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domingo, 20 de marzo de 2011

Inaugurado en Doñana (Huelva) el nuevo centro de Interpretación del Lince Ibérico

Los visitantes y ciudadanos del entorno de Doñana podrán ahondar en la forma de vida y las amenazas a la supervivencia de la especie más emblemática de la zona, con lo que se contribuye a la conservación de este animal.

El Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino ha participado estos días en Almonte (Huelva), en la inauguración del Centro de Interpretación del Lince Ibérico, ubicado en las instalaciones del Museo Forestal de este municipio, en el que se han invertido 141.421 euros a través del régimen de ayudas concedidas a la Comunidad Autónoma de Andalucía.

Los visitantes y ciudadanos del entorno de Doñana podrán ahondar en la forma de vida y las amenazas a la supervivencia de la especie más emblemática de la zona, con lo que se contribuye a la conservación de este animal y, por extensión, a difundir valores relacionados con la protección de determinadas especies. Para ello, se organizarán campañas de concienciación y sensibilización ambiental, buscando un mayor grado de familiarización y cercanía.

El objetivo de este centro es crear un nuevo recurso turístico y divulgativo en el ámbito medioambiental.

La infraestructura forma parte de la Red de Museos del municipio, al incluirse en el Museo Forestal.
Concretamente, el espacio dedicado al lince se ha fijado en el edificio B, enriqueciendo este complejo cultural dedicado al monte público. Se encuentra en el kilómetro 8 de la carretera A-483 entre Almonte - El Rocío, en un pinar de alto valor ecológico, por lo que se ha cuidado el hecho de armonizar las instalaciones a la naturaleza circundante.



No más bolsas de plástico en el 2018

Desde 2015 incluirán advertencias sobre los daños que provocan en el medio ambiente.

El Gobierno quiere que las bolsas de plástico de un solo uso desaparezcan en 2018. Para ello, el Ministerio de Medio Ambiente ha elaborado un duro calendario de eliminación que incluye la prohibición de distribuir estas bolsas en 2018, con la excepción de las que se usan para guardar pescado o carne, según explicó la secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera.

Además, el ministerio recurrirá a medidas insólitas para concienciar a los ciudadanos de los daños producidos al entorno por las bolsas de un solo uso, cuya fabricación depende del petróleo. A partir del 1 de enero de 2015, los supermercados y el resto de superficies que distribuyan estas bolsas tendrán que incluir en ellas "un mensaje alusivo a los efectos que provocan en el medio ambiente". El ministerio fijará el contenido de estos mensajes. Como en las cajetillas de tabaco, las fotografías de pulmones cancerosos podrán ser sustituidas por islas de bolsas de plástico en el mar o lemas contundentes como "las bolsas matan mamíferos marinos".

El calendario de eliminación de las bolsas de plástico no biodegradables figura en el borrador del anteproyecto de ley de residuos y suelos contaminados, que transpone una directiva europea y en la actualidad se encuentra en trámite de información pública. El ministerio se ha encontrado con "una fuerte oposición" de los fabricantes de plástico, pero está empeñado en sacarlo adelante. Su plan es sustituir el 60% de las bolsas en 2013 y el 80% en 2016.

Cambiar a biodegradables


Dentro de esta ofensiva contra el plástico contaminante, la ministra de Medio Ambiente, Rural y Marino, presentó en estos días una campaña para intentar convencer a los consumidores de que opten por bolsas biodegradables, reutilizables o carritos de la compra. El eslogan es radical: "Cambia la bolsa de una vez por todas".

"Tenemos en nuestra retina esas islas artificiales de plástico en los océanos", señaló la Titular, decidida a "animar a la población a cambiar sus hábitos de consumo". Según sus cifras, en España se producen cada año unos 13.500 millones de bolsas de plástico, por lo que cada ciudadano consume una media de 300 anualmente. "Excesivo en la mayoría de los casos", a juicio de Espinosa. Este despilfarro implica la generación de casi 100.000 toneladas de residuos al año. La patronal de fabricantes de plástico, Anaip, insiste en que las bolsas de polietileno son 100% reciclables y propone nuevas versiones de estos sacos, reutilizables.



Noches de Super Luna


Siempre es un buen momento para mirar a la Luna. Quizás vivimos ajenos a la gran belleza que noche tras noche nos regala la naturaleza. Pero, ¡ahí está! ¿Y por qué especialmente hoy debemos alzar nuestros ojos al cielo?

Hoy, se va a dar un hecho que sólo se repite cada 18 años!! Hoy coincide que hay luna llena en el momento de máxima aproximación de nuestro satélite a la Tierra. No sé si sabréis, que la órbita que describe la Luna alrededor de la Tierra es elíptica. Por ese motivo, hay un punto en el que la Luna está más lejos de la Tierra (apogeo) y otro en el que está más cerca (perigeo). La diferencia es de 50000km, lo cual, aunque parezca mucho, no es tanto.



Con motivo de este acercamiento, la Luna parecerá un 14% más grande de lo normal y mucho más brillante. Lo astrónomos recomiendan verla en los primeros momentos de la noche, cuando la Luna está cerca del horizonte. Al parecer, y debido a algún efecto óptico no muy bien entendido, cuando la Luna está baja, es cuando nos parece más grande.


