Pero han intentado frenar la duna moviendo maquinaria pesada cuando todos los de aquí sabíamos que así no se podía”. En 2009, la carretera quedó cortada por primera vez. Y la situación ha ido a peor. “En verano las máquinas estuvieron sacando arena a tres turnos. Lo coches se quedaban atrapados en la arena y en dos ocasiones dos vecinos que tenían que salir al hospital los tuvieron que llevar en brazos”, explica este vecino. En invierno apenas hay nadie en el poblado y solo se ve un jubilado trabajando en su casita, pero en verano puede haber 300 personas en Paloma Baja.

Desde entonces, la duna gana entre 15.000 y 30.000 metros cúbicos de arena al año. Y tiene cuerda para rato. El informe que ha realizado Losada, y que entregó en Navidad a la Junta, concluye que la arena acumulada en el fondo marino “es suficiente para pronosticar que el flujo de sedimentos debido al viento que alcanza al pie de la duna continuará por varias décadas con una tasa media anual del mismo orden que en la actualidad, alrededor de 15.000 metros cúbicos al año”, un volumen como el de seis piscinas olímpicas. Otra derivada de la intervención militar, la playa de Valdevaqueros creció, pero la arena que acumula es más combustible para el crecimiento de la duna.

La duna vive bajo una colusión de Administraciones continua. La Junta de Andalucía mantiene la carretera transitable y cada año realiza entre 25 y 30 salidas para limpiarla. Costas retira periódicamente arena y la lleva a otras playas (el último trabajo fue adjudicado en 150.285 euros para solo un mes, según el cartel a la entrada de la vía). El Ayuntamiento de Tarifa, del PP, pidió permiso el pasado verano para extraer arena que luego vendía a Gibraltar, pese a que se usaba para ganar terreno al mar.

La Junta preguntó a Losada por la posible evolución y las soluciones. Y no es sencillo. De no hacer nada, “la carretera quedará sepultada bajo la arena en unos meses; la duna progresará ladera arriba, irá tapando la masa forestal y, previsiblemente, se extenderá por todo el entorno de Paloma Alta. Continuará el crecimiento desordenado de las playas de Valdevaqueros, Los Lances y Tarifa y el deterioro ambiental del entorno, especialmente los años secos. Los años húmedos se producirán inundaciones debidas al taponamiento de las descargas fluviales”.

Otras opciones son mejorar la gestión actual con un equipo profesional; reformar el campo dunar creando dunas parabólicas o triangulares que minimicen el avance, aunque eso no evitará que las playas sigan creciendo; construir un falso túnel o una nueva carretera, lo que es muy costoso y además tiene el problema de que los terrenos son parque natural o terreno militar; plantar árboles que reduzcan el transporte de arena por el viento y favorecer la circulación de agua en el río. La Junta llevará el informe a la mesa del parque natural para intentar alcanzar un acuerdo entre todas las administraciones y afectados. El tiempo apremia. La arena se mueve bajo sus pies.


sábado, 25 de enero de 2014

La dehesa, un ecosistema de leyenda

La dehesa donde se ha ubicado históricamente la producción del cerdo ibérico es un ecosistema propio de los países del sur de Europa, con especial peso en la península Ibérica. Su origen se halla en los bosques mediterráneos, pero ha sido cincelada por la mano del hombre al eliminar parte de esa masa arbolada y convertirla en un territorio que conjuga la actividad económica agrícola con la forestal y la ganadera, dando lugar además a un espacio con una gran biodiversidad.

En España, la superficie calificada actualmente como dehesa, según los datos que maneja el Ministerio de Agricultura, se sitúa entre 3,5 y más de cinco millones de hectáreas, en función de las definiciones más o menos restrictivas que se hagan sobre las características este tipo de territorios. Su desarrollo está ligado en parte al avance de la Reconquista, muy especialmente desde el siglo XIII, cuando los ganaderos locales empezaron a vallar sus fincas para cerrar el paso a los rebaños de la trashumancia. De hecho, el término dehesa procede de defesa, que en latín significa defensa o terreno acotado para uso de los pastos.

