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martes, 13 de mayo de 2014

La fusión de los glaciares de Antártida occidental es irreversible

El colapso de los glaciares aumentará el nivel del océano hasta en 1,2 metros

El colapso de los glaciares en la extensa región de hielo de la Antártida occidental parece inevitable. Dos equipos científicos independientes pero trabajando sobre la misma zona llegan a la misma conclusión de que el proceso, que se puede acelerar en el futuro, ha empezado ya. La buena noticia, dice la revista Science, donde se da a conocer una de las investigaciones, es que aunque la palabra colapso implique cambio rápido, el escenario más veloz es de 200 años, y el más lento, de 1.000. Pero la mala noticia es que ese colapso es inevitable. Y tal es la cantidad de hielo acumulado en la Antártida occidental, que su fusión provocaría una elevación del mar de 1,2 metros. “Este sector será uno de los contribuyentes principales a la subida del nivel del mar en las décadas y siglos venideros”, señala el glaciólogo Eric Rignot, científico de la Universidad de California en Irvine y de la NASA en el Jet Propulsion Laboratory.

Aunque los procesos implicado son complejos, los científicos señalan como principal desencadenante el flujo de aguas más calientes en torno al continente blanco que va lamiendo el borde de los glaciares al hacerlos más frágiles. “Hasta ahora cuando veíamos el adelgazaiento [de los glaciares] no sabíamos si se ralentizaría más tarde, de modo espontáneo o por algún efecto de retroalimentación”, señala Ian Joughin, glaciólogo de la Universidad de Washington y líder del grupo que da a conocer sus resultados en Science esta semana. “No hay un auténtico mecanismo de estabilización que podamos ver”, añade.

La Antártida es un escollo especialmente difícil para los científicos del cambio climático, donde múltiples factores se entrecruzan e influyen mutuamente. No es el aumento de la temperatura del aire allí lo que produce las alteraciones, sino el calentamiento de las aguas oceánicas,los cambios en los regímenes de vientos que las empujan hacia las costas heladas, la dinámica propia de los glaciares, etcétera. En concreto, sobre la estabilidad de los glaciares de la región occidental ha habido debates desde hace tiempo.

Mapa en alta resolución del adelgazamiento de la capa de hielo en el glaciar Thwaites en la Antártida. / DAVID SHEAN (UNIVERSIDAD DE WASHINGTON)

Joughin y sus colegas se han centrado en un glaciar en concreto, el Thwaites, para investigar su sensibilidad a la fusión producida por el calentamiento del mar y su estabilidad. Han combinado datos de satélite con un modelo avanzado desarrollado por ellos que, de entrada, reproduce con rigor la evolución de esa masa de hielo en los últimos 18 años, lo que lo valida su fiabilidad. Luego han dejado correr su simulación hacia el futuro en distintos escenarios de velocidad de fusión del hielo, dependiendo de la cantidad de calentamiento. En el peor de los casos, el ritmo de pérdida de hielo se mantiene moderado durante los próximos 200 años y entonces empieza la fase acelerada de colapso; en el caso más conservador, se aplaza el proceso a 1.000 años, pero los investigadores señalan que el escenario más probable se sitúa entre 200 y 500 años.

Plazos similares encuentra el otro equipo de científicos, liderado por Rignot y que da a conocer sus resultados en la revista Geophysical Research Letters. Ellos se han ocupado de seis glaciares de la Antártida occidental, incluido el Thwaites. Su conclusión es contundente: “Han pasado el punto de no retorno”.

La enorme extensión helada de esa zona del continente blanco está en declive irreversible y no hay obstáculos que impidan la fusión de ese hielo en el océano, fusión que está siendo más rápida de lo que se creía hasta ahora. Estos glaciares ya contribuyen en gran medida a la subida del nivel del mar que se está registrando en el planeta, dado que aportan casi tanta agua al océano anualmente como toda la capa helada de Groenlandia, apuntan.

El continente es un escollo para los científicos del cambio climático
Los cambios en el flujo de los glaciares, la parte de ellos que flota sobre el mar en la costa y la pendiente del terreno por la que se desplazan son los factores clave de su evolución. El primer punto, la aceleración del flujo de los glaciares en esa región del continente blanco en los últimos 40 años ya se conocía, el mismo Rignot y su grupo de investigación han tratado el fenómeno recientemente. Ahora, con nuevos análisis de los datos de radar tomados por satélites (sobre todo los ERS-1 y ERS-2 de la Agencia Europea del Espacio, ESA), se ocupan de los otros dos factores, la parte flotante de los glaciales y el terreno en el que se asientan.

A medida que los glaciares adelgazan aumenta su extensión flotante y los investigadores afirman que han adelgazado ya tanto que ahora flotan en zonas donde antes estaban sólidamente reposando en el fondo. La aceleración del desplazamiento de los hielos y su adelgazamiento están directamente relacionados: al ser más rápido su flujo, se estiran y adelgazan de forma que una mayor extensión de ellos se convierte en hielo flotante. También la topografía influye ya que en esa región del terreno está bajo el nivel del mar, lo que significa que al reducirse, el glaciar no alcanza el mar y el agua más templada se acumula y acelera su fusión. En cinco de los seis glaciares estudiados no hay obstáculos en el terreno que contengan el hielo.

El colapso de este sector de la Antártida parece imparable y el hecho de que el retroceso de los glaciares se esté produciendo simultáneamente en un área tan grande sugiere que está desencadenado por una causa común, como el incremento de la cantidad de calor oceánico bajo las partes flotantes de los glaciares, así que parece inevitable el fin de este sector”, concluye Rignot.

lunes, 12 de mayo de 2014

La desaparición de las abejas amenaza el 70% de cultivos para consumo humano

El beneficio económico en España de los insectos polinizadores es de 2.400 millones de euros

Casi tres cuartas partes de los cultivos para consumo humano españoles dependen de la polinización que realizan los insectos. Y el declive de la población de abejas y de otros polinizadores, según un estudio presentado hoy en Barcelona por Greenpeace, pone en peligro la producción de alimentos como kiwis, calabazas, melones, sandías, calabacines, manzanas, melocotones o almendras. Estos son algunos de los cultivos más dependientes de la polinización de los insectos y, por este motivo, la entidad ecologista alerta de que, en algunos casos, su producción podría caer hasta un 90% e, incluso, llegar a desaparecer.