Por lo que he leído en los medios, circula por la red una serie de previsiones catastrofístas para esta noche. No más lejos de la verdad, las mareas y cualquier efecto de la Luna sobre la Tierra, no serán significativamente diferentes a otros días aunque sí la pleamar y la bajamar, en muchos lugares del planeta, puede marcar niveles históricos.
Más información en:
http://science.nasa.gov/science-news/science-at-nasa/2011/16mar_supermoon/

Se prevee que el cambio climático reduzca un 20% las especies forestales en España

Fuente y más información:
http://www.gentedigital.es/badajoz/noticia/509480/el-cambio-climatico-promueve-una-reduccion-significativa-del-20-de-especies-forestales-en-espana/
http://www.wikio.es/politica/gobierno/ministerio_de_medio_ambiente,_medio_rural_y_marino/teresa_ribera


Teresa Ribera destaca que el informe servirá para planificar y desarrollar políticas de conservación de la biodiversidad española.

El 20 por ciento de las especies forestales españolas se está reduciendo significativamente debido al cambio climático en España y las especies de fauna reducirán su superficie de distribución de territorio, incluso con condiciones climática favorables entre 2071 y 2100, en relación con 2011, según datos del estudio 'Impactos, Vulnerabilidad y Adaptación de la Biodiversidad Española al Cambio Climático'.

El trabajo, presentado este martes por la secretaria de Estado de Cambio Climático del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM), Teresa Ribera, analiza la evolución y el comportamiento de la flora y la fauna de la España peninsular y realiza pronósticos en base a distintos modelos predictivos en función de distintos escenarios de evolución del cambio climático.

El informe revela que bajo un escenario climático extremo y tras analizar 292 vertebrados terrestres, el 85 por ciento de los anfibios, el 67 por ciento de los reptiles y mamíferos y el 63 por ciento de las aves, podrían ver reducida en más de un 30 por ciento la superficie de territorio con condiciones climáticas favorables para el periodo 2071-2100, con relación al momento actual.

Al final del siglo XXI estima que el cambio climático impactará en la fauna de vertebrados españoles hasta el punto de que más del 51 por ciento de las especies podría requerir de medidas concretas de conservación y adaptación para compensar sus efectos, entre 20141 y 2070, un porcentaje que, según ha explicado el principal autor del trabajo e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas Miguel Araújo, sería "mucho mayor a finales del siglo y usando como referencia los escenarios climáticos más extremos".

LOS ANFIBIOS, MUY AFECTADOS
A este respecto, ha comentado que en ese periodo "ningún anfibio y apenas el 3 pro ciento de los reptiles, el 7 por ciento de los mamíferos y el 11 por ciento de las aves registrarían aumentos del área potencial en el marco de los escenarios climáticos utilizados".

En cuanto a la flora, el estudio subraya como "especialmente preocupante la reducción de algunas especies forestales como el pinsapo, el abeto común, la encina, el roble albar, y el alcornoque. Con relación a las especies de flora amenazada, se estima que un 50 por ciento podría pasar a estar en situación crítica a medio plazo por efecto del cambio climático.

Así, el investigador de la Universidad de Extremadura Ángel Felicísimo, ha indicado que parece que el alcornoque desparecerá de Extremadura y aparecerá en la zona más continental de Galicia porque el cambio climático impactará en la distribución de las especies, de modo que el palmito podría ampliar su distribución geográfica. "Las actuaciones llevan tiempo y hay que empezar ya, en este momento", ha reclamado.

Por áreas geográficas, el estudio apunta a una pérdida más intensa en la zona sur a algo menos intensa en la zona norte. Así, mantienen unas condiciones climáticas con capacidad relativamente alta de albergar especies algunas zonas del Norte de Castilla y León, Asturias y Cantabria, principalmente.

En relación con la fauna, el documento señala que el patrón de contracción de riqueza de las especies sigue una tendencia sudoeste-nordeste y sur-norte para todos los grupos estudiados debido a la tendencia al aumento de la temperatura. Estos resultados coinciden con los de otros modelos realizados en Europa. Esto podría conllevar una migración potencial de las especies hacia las regiones Norte y Nordeste. Mientras, las áreas de mayor estabilidad, al igual que en el caso de la flora, se localizan en la mitad norte de España.

PROPUESTAS CONTRA EL PELIGROMientras, el director del Museo de Ciencias Naturales, Esteban Manrique, ha augurado que, de acuerdo a las fichas para cada especie y los mapas con su potencial distribución climática realizados dentro del Informe, el oso pardo "puede desaparecer" de la fauna ibérica "si no se toman medias", igual que con el lince o el quebrantahuesos.

Por este motivo, ha propuesto al creación de una "lista naranja" que incluya a las especies no recogidas en la 'lista roja' con el fin de tomar medidas de precaución. Asimismo ha reclamado una mayor flexibilidad en la gestión porque, en su opinión, a medida que cambien las condiciones deberían también modificarse las actuaciones, por lo que ha dicho que, probablemente, también habrá que actualizar las áreas de la Red Natura 2000.