La definición más aceptada es la que considera la dehesa como un sistema de explotación ganadera o cinegética de carácter multifuncional en el que al menos el 50% de la superficie se halla ocupado por pastizal, con arbolado productor de bellota y un porcentaje de espacio cubierto entre el 5% y el 60%. Desde unos planteamientos más restrictivos, la dehesa sería la superficie formada solamente por especies del géneroquercus (encinas, alcornoques o quejigos ligados a la producción de bellotas) y alcanzaría 3,5 millones de hectáreas en 130 municipios de Extremadura, Andalucía, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Madrid. Si en la definición de dehesa se incluyen además otras especies como castaños, acebuches, madroños, lentiscos o jaras, la superficie podría superar los cinco millones de hectáreas. Actualmente cada comunidad autónoma maneja sus propias cifras.

Superficie de dehesa en España
Extremadura: 1.237.000 hectáreas.
Andalucia: 946.482 hectáreas.
Castilla La Mancha: 751.554 hectáreas.
Castilla y León: 467.759 hectáreas.
Madrid: 113.051 hectáreas.

Según el Ministerio de Agricultura, existen alrededor de 25.000 explotaciones de dehesa, de las que unas 8.000 tienen más de 100 hectáreas y que suponen 2,8 millones de hectáreas. El 75% de son de propiedad privada y la parte restante corresponde a bienes comunales, grupos de vecinos o de Ayuntamientos. El 60% de las explotaciones cuentan solamente con un solo empleado fijo y la contratación de trabajadores temporales solo se hace en periodos estacionales como podas, saca de corcho o cultivos.

El valor de la dehesa, además del territorio que ocupa y su contribución al medio ambiente y la biodiversidad, reside también en su peso económico en cuatro vertientes. En primer lugar, por las explotaciones ganaderas que cobija. En la superficie de dehesa se hallan integradas un número importante de especies autóctonas y otras externas que se han adaptado al medio. Aunque las cifras varían en función de los mercados, históricamente ha acogido entre 800.000 y 900.000 cerdos ibéricos de bellota y de campo. Hoy se ha reducido ese número.

En la dehesa pastan también más de ocho millones de ovejas, el 40% del censo total, especialmente de las razas merina, manchega, castellana y talaverana, tanto para la producción de carne como para leche y quesos, además de otros tres millones de cabras, casi el 45% del censo nacional de esta especie. Pastan además más de un millón de vacas nodrizas para la obtención de carne, entre las que destacan las de raza retinta y limousine. Hay más de 1.200 ganaderías inscritas para la cría de toros de lidia. Más del 60% de las casi 800 ganaderías de caballos de pura raza español se hallan en las dehesas, y más de 50% del censo total de caballos. A todo ello se suman otras especies como el asno andaluz, la vaca blanca cacereña o la gallina azul extremeña.

El ecosistema constituye también un espacio importante para la cinegética, además de mantener la protección de otras especies. Y en el recuento de masa forestal, la dehesa alberga casi 190.000 hectáreas de alcornocales con unos 16 millones de árboles, el 90% en Extremadura y Andalucía, con una producción por hectárea de unos 220 kilos. Frente a otros materiales, el sector del corcho se halla en retroceso, pero se mantiene como el material más importante para fabricar los corchos en vinos de calidad. La producción de madera se estima en más de un millón de esteros, unidad que equivale a la leña que se pueda colocar en el espacio de un metro cúbico. El 75% de la madera se utilizaba para la industria del carbón y el 25% se consume como leña seca.

Dada la baja calidad de los suelos en una buena parte de estos territorios, la agricultura desarrollada no es, en líneas generales, de altos rendimientos, pero contribuye al autoabastecimiento de materias primas para la alimentación animal con varias especies de leguminosas y forrajeras, además de pequeñas producciones de girasol o trigos duros.