En el estudio de Greenpeace se pone de relieve la importancia que los insectos polinizadores tienen para el sector agrícola. La entidad calcula que el valor económico de este "trabajo gratis" supera los 2.400 millones de euros, según datos del 2011. La ONG ha calculado esta cifra en base al mismo modelo que utiliza la Organización de las Naciones Unidas para Alimentación y la Agricultura (FAO). Un método que toma el valor total de un cultivo (que depende del precio del productor y de la producción) y la parte de este que es responsabilidad de la polinización por insectos; "un valor conservador", asegura la ONG. Esta herramienta de la FAO solo incluye cultivos para consumo directo y excluye los forrajeros; prados y praderas, y huertos familiares. Por comunidades autónomas, el trabajo de los insectos en Andalucía, con 878 millones de euros, fue el que tuvo un valor económico superior. Le siguieron Cataluña (321); Murcia (249); Aragón (194) y Extremadura (183).

Pero este "trabajo" de los insectos, y en especial de las abejas, está amenzado. El sector apícola denuncia que la mortalidad de abejas se sitúa entre el 20% y 40% en el conjunto de España y, en el caso de Galicia, el 56% de las colonias de abejas han desaparecido desde el año 2000. Un caso similar es el de las mariposas, que también llevan a cabo la polinización, ya que su población se ha visto reducida a la mitad en 20 años. Greenpeace ha advertido que es necesario tomar decisiones respecto a este problema, ya que "de ello dependen las generaciones futuras".

La entidad ecologista relaciona la alta tasa de mortalidad de la población de abejas con, especialmente, el uso de productos fitosanitarios y, "paradójicamente, a la agricultura tradicional". Greenpeace alerta de que en España el uso de pesticidas aumentó un 56% entre 1990 y 2010. Asimismo, la ONG pide que se prohíban 319 productos fitosanitarios que el propio Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente califica como “muy peligrosos”, “peligrosos” o incluso “alta peligrosidad” para las abejas. Asimismo, Greenpeace ha advertido esta mañana del peligro que supone para la agricultura la instalación en varios puntos de España de la avispa asiática, un insecto llegado de China que basa parte de su dieta en abejas locales.

La organización urge a los gobiernos el desarrollo de un plan integral de acción para proteger a las abejas melíferas y demás polinizadores, y establecer una hoja de ruta para que, en 2050, el 100% de los cultivos españoles sean ecológicos. Para empezar, la entidad propone ampliar a 7,6 millones las hectáreas destinadas al cultivo ecológico en España, lo que supondría un 30% del territorio agrícola.

La organización ha recordado que, a pesar de que la polinización es una actividad que pasa "muy desapercibida", su función es "fundamental", ya que de ella depende un tercio de la alimentación mundial. Greenpeace afirma que España "tendría que ser el principal defensor de estas especies", ya que es una de las más importantes economías agrícolas de Europa y en la que hay un mayor número de apicultores.

El sector español más afectado por la reducción de la población de abejas es, según la entidad, el de los frutos secos, seguido por el frutícola y el hortícola. Especialmente grave es el caso de la industria de la almendra en España, que es la segunda del mundo, ya que su supervivencia depende en un 90% de la polinización.
Fotografía facilitada por el Fondo de Protección de Animales Salvajes (FAPAS), en la que una abeja melífera poliniza una planta.

La ciudad se ahoga en una partícula

Nueve de cada diez habitantes de las urbes del mundo respiran aire contaminado

La OMS recuerda que 2,6 millones de personas mueren al año por esta causa

La calidad del aire que se respira en la mayoría de las ciudades del mundo empeora, alertó ayer la Organización Mundial de la Salud (OMS), y con ella aumenta el riesgo de que su población padezca enfermedades respiratorias, coronarias y otras patologías relacionadas con la contaminación. Casi el 90% de las urbes sobre las que se han recopilado datos —1.600 en 91 países— superan los niveles recomendados por la OMS de un tipo de contaminación, las partículas en suspensión, muy relacionado con el tráfico, la industria y las calefacciones. Los datos vuelven a llamar la atención sobre un problema al que hace unas semanas la OMS también puso cifras. Estimó que uno de cada ocho fallecimientos en el mundo se producen como consecuencia de la exposición al aire sucio: siete millones en 2012.

Hemos visto que la situación empeora, sobre todo en países de crecimiento económico rápido, los llamados emergentes. En los industrializados, los datos no mejoran como venían haciéndolo en los últimos 20 o 30 años”, señala María Neira, directora del departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS. Recopilar y hacer pública esta base de datos, “la más grande del mundo sobre calidad del aire y población urbana”, pretende contribuir a “concienciar y movilizar” sobre un problema que, insiste, “tiene un impacto clarísimo en nuestra salud”. Al teléfono desde Ginebra, Neira subraya que la OMS no ha querido “castigar” a las ciudades con peores datos exponiéndolas, sino “apreciar su trabajo al monitorizar la situación y estimular a otras para que hagan lo mismo”.

Los datos presentados ayer actualizan una base de datos que ahora cuenta con 500 ciudades más que en el anterior recuento, de 2011. Solo el 12% de estas urbes respiran lo que la organización considera aire limpio, que en el caso de las partículas PM10 —llamadas así por su diámetro, inferior a 10 micras— es de una media anual de 20 microgramos por metro cúbico. Peshawar y Rawalpindi, ambas en Pakistán, son las ciudades más contaminadas, con registros que multiplican hasta por 27 los máximos recomendados: 540 y 448, respectivamente. De las 20 ciudades con peor calidad del aire, la mitad están en la India. Nueva Delhi marca 286.

Muy lejos de los datos europeos, que rondan los 60 en ciudades búlgaras y polacas y bajan hasta los 11 de Reikiavik o los 12 de Copenhague. En España, la ciudad más contaminada es La Línea de la Concepción, con 33. Barcelona, con 25, y Madrid, con 22, superan las recomendaciones de la OMS, pero, como ocurre en el resto de Europa, los registros son de los más bajos en la clasificación mundial.

La mitad de la población urbana objeto del estudio está expuesta a niveles al menos dos veces y media superiores a los que la OMS recomienda no superar, recuerda Neira. Las causas son variadas: la dependencia de los combustibles fósiles, como en las plantas que producen energía con carbón; el transporte en vehículos privados; la escasa eficiencia energética en los edificios (cómo se calientan o enfrían y aíslan) y el empleo de biomasa para cocinar y para las calefacciones. “Hablamos de zonas urbanas, así que el transporte, el tipo de vehículos y la clase de combustible que usan, juega un papel muy destacado”, afirma la experta.