Otra de las propuestas expresadas es la creación de "corredores de dispersión" entre áreas naturales importantes y que, para las especies en peor estado se tomen medidas como los bancos de germoplasma o la cría en cautividad entre otras.

En la presentación, la secretaria de Estado ha señalado la importancia estratégica del informe, porque contribuirá a la planificación y el desarrollo de instrumentos para la conservación de la biodiversidad en España y su adaptación al cambio climático en las próximas décadas. "Este es un escalón más en una etapa y una serie de pasos con los que hay que acostumbrarse a convivir, pero que se ha hecho con la misma lógica de las actuaciones que iniciamos hace seis años", ha valorado.

Además, ha agregado que este documento permitirá alimentar las decisiones y los instrumentos del Plan Estratégico del patrimonio Natural y de la Biodiversidad y profundizar en los aspectos que relacionan cambio climático y biodiversidad. "La biodiversidad es clave, y más para España", ha insistido la secretaria de Estado.

A su juicio, Europa no puede quedar al margen de la adaptación al cambio climático, cuyos efectos "no perdonan a nadie" y tampoco a los países ricos, al tiempo que ha subrayado que este hecho es "especialmente relevante" para los países del sur del continente, donde ha advertido de que los efectos pueden ser "dramáticos".

Finalmente, ha anunciado que en un plazo "breve" también verá la luz otra trabajo de colaboración similar que se está realizando entre España y Portugal para evaluar el impacto del cambio climático en la fauna de vertebrados terrestres de la Península ibérica con el fin de identificar un conjunto de acciones comunes necesarias para minimizar los efectos potenciales de este fenómeno sobre la biodiversidad ibérica.

sábado, 19 de marzo de 2011

El Oso Pardo y el Quebrantahuesos abandonarán España en unas décadas.

Un estudio del CSIC alerta de que más de la mitad de los vertebrados verán reducido su hábitat en un 30% por el cambio climático.

El oso pardo y el quebrantahuesos cruzarán los Pirineos en las próximas décadas y abandonarán para siempre la península ibérica. Otros animales como el lince ibérico, algunos sapos y reptiles son las especies en mayor riesgo de extinción debido al ascenso acusado del calor y el descenso de las lluvias que provocará en España el cambio climático. Un estudio del CSIC promovido por el Ministerio de Medio Ambiente alerta de que más la mitad de los vertebrados necesitarán medidas especiales de conservación y adaptación entre los años 2041 y 2070, ya que verán reducida en más de un 30% la superficie de territorio con condiciones climáticas favorables. "El porcentaje sería mucho mayor a finales de siglo y usando como referencia escenarios climáticos más extremos”, explica el investigador del CSIC Miguel Araújo, principal autor del trabajo.

Según el presidente del CSIC, Rafael Rodrigo, y el director del Museo Nacional de Ciencias Naturales, uno de los coordinadores, el objetivo del estudio nació de la necesidad de evaluar cómo afectan los cambios en el clima a la biodiversidad de la España peninsular, que acoge el 50% de la presente en Europa, es decir, la mitad de la flora y la fauna europeas.

"Listas naranjas"
Los autores del trabajo, apuntan que las medidas específicas para mitigar el impacto negativo de las alteraciones climáticas deberían empezar por incluir la revisión de las listas de especies amenazadas, entre otros instrumentos legales. "El 38% de las especies se beneficiaría de la creación de corredores de dispersión entre áreas naturales importantes. Un porcentaje más reducido de especies, el 2%, podría requerir de medidas más extremas de conservación, como son la reproducción en cautividad o los bancos de germoplasma", apunta Arujo.

Los expertos proponen revisar el estado de amenaza de las especies según criterios que incluyan los efectos directos e indirectos de las alteraciones climáticas. Sugieren, por ejemplo, crear una “lista naranja” con especies no amenazadas actualmente, pero que pudiesen llegar a estarlo dentro de unos años.

Los más afectados
Del informe se desprende que los anfibios, las aves y los reptiles serán los más afectados por el cambio climático. También confirma que el aumento de las temperaturas y el descenso de las precipitaciones en el suroeste y sur de la Península provocará la migración de las especies hacia las regiones del norte y noreste. “El patrón de contracción de las distribuciones potenciales de las especies de suroeste a noreste y de sur a norte --subrayan-- es consistente para todos los grupos estudiados y coincide con los resultados de los modelos a nivel europeo".
Fuente y más información:
http://www.quebrantahuesos.org/


viernes, 18 de marzo de 2011

La extraña hibernación de los osos negros

Un grupo de animales de Alaska ha sido vigilado constantemente durante la fase invernal con cámaras, sensores y chips.