En relación con la dehesa, cada comunidad autónoma ha desarrollado diferentes medidas legislativas, sin que haya existido una coordinación entre ellas.
Autor:

Vidal Maté (El País)

miércoles, 22 de enero de 2014

¿Por qué las aves vuelan en formación de «uve»?

Confirman por primera vez que dibujar esta figura en el cielo les hace ahorrar energía

Al finalizar el verano, las aves migratorias surcan el cielo en busca de tierras más cálidas, en elegantes formaciones de «uve» que recuerdan a un escuadrón de bombarderos. Volar de esa forma supone un ahorro de combustible en el caso de los aviones; por ejemplo, un avión de combate puede reducir su consumo un 18% manteniendo la punta del ala del aparato en la estela del que está delante. Sin embargo, hasta ahora los investigadores no tenían muy claro si lo mismo ocurre en el caso de las aves, ya que no solo tienen que ajustar su posición una respecto a otra, sino que también deben sincronizar el patrón de sus aleteos, lo que complica las cosas. Investigadores del Royal Veterinary College en Hatfield (Reino Unido) y de la Universidad de Washington, en Seattle (EE.UU.) han confirmado por primera vez que, en efecto, las aves exhiben la sincronización de la posición del cuerpo y el aleteo requeridos para reducir el coste energético durante el vuelo migratorio. Al menos, así lo han observado en una especie migratoria en peligro de extinción, el ibis eremita (Geronticus eremita).
MARKUS UNSÖLD. Ibis vuelvan en formación

El equipo, cuya investigación ha merecido la portada de la prestigiosa revista Nature, siguió a 14 ibis mientras volaban en formación para tomar datos de su posición, velocidad, rumbo y aleteos durante un período de 43 minutos. A menudo, las aves cambiaban su posición y alteraban el momento de aletear para obtener la mejor ventaja aerodinámica posible. Aquellas que volaban en formación de «uve» movían sus alas en fase, lo que permite al pájaro de detrás ganar un impulso extra del pájaro que va delante. Por el contrario, aquellas que volaban directamente detrás del pájaro de delante (no en formación de «uve») batían sus alas fuera de fase, para minimizar los efectos de la perjudicial corriente descendente de las alas del líder.

Estos hallazgos indican que las aves pueden ser capaces de sentir o predecir los patrones de la turbulencia del aire causada por una multitud compañeros cercanos. Este complejo patrón se había sugerido previamente en modelos teóricos, pero nunca antes se había registrado en aves que vuelan libremente.

Vida en la Tierra profunda

El proyecto Observatorio del Carbono Profundo halla poblaciones subterráneas de microbios muy similares pero que les separan miles de kilómetros.

¿Cómo es posible que en profundos agujeros practicados en puntos de la superficie terrestre muy alejados entre sí los científicos estén encontrando los mismos habitantes —bacterias y arqueas— muy similares? Al parecer estos microbios forman una población paralela a todas las conocidas, la biosfera subterránea. Los hallazgos se deben a una búsqueda sistemática de ecosistemas microbianos subterráneos, que se encuadra en el Observatorio del Carbono Profundo (DCO), un megaprograma de investigación internacional que ha cumplido ya su cuarto año de operación..

Este nuevo censo de las poblaciones de la Tierra se fija en la vida que existe por debajo de la superficie, a kilómetros de profundidad, y en cómo subsiste en condiciones extremas de presión, temperatura y falta de luz. Pero lo que más llama la atención hasta ahora es la similitud de los tipos de organismos hallados, lo que sugiere que estas comunidades pueden estar interconectadas e incluso hace pensar que en este ambiente se originó la vida en la Tierra y no en lagos o mares, la hipótesis más aceptada. “Hace dos años teníamos muy poca idea de los microbios presentes en las rocas subsuperficiales o de lo que se alimentan”, dijo Matthew Schrenk, geomicrobiólogo de la Universidad Estatal de Michigan (EE UU), al presentar sus resultados en el último Congreso de Unión Geofísica Americana, el más importante de esta especialidad.