Los científicos apuntan a los vehículos que funcionan con motores diésel como los grandes culpables de la mala calidad del aire de muchas ciudades. Emiten más partículas microscópicas y óxidos de nitrógeno que los de gasolina. A mediados de 2012 la OMS certificó que los humos del diésel causan cáncer de pulmón. La organización ha recomendado que se reduzcan los valores límite de partículas PM2,5, también llamadas partículas finas (menos de 2,5 micras de diámetro), las que genera la combustión de carburantes fósiles, especialmente los vehículos diésel. Están compuestas por elementos tóxicos, como metales pesados, y son muy peligrosas porque, al ser tan pequeñas, penetran con facilidad en las vías respiratorias. Varios estudios las han relacionado con la mortalidad por causas cardiovasculares y respiratorias.

La base de datos de la OMS también recoge las mediciones de PM2,5 y muestra que Nueva Delhi, con una media anual de 153 microgramos por metro cúbico, es la ciudad más sucia del mundo para este contaminante. De las 20 ciudades con peores registros, 13 están en la India. La OMS tiene establecidos 10 microgramos de media anual como el umbral de protección a la salud. En Europa, los peores datos están en Polonia, con alguna ciudad por encima de 40, y en República Checa, con varias que superan los 30.

A finales de abril pasado la OMS reveló en otro informe que la contaminación es más dañina para la salud de lo que se creía. El vínculo entre la exposición al aire sucio y las enfermedades respiratorias, cardiovasculares, los accidentes cerebrovasculares (ictus) y el cáncer resultó ser mucho más estrecho. La organización cuantificó que unos siete millones de muertes en 2012 se podían atribuir a la contaminación, parte a la atmosférica (2,6 millones) y parte a la interior (4,3), la que se produce dentro del hogar por cocinar con fuegos abiertos, estufas de carbón, leña o biomasa.

La agencia de la OMS que investiga el cáncer (IARC, en sus siglas en inglés) actualizó hace unos meses su clasificación y situó la contaminación ambiental en el nivel 1, el más alto, el de las sustancias sobre las que no cabe duda científica acerca de su relación con el cáncer.

Planes en el aire

ANA GABRIELA ROJAS, NUEVA DELHI
Siempre quise vivir en India, así que cuando me destinaron a Nueva Delhi fui con mucha alegría. Pero apenas llegué, me di cuenta de que sería fatal para mi salud”, explica Sara, una empleada de la ONU. Tuvo que pedir el traslado porque sus problemas de alergias le hacían imposible respirar en la que la OMS ha confirmado como la ciudad más contaminada del mundo en partículas en suspensión PM2,5, por encima de Pekín.

Los expertos ya habían alertado de los problemas de salud en la capital de India. “La contaminación del aire es el quinto factor de muerte en India. Las partículas (PM10 y PM2,5) entran en los pulmones y causan problemas respiratorios y cardiacos, además de cáncer”, dice a medios locales Anumita Roychowdhury, del Centro para la Ciencia y el Medio Ambiente. Funcionarios del Gobierno de la ciudad admiten fuera de los micrófonos que el Ministerio del Medio Ambiente les ha pedido un plan para mejorar la calidad del aire, pero que la implementación se ha retrasado porque el Gobierno todavía no está decidido: son tiempos electorales en la mayor democracia del mundo. El plan incluye más autobuses de gas y el uso de energía solar.

Un horizonte invisible
PAULA CHOUZA, MÉXICO D. F.
La Ciudad de México sigue ahogándose. Tan siquiera un día a la semana, si uno mira al horizonte, es posible ver las montañas que rodean la capital del país. Aunque el problema medioambiental en el Distrito Federal —con 20 millones de habitantes en toda su área metropolitana— se remonta a los años ochenta del siglo pasado y el Gobierno registra continuamente las emisiones, la ciudad sigue suspendiendo todos sus exámenes. Entre el 1 de enero y el 29 de agosto de 2013, el 43% de los días —casi cuatro meses completos—, los niveles de ozono excedieron los límites establecidos. Hace 23 años, la Ciudad de México instauró un programa que impide el tráfico de algunos vehículos en función del día de la semana para reducir las emisiones y promover la modernización del parque automovilístico. Hoy está en revisión por obsoleto. Mientras, la capital decreta alertas cada vez que los niveles de ozono suben, de forma frecuente. Cuando sucede, se recomienda no fumar en espacios cerrados y se prohíben las actividades al aire libre. Un estudio de 2013 revela que cada año mueren en el país 14.000 personas por enfermedades relacionadas con la contaminación.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Científicos chilenos descubren influenza aviar en pingüinos de la Antártida

Científicos del Instituto Antártico Chileno (Inach) anunciaron hoy el descubrimiento en pingüinos del Continente Blanco del virus de influenza aviar, que además ha evolucionado aisladamente del resto del mundo.


El análisis de muestras recogidas durante la expedición científica antártica del verano (austral) de 2013 arroja un novedoso resultado: la presencia de virus de influenza aviar en pingüinos adelia“, informó hoy el Inach, organismo con sede en Punta Arenas, 2.200 kilómetros al sur de Santiago.


El hallazgo es el resultado de una investigación llevada a cabo por el Instituto Antártico Chileno junto con el Centro de Colaboración para la Referencia e Investigación de la Influenza que la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene en Melbourne (Australia).

El proyecto, liderado por el doctor Daniel González, de la Universidad de Concepción (Chile), reunió muestras de 301 ejemplares de pingüino adelia (Pygoscelis adeliae) durante la última expedición.

El material, mantenido a -80 ºC, fue llevado al laboratorio australiano para su análisis serológico, molecular y filogenético.


El virus de influencia aviar fue hallado en ocho individuos (seis adultos y dos polluelos) y posteriormente fue cultivado en huevos embrionados, para demostrar su infectividad.


La posterior secuenciación completa del genoma viral y la comparación de estas secuencias con las disponibles en bases de datos de virus animales y humanos conocidos arrojaron que se trataba de algo nunca antes descrito”, señaló el doctor González.

Riesgo mínimo para las personas
Una de las conclusiones más trascendentes fue que todos los genes presentes en el virus eran muy distintos a los otros virus aviares contemporáneos del resto del mundo, “lo que sugiere que evolucionó aisladamente” en el Continente Blanco, concluyó el Instituto Antártico Chileno.

Si bien este virus no causa enfermedad en los pingüinos, se sabe que los virus tienen una alta capacidad de mutación, con la posibilidad de volverse patogénicos”, informó la institución científica.