Los osos negros, en Alaska, pasan entre cinco y siete meses al año sin comer, beber, orinar o defecar; luego emergen de la hibernación y están prácticamente en las mismas condiciones fisiológicas que cuando se retiraron a dormir en el otoño. Unos investigadores han querido observar en detalle ese proceso de hibernación en un grupo de osos (Ursus americanus) vigilándolos constantemente con cámaras y sensores. Sus conclusiones han sorprendido a los especialistas: los osos reducen poco su temperatura corporal durante la hibernación, pero su actividad metabólica cae notablemente. Lo normal es que los procesos químicos y biológicos de un organismo se reduzcan aproximadamente en un 50% por cada 10 grados centígrados de caída de la temperatura corporal, mientras que en los osos del estudio dicha temperatura solo es entre seis y siete grados menor de lo normal, aunque su metabolismo se ralentiza mucho más de lo esperado, hasta un 75% respecto a los niveles normales durante el período estival de actividad. Además, otra sorpresa se ha presentado cuando los animales han salido de la hibernación, ya que su metabolismo sigue en niveles bajos durante dos o tres semanas.
      Para hacer el estudio, Oivind Toien y sus colegas, del Instituto de Biología Ártica (Universidad de Alaska en Fairbanks) y de la Universidad de Stanford, han aprovechado un grupo de osos que habían sido capturados en Alaska por las autoridades ya que se habían aproximado demasiado peligrosamente a zonas habitadas.

      Los animales fueron recluidos en un recinto en el bosque alejado de las actividades humanas y con estructuras similares a cubiles naturales. Una batería de sensores, desde cámaras infrarrojas y detectores de movimiento en el entorno hasta chips y transmisores colocados en cada ejemplar para vigilar su temperatura, latidos del corazón, actividad muscular han permitido vigilarlos durante los meses de inactividad. Es la primea investigación que se realiza de seguimiento continuo de la hibernación de los osos en condiciones de vida naturales, afirma la revista Science.

      Una de las osas del estudio que estaba preñada mantuvo durante la hibernación una temperatura corporal normal y solo se redujo después del parto (la cría murió), explican los investigadores. También han identificado en los osos fluctuaciones de temperatura en ciclos de varios días, variando entre 36 y 30 grados centígrados, durante ese largo período invernal. Los niveles de metabolismo se han podido medir por el oxígeno consumido en cada momento. Durante la hibernación, el corazón del oso pasa de unos 55 latidos por minuto a unos 14. Pero incluso ese ritmo de latidos se mantiene mientras el animal respira, y es aún menor entre respiraciones, que pueden espaciarse hasta 20 segundos. "Cada vez que el oso respira su corazón se acelera durante un breve período de tiempo hasta casi el ritmo normal de uno de estos animales en reposo en verano, y entre un respiro y otro el ritmo cardíaco vuelve a descender", explica Toien.

      "Cuando el oso negro sale del período de hibernación, en primavera, no ha sufrido la pérdida de masa muscular, ósea y funcional que uno esperaría en el caso de personas que estuvieran en una situación similar de inmovilidad", dicen los investigadores. Por eso ellos creen que pueden encontrar en los osos mecanismos moleculares asociados a la hibernación que den pistas sobre los humanos. Eso, tal vez, pueda ayudar a desarrollar terapias o tratamiento de reducción del metabolismo y consumo de oxígeno en los tejidos humanos. Los científicos incluso mencionan la idea de aplicar la hibernación a los astronautas en viajes interplanetarios muy prolongados, como los tripulantes dormidos de la nave Descubrimiento en la película 2001 Una Odisea Espacial, de Stanley Kubrick. Pero para eso hace falta mucha más investigación, advierten.
      Fuente y más información:
      http://www.theblaze.com/blog/2011/02/18/ever-wonder-if-hibernating-black-bears-snore/
      http://www.fundacion-biodiversidad.es/biodiversidad/actualidad-fb/114520
      

      Un observatorio actualizará constantemente el retrato de las áreas protegidas en el mundo

      La ONU, la CE y la NASA se unen para que políticos e investigadores dispongan de mejor información.

      Para 2020, ecosistemas y biodiversidad de al menos el 17% de las zonas interiores y el 10% de las zonas costeras y marinas de la Tierra estarán protegidas, si se cumplen los objetivos fijados por la ONU. Es una gran extensión, y se plantean las preguntas: ¿Están las áreas protegidas realmente protegidas? ¿Son las áreas adecuadas? ¿Dónde ubicar las nuevas áreas protegidas? Para contestarlas se está poniendo en marcha el Observatorio Digital para Áreas Protegidas (DOPA por sus siglas en inglés), en el que participa por parte europea el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea (JRC).

      Se trata de un conjunto de bases de datos distribuidas y servicios abiertos de web para proporcionar a los políticos y a los investigadores los medios para evaluar, vigilar y prever el estado de las áreas protegidas a escala global, y las presiones que sufren. Esta información debería ayudarles a establecer prioridades y apoyarles en la toma de decisiones y en los procesos de distribución de fondos. El observatorio pretende trascender los límites físicos de las áreas protegidas para estudiar las presiones antropogénicas sobre los ecosistemas e identificar los corredores ecológicos y nuevas áreas a proteger.

      En el proyecto participan organizaciones de índole similar, como el GBIF y el centro de vigilancia del PNUMA, así como organizaciones conservacionistas como Birdlife International (SEO en España) y agencias espaciales como la NASA. Lo importante, dicen sus responsables, es conectar bien los datos disponibles y para ello se están utilizando complejas herramientas informáticas.