El equipo de Schrenk ha estudiado y secuenciado genéticamente muestras de microbios que se alimentan de hidrógeno procedentes de América del Norte, Europa, Suráfrica y Japón. Han encontrado una similitud entre ellos de un 97%. Otros equipos están haciendo lo mismo en otros lugares. “Resulta difícil imaginar que existan microbios casi idénticos separados por 16.000 kilómetros en las fisuras llenas de agua de duras rocas en condiciones extremas de profundidad, presión y temperatura”, dice Schrenk. El agua con los microbios se ha extraído a profundidades de hasta cinco kilómetros, pero no se sabe hasta cuántos kilómetros hacia abajo se puede extender este tipo de vida.

La biosfera del subsuelo subsiste en condiciones extremas
¿Y cómo subsisten estos microbios? De esto se sabe algo más, gracias a la investigación de las últimas décadas. La vida en estas condiciones extremas es independiente de la fotosíntesis —de la luz del Sol— y se basa en procesos llamados biogeoquímicos. Uno es la serpentinización: cuando el agua se encuentra con el mineral olivina a gran presión, la roca reacciona con los átomos de oxígeno del agua y se convierte en serpentina, liberando hidrógeno, del que se alimentan los microbios. En experimentos a microescala realizados recientemente en Lion (Francia) se ha demostrado que el aluminio aumenta la rapidez con que se produce hidrógeno, mediante esta reacción, y explica que lo haga en cantidades suficientes para soportar la vida profunda.

En ese ambiente, y no en lagos o mares, pudo surgir la vida en el planeta
Otros microbios se alimentan de otros minerales, como los de hierro, que reaccionan con el agua del mar para producir igualmente hidrógeno. Es el caso de las bacterias y arqueas de las que viven organismos de mucho mayor tamaño, como anémonas y gambas, alrededor de las fuentes hidrotermales del fondo del mar, que son verdaderas ventanas al interior de la Tierra. Las más profundas conocidas son las de Beebe, en el mar Caribe, a más de cinco kilómetros de profundidad. En 2013 varias expediciones las estuvieron explorando para tomar muestras. En la última, el pasado junio, a bordo del barco japonés Yokosuka, una científica estadounidense y dos pilotos japoneses bajaron en el sumergible Shinkai hasta el fondo, 5.135 metros. “Ayer estuve en un lugar que ha sido visitado por aproximadamente el mismo número de personas que la superficie de la Luna”, escribía Danielle Morgan-Smith al día siguiente. “Sobre la Luna han estado 12 pares de pies humanos. En Beebe, cinco científicos y ocho pilotos”.

Se han explorado comunidades a más de cinco kilómetros bajo la superficie
Robert Hazen, de la CarnegieInstitution, dirige el programa de colaboración internacional del Carbono Profundo, de 10 años de duración y un presupuesto de 370 millones de euros. “Reunir a expertos en microbios, volcanes, la microestructura de rocas y minerales, los movimientos de fluidos y demás es nuevo. Típicamente estos expertos no se comunican entre sí. Integrar esta diversidad en un empeño científico único está produciendo resultados antes inalcanzables”, afirma.

El saber cómo se comporta el agua en el manto terrestre es algo que interesa mucho a los investigadores de estos temas. Un nuevo modelo permite avanzar en el conocimiento de las interacciones entre el agua y las rocas en condiciones extremas de presión y hasta 150 kilómetros de profundidad. Hasta ahora los modelos llegaban hasta los 15 kilómetros solamente.