El riesgo para las personas que visitan la Antártida es mínimo, porque es un contacto no estrecho entre animales y personas, y además el virus encontrado está adaptado a pingüinos”, aseguró el Inach.

Distinto sería si el virus mutase y se volviera patógeno para las personas, pero eso afortunadamente es poco probable”, precisó el investigador de la Universidad de Concepción.

Según el doctor González, “al parecer los pingüinos han aprendido a convivir con este tipo de patógenos sin problemas”, porque existe una especie de equilibrio entre el patógeno, el hospedador y el ambiente.

Lo que nos preocupa es que esta situación de equilibrio desaparezca, por efectos humanos principalmente”, agregó el científico chileno que lideró el proyecto.

Aunque varios investigadores habían buscado antes estos virus en la Antártida, nunca se había logrado determinar su presencia y viabilidad como en esta investigación, pues solo habían detectado anticuerpos contra la influenza y no partículas virales infectivas que se pudieran analizar a tal profundidad.

La comunicación de esta novedad científica está disponible en la revista de acceso abierto mBio® de la American Society for Microbiology (ASM).
Fotografía cedida por la Universidad de Concepción (Chile) que muestra a dos científicos pesando un pingüino en la Isla Rey Jorge (Antártida). 

lunes, 5 de mayo de 2014

Los insectos que se alimentan de raíces amenazan a los sumideros de carbono

Los insectos que se alimentan de las raíces de los árboles afectan a la capacidad de los bosques de actuar como sumideros naturales de carbono y contrarrestar los efectos del cambio climático.

Algunos estudios prevén que el aumento de los niveles atmosféricos de CO2 provocará una especie de “efecto de fertilización” mediante un aumento en el ritmo de la fotosíntesis y el incremento de la biomasa vegetal del planeta. Pero Scott Johnson, experto en ecología de la Universidad de Western Sydney, y su colega Markus Riegler, consideran que estas proyecciones han soslayado el impacto que puedan tener los insectos que se alimentan de las raíces de los árboles.

Para los científicos, estos insectos tienen capacidad para limitar el aumento de la biomasa provocado por el aumento del CO2, el alimento de las plantas en el proceso de fotosíntesis que, en interacción con el agua, libera oxígeno a la atmósfera.

Para efectos del estudio, Johnson y Riegler sometieron a un grupo de árboles jóvenes de eucalipto (Eucalyptus globulus) a diversos niveles de concentración de CO2 y a la presencia los insectos que se alimentan de raíces en un invernadero, según el estudio divulgado por la cadena local ABC.

Los niveles de CO2 fijados fueron de 400 partes por millón, que es el actual, y de 600 partes por millón, concentración que se pronostica tendrá el planeta en unas tres a cuatro décadas.
Asimismo, los expertos utilizaron un tipo de escarabajo rinoceronte (Xylotrupes Gideon australicus), cuyas larvas viven en la tierra y se alimenta de raíces.

En los experimentos, los árboles crecieron con mayor rapidez en ambientes de mayor concentración de CO2, tal y como se esperaba, pero esto se daba solamente en la ausencia de los escarabajos.

En el caso en que no habían escarabajos, la biomasa de brotes y raíces crecieron en un 46 y 35 por ciento, respectivamente, según la ABC.

Pero cuando los científicos colocaron escarabajos en ese mismo ambiente de alta concentración de dióxido de carbono, “las plantas básicamente dejaron de crecer” por su incapacidad de “sacar provecho de los altos niveles de CO2″, explicó Johnson.

Los investigadores también descubrieron que cuando los escarabajos rinoceronte estaban sobre las hojas, los árboles tenían un 9 por ciento menos de agua que los otros eucaliptos libres de estos insectos.

“Si las plantas no van a crecer como se esperaba o no van a desarrollarse bien, entonces se reducirá el secuestro de carbono”, lo que evita que sea emitido a la atmósfera, comentó el investigador australiano.

domingo, 4 de mayo de 2014

Catalogan y estudian los lagos de Mongolia para saber más de los de España

Pretenden catalogar más de 12.000 lagos y lagunas de la estepa de Mongolia, identificar nuevas especies de crustáceos desconocidas hasta ahora y desarrollar estrategias para diagnosticar el estado de los lagos de la Península Ibérica. Este es el reto de una investigación que está desarrollando la Universidad de Barcelona.

El proyecto, dirigido por el colaborador del Departamento de Ecología de la UB y experto en limnología de lagos y humedales, Miguel Alonso, consiste en realizar un catálogo limnológico de los lagos de Mongolia, un árido país centroasiático con lagos y zonas húmedas similares a los de las estepas y montañas ibéricas.

“En Mongolia encontramos lagunas en un estado excepcional de conservación, intactos desde hace miles de años, que son similares a las que existían en la Península Ibérica antes de ser destruidas por la acción humana”, ha explicado Alonso.

Los lagos esteparios se encuentran en las regiones de clima continental en diferentes latitudes de todo el planeta y suelen ser lagos poco profundos, muy frágiles, que se desecan fácilmente y con una elevada productividad biológica.

“Los lagos esteparios son ecosistemas extraordinariamente valiosos”, ha destacado Alonso, que desde 2005 ha estudiado lagos permanentes de agua dulce, lagunas temporales de aguas mineralizadas o lagos hipersalinos en sus expediciones a Mongolia.

El proyecto ha permitido hasta hoy estudiar 880 lagos esteparios del país mongol en el marco del Programa de Conservación de la Biodiversidad de Endesa y con la colaboración de la Universidad Nacional de Mongolia.

Según Alonso, los lagos esteparios asiáticos son muy similares a los de la Península Ibérica y comparten muchas similitudes en hidromorfología y en comunidades biológicas.

“La investigación -ha agregado Alonso- nos permite establecer comparaciones y relaciones biogeográficas entre especies de los lagos esteparios ibéricos, que están desaparecidos o profundamente alterados en la actualidad”.

“Este proyecto también ayudará a establecer indicadores sobre el estado ecológico de referencia en lagos esteparios de la Europa industrializada, tal como exige la normativa europea actual”, ha añadido el ecólogo.

El proyecto también ha permitido descubrir algunas nuevas especies de crustáceos branquiópodos, un grupo muy antiguo de crustáceos, considerados auténticos fósiles vivientes que aún conservan características ancestrales y algunos tienen una alta afinidad con especies que viven lagunas de España.