      El 12% de la superficie emergida del planeta está protegida, el 0,5% de los océanos y el 6% de los mares territoriales. Las 130.000 áreas protegidas en tierra firme resultan insuficientes, según la ONU, para conservar la diversidad biológica en un planeta que pronto contará con 7.000 millones de habitantes.

      La Unión Europea ha adoptado un nuevo objetivo de biodiversidad para 2020 que pretende frenar la degradación de los ecosistemas para esa fecha además de restaurarlos lo más posible.
      Más información:
      http://dopa.jrc.ec.europa.eu/
      http://www.gbif.es/
      http://www.pnuma.org/
      http://www.seo.org/

      

      Curso de Identificación de Rastros de Vertebrados Ibéricos

      Del 3 al 8 de Julio 2011. Parque Natural de Somiedo (Asturias, España)

      Este año se inaugura por 1º vez un curso monográfico de rastreo e identificación de vertebrados ibéricos. Para ello, se ha elegido un entorno priviligiado en el norte de España (Asturias). Este curso está ideado para estudiantes, titulados y aficionados a la naturaleza, y está organizado para maximizar el aprendizaje de forma práctica en el mismo campo.

      El curso se compone de un total de 35 horas: 15 horas teóricas, 22 horas prácticas.

      Todas las salidas de campo para la localización e identificación de vertebrados, se realizarán desde miradores con catalejos y a través sendas guiadas por los lugares permitidos del parque. Siempre respetando la legislación vigente y teniendo en cuenta que muchas de las especies están protegidas y/o en peligro de extinción. La finalidad es aprender a identificar los rastros y señales de estas especies en su hábitat natural y tratar de observarlas desde lugares específicos en la lejanía, para minimizar la perturbación que les podamos causar con nuestra presencia.

      Inscripción e información:
      http://www.animalrecord.net/cursoasturias.php

      Otro enlace relacionado:
      http://www.parquenaturalsomiedo.com/
      

      Curso de Etología del Lobo (Canis lupus)

      Del Sábado 30 de Abril 2011 al Domingo 01 de Mayo 2011, Madrid (España)
      El lobo ha sido a lo largo de la historia literaria un animal muy temido, el malo de todos los cuentos de niños. Sin embargo a día de hoy, los esfuerzos para conservar esta maravillosa subespecie única en la Península Ibérica, son muchos. Este curso está centrado en el comportamiento del lobo, su biología y conservación. Con la colaboración de Carlos Sanz aullaremos con una manada de lobos.
      Más información, inscripción y otros datos de interés en:
      http://www.animalrecord.net/cursolobo.php

      

      Cambio económico o cambio climático

      Para los ecólogos no es un secreto que la naturaleza confía en los equilibrios. Los ciclos del agua, del carbono o del nitrógeno resultan claros ejemplos de los delicados y complejos equilibrios de la vida. La regeneración natural de los ecosistemas boscosos o de los humedales son otras expresiones de esos equilibrios. Si existen equilibrios, necesariamente deben existir “límites” y una economía de crecimiento ilimitado contradice entonces esta tendencia natural, con lo cual las crecientes crisis ambientales y económicas en gran medida son síntomas de la descoordinación existentes entre ambos mundos. 

      Con el objeto de dar respuesta a la crisis financiera que estalló en 2007, el G20 acordó celebrar una serie de Cumbres de Jefes de Estado o Gobierno. La primera de estas Cumbres se celebró en noviembre de 2008 en Washington DC. En la declaración surgida de la reunión se incluyó un párrafo por el que los líderes del G20 se comprometieron a afrontar otros retos de naturaleza crítica, como son la seguridad energética y el cambio climático.

      En Septiembre de 2009, al concluir su tercera Cumbre celebrada en Pittsburgh, la declaración señaló: No escatimaremos esfuerzos para llegar a un acuerdo en Copenhague a través de las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Tres meses después, en Diciembre de 2009, se celebró en Copenhague la décimo quinta Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, sin poder alcanzar los acuerdos indispensables para evitar las interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático mundial. En junio de 2010, al finalizar la cuarta Cumbre del G20 celebrada en Toronto, y con el fracaso de Copenhague a cuestas, se incluyó el siguiente párrafo:

      Reiteramos nuestro compromiso con una recuperación “verde” y con un crecimiento global sostenible. Aquellos de nosotros que se han asociado al Acuerdo de Copenhague reafirmamos nuestro apoyo a dicho Acuerdo y a su implementación y llamamos a otros a que se asocien… estamos decididos a asegurar un resultado exitoso a través de un proceso inclusivo en las Conferencias de Cancún.

      Como es de público conocimiento, en Cancún sólo se alcanzaron acuerdos secundarios sin poder dar una respuesta concreta y contundente a este desafío crítico que nos plantea el proceso de cambio climático global.

      Nos hemos ido acostumbrando tanto a las noticias que informan de los magros resultados o el fracaso de las negociaciones que año a año se desarrollan en las Conferencias de las Partes de la Convención como así también de los incrementos de las emisiones antropogénicas de gases efecto invernáculo. Desde 1990, año establecido como base para las reducciones de emisiones del Protocolo de Kioto, la concentración atmosférica de CO2 creció a una tasa anual de 1,5 ppm (partes por millón) alcanzando, a finales de 2009, una concentración de 387 ppm, la más alta en los últimos 2 millones de años, aproximándose a paso firme a los umbrales críticos, tras los cuales se pueden esperar efectos climáticos graves e irreversibles[1].