“He estado en un lugar visitado solo por 13 personas”, dice una científica
El trabajo de Dimitri Sverjensky, que presenta un nuevo método para predecir la constante dieléctrica del agua a altas temperaturas y presiones, permite atisbar procesos como la formación de diamantes, la acumulación de hidrógeno, el transporte de compuestos químicos por el manto, la liberación de gases o la formación de la atmósfera terrestre en su origen. “He hecho público el modelo para que con nuevos experimentos proporcione un enfoque integrado del papel del agua en las profundidades terrestres”, afirma Sverjensky.
Proceso de serpentinización del mineral olivina (en amarillo) por el que los microbios obtienen hidrógeno

domingo, 12 de enero de 2014

El Real Jardín Botánico describe una nueva especie de espárrago, endémica de Murcia y en peligro de extinción

Entre las novedades de este ejemplar está la especie de espárrago nueva, Asparagus macrorrhizus, descrita por el profesor de la Universidad de Lérida Joan Pedrol.

El Real Jardín Botánico del Consejo Superior de Investigaciones Científica ha publicado el XX volumen de Flora Ibérica en la que describe una nueva especie de espárrago (Asparagus macrorrhizus), que es endémica de Murcia y está en grave peligro de extinción.

El proyecto Flora Ibérica está coordinado por el científico Carlos Aedo, que destaca que estos veinte volúmenes son "suma del esfuerzo y el trabajo conjunto de la botánica hispano portuguesa", ya que en la obra colaboran asesores, profesionales y expertos de más de una decena de universidades de ambos países.

Entre las novedades de este ejemplar está la especie de espárrago nueva, Asparagus macrorrhizus, descrita por el profesor de la Universidad de Lérida Joan Pedrol.

La nueva especie es endémica en los arenales del Mar Menor, en  Murcia, y que se encuentra en grave peligro de extinción a causa del escenario urbanístico de la zona.

Además, Aedo ha destacado que en este volumen también se destacan las plantas bulbosas, cuya recolección ha permitido, por un lado, aportar al herbario una notable colección y, por otro, exhibir en el Jardín una de las más completas colecciones de plantas bulbosas vivas supervisada por Silvia Villegas, del RJB.

Asimismo, ha valorado que con las campañas de recolección que se están realizando a través del proyecto Flora Ibérica se está adquiriendo un patrimonio de miles de plantas en el Jardín Botánico.

El proyecto se inició en 1980 para poner al día y sintetizar los conocimientos actuales sobre las plantas vasculares que crecen espontáneamente en la Península Ibérica e Islas Baleares, territorio de una notable riqueza florística.

Descubierta una gran bolsa de agua líquida en el hielo de Groenlandia

No se congela en invierno y tiene casi la extensión de Castilla-La Mancha

Bajo la capa helada, en el suroeste de Groenlandia, hay una gigantesca bolsa de más de 140.000 gigatoneladas de agua dulce que se mantiene en estado líquido, a unos cero grados, cuando los termómetros a la intemperie han caído hasta los 20 bajo cero. Tiene una extensión de unos 70.000 kilómetros cuadrados (casi el tamaño de Castilla-La Mancha) y los científicos que la han descubierto explican que se alimenta del agua de la nieve fundida que se filtra por el hielo durante el verano.

 “En lugar de acumularse agua en el espacio entre las partículas de roca del subsuelo, como en los acuíferos subterráneos, en este caso se acumula entre partículas de hielo, como un granizado, y lo sorprendente es que no se congela nunca, incluso durante el oscuro invierno de Groenlandia, porque las grandes cantidades de nieve que caen en la superficie inmediatamente aíslan la bolsa de agua líquida de las temperaturas bajo cero del aire”, explica Rick Foster, científico de la Universidad deUtah y líder de esta investigación que se presenta en la revista Nature Geoscience.

El primer indicio del sorprendente hallazgo surgió con unas perforaciones realizadas en la zona: un par de muestras de hielo que tomaron los investigadores salieron a la superficie chorreando agua. Fue en 2011, y el equipo tuvo que interrumpir el muestreo al no tener maquinaria adecuada para perforar en un medio con agua líquida.