Según Alonso, “estudiamos los crustáceos como bioindicadores porque son organismos muy fieles a su hábitat natural, con un ciclo de vida relativamente largo, y dejan rastros biológicos fácilmente reconocibles y permanentes de gran interés científico, incluso para reconstrucciones paleoclimáticas”.

Alonso, discípulo de Ramon Margalef, ha advertido de que la sobreexplotación de acuíferos por la minería y los trasvases hidrológicos son las amenazas más directas para conservar estos ecosistemas de las llanuras mongoles.

El ecólogo ha señalado que en la Península Ibérica la situación de los lagos esteparios es “realmente alarmante”.

“En nuestro país, existen zonas esteparias que son únicas en la Europa occidental, como los Monegros, la cuenca del Ebro, la cuenca del Duero, el Tajo- Guadalquivir, la Mancha… pero en los últimos años se han hecho intervenciones que han provocado la desaparición de muchas de las lagunas más emblemáticas en estas áreas”, ha lamentado. 
Más información:

jueves, 1 de mayo de 2014

Un vertedero en el fondo del mar

Diez años de investigación revelan gran acumulación de basura en los lechos oceánicos europeos

Organismos internacionales alertan del daño al ecosistema

Naciones Unidas estima que cada año 6,4 millones de toneladas de basura acaban en los océanos de todo el mundo. Aves marinas, tortugas y mamíferos mueren al ingerir o enredarse en objetos de plástico, redes de pesca y otros residuos peligrosos. La degradación de algunos de ellos genera microplásticos que pueden contaminar toda la cadena alimenticia. El impacto más visual de esta suciedad marina son las gigantescas islas de plástico que flotan en varios océanos, como el llamado séptimo continente, un impresionante vertedero marino en el Pacífico al que se supone una superficie de entre tres y siete veces España. Pero, ¿qué ocurre en el lecho marino, allí donde nadie ha buscado esa basura?

Un estudio publicado ayer en PLOS One da respuesta a la pregunta. Varios equipos de investigadores de toda Europa han estado más de una década tomando muestras en 32 puntos repartidos por el Atlántico, el Ártico y el Mediterráneo. Y han encontrado que la basura generada por el hombre está en todas partes: desde las playas hasta los fondos marinos más profundos y más remotos. Lugares tan recónditos que ni siquiera se habían explorado hasta entonces. “En muchos casos, estas han sido nuestras primeras visitas. Ha sido sorprendente comprobar que nuestra basura ha llegado allí antes que nosotros”, resume Kerry Howell, de la Universidad de Plymouth (Reino Unido).

Imágenes de restos encontrados durante los muestreos.
Bolsas de plástico, botellas, redes de pesca, madera, vidrio y todo tipo de metales aparecieron en profundidades que van de los escasos 35 metros del Golfo de León hasta los 4.500 del cañón submarino de Cascais. Se encontró basura cerca de la costa, en la plataforma continental, pero también a 2.000 kilómetros del litoral, en la dorsal mesoatlántica, la cordillera submarina que divide el océano de norte a sur. Los autores del trabajo, procedentes de 15 instituciones científicas europeas, destacan que el alto coste y las dificultades técnicas de tomar muestras en las profundidades marinas habían impedido hasta ahora obtener un mapa de los lugares y los tipos de basura de los océanos. Y, por extensión, de conocer el alcance del problema.

A Joan B. Company, investigador del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC), no le parece que sea una exageración llamar vertederos a los océanos. “Tenemos el fondo del mar lleno de basura. Es como un sumidero”, asegura. El trabajo ha encontrado que un 41% de los residuos son plásticos; un 34%, redes de pesca; otro 7% corresponde a metales; un 4%, vidrio; un 1% clinker (residuo de la calcinación de metales) y un 13%, otros tipos de basura. La densidad se ha medido en número de objetos encontrados por hectárea. “Imagínese que en la superficie de un campo de fútbol, una hectárea, a 2.000 metros de profundidad, donde no tendría que haber absolutamente nada, encontramos 30 objetos, desde una botella de vidrio a un bidón de metal o una red de pesca. Yo creo que es grave”, añade.

El equipo de Company investigó desde el cañón submarino de Blanes, delante de la costa de Barcelona, hasta Creta. Desde dos buques oceanográficos del CSIC lanzaron al fondo redes de arrastre de pesca, con las que se atrapa desde pescado hasta la basura más inimaginable. “Hemos visto de todo. Desde una taza de váter hasta la caja de un bote salvavidas de un avión F-15, pasando por una cartera con documentos que la Policía de Creta creyó que pertenecía a un hombre desaparecido un año atrás”, explica, y añade que en algunos puntos extrajeron más basura que biomasa. Mientras el equipo del CSIC contó a mano lo que salió de las redes de arrastre, el resto de investigadores emplearon principalmente vídeos con imágenes submarinas tomadas por vehículos operados a control remoto.

“Desde que hace 20 o 25 años empezamos a estudiar la ecología de los grandes fondos marinos vimos que había basura. Sabíamos que estaba allí, y que en algunas zonas era realmente grave. Había que cuantificarla, y hacerlo a nivel europeo”, dice Company. “No se puede limpiar a 1.000 metros, así que no hay otra solución que prevenir. La basura no tiene que llegar allí”, añade. Lo saben bien en la Unión Europea, que incluyó el problema de la basura marina en la directiva marco de estrategia marina de 2008, y la ONU, que lo califica como “desafío global”. Los líderes mundiales firmaron en la Conferencia Rio+20 sobre desarrollo sostenible un compromiso “para reducir significativamente en 2025 la cantidad de desechos marinos y así prevenir daños al medio ambiente costero y marino”.

Coto a las bolsas
La Unión Europea se ha propuesto eliminar antes de 2019 el 80% de las bolsas de plástico que se consumen actualmente. El Parlamento Europeo ha exigido a los Estados miembros que tomen medidas para evitar que cada ciudadano de la unión emplee, de media, 200 al año. La Eurocámara plantea, por ejemplo, que se impida la distribución gratuita en supermercados y otras superficies, o que se establezcan tasas o impuestos. Mientras algunos países han conseguido reducir el número de bolsas, en otros se siguen entregando gratis y su consumo es muy elevado.