      El continuo ritmo de crecimiento de las emisiones contrasta con los objetivos de reducción establecidos luego de las arduas negociaciones desarrolladas en la Convención y su Protocolo de Kioto. Hoy esas negociaciones se encuentran empantanadas. Muchas son las causas que se pueden citar, pero existen dos hechos que no deben pasar inadvertidos a la hora de los balances.

      En primer lugar, cada día resulta mayor el abismo abierto entre la disminución de las emisiones necesaria para mitigar el cambio climático global definida por los científicos[2] y la disminución de las emisiones que los políticos consideran factible de alcanzar. En segundo lugar, el pensamiento económico dominante, que no puede inspirar la adopción de medidas que posibiliten mitigar el cambio climático y menos aún inspirar el urgente y necesario cambio de rumbo hacia un curso de sostenibilidad. Valen aquí mas que nunca las palabras de Albert Einstein: los problemas no se pueden resolver dentro del marco mental que los originó.

      No será nada fácil entonces revertir estas tendencias que apuntan en sentido contrario al indicado por los científicos, menos aún cuando tal como lo postula la Convención, las reducciones deberán alcanzarse en un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de manera sostenible.

      Las decisiones políticas y económicas que conducen al aumento de las emisiones obedecen fundamentalmente a nuestra actual incapacidad para desconectar el crecimiento económico de las emisiones de carbono. Las curvas de crecimiento en las emisiones mundiales de CO2 y del PBI sugieren que a cada incremento en el PBI corresponde un registro paralelo de mayor uso de energías fósiles y emisiones de CO2.

      i1



      Gráficos tomados de “Ecological macroeconomics: Consumption, investment, and climate change”, Jonathan M. Harris (Tufts University. USA) - Real-World Economics Review - Issue no. 50, 8 September 2009

      Con el objeto de establecer el grado de correlación existente entre ambas series de datos (PBI y emisiones), el autor ha obtenido un valor de “r” igual a 0,98 para el periodo 1870-2008.

      i2

      Una forma pragmática de visualizar el proceso y las causas que definen el aumento de las emisiones antropogénicas de gases efecto invernáculo la provee la ecuación desarrollada por el economista energético Yoichi Kaya, quien relaciona los factores que determinan el nivel de impacto humano sobre el clima en la forma de emisiones de dióxido de carbono. Kaya postula que son cuatro los factores que definen la cuantía de tales emisiones: la “intensidad de carbono de la energía” (emisiones de carbono por unidad de energía consumida); la “intensidad energética de la economía” (consumo de energía por unidad de PIB); el PIB per cápita y la población.

      Mientras que las negociaciones en la Convención giran sobre las formas de disminuir la intensidad de carbono modificando las fuentes energéticas y sobre las formas de disminuir la intensidad energética de la economía aumentando la eficiencia en su uso, poco es lo que se dice, y nada lo que se negocia sobre la evolución del PIB/cápita y el crecimiento exponencial de la población. Ambos factores resultan preponderantes y definitorios de la cuantía de las emisiones de CO2. Si aplicamos la ecuación de Kaya a los mejores pronósticos de reducción de intensidad de carbono y energética que se pueden esperar para los próximos 25 años e incorporamos las tendencias de crecimiento del PBI/cápita y de población, el resultado final sería que en 2035 las emisiones globales de CO2 se incrementarían en más del 40% respecto de 2007, tal como lo ha calculado Mariano Marzo, catedrático de recursos energéticos de la Universidad de Barcelona.

      Cabe preguntarse entonces si el necesario freno a las emisiones de gases efecto invernáculo se podrá alcanzar dentro de las negociaciones que se desarrollan a nivel internacional en la Convención, o si en realidad ellas sólo podrán llegar como fruto de un debate mas amplio en el campo de la economía. Un debate en el que se analice en profundidad el paradigma dominante en las relaciones sociedad-naturaleza; que cuestione el actual modelo de desarrollo y se proponga un cambio copernicano en el sentido y dirección de nuestras actuales creencias económicas, entre las cuales, el crecimiento sin límites de la economía ocupa un lugar central.

      Creo oportuno recordar las ideas del economista y matemático rumano Nicholas Georgescu-Roegen[3], quien sostuvo que el pensamiento económico occidental se basa en una concepción mecanicista que conduce a expectativas de crecimiento ilimitado, generando inevitablemente crisis ecológicas, sociales y políticas. Un buen ejemplo de esto último es el cambio climático, en tanto los actuales patrones de producción, consumo y crecimiento económico, han dependido y dependen de un mayor uso de energía de combustibles fósiles. Ellos no podrán desvincularse hasta que no logremos redefinir el concepto mismo de crecimiento, cuestionando uno de sus núcleos macroeconómicos básicos, como es la hipótesis de un crecimiento continuo y exponencial en el PBI.