Los científicos se volcaron en los datos de radar obtenidos tanto desde el aire con los aviones del programa Operation IceBridge, de la NASA, como rastreando la misma superficie helada con motos de nieve. Así pudieron delimitar la bolsa subglacial.

Regresaron a la zona en la primavera de 2013 con equipos de perforación adecuados y pudieron extraer cilindros de hielo (nieve compactada antigua) e introducir sensores de temperatura por los agujeros hasta el agua líquida, que resultó estar a cero grados. El acuífero está a unos doce metros de profundidad desde la superficie y llega hasta los 37 metros en el fondo.

Si las 140.000 gigatoneladas métricas de agua acumulas descargaran de repente en el océano, el nivel de este aumentaría 0,4 milímetros, señala la NASA en un comunicado.

El descubrimiento permite ahora conocer más profundamente la estructura y los mecanismos de los glaciales de Groenlandia y mejorar los modelos de proyección de su evolución e impacto en el océano. Foster explica que, al parecer, el acuífero no es un fenómeno reciente, que lleva ahí bastante tiempo.

martes, 24 de diciembre de 2013

Diamantes en el Polo Sur

Un equipo internacional de geólogos ha descubierto una formación rocosa en la Antártida que indica la presencia de diamantes

La Antártida, el único continente virgen que queda en la Tierra, podría tener un auténtico "tesoro" bajo sus montañas heladas: varios yacimientos de diamantes. De momento, según informa Nature, un equipo internacional de científicos ha descubierto que hay un tipo de roca, llamada "kimberlita", que suele contiener estas piedras preciosas en otras partes del mundo. Sin embargo, un Tratado Internacional prohíbe la actividad minera en el Polo Sur hasta el año 2041 para poder proteger este gran espacio natural

La presencia de kimberlita, un tipo de roca azulada, ha sido siempre una buena pista que ha permitido a los geólogos encontrar importantes yacimientos de diamantes en varias partes del mundo, como Sudáfrica, Siberia o Australia. Y, ahora, por primera vez, los investigadores han detectado kimberlita en la Antártida. Más en concreto, en tres muestras extraídas en las laderas del monte Meredith, situado al norte de las montañas Príncipe Carlos.

"El descubrimiento de kimberlitas es muy importante porque es muy probable encontrar diamantes en este tipo de rocas", ha destacado a la BBC Teal Riley, geólogo del Servicio Antártico Británico.

Sin embargo, este importante hallazgo geológico en la Antártida tiene varios condicionantes legales que lo hacen inviable, al menos, a corto plazo.

El Tratado Antártico, que las grandes potencias firmaron en Madrid en 1991, prohíbe todo tipo de actividad minera en el Polo Sur, excepto con fines científicos. Además, los expertos aclaran que sólo la extracción del 10% de los diamantes que se han encontrado hasta ahora en este tipo de formaciones es viable desde el punto de vista económico.

Pero el Tratado Antártico finaliza en el año 2041 y algunas naciones con bases en la Antártida podrían estar interesadas en explotar los ricos recursos naturales de este continente helado. Además, hay algunos países que no firmaron este protocolo internacional de protección del Polo Sur y, por lo tanto, no están obligados por sus disposiciones, incluida la prohibición de las actividades sobre recursos minerales.

Andalucía abre el trámite de información pública para la declaración de nuevas Zonas Especiales de Conservación

Estos documentos, se podrán consultar hasta el día 16 de enero de 2014 en el portal Web de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, de acuerdo con el proceso de información pública.

La Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio ha abierto el trámite de información pública de los Decretos por los que se declararán nueve nuevas Zonas Especiales de Conservación (ZEC) en Andalucía, una figura europea de protección de la Red Natura 2000 cuyo objetivo es el mantenimiento y la recuperación de hábitats y especies de interés comunitario. Los enclaves que se prevén declarar ZEC son: Acantilados de Maro-Cerro Gordo, Albufera de Adra, Laguna Honda, Acebuchales de la Campiña Sur de Cádiz, Cola del Embalse de Bornos, Cola del Embalse de Arcos, Río Guadalmez, Sierra de Santa Eufemia y el Corredor Ecológico del Río Guadiamar.