Cada año 8.000 millones de bolsas de plástico acaban en la basura, y eso significa que en parte también acaban en el mar. Solo el 6,6% se reciclan, según datos de la Comisión Europea. El daño medioambiental es enorme. Las tortugas marinas pueden perfectamente confundir una bolsa con una medusa, una de sus comidas favoritas. El plástico también se pega a los corales. Una bolsa de plástico tarda siglos en degradarse, y se va fragmentando en trozos minúsculos. Estudios recientes muestran que el zooplancton ingiere estos minúsculos trozos de plástico, que así entran en la cadena trófica. “Es prácticamente imposible encontrar un animal marino que no tenga restos de plástico en su organismo”, asegura Ricardo Aguilar, director de Investigación de Oceana. “En más del 90% de las inmersiones que hacemos encontramos basura o aparejos de pesca. Plásticos, latas, baterías de coche, pilas, incluso lavadoras. Y una de las principales basuras son las bolsas de plástico”, añade.

lunes, 28 de abril de 2014

Un almacén de basura debajo de los árboles

El suelo de las masas forestales españolas acumula el carbono equivalente a 29 años de emisiones de CO2

El clima y la gestión de los bosques son clave para evitar que salga a la atmósfera

Los bosques son una de las grandes defensas naturales contra la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. La biomasa de la floresta (troncos, hojas, raíces, etcétera) de España almacena alrededor de 635 millones de toneladas de carbono, lo que equivale al CO2 emitido de origen antrópico, aquel que se produce por la mano del hombre, producido en el país en más de siete años. Pero, además de las plantas, el suelo realiza un papel fundamental en la mitigación del cambio climático. Según un estudio publicado en la revista Biogeoscience, las tierras de las masas forestales españolas mantienen unas reservas de 2.544 millones de toneladas de carbono. Es decir, el equivalente al dióxido de carbono emitido en España en 29 años, teniendo en cuenta la media que se expulsó en el país entre 2001 y 2010.

El estudio realizado por el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), el Centro Tecnológico Forestal de Cataluña y la Universidad Autónoma de Barcelona, expone también las variantes que determinan la capacidad que tienen un suelo para secuestrar el carbono: el clima y el tipo de vegetación. Los terrenos de árboles de hojas perennes son menos eficaces que los bosques mixtos. Y las altas temperaturas y los bajos índices de humedad, reducen la capacidad de almacenamiento. Esta variabilidad en la capacidad de absorción del suelo dibuja un cuadro heterogéneo de la concentración de carbono en la Península. En Galicia o Asturias se acumulan más de 11 kilos por metro cuadrado. Estas comunidades representan las zonas atlánticas, con bajas temperaturas, altos índices de humedad y una vegetación más típica del centro de Europa. En el lado contrario están Andalucía, Extremadura o Murcia, en las que la media de almacenamiento no llega a los siete kilos por metro cuadrado. Comunidades más calurosas y secas, y en las que predomina una vegetación mediterránea.


Según el último informe del IPCC, el panel de expertos de cambio climático de la ONU, la temperatura en Europa podría subir entre 1,5 y 4 grados, dependiendo del nivel de emisiones, y se reducirán drásticamente las precipitaciones. “Si aumenta la temperatura en las zonas húmedas, como Galicia, probablemente los microorganismos del suelo trabajarán más rápido, consumirán más materia orgánica, y emitirán más CO2”, explica Enrique Doblas, investigador del CREAF, que ha participado en el estudio. Doblas matiza que este primer estudio es solo una “foto fija” de la situación actual, y que aún se desconoce si el suelo forestal ya ha comenzado a emitir carbono a la atmósfera.

El suelo es el mayor sumidero del mundo, capaz de almacenar tanto carbono como la atmósfera y la vegetación. Según el investigador del CREAF, a nivel mundial puede secuestrar hasta 145 veces las emisiones que se producen por la quema de combustibles fósiles y el cambio de usos del suelo.

A pesar de la importancia de la función mitigadora del suelo ante el cambio climático, hasta la fecha solo existe un estudio en el mundo que determine la pérdida del carbono almacenado en los terrenos forestales. Entre 1978 y 2003, los suelos de Gales e Inglaterra perdieron un 0,6% del carbono, según un artículo publicado en 2005 en la revista Nature. Los investigadores británicos relacionaron, independientemente del tipo de terreno, esta reducción por el ascenso de las temperaturas, provocado por el cambio climático. Doblas añade otro factor que afecta el almacenaje de carbono: la gestión de los bosques, una de las debilidades de las forestales españolas.

Los bosques españoles
España tiene 27,7 millones de hectáreas de superficie forestal, de las que 18,6 millones son arboledas, lo que equivale al 66,2%
de la foresta del país.

Entre 1990 y 2010, el crecimiento de la superficie arbolada de España supuso el 40% del aumento de la UE.

El crecimiento de la superficie arbolada en el país fue del 2,19% anual, mientras que la media del resto de países de la UE fue de o,51%.

Desde 1975 en España hay un 130% más de árboles, llegando a los 10.074.

La tasa de aprovechamiento de los bosques en 2009 fue del 40%, mientras que en Portugal y Suecia superó el 85%.

El fuego afectó a casi 450.000 hectáreas de superficie forestal en 1994. En 2008 no llegó a 60.000.

Los bosques seminaturales representan el 93,2%. El 6,8% restante son plantaciones gestionadas de forma intensiva y plantaciones de crecimiento rápido.

La contribución de los bosques al PIB español fue del 0,9%. En Suecia pasa del 3% y en Portugal supera el 1,5%.

En los últimos años, el éxodo rural ha provocado que la superficie destinada a la agricultura y a los terrenos de pastura en España se haya abandonado dejando vía libre para el crecimiento descontrolado de la masa forestal. Entre 1990 y 2005 la superficie forestal en España creció 4,4 millones de hectáreas, y en 2010 ya abarcaban más 27,5 millones, una sexta parte del total de la Unión Europea, y solo por detrás de Suecia, según el último informe de la Sociedad Española de Ciencias Forestales. Pero a pesar del crecimiento de la masa susceptible de almacenar carbono, las arboledas españolas tienen un gran problema: solo un 10,6% tenía en 2009 algún plan de gestión, lejos del 45% o más que tienen 22 países de la UE.

“Si queremos mantener este carbono debajo de nuestros pies y no emitirlo a la atmósfera, tendremos que hacer una gestión forestal y territorial a medida, que asegure la conservación de estas reservas. Tenemos que ser conscientes de que su almacenaje natural es un proceso muy lento mientras que su liberación podría acelerarse a causa de una mala gestión”, advierte Doblas, que señala la facilidad con la que el carbono podría salir del subsuelo: “La mayoría de este carbono se encuentra a menos de 30 centímetros de profundidad, por lo que si removemos la tierra este estaría a la intemperie y podría salir a la atmósfera por el viento o el agua”.