      Aquí tampoco los cambios serán una tarea simple. El crecimiento ilimitado de la economía, el Santo Grial en el que descansan las concepciones económicas neoclásicas ha generado una compleja red ideológica en la que el consumismo ocupa un lugar central. Para comprender la importancia que el consumismo tiene en la vida moderna, basta con recordar el pensamiento del analista de mercado Víctor Lebow, quien un poco después de la Segunda Guerra Mundial, cuando EE.UU. necesitaba hacer crecer la economía, formuló la solución que se convirtió en la regla para todo el sistema:

      Nuestra economía, enormemente productiva, requiere que hagamos del consumo nuestra forma de vida, que convirtamos en rituales la compra y el uso de bienes, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, la satisfacción de nuestro ego, en el consumo. Necesitamos que las cosas se consuman, quemen, reemplacen y desechen a un ritmo cada vez más acelerado.[4]

      La exacerbación del consumo trajo como consecuencia patrones de producción basados en el concepto de “obsolescencia programada” y en refuerzo, la publicidad aportó a la “obsolescencia percibida”, motorizando ambas el consumo desmedido y el despilfarro, como medios para garantizar un ilusorio crecimiento económico ilimitado.

      En la década de 1970, frente al crecimiento de una corriente de opinión contraria a las ideas que postulaban un crecimiento económico infinito, surgieron los intentos por demostrar que ello era posible. Ejemplos paradigmáticos son los trabajos de Solow, Stiglitz y Hartwick que intentaron establecer las condiciones necesarias para alcanzar un indefinido crecimiento económico pese a las limitaciones impuestas por la finitud de los recursos naturales, uno de cuyos pilares se centró en considerar que el capital económico podía sustituir al capital natural y que las bondades del cambio tecnológico hacen posible pensar en una explotación sin límites de los recursos naturales.

      A la función de producción empleada por los modelos neoclásicos de crecimiento económico, que normalmente consideraban dos factores: el stock de capital económico y la oferta de trabajo, Solow y Stiglitz agregaron el flujo de recursos usados en la producción y demostraron matemáticamente que ese flujo puede ser tan pequeña como se desea, siempre que el capital económico sea suficientemente grande, como prueba de la existencia de sustitución entre el capital económico y el natural.

      Estas especulaciones teóricas, propias de economistas que sólo consideran aquello que está dentro de su cerrado e inflexible modelo matemático, que normalmente tiene escasa o nula relación con lo que acontece en el mundo real, se estrellaron con la lapidaria crítica formulada por Georgescu-Roegen:

      Solow y Stiglitz no habrían llevado a cabo su truco de magia (el incorporar en la función de producción el flujo de recursos naturales) si hubiesen tenido en cuenta, primero, que todo proceso material consiste en la transformación de unas materias en otras (los elementos de flujo) por parte de unos agentes (los elementos de fondo), y, segundo, que los recursos naturales se ven muy socavados en el proceso económico. No son como cualquier otro factor de producción. Una variación en el capital o el trabajo únicamente puede reducir la cantidad de desechos en la producción de una mercancía: ningún agente puede crear la materia con la que trabaja, ni el capital puede crear la sustancia de la que está hecho.[5]

      ¿El capital artificial y el natural son mutuamente sustituibles, o son fundamentalmente complementarios y sólo marginalmente substituibles entre si? ¿El mundo natural finito puede admitir un infinito crecimientos de nuestra economía?

      Para los ecólogos no es un secreto que la naturaleza confía en los equilibrios. Los ciclos del agua, del carbono o del nitrógeno resultan claros ejemplos de los delicados y complejos equilibrios de la vida. La regeneración natural de los ecosistemas boscosos o de los humedales son otras expresiones de esos equilibrios. Si existen equilibrios, necesariamente deben existir “límites” y una economía de crecimiento ilimitado contradice entonces esta tendencia natural, con lo cual las crecientes crisis ambientales y económicas en gran medida son síntomas de la descoordinación existentes entre ambos mundos.

      La Huella Ecológica[6], indicador propuesto, entre otros, por Mathis Wackernagel, resulta una buena ilustración de lo que implica el absurdo de concebir un crecimiento infinito en un mundo finito. Al asociar la Huella Ecológica con el concepto de Biocapacidad[7] surge que, desde la década de 1980, la humanidad se ha colocado en una situación de sobregiro del capital natural, un sobregiro ecológico por el cual la demanda anual excede los recursos que puede regenerar la tierra cada año. Este sobregiro lleva al agotamiento del capital natural y al aumento en la generación de residuos, que no puede remediarse con la clásica fórmula económica de la sustitución entre diferentes formas de capital, ya que no existe una importación de recursos para el planeta. Un buen ejemplo lo proporciona Herman Daly cuando al analizar los problemas de las funciones de producción que ignoran el capital natural, menciona que: El hecho de tener dos o tres veces más sierras y martillos no nos permite construir una casa con la mitad de madera[8].

      En el negocio, como de costumbre, limitar las emisiones de carbono lleva directamente a la caída del crecimiento económico, con secuelas de recesión y desempleo, agudizando el estancamiento del mundo en desarrollo, de allí que difícilmente se pueda esperar que negociando en el estrecho margen de una convención sobre cambio climático se logre alcanzar el objetivo propuesto de estabilizar las concentraciones de gases efecto invernáculo en la atmósfera.