Estos documentos, se podrán consultar hasta el día 16 de enero de 2014 en el portal Web de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, de acuerdo con el proceso de información pública, para la presentación de las correspondientes alegaciones. Con esta iniciativa, la Junta pretende facilitar y garantizar a los ciudadanos, de forma transparente y accesible, toda la información recogida en dichas declaraciones.

Junto a los borradores de los Decretos, también se ponen a exposición pública el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del paraje natural Acantilados de Maro-Cerro Gordo, los de las reservas naturales Albufera de Adra y Laguna Honda y Laguna del Chinche; así como los Planes de Gestión de Acebuchales de la Campiña Sur de Cádiz, Sierra de Santa Eufemia, Río Guadalmez y  del Corredor Ecológico del Río Guadiamar.

En líneas generales, los planes de ordenación fijan los objetivos, medidas, criterios y líneas de actuación relativas a las distintas necesidades de conservación, así como a las actividades científicas, de investigación y de educación ambiental. Estos planes establecen también la gestión ecológica de los aprovechamientos tradicionales y de distintos usos, a través de un régimen de autorizaciones y limitaciones de uso.

Además de compatibilizar estos usos, los documentos recogen también medidas para mantener los procesos ecológicos; restaurar los hábitats degradados o desnaturalizados; conservar la flora y la fauna, y garantizar la protección del paisaje.

Tanto la declaración de ZEC como los planes mantienen los regímenes de administración y gestión. Estas tareas corresponden a la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación, asistida por los distintos consejos provinciales de Medio Ambiente y Biodiversidad de las provincias en las que se localizan estos espacios naturales y en los que están representados los distintos agentes sociales, económicos, institucionales y locales.

Zonas de Especial Conservación
En la actualidad, Andalucía cuenta con 30 Zonas Especiales de Conservación (ZEC) declaradas: los espacios naturales de Doñana y Sierra Nevada; las reservas naturales de la Laguna de Fuente de Piedra (Málaga) y de las Lagunas del Sur de Córdoba, y 19 parques naturales: Cabo de Gata-Níjar y Sierra María-Los Vélez (Almería); Estrecho, Alcornocales, Bahía de Cádiz, Sierra de Grazalema, y La Breña y Marismas del Barbate (Cádiz); Sierra de Hornachuelos, Sierra de Cardeña y Montoro, y Sierras Subbéticas (Córdoba); Sierra de Baza, Sierra de Castril y Sierra de Huétor (Granada); Sierra de Aracena y Picos de Aroche (Huelva); Despeñaperros, Sierra de Andújar y Sierra Mágina (Jaén); Sierra de las Nieves (Málaga) y Sierra Norte de Sevilla; los parajes naturales Torcal de Antequera, los Reales de Sierra Bermeja, Sierra Crestellina y el Desfiladero de los Gaitanes, en la provincia de Málaga, y el Estuario del Río Guadiaro y las Marismas del Río Palmones en la provincia de Cádiz. Asimismo, se incluye el Estrecho Oriental, ZEC declarada por el Estado.

La Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía, donde se incluyen estos territorios, es una de las mayores de Europa, con 247 enclaves y casi 2,8 millones de hectáreas (el 30% de la superficie protegida en España). Andalucía es, además, la segunda comunidad autónoma española, después de las Islas Canarias, con mayor longitud de costa protegida (uno de cada tres kilómetros). En el ámbito internacional, Andalucía tiene reconocidas por la Unesco nueve de las 22 Reservas de Biosfera que hay en España, a lo que suma la consideración de Doñana como Patrimonio de la Humanidad.

¿Cómo se adaptan las plantas al frio?