“La sociedad valora los bosques, y estos producen una gran cantidad de servicios como el mantenimiento de la biodiversidad o la fijación de carbono, pero estos no tienen un precio de mercado, y por eso no estamos dispuestos a invertir en gestión”, advierte el catedrático en Gestión Forestal Felipe Bravo.

Jordi Martínez, profesor de Ecología en la Universidad Autónoma de Barcelona, incide en la gestión como medida de prevención, pero matiza que no solo se puede buscar una que vaya encaminada a la mejora del almacenamiento de carbono. “En los lugares donde la concentración es muy alta es mejor dejar todo tal y como está; son grandes sumideros que hacen su función y sería muy perjudicial perderlos. Y en las zonas donde se almacena menor cantidad de carbono hay que tener en cuenta otros factores como es la cantidad del agua”. Martínez apunta a los bosques mediterráneos: “En estas zonas la cantidad de agua disponible es menor por lo que hay que evitar el crecimiento descontrolado de los bosques, ya que podría tener otras implicaciones negativas. Lo más racional es hacer una gestión pensando en evitar incendios, por lo que habría que reducir la cantidad de biomasa en el sotobosque y la densidad de árboles”. En los últimos 40 años el número de árboles por hectárea en los bosques ha pasado de 656 a 975.

Doblas abunda en esta idea y recuerda que el 29% de los bosques, matorrales y prados de España se han formado entre 1985 y 2004. “A diferencia de los bosques viejos, que tienen una autorregulación ecológica, los recién formados lo han hecho en zonas agrícolas abandonadas que contenían muchos nutrientes acumulados, por lo que hay gran densidad de vegetación, y, aunque esto sea bueno para la acumulación de carbono, acarrea otros perjuicios”.

Las plantas perennes son menos eficaces que las caducas
En el libro Conservar aprovechando, el CREAF apunta: “Es sabido que las masas forestales acumulan CO2 atmosférico, por lo que un manejo adecuado puede potenciar este efecto sumidero, siempre teniendo en cuenta otros factores como el consumo de agua. Aunque un gestor o propietario forestal a escala local no puede enfrentarse al efecto invernadero de manera individual”, y asegura que, “una gestión adecuada debe partir de las Administraciones”.

Una tercera parte de los bosques españoles pertenecen a la Administración, sobre todo a los Ayuntamientos. “Pero son los gobiernos autonómicos los que gestionan esta parte de los montes, y depende de los presupuestos, así que ahora mismo está bajo mínimos”, advierte Pablo Sabín, de Agresta, consultoría que asesora a propietarios forestales, que además advierte de otro problema: “Los gobiernos autonómicos invierten en la extinción de incendios, pero no en la prevención, y la mayoría de gestión forestal se hace sin planes”.

El mercado de la madera ha ido perdiendo fuerza en España. Mientras Suecia aprovechó en 2009 el 90% de los nuevos recursos generados por los bosques, España no alcanzaba el 45%. La nueva Ley de Montes, que modifica la de 2003 y acaba de terminar su periodo de exposición pública, “apunta a un empeoramiento de la gestión forestal”, denuncia Manuel Tapia, responsable de bosques en Ecologistas en Acción. “El Gobierno pretende favorecer el cultivo de especies de rápido crecimiento como el eucalipto. Este tipo de gestión busca el beneficio inmediato, el dinero al momento, sin pensar en la función del bosque como mantenedor de la biodiversidad y su función como sumidero de carbono”, explica Tapia.
Galicia y Asturias acumulan más de 11 kilos de CO2 por metro cuadrado.

Abandonada la tala de árboles para la producción de madera, excepto en Galicia, donde en 2012 se obtuvo más de la mitad de la obtenida en España, según un estudio de la Sociedad Española de Ciencias Forestales, una de las alternativas, que en los últimos años han surgido para que los dueños de los bosques obtengan un beneficio de la gestión de los bosques, ha sido el aprovechamiento de la leña para la fabricación de biomasa. “Hicimos una prueba de gestión de bosques para la obtención de biomasa y el resultado medioambiental fue excelente, pero el económico no. El propietario no obtuvo beneficios. Sin ayudas públicas es difícil gestionar correctamente los bosques”, señala Anabel Martínez, técnica en la asociación de propietarios forestales de Murcia, donde solo se gestionan un 12% de las arboledas.

El suelo de los bosques no es solo importante por la cantidad de carbono que es capaz de secuestrar. Marcos Fernández, miembro del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), relaciona la capacidad que tiene la vegetación de almacenar carbono y los nutrientes de los que dispone en el terreno en un artículo internacional, publicado la pasada semana en la revista Nature Climate Change. “Los bosques que no están limitados por la disponibilidad de nutrientes son capaces de secuestrar aproximadamente el 30% del carbono que reciben cuando realizan la fotosíntesis. Por otra parte, los bosques que viven en suelos infértiles, con poca disponibilidad de nutrientes, son menos eficientes en el uso del carbono y solo son capaces de acumular el 6% del carbono fotosintetizado”, explica Fernández. Esta nueva visión modifica la que hasta entonces se tenía de que la capacidad de secuestrar carbono de los bosques dependía de la concentración de hidrógeno del terreno: “Por las predicciones de reducción de precipitaciones, parece evidente que los bosques de la Península perderán poder de almacenamiento”.

Doñana Birdfair 2014, una cita histórica para disfrutar las aves y la naturaleza

El encuentro, que contará con el apoyo de la feria ornitológica más importante del mundo, la BirdFair de Rutland (Gran Bretaña)

Del 1 al 4 de mayo la Reserva Natural de la Dehesa de Abajo (Sevilla), acogerá una gran feria de aves y naturaleza que sirve para celebrar el 60 aniversario de SEO/BirdLife. Para facilitar el acceso a la Doñana BirdFair SEO/BirdLife y RENFE fletan un tren-hotel desde Barcelona hasta Sevilla con paradas en Zaragoza, Madrid y las Tablas de Daimiel. El turismo ornitológico es un sector cada vez más en alza en nuestro país, como demuestra la iniciativa iberaves de SEO/BirdLife. Parte de los beneficios recaudados en la Doñana Birdfair irán destinados a un proyecto de restauración en Doñana, en el contexto de la celebración del Día Europeo de la Red Natura 2000.

En el momento más espectacular de la primavera y en uno de los parajes más bellos y con más historia de conservación de la naturaleza de España como es Doñana, se darán cita ornitólogos, aficionados y profesionales del 1 al 4 de mayo para celebrar la Feria Internacional de las Aves (Doñana Birdfair). Un completo y variado programa de actividades, rutas guiadas, concursos de fotografía, espectáculos y eventos te están esperando.

El encuentro, que contará con el apoyo de la feria ornitológica más importante del mundo, la BirdFair de Rutland (Gran Bretaña), acogerá a un gran número de expertos ornitólogos y birdwatchers de renombre internacional como Tim Appleton de la Rutland Water Nature Reserve y Andy Paterson, gran conocedor y divulgador de las aves marinas.

El cine también tendrá su espacio dentro de la feria. En un evento como Doñana Birdfair todos somos amantes de las aves, pero ¿cómo transmitir esta pasión al público en general?, ¿cómo perciben las aves?, ¿cuál es la idea que refleja el cine y como deberíamos nosotros concienciar de su importancia en el mundo?, el biólogo Fernando López-Mirones nos contará sus experiencias durante el rodaje de sus más de 130 documentales de naturaleza rodados por todo el mundo, entre ellos la recién estrenada Guadalquivir, de la que ha sido guionista.
60 aniversario de SEO/BirdLife

La celebración del 60 aniversario de SEO/BirdLife también contará con un lugar destacado dentro de la programación de la feria. El sábado 3 tendrá lugar en el recinto de la Dehesa de Abajo, y en el marco del homenaje a Mauricio González-Gordon, uno de los fundadores de SEO/BirdLife, elperformance Naturaldrama de música, baile, sonido y arte escultural que contará con la actuación de Clara Montes.

Además de la parte más lúdica de la feria, numerosos stands de firmas e instituciones del mundo de las aves y la naturaleza estarán abiertos al público para dar a conocer sus últimas novedades y productos relacionados con la observación de aves. Entre los stands, habrá uno dedicado a la Red Natura 2000 a través de la campaña de participación ciudadana “Tu gesto por la Red Natura 2000” con motivo del Día Europeo de la Red Natura 2000, puesto en marcha por SEO/BirdLife para dar a conocer la mayor red de espacios protegidos del mundo.

La observación de aves, en auge
El avistamiento de aves se ha convertido últimamente en una práctica muy común en nuestro país. Para que esto sea una realidad se han desarrollado programas y proyectos de turismo ornitológico como iberaves que lleva a cabo SEO/BirdLife. Su objetivo es conseguir que el turismo ornitológico alcance el máximo desarrollo en nuestro país y que lo haga con la máxima calidad profesional y de la forma más sostenible posible. Cada vez más España es destino obligado de observadores de aves de toda Europa y de otras partes del mundo. Miles de personas que anhelan conocer las aves de las grandes mecas de la observación de aves de España se acercan a Extremadura, Gallocanta, el delta del Ebro, el Estrecho o, como en este caso, a Doñana. 

Información y Programa de la Doñana Birdfair 

jueves, 3 de abril de 2014

Las raíces de los árboles de montaña actúan como termostato procesando CO2 de la atmósfera

En un mundo que se calienta, esto significa que las raíces del árbol son más propensas a crecer en la capa mineral del suelo, rompiendo la roca en partes que eventualmente se combinan con dióxido de carbono.

Las raíces de los árboles en las montañas pueden desempeñar un papel importante en el control de la temperatura global a largo plazo.

Investigadores de las universidades de Oxford y Sheffield, en Reino Unido, han encontrado quelas temperaturas afectan al espesor de la hojarasca y las capas de suelo orgánicas, así como la velocidad a la que crecen las raíces de los árboles.

En un mundo que se calienta, esto significa que las raíces del árbol son más propensas a crecer en la capa mineral del suelo, rompiendo la roca en partes que eventualmente se combinan con dióxido de carbono.

Este proceso, llamado meteorización, saca dióxido de carbono de la atmósfera y enfría el planeta. Los investigadores dicen que esta teoría sugiere que los ecosistemas montañosos han actuado como el termostato de la Tierra, abordando el catastrófico riesgo de recalentamiento o enfriamiento durante millones de años.

En su trabajo publicado en la edición digital de 'Geophysical Research Letters', los investigadores llevaron a cabo estudios en las selvas tropicales de Perú, la midiendo las raíces de los árboles en diferentes sitios a distintas alturas, desde las tierras bajas amazónicas a las cadenas montañosas más frías de los Andes.

Los autores midieron el crecimiento de las raíces de los árboles a 30 cm debajo de la superficie, cada tres meses durante varios años en cada uno de los sitios, en los que también estudiaron el espesor de la capa orgánica por encima del suelo. A continuación, combinaron esta información con datos existentes de la temperatura mensual, la humedad, la lluvia y la humedad del suelo para calcular el proceso de descomposición de las rocas de basalto y granito que hay en las sierras de Perú.

Con este modelo, basado en datos de campo en Perú, los científicos fueron capaces de ampliar su investigación con el fin de calcular la probable contribución de los bosques de montaña de todo el mundo con las tasas globales de meteorización.

Luego, los investigadores calcularon la cantidad probable de carbono para ser retirado de la atmósfera a través de la meteorización cuando la Tierra se volvió muy caliente. Se estudiaron las erupciones volcánicas en India hace 65 millones de años (conocidas como las trampas de Deccan). El modelo también les permitió calcular el proceso de meteorización y reacción del carbono después de que la Tierra se enfriara hace 45 millones de años, cuando se formaron grandes cadenas montañosas como los Andes y el Himalaya.

El investigador principal, Chris Doughty, de la Escuela de Geografía y Medio Ambiente de la Universidad de Oxford, señala: "Este es un proceso simple impulsado por el crecimiento de la raíz del árbol y de la descomposición de material orgánico. Sin embargo, puede contribuir a la estabilidad del clima de la Tierra a largo plazo. Parece actuar como un termostato, eliminando más dióxido de carbono de la atmósfera cuando hace calor y menos cuando está más fresca".

"Una serie de eventos climáticos de los últimos 65 millones de años se ha traducido en un aumento y una dismimución de las temperaturas globales. Sin embargo, el proceso de desgaste que regula el dióxido de carbono en la atmósfera puede ser amortiguado por los bosques que crecen en las partes montañosas del mundo. En el pasado, este proceso natural puede haber impedido al planeta alcanzar temperaturas que sean catastróficas para la vida", concluye.