      La solución sólo puede llegar como resultado, en el lado de la oferta, de cambios en materia de eficiencia energética y fuentes de energía renovables, y en el lado de la demanda, estabilizando la población y modificando los patrones de consumo, que debería reorientarse de los bienes a los servicios del capital humano, entre otros: la educación, la salud y la recreación. En tal escenario, los países desarrollados tienen que moderar sus niveles de consumo y, los países en desarrollo, tienen que alcanzar los promedios globales. De esta forma, el crecimiento económico debería redefinirse en el concepto de “progreso económico”, orientado hacia la vida social y cultural mejoradas.

      Tal como lo sostiene Jonathan M. Harris (Tufts University. USA) en “Ecological macroeconomics: Consumption, investment, and climate change”, tenemos que preguntarnos si: ¿Podrá la teoría económica estándar adaptarse a estos cambios? ¿Podrá alcanzarse el objetivo de reducir drásticamente las emisiones de carbono sin agravar el desempleo, aumentar los conflictos entre los "ricos" y pobres", o reducir el bienestar? Las respuestas a estas preguntas dependerá en parte del potencial tecnológico, en parte de la voluntad social para modificar las metas de consumo, pero también de manera significativa del enfoque que adoptemos para la teoría macroeconómica.

      La opción, entonces, es clara: nos empeñamos como hasta ahora en negociar cuotas de reducción de emisiones mientras vemos como siguen aumentando sus concentraciones atmosféricas, o nos empeñamos en cambiar el rumbo de la economía, enfrentamos seriamente la amenaza del cambio climático y nos ponemos en la senda de un desarrollo sostenible.

      El autor, Carlos Merenson, es Ingeniero Forestal, Académico de Número de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente, ex Secretario de Ambiente de la Nación - Texto original para Ecopolítica.

      Referencias:
      [1] En 2008 se ralentizó el ritmo de las emisiones de carbono, pero ellas igualmente subieron un 1,7% respecto del año anterior. Su evolución en las cuatro últimas décadas marca un crecimiento, desde las 16,3 Gigatoneladas (Gt)de CO2 de 1970, pasando por las 22,3 GtCO2 de 1990 hasta alcanzar las 31,6 GtCO2 de 2008, este último es un valor que supone un incremento del 41% sobre 1990, año base del protocolo de Kioto, muy alejado de su objetivo de reducción, de un 5,2% sobre los niveles de 1990 que se debía alcanzar durante el primer periodo de compromiso (2008-2012).

      [2] En su Cuarto Informe (Climate Change 2007: Synthesis Report, Contribution of Working Groups I, II and III to the Fourth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change. Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA: Cambridge University Press. Also available at http://www.ipcc.ch/) el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) postuló que para evitar una interferencia antropógena peligrosa en el sistema climático mundial era necesario alcanzar una reducción de las emisiones de dióxido de carbono del orden de un 50 a un 85% para 2050.

      [3] GEORGESCU-ROEGEN, Nicholas (1996): La Ley de la Entropía y el proceso económico, Madrid, Fundación Argentaria.

      [4] Lebow, Victor; “Price Competition in 1955”; Journal of Retailing, Vol. XXXI no. 1, pg 5, Spring 1955

      [5] Georgescu-Roegen, N. 1979 “Comments on the Papers by Daly and Stiglitz”. En V. Kerry Smith, eds., Scarcity and Growth Reconsidered. Baltimore: RfFand Johns Hopkins University Press.

      [6] Huella Ecológica («Ecological Footprint»): Medida de cuánta tierra y agua biológicamente productivas requiere un individuo, población o actividad para producir todos los recursos que consume y para absorber los desechos que generan utilizando tecnología y prácticas de manejo de recursos prevalentes. Usualmente se mide la Huella Ecológica en hectáreas globales. Dado que el comercio es global, la Huella de un individuo o un país incluye tierra o mar de todo el planeta.

      [7] Biocapacidad o Capacidad biológica («biocapacity or biological capacity»): La capacidad de los ecosistemas de producir materiales biológicos útiles y absorber los materiales de desecho generados por los seres humanos, usando esquemas de administración y tecnologías de extracción actuales. “Materiales biológicos útiles” se definen como aquellos usados por la economía humana, mientras lo que se considera “útil” puede cambiar de año a año (e.g. el uso de hojas de maíz para la producción de etanol podría resultar en las hojas de maíz convirtiéndose en un material útil, y así incrementar la biocapacidad de la tierra de cultivo de maíz). La biocapacidad de un área se calcula multiplicando el área física actual por el factor de rendimiento y el factor de equivalencia apropiado. La biocapacidad generalmente se expresa en hectáreas globales como unidad.

      [8] “Criterios operativos para el desarrollo sostenible” Un texto de Herman Daly Traducción de Gustau Muñoz http://www.eumed.net/cursecon/textos/Daly-criterios.htm#6

      Autor: Carlos Merenson, es Ingeniero Forestal