Los resultados, que publica 'Nature' este domingo, sugieren que muchas plantas adquirieron características que les ayudaron a prosperar en climas más fríos, como estar moribundas en invierno, mucho antes de toparse por primera vez con temperaturas de congelación.

Mediante la construcción de un árbol evolutivo de más de 32.000 especies de plantas con flores y combinándolo con los registros de exposición a la congelación y datos de las hoja y los tallos de miles de especies, un equipo de científicos ha reconstruido cómo las plantas han evolucionado para hacer frente al frío a medida que se extiende por todo el mundo.

Los resultados, que publica 'Nature' este domingo, sugieren que muchas plantas adquirieron características que les ayudaron a prosperar en climas más fríos, como estar moribundas en invierno, mucho antes de toparse por primera vez con temperaturas de congelación.

La evidencia fósil y reconstrucciones de las condiciones climáticas del pasado sugieren que plantas de floración temprana vivían en ambientes tropicales cálidos, explica el coautor Jeremy Beaulieu, del Instituto Nacional de Matemática y Síntesis Biológica (NIMBioS) en la Universidad de Tennessee, en Estados Unidos. Como las plantas se propagaron a latitudes y altitudes más altas, evolucionaron en formas que les ayudaron a hacer frente a condiciones de frío.

Las plantas que viven en la tundra, como el cinquefoil ártico y la saxifraga de tres dientes, pueden soportar temperaturas invernales inferiores a menos 15 grados Celsius. A diferencia de los animales, la mayoría de las plantas no puede moverse para escapar del frío o generar calor para mantenerse caliente No es tanto el frío, sino el hielo el que plantea problemas a las plantas, porque, por ejemplo, la congelación y descongelación provoca burbujas de aire que se forman en el sistema de transporte interno de agua de la planta.

"Es como las burbujas de aire que se ven suspendidas en los cubos de hielo", pone como ejemplo uno de los autores de la investigación, Amy Zanne, de la Universidad George Washington. "Si se junta un número suficiente de estas burbujas de aire, cuando el agua se descongela pueden bloquear el flujo de agua desde las raíces hasta las hojas y matar a la planta", detalla.

Los investigadores identificaron tres rasgos que ayudan a las plantas conseguir evitar estos problemas. Algunas plantas, como nogales y robles, evitan daños por congelación al dejar caer sus hojas antes de que llegue el frío del invierno, cerrando de manera efectiva el flujo de agua entre las raíces y las hojas, y haciendo crecer nuevas hojas y células de transporte de agua cuando se restablece el clima más cálido.

Otras plantas, como abedules y álamos, también se protegen a sí mismos por tener estrechas células de transporte de agua, lo que hace a las partes de la planta que llevan agua menos susceptibles a la obstrucción durante la congelación y descongelación. Otras están moribundas en invierno y sus raíces vuelven a brotar o comienzan a crecer como nuevas plantas a partir de semillas cuando las condiciones son adecuadas.

Cuando los investigadores mapearon las hojas que recogieron y surgieron datos del árbol evolutivo de las plantas con flores, se encontraron con que muchas plantas estaban bien equipadas para los climas helados, incluso antes de que llegaran las condiciones de frío.

Las plantas que mueren en invierno, por ejemplo, adquirieron la capacidad de morir y regresar cuando las condiciones mejoran mucho antes de experimentar la primera congelación. Del mismo modo, las especies con las células de transporte de agua estrechas adquirieron un sistema circulatorio más fino antes enfrentarse a los climas fríos.

"Esto sugiere que alguna otra presión ambiental, posiblemente la sequía, hizo a estas plantas evolucionar de esta manera y pasar a funcionar muy bien para tolerar la congelación", plantea Zanne . Las únicas excepciones fueron las plantas con hojas caducas, ya que no ganaron la capacidad de caída de las hojas durante el invierno hasta que se toparon con la congelación, añade Beaulieu.
Fuente:
Europa